Una epidemia mortífera provocada por un fármaco que corrompió la sangre humana, extermina por completo a todos los vampiros del mundo. Tan solo sobrevive una mujer, Claudia Dumitrache, debido a que ella fue engendrada antes que estallara la fatídica pandemia. Claudia descubrirá que es una mujer vampiro por sus incontrolables deseos de beber sangre y hacer el amor sin contenerse. Así se inicia toda suerte de riesgos, aventuras, romances y peligros para Claudia en su afán de encontrar a otros vampiros, como ella, recuperar el abolengo y ser feliz con los suyos. Claudia, en efecto, buscará prolongar la estirpe y a la especie engendrando otros vampiros, empero debido a la sangre corrompida de los humanos, ya no surtirá efecto, no solo en sus deseos de embarazarse ni tampoco habrá transformación al morderles el cuello y beberle la sangre a sus víctimas. Claudia es capitana de policía y deberá evitar ser descubierta aunque su naturaleza de mujer vampiro la hará buscar, en forma vehemente y febril, la sangre humana por la ciudad, provocando todo tipo de situaciones y enredos que harán las delicias de los lectores. Claudia buscará igualmente el verdadero amor y en esos afanes, conocerá a muchas personas tratando de hallar la felicidad.
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Capítulo 12
Pese a la decepción inmensa de no poder tener hijos con él, seguí saliendo con "Sansón". Él me gustaba mucho, me apasionada, además. Era noble, atento, dulce, tierno, muy agradable y ocurrente. -Es falso que en las guerras médicas los doctores se enfrentaron por primera vez a la pandemia del tifus-, me dijo mientras veíamos una película en el cine y estalle en tales carcajadas que todos los concurrentes que colmaban el cinema, me pidieron silencio y hasta me arrojaron servilletas, botellas y muchísimo pop corn.
"Sansón" también se había enamorado de mí, yo le gustaba mucho, le fascinaban mis curvas bien pinceladas en mi adorable anatomía, adoraba mis senos tan inflados como globos y por supuestos estaba prendado de mis glúteos tan firmes y redondos, deliciosos que no dejaba de acariciar y hasta morder cuando hacíamos el amor. En realidad a "Sansón" le gustaba todo de mí. Mis piernas suaves y torneadas, mis pelos azabache resbalando sobre mis hombros, mis ojos pardos tan divinos y soñadores y mi boca deliciosa. Esa era otra de sus debilidades de "Sansón". Le entusiasmaba embriagarse con la miel de mis labios hasta el delirio.
Sin embargo "Sansón" no había podido apartarse de su vida delictiva y a escondidas mías, había planificado un audaz robo a un banco con otros hampones. El botín era suculento, casi diez millones de dólares. Eso lo tenía obsesionado.
Yo no sabía nada de sus planes, es más, estaba convencida de que él había dejado la vida delictiva, que el amor que yo le profesaba, en forma intensa, lo había olvidado de esos malos pasos y aunque no pudiéramos concebir, sin embargo, pensaba, él me quería mucho y que estaba regenerado. Fue tanta mi ceguera que hasta le conseguí un trabajo en una panadería cercana y él se encargaba de hacer los deliciosos panes de la mañana tan sabrosos y crocantes que alcanzaron mucha aceptación en el barrio.
-Ha ocurrido un intento de asalto a un banco en el centro de la ciudad, capitana-, me informó Shatner a mi móvil ese odiado mediodía. Yo redactaba el informe de un crimen pasional en una casa en las laderas. Un hombre había matado de un martillazo a su mujer, pensando que la engañaba con un carnicero, sin embargo el tipo era eunuco y ella jamás podría haberlo traicionado, empero el marido celoso se obnubiló y vencido por las ansias de venganza asesinó a la fémina de una manera espantosa, machacándole los sesos. El sujeto estaba no habido.
-¿Hay heridos en el asalto al banco?-, le pregunté a mi adjunto por costumbre.
Abatimos a los ladrones, capitana-, me dijo Shatner.
-¿Están identificados?-, seguía yo indiferente, hecha una tonta, actuando por rutina.
-Sí, capitana, uno de los ladrones abatidos es "Sansón"-, me dijo Shatner con el tono apagado, vacío y lacónico. Mi adjunto ya sabía de mis amoríos con Harrison. Yo le conté incluso que estaba muy enamorada de él, que ansiaba casarme con ese hombre y de mis deseos de tener hijos con él.
Quedé atónita, turbada y pasmada a la vez, eclipsada y lívida. La teniente Pamela Jones, mi secretaria me vio empalidecida, con los pelos erizados, boquiabierta y los ojos desorbitados que se asustó mucho. Corrió a mi pupitre. -¿Qué le ocurre, capitana?-., me sacudió varias asustada pero yo no le dije nada, únicamente rompí a llorar a gritos.