Alguna vez as imaginado que pasaria si sales con tu mejor "amigo? soy Lixy Soledo y vivo con mi mejor amigo mejor dicho él vive conmigo! Damon Falcó el chico que cualquier chica quiere al lado, guapo y carismático pero es mi mejor amigo, y ahí una regla! y la regia es! No salimos con amigos!
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capítulo 4
La atmósfera en la suite de Houston se había vuelto tan densa que se podía cortar con un cuchillo. El juego de seducción que Damon y Lixy habían pactado estaba escalando a niveles donde la línea entre la diversión y la necesidad se volvía borrosa. Aquella noche, el cansancio del día parecía la excusa perfecta para bajar la guardia, o quizás, para atacar con más astucia.
Lixy se encontraba desplomada en uno de los sillones individuales, con la cabeza hacia atrás.
—Damon... —llamó con un tono que mezclaba agotamiento y mimo.
—Dime —respondió él desde la cocina, su voz resonando con esa profundidad que a ella siempre le causaba un escalofrío.
—Me duelen los pies muchísimo. ¿Podrías masajearlos? ¿Porfis?
Damon apareció en el umbral, secándose las manos. La observó un segundo, evaluando la trampa oculta tras la petición.
—Bien. Siéntate en el sofá grande, iré por aceite esencial.
Lixy sonrió con suficiencia y se acomodó en el sofá de cuero, estirando sus piernas largas. Damon regresó poco después, se sentó a su lado y tomó uno de sus pies con una firmeza que hizo que Lixy soltara un suspiro de alivio. Mientras él vertía unas gotas de aceite de lavanda y sándalo sobre su piel, Lixy estiró el brazo hacia la mesa de centro y tomó un tazón con cerezas rojas y brillantes.
—Amas las cerezas —comentó Damon, concentrado en presionar los puntos exactos de tensión en la planta del pie de ella.
Lixy asintió, masticando una con lentitud. Luego, con un movimiento grácil, se enderezó y tomó una por el tallo, acercándola a la boca de Damon.
—Come —le ordenó en un susurro.
Damon levantó la vista, sus ojos azules chocando con los de ella. Sin dejar de masajear, abrió los labios y aceptó la fruta, saboreándola lentamente, dejando que el jugo dulce se mezclara con la tensión del momento.
—Mm... —gruñó él, sin apartar la mirada.
Lixy, sintiéndose poderosa, comenzó a pasar las yemas de sus dedos por el cuello de Damon, justo donde el vello empezaba a crecer.
—No me hagas cosquillas, solo masajea —bromeó ella, aunque sus caricias no tenían nada de inocentes.
—Deja de moverte —le advirtió él, su voz volviéndose más ronca.
—Me haces cosquillas... ¡te voy a morder! —amenazó Lixy con una risita.
### El Despertar del Instinto
Damon se detuvo en seco. La parálisis fue solo un preludio al ataque.
—¿Tú a mí? Mejor yo te muerdo a ti —sentenció. En un movimiento rápido que la dejó sin aliento, Damon se abalanzó sobre ella, sujetándola por el cuello con una mano, no para lastimarla, sino para inmovilizarla y exponer la delicada piel de su garganta.
Lixy sintió el mundo girar.
—Mm... Dios —susurró cuando sintió la lengua de Damon recorriendo la línea de su mandíbula.
Damon no se detuvo. Sus dientes se cerraron sobre la piel de Lixy, succionando y mordiendo con una intensidad que rozaba lo salvaje, hasta que el sabor metálico de la sangre se hizo presente.
Lixy dejó escapar un sonido ahogado, una mezcla de dolor y placer que la hizo arquear la espalda. En respuesta, ella hundió sus dedos en la nuca de él y, cuando Damon aflojó la presión para lamer la herida con una devoción casi religiosa, ella aprovechó para morder su labio inferior con la misma fuerza, sacándole sangre a él también.
Se separaron apenas unos milímetros, jadeando. Damon lamió sus propios labios, saboreando la mezcla de ambos, y Lixy, dejándose llevar por la corriente eléctrica que la recorría, lo atrajo hacia sí para besarlo con una urgencia que amenazaba con romper la regla de oro. Las lenguas se encontraron en una danza desesperada, marcando un territorio que ambos reclamaban como propio.
