Dentro de nosotros hay una batalla entre dos fuerzas. Unos le llaman el bien contra el mal. Otros en cambio le llaman destino. Pero para Saulo Di Ángelo de Abner esa eterna contienda estaba en las páginas gastadas de un antiguo libro. De pronto sentía el peso de todos sus ancestros a sus espaldas. Pedían sin voz que escuchará y estuviera quieto porque era el resultado del amor de miles antes que él.
¿Podrá cambiar lo que está escrito? ¿Quién triunfará en su alma? El bien, el mal... Acompañame en esta nueva obra y descubrirás si el destino puede torcerse.
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Los chicos Costa Rivera
Sol y Cael recibían esa mañana a los hijos de Amarilis y Rafael. La duquesa Amarilis Costa Rivera enviaba una carta con sus hijos para su amiga del alma. Los años y numerosas obligaciones las habían distanciado física, pero no espiritualmente. Mantenían una viva correspondencia y un lucrativo negocio de cosmética. Cuando podían se visitaban, pero eso ocurría muy esporádicamente. En la Carta Amarilis le confiaba el cuidado de sus chicos a Sol y le comentaba que iba a inaugurar próximamente su spa y le gustaría que estuviera allí, pero comprendía lo atareada que estaba su amiga con el inicio de un nuevo curso. Le daba total autoridad sobre la educación de sus hijos y enviaba besos para Camila y Cael.
Rolando y Reinerio Costa Rivera eran dos jóvenes fuertes que se querían, pero eso no evitaba una saludable rivalidad por ver quién acumularía más méritos para merecer el título de heredero. En realidad Roli lo hacía un poco para fastidiar a su hermano Rei. Él realmente no tenía interés en ser el próximo Duque. Lo que sí quería era ser un excelente médico. Por tal motivo había venido a Delta Adhara. Pues se decía que el antiguo galeno de los Flamme ahora era un profesor en esta Academia. El hombre era toda una leyenda en el campo científico de los avances médicos y el área ginecológica. Se decía que ninguna mujer atendida en sus partos moría por complicado que este fuera. Rei su hermano no sabía cuál era su verdadero propósito al solicitar esto, pero cuando lo pidió a su padre el Duque Rafael. Rei también se apuntó para ingresar a la Academia.
A Roli no le molestó, pero le pareció divertido. Quizás su hermano pensó que él planeaba algo para ganar el favor de su padre y por eso se inclinó a seguirle hasta acá. Para colmo en este lugar tendrían que compartir habitación por espacio de tres años. Bueno, tampoco era tan malo. Se divertiría mortificándolo cada vez que surgiera la oportunidad para ello. Aquí no estaría su madre para imponer orden entre los dos. ¡Oh sí! Esto iba a ser increíblemente fabuloso. Tenían quince años. La vida era atractiva. Había un mundo acá afuera por descubrir, pero su estoico hermano actuaba como si tuviera ochenta años. Tan compuesto, tan serio. Todo lo cogía a pecho. Eran tan diferentes. Nacieron el mismo día y del mismo vientre, pero salvo ese hecho tenían tan poco en común.
Las personas del Ducado a menudo decían que Rei era igual que el Duque Rafael. Serio taciturno, responsable hasta el extremo y en cambio comentaban que él era igual que su madre Amarilis. Chispeante, curioso, atrevido e irreverente. Si lo veía desde ese punto de vista hasta era cierto y todo, pero en el fondo a Roli poco le importaba lo que dijeran de él. Porque si realmente se parecía a su madre, llegaría a ser un hombre notable. El chico idolatraba a su progenitora, para él no había en el mundo una mujer más hermosa e ingeniosa que ella. Rolando se concentró en las palabras de recibimiento de sus anfitriones. Rei, en cambio, nunca se había desconcentrado de ellas.
Luego del recorrido, les indicaron su habitación y los dejaron a solas para desempaquetar y ordenar sus pertenencias. Ya habían recogido los uniformes. Tendrían que ir a la Boutique de Madame Florencia para ajustarlos, pero eso sería después. Pues a las dos de la tarde se celebraría la Ceremonia de Inicio escolar con carácter obligatorio para todo aquel estudiante que ya estuviera en el recinto. El Director les había explicado que era allí donde les dirían a qué grupo pertenecerían y también les entregarían el Código de la Academia. A la mañana siguiente escogerían los horarios de su programa de estudio según sus preferencias, pero les advirtió que algunas asignaturas eran obligatorias.
