Scarlet siempre ha vivido al límite: cuchillos afilados, fuego constante y una cocina donde el control lo es todo. Lo último que necesita es Alaska, el frío eterno… y un hombre que parece decidido a desordenar su vida.
Luke solo quiere paz. Silencio. Distancia de todo aquello que alguna vez lo rompió. Pero cuando Scarlet llega a la montaña, su mundo se sacude de una forma que su lobo no sabe explicar. La reconoce por su aroma a cerezas, la desea con una intensidad peligrosa… y aun así, no la acepta como su mate.
Entre discusiones, roces inevitables y una tensión que arde incluso bajo la nieve, ambos luchan contra un vínculo que se resiste a ser nombrado. Porque a veces el destino no llega con claridad, y el amor verdadero aparece cuando menos estás dispuesto a reconocerlo.
En Alaska, donde el invierno observa en silencio, negar al mate puede ser el error más grande de todos.
NovelToon tiene autorización de Marceth S.S para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 2: Me voy a casar
—¿Scarlet?
Su voz suena lejana, un poco distorsionada, pero inconfundiblemente viva.
Suelto el aire de golpe, como si hubiera estado conteniéndolo desde hace horas. El pecho me arde al volver a respirar, las piernas me tiemblan apenas. Durante una fracción de segundo quiero llorar, decirle cuánto la necesitaba, cuánto me había asustado.
Pero no.
—¿Tú eres idiota o practicas? —escupo, sin darle tiempo a nada—. ¿Tienes idea del susto que me acabas de dar, pedazo de irresponsable con complejo de ermitaña?
—¿Qué…? Scar, yo—
—¡No! —la interrumpo—. “Yo nada”. Te fuiste al fin del mundo, dejaste de contestar el teléfono y ahora apareces como si nada. Te juro que estuve a punto de subirme a un avión y arrastrarte de vuelta del pelo.
Escucho su risa suave al otro lado, cansada, pero real. Y eso termina de desarmarme por dentro, aunque no lo demuestre.
—Estoy bien —dice—. De verdad. Solo… no tenía señal.
Cierro los ojos y me apoyo contra la pared del patio, pasando una mano por la cara.
—Claro, no tenía señal —repito con sarcasmo—. Perfecto plan, Emma. Excelente manera de no preocupar a la única persona que sabe dónde demonios estás.
—Scar…
—No vuelvas a hacerme eso —digo, la voz más baja ahora, más tensa—. No así.
Hay un silencio breve. Luego, más suave:
—Lo siento.
Aprieto los labios. No respondo de inmediato.
—Mamá y papá están aquí —añado finalmente—. Están furiosos, muertos de miedo y a punto de culparme por todo. Necesitan escucharte. Diles que estás bien… antes de que me sigan regañando como si tuviera diez años.
Se oye un suspiro al otro lado de la línea.
—Está bien —dice—. Pásamelos.
Aparto el teléfono un segundo, mirando el cielo gris sobre el patio. El nudo en el pecho afloja apenas.
Está viva.
Por ahora, eso es suficiente.
Emma habla rápido, con una calma que no le conozco, como si estuviera contando el clima y no desmontando la vida de sus padres pieza por pieza.
—Estoy bien —dice—. De verdad. Ha sido… maravilloso aquí. Necesitaba esto.
Desde el patio puedo escuchar cada palabra; el teléfono sigue en altavoz cuando regreso a la sala.
—¿Maravilloso? —repite su madre, incrédula—. Emma, ¿de qué estás hablando?
—Encontré el amor en Alaska —continúa ella, sin titubear—. Y voy a quedarme a vivir aquí.
El silencio que cae es ensordecedor.
—¿Perdón? —dice su padre al fin—. ¿Te has vuelto loca?
—Eso no es gracioso —añade su madre, ya al borde del pánico—. Hacemos las maletas ahora mismo y vamos para allá.
Yo no digo nada. No puedo. Me quedo de pie, con el corazón golpeándome las costillas mientras asimilo cada palabra. Amor. Alaska. Quedarse a vivir.
Les entregan el teléfono de vuelta, todavía en altavoz, como si yo fuera la única que pudiera manejar el desastre que acaba de explotar.
—Bueno —digo, pasándome una mano por la cara—. Ahora sí estás en un lío monumental.
—Lo sé —responde Emma, extrañamente tranquila—. Pero no hay de otra. En algún momento tenían que conocer a mi pareja.
La palabra pareja me cae como un balde de agua helada.
—Emma —digo despacio—. ¿Estás segura de lo que estás haciendo?
—Completamente segura.
Antes de que pueda responder, escucho una voz masculina de fondo. No distingo las palabras, pero está ahí, cerca. Presente.
—Scar, tengo que colgar —dice Emma—. Luego hablamos.
—Sí… claro —respondo, todavía intentando encajar todo en mi cabeza.
—Ah, por cierto —añade con una ligereza criminal—. Me voy a casar. Espero que seas la madrina.
El mundo se detiene.
Me quedo con la boca abierta, los ojos tan abiertos que siento que podrían salirse. No proceso nada. No respiro.
—Llámame cuando llegues a Alaska —dice ella, como si nada—. Te quiero.
La llamada se corta.
Durante un segundo eterno, nadie se mueve.
Entonces escucho un golpe seco. Algo cayendo al suelo.
Levanto la mirada.
Las maletas de los padres de Emma están tiradas en la entrada. Ellos están inmóviles, con la misma expresión que debo tener yo: pálidos, descolocados, completamente fuera de eje.
Tres personas.
Tres pares de ojos abiertos como platos.
Y una sola certeza flotando en el aire:
Nada de esto iba a ser sencillo.
—Oh mierda
Que paso con los otros capítulos /Cry/