La mano de Damon bajó a su cintura, apretándola contra el sofá, mientras la otra se deslizaba bajo su ropa para estimular su pecho. Lixy empujó sus caderas hacia arriba, sintiendo la dureza de él contra su muslo. El aire faltaba, el calor era insoportable, y estaban a milímetros de perder el control total.
De pronto, el sonido estridente de un teléfono rompió el hechizo. Damon intentó ignorarlo, pero la insistencia era tal que terminó por separarse, con la frente apoyada contra la de Lixy.
—Lo siento, Lixy... tengo que contestar —dijo con la voz rota.
Lixy, tratando de recuperar el aliento y con los labios hinchados, asintió levemente.
—Bien...
Damon se puso de pie, ajustándose la ropa con manos temblorosas, y salió al balcón.
—¿Bueno? —respondió, dejando a Lixy sola con el eco de sus propios latidos.
### Cine y Provocación
A la mañana siguiente, la tensión no había desaparecido; simplemente se había transformado en una complicidad lúdica.
—Veamos películas —propuso Lixy mientras se desperezaba.
—¿Cuál quieres ver? —preguntó Damon, ya frente al televisor.
—Mmm... escoge tú.
—¿Seguro? ¿A ciegas? —Damon sonrió de lado.
—Sí, ya pon la que sea.
Damon, con una intención clara de seguir el juego de la noche anterior, seleccionó *365 Días*.
—¡Las palomitas están listas! —anunció Lixy, llegando con un bol enorme.
—Bien, trae bebidas —respondió él con una risita.
Lixy regresó no solo con los refrescos, sino con un bote de crema batida. En un descuido de Damon, le puso una mota blanca justo en la punta de la nariz.
—¡Jajaja! —se burló ella.
—¿Ah, sí? —Damon se limpió la nariz y, antes de que ella pudiera escapar, restregó la crema en la mejilla de Lixy.
—¡Oye!
—Tú empezaste.
Lixy sonrió coqueta, se acercó a él y, con una lentitud exasperante, le lamió la nariz para quitar el resto de la crema.
—Listo —susurró.
Damon no se quedó atrás. Lamió la mejilla de ella y terminó con un suave mordisco en el lóbulo de su oreja.
—Listo.
—Jajaja, ¿me estás tentando, Damon?
—¿Yo? Tú empezaste —replicó él, volviendo la vista a la pantalla justo cuando la película empezaba a subir de tono.
A medida que las escenas en el televisor se volvían más explícitas, la mano de Damon comenzó a viajar. Con una naturalidad ensayada, deslizó sus dedos por el muslo de Lixy, subiendo hasta que su mano quedó descansando peligrosamente cerca de la entrepierna de ella.
—Joder... —soltó Lixy, sintiendo un calor súbito.
Damon sonrió sin apartar la vista de la pantalla. Ella le dio un manazo juguetón.
—¡Quieto!
—Jajaja.
—Deja de estar provocándome —le reclamó ella, aunque su cuerpo decía lo contrario.
—¿Por qué?
—¡Porque sí!
Damon se giró hacia ella, acercándose tanto que su aliento cálido golpeaba su cuello.
—¿Y si no lo hago? ¿Qué vas a hacer? —le susurró al oído.
La piel de Lixy se erizó por completo. Sintió un escalofrío que le recorrió toda la columna vertebral.
—Te voy a arañar esa linda cara... entre otras cosas —respondió ella, girando la cabeza para quedar a centímetros de sus labios.
—Atrévete a... —desafió Damon, con los ojos oscurecidos por el deseo.
En ese momento, la regla de "no intimidad" parecía el muro más frágil del mundo, y ambos estaban ansiosos por ver quién sería el primero en derribar el último ladrillo. Houston podía estar tranquila afuera, pero dentro de esa suite, se estaba gestando una tormenta que ninguna regla podría contener.
Lixy...qué fue eso ???....celos !!...no qué no ? /Slight//Chuckle//Chuckle//Proud/