Los horarios eran bastante cronometrados, pero los fines de semana podían ir a la ciudad si así lo deseaban. No regresarían al Ducado hasta navidad, pero también podían elegir quedarse y apuntarse en los diferentes planes vacacionales que ofertaba la Academia. Ahora estaban aquí sin sirvientes y no tenían ni puta idea de cómo arreglar aquel desastre. Trataron de cerrar el atiborrado clóset y se les vino encima toda la ropa y zapatos como si un resorte la empujara. Por primera vez Reinerio se río a carcajadas.
- Somos pésimos como mayordomos hermano. - había dicho alegremente. Rolando se quedó asombrado😲. ¿Rei riéndose? Hoy colisionaban las estrellas y el sol salía por el Oeste, pero no quiso cortarlo y le siguió la corriente.
- Oye. ¿Ese calzón en tu cabeza es el tocado de última moda del Reino?
- Claro. ¿Cómo me queda?- contestó ya más serio Rei.
- Excelente.- dijo él risueño, pero su competitivo hermano no lo dejó así y preguntó con cara traviesa y ojos pícaros.
- ¿No obstante, esa corbata se usaba para atar el pelo? Y yo que hasta hoy creía que era para el cuello.
- Ya ves. No sabes nada de moda. - y habían vuelto a reír contemplando el desastre armado.
Al final tuvieron que pagarle a una auxiliar de limpieza para que pusiera todo en orden. No comprendían como ahora las cosas cabían y además quedaba espacio de sobra. Era un misterio incomprensible. Bajaron a almorzar con sus uniformes desajustados. Estaban en tiempo, pero no querían llegar tarde. Recordaban muy bien la cantaleta de su madre diciéndoles una y otra vez que ella en su tiempo llegó tan tarde a la Ceremonia que tuvo que sentarse con otra clase y eso fue muy vergonzoso y si se enteraba que a ellos les pasaba igual por atolondrados. Les iba a tirar de las orejas hasta que se les estiraran.
Preguntaron a un conserje, la dirección del comedor y este les explicó. Encontraron el lugar sin grandes complicaciones. Observaron desde la entrada cómo funcionaba esto. Inmediatamente se percataron que tenían que coger unas cosas metálicas raras que servían a modo de platos. Allí nadie les llevaría los alimentos a la mesa. Debían ellos mismos ocuparse de eso y pasar por una especie de mostrador indicando a unas personas vestidas de blanco con unos cómicos gorros altos en la cabeza lo que deseaban. Pero aquí estaba el dilema. Esta comida era tan diferente. Al final resolvieron pidiendo de todo. Ya verían que les gustaba y que no al probarla. Caminaron haciendo equilibrio entre estudiantes, profesores y mesas. hasta lograr sentarse.
Aquellas cosas olían de maravilla. Así que debían saber bien. Además por referencia de su madre sabían que en Delta Adhara la gastronomía era única gracias a la Directora del Departamento de Desarrollo. Se decía que Soledad Flamme era una mujer increíblemente talentosa. Ellos la conocían desde pequeños, pero nunca prestaron atención a los adultos. Sin embargo, esa mañana ambos hermanos coincidieron en que era una hermosa mujer tanto como su madre. Sin embargo sintieron cierta presión al estar frente a semejante personalidad del Reino de Castela. Se comentaba que era una Santa venida del mundo de los dioses y que si ella quería podía destruir los Reinos y por eso tanto la realeza de Castela como la de Abner la respetaban.
Ellos sabían que esto era básicamente verdad. Su madre se los había dicho, pero les explicó que Sol era la persona más buena del universo y que era incapaz de provocar semejante catástrofe.
Los dos probaron los extraños alimentos y se miraron sorprendidos. Después comenzaron a devorar con verdadero deleite el contenido de sus bandejas. Esto era delicioso. Vieron a Samuel y lo llamaron para que se sentara con ellos. Siempre se habían llevado muy bien con el heredero del Marquesado Del Alba, a pesar de que este les llevaba tres años de edad. Sus territorios mantenían un lucrativo negocio y esta era la razón de la estrecha relación existente entre ellos. Samuel se acercó con la bandeja y se sentó. Hizo una mueca casi imperceptible, pero Roli la notó.
