Reencarné en un mundo omegaverse medieval… como un omega masculino.
Todo iba más o menos bien hasta que descubrí dos problemas: 1️⃣ El alfa más atractivo del reino puede escuchar mis pensamientos.
2️⃣ Yo pienso demasiadas tonterías, especialmente cuando está cerca.
Mientras intento fingir que nada pasa (leyendo libros con mucha concentración), él no solo escucha TODO… sino que además me molesta a propósito, con una sonrisa molesta, voz peligrosa y una paciencia sospechosa.
Entre reencarnación, nobles aterradores, padres alfa sobreprotectores, política, proyectos sociales y pensamientos que jamás debieron ser escuchados…
¿Cómo se supone que un omega sobreviva sin pensar cosas como:
“¿Por qué este alfa es tan sexy?”
💭
Comedia, romance, omegaverse y malentendidos garantizados.
NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 4 La fiesta donde todo empeoró
Elio Renard Valemont no quería ir a esa fiesta.
Eso ya era una mala señal, porque cada vez que no quería ir a un evento noble, algo importante —y generalmente incómodo— ocurría.
—Es una fiesta de padres e hijos —dijo la Duquesa Lysenne mientras le acomodaba la ropa—. Nada formal.
—Madre —respondió Elio con seriedad infantil—, los eventos nobles nunca son “nada”.
Alaric Valemont apareció detrás, sonriendo con demasiado entusiasmo.
—Será divertido —anunció—. Además, quiero que vean lo bien que te comportas.
💭 “Eso no suena a anonimato.”
—No quiero destacar —murmuró Elio.
—¡Eso es imposible! —respondió su padre con orgullo—. Destacas incluso cuando duermes.
Lysenne cerró los ojos un segundo.
—Alaric…
—¿Qué? ¡Es verdad!
Elio supo, en ese instante, que estaba perdido.
El salón del evento estaba lleno de nobles, niños incómodos con ropa cara y padres comparando logros como si fueran trofeos.
—Mi hijo ya monta a caballo —decía uno.
—La mía toca el laúd —respondía otro.
Alaric sonrió peligrosamente.
—El mío entiende política fiscal.
💭 “NO.”
—Padre —susurró Elio—. Por favor.
—Tranquilo —le guiñó un ojo—. Solo observaré.
Mentía.
Elio escapó estratégicamente hacia una mesa lateral con libros decorativos. No para leerlos —eran falsos—, sino para no hablar con nadie.
💭 “Si no hablo, no existo.”
Funcionó durante exactamente dos minutos.
—Ese título está mal colocado.
Elio levantó la vista.
Niño alfa.
Más alto que él.
Postura recta.
Mirada curiosa, no arrogante.
💭 “No.”
—¿Perdón? —preguntó Elio.
—El libro —señaló el otro—. Es historia del Reino, pero está junto a poesía romántica. No tiene sentido.
Elio parpadeó.
—…tienes razón.
Se miraron.
Silencio incómodo.
—Seraphiel Nocturne —se presentó el alfa—. Mi padre insistió en que viniera.
💭 “EL.”
—Elio Valemont.
—Ah —dijo Seraphiel—. El omega genio.
Elio casi se atragantó.
—NO SOY—
—Es broma —añadió el alfa—. Bueno. Más o menos.
Elio se puso rojo.
💭 “ESTO YA EMPEZÓ MAL.”
Hablaron.
Sin darse cuenta, hablaron mucho.
De historia.
De libros aburridos.
De cosas que otros niños no mencionaban.
—Los adultos hablan demasiado —comentó Seraphiel.
—Y escuchan poco —asintió Elio.
Seraphiel lo observó con más atención.
💭 “¿Por qué me mira así?”
—Eres… interesante —dijo el alfa, pensativo.
—Eso no suena bien.
—Lo es —respondió—. No actúas como los demás.
Elio se tensó.
—Intento hacerlo.
—Fracaso admirable —opinó Seraphiel.
💭 “¿ESTE NIÑO ME ESTÁ MOLESTANDO?”
Fue entonces cuando ocurrió eso.
No una voz.
No una frase.
Una sensación.
Como si algo dentro de Seraphiel se hubiera inclinado hacia Elio.
El alfa frunció el ceño.
—Qué raro…
—¿Qué cosa? —preguntó Elio, nervioso.
—Nada —respondió—. Solo… tú piensas mucho.
Silencio.
Elio se congeló.
—Eso es grosero.
—Lo sé —admitió Seraphiel—. Pero también es cierto.
💭 “PELIGRO.”
Seraphiel sonrió, divertido.
No sabía qué pasaba.
No entendía por qué, cerca de ese omega, su cabeza se llenaba de impresiones ajenas.
Pero no era molesto.
Era… agradable.
Desde el otro lado del salón, Alaric observaba.
—¿Quién es ese niño? —preguntó.
—El hijo del Marqués Nocturne —respondió Lysenne—. Seraphiel.
Alaric entrecerró los ojos.
—Lo mira demasiado.
—Tú miras demasiado a todo el mundo —replicó ella.
—Sí, pero yo soy su padre.
—
La fiesta continuó.
Y Seraphiel no se fue.
Aparecía cerca de Elio.
Comentaba cosas.
Le hacía preguntas.
—¿Siempre piensas tanto?
—Sí.
—¿No te cansas?
—Mucho.
Seraphiel sonrió.
—Eso explica por qué eres divertido.
💭 “NO SOY DIVERTIDO.”
—Lo eres —respondió Seraphiel.
Elio lo miró horrorizado.
—¡NO DIJE ESO!
Seraphiel parpadeó.
—…¿no?
Silencio incómodo.
—Debe haber sido mi imaginación —añadió rápido.
Mentía.
Antes de irse, Seraphiel hizo algo inesperado.
—Te buscaré —dijo con naturalidad.
—¿Para qué?
—Para hablar —respondió—.
—Y para molestarte un poco.
—¡¿QUÉ?!
—Es entretenido —se encogió de hombros—. Reaccionas mucho.
Elio se quedó sin palabras.
💭 “ESTO ES UNA AMENAZA.”
Seraphiel sonrió, satisfecho.
No sabía por qué ese omega le resultaba tan atractivo.
No sabía por qué sentía cosas raras cerca de él.
Solo sabía algo muy simple:
👉 No quería dejarlo en paz.
Esa noche, Elio escribió en su cuaderno:
Nuevo problema:
Conocí a Seraphiel Nocturne.
Observaciones:
– Molesta
– Inteligente
– Me observa demasiado
Conclusión:
Algo va a salir muy mal.
Y, en otra habitación, Seraphiel pensó exactamente lo mismo.
Con una sonrisa.