- ¿Sami te pasa algo?
- No. ¿Por qué lo dices?
- Es que tu cara se frunció cuando te sentaste.
- No es nada. Es por el viaje. Monté gran parte del camino hacia aquí a caballo. Es por eso. - hábilmente cambió la conversación.- ¿No sabía que iban a venir este año a la Academia?
- Fue cosa de última hora. - contestó Rei atacando una ensalada rusa con concentración maníaca.
- Me alegra saber que vas a estar aquí con nosotros. Oye Sami. ¿Cómo es que el uniforme te queda perfecto. Míranos a nosotros parecemos espantapájaros.- se quejó Roli.
- Bueno chicos eso es privilegio por ser hermano de la Directora del Departamento de Desarrollo. El que puede, puede y el que no... -dejó la frase en suspenso. Siguieron hablando de las expectativas que depositaban en la Academia. De lo deliciosa que era la comida. Se quejaron de que aquí tendrían que valerse por sí solos, pues no se admitían sirvientes y un sinfín de cosas más. Fue un almuerzo agradable. Ninguno se percató de que alguien los observaba con mirada calculadora.
- Oye Caden me estás escuchando.
- Sí.
- Me voy a sacar la ropa.
- Sí.
-Y voy a bailar desnuda encima de la mesa.
-Sí.
Clara enojada por la falta de atención pinchó a Caden con un tenedor en la mano. El chico reaccionó enfadado 😡.
- Clara. ¿Qué te pasa? ¿Es que te has vuelto loca? Eso duele que sepas. Sigue así. No va a haber hombre que se quiera casar contigo.
- Es que no escuchabas lo que te digo. Sabes que odio que me ignoren ¿Qué tanto miras hacia esa mesa? No seas tan obvio sobrino.
- Primo
- Da igual eres mi sobrino y también mi primo. ¿No sé cuál es el problema? Eso discútelo con nuestros padres. Por otra parte te aconsejo que deberías madurar y empezar a llevarte mejor con Samuel Del Alba. ¿Hasta cuándo piensas mantener esa rivalidad absurda? Eramos unos críos por Dios. Además, ya tengo dieciséis años y él no ha pedido mi mano que yo sepa. Si fuera a hacerlo lo hubiera hecho hace años. ¿No crees?
- Nunca Clara. Nunca permitiré que eso suceda. Te puedes casar con quien quieras en este y el otro Reino. Menos con él. - Clara entrecerró los ojos se giró hacia Samuel y lo miró analíticamente. Después se giró de nuevo hacia Caden y retadora le espetó.
- Bueno si me lo pides puedo considerarlo. Está estupendo. Nada más mira esa cara y esos hombros. ¿Me preguntó cómo se verá su abdomen y...?
- Clara cállate. ¿Te estás escuchando? ¿Acaso quieres que te tilden de ofrecida y casquivana?
- No, pero ...
- Nada de peros. ¿Has venido aquí a estudiar porque quieres que mi padre te nombre heredera no es así? Tiene que acumular muchos méritos. Sabes que a mí no me interesa el puesto y gustoso te lo diera, pero no funciona así. Por tanto céntrate en tu propósito y deja afuera las distracciones o vas a tener que admitir que mi padre tiene razón sobre las mujeres.
En la mirada de Clara se encendió como fuego y dijo:
- Eso nunca. Haré que el Duque Craen Flamme se tragué sus palabras. Le demostraré que no importa si soy mujer. Soy su hermana. Debería respetarme como a Carmen o a Cael. Voy a ser la mejor heredera del mundo. Ya verás.
- Sí que tenemos nexos familiares confusos.- dijo Caden. Ella asintió en silencio. Luego le dijo:
- Gracias Caden. Eres muy buen chico.
- Si tú lo dices.
- Claro. Siempre me fío de mi intuición y está me dice que eres buena persona.
- ¿Yo? ¿Buena persona? No sé. Tu intuición no es muy fiable. Yo que tú hago que me la revisen.
Ambos se echaron a reír y fue así que Samuel los miró. Alegres y felices. Una rabia le subió hasta la garganta. Ese maldito infeliz allí tan sonriente y él disimulando el dolor. Dios, detestaba definitivamente a Caden Flamme.
Rolando Costa Rivera (Roli)
Reinerio Costa Rivera (Rei)