Renace en un mundo mágico con una misión, pero ella no dejará la pasión de su primera vida.
* Esta novela es parte de un mundo mágico *
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Silencio
Esa tarde, la mansión Norhaven dejó de ser silenciosa.
Las puertas se abrían y se cerraban con violencia. Cajones arrastrados. Pasos furiosos por los pasillos. Abby gritaba sin pudor, sin vergüenza, como si cada palabra fuera un castigo que necesitaba lanzar al mundo.
—¡Te vas a arrepentir, Agnes! ¡De todo esto! ¡Cuando liberen a Igor volveré, y entonces verás quién manda! ¡me voy de este lugar!
Agnes la escuchaba desde su oficina.
No se había movido. Permanecía sentada tras el escritorio, las manos entrelazadas, la mirada fija en un punto invisible. Cada grito atravesaba las paredes gruesas como si fueran papel.
Si se va…
Si le pasa algo…
La imagen de su tío apareció sin pedir permiso. No como un recuerdo borroso, sino nítido, cálido.
El día en que todo se derrumbó.
La mansión de sus padres cerrada.
Ella, pequeña, rígida, sin lágrimas.
Y él, llegando sin alzar la voz. Tomándola de la mano. Cuidándola en la mansion Norhaven.
[Aquí estarás a salvo, Agnes. Yo me ocuparé de todo.]
Y lo hizo.
Se ocupó de los negocios, de la casa, de su educación. Nunca fue blando, pero siempre fue justo. Siempre presente. Siempre amable.
Agnes apretó los labios.
—Te lo prometí… Prometí cuidarla.
Se levantó de golpe, como si el cuerpo hubiese decidido por ella. Dio un paso hacia la puerta, dispuesta a detenerlo todo, a salir, a decir algo… lo que fuera.
La puerta se abrió antes de que llegara.
—¿Puedo pasar, lady Agnes?
La voz de Ryan la detuvo en seco.
—Sí.. Adelante.
Ryan entró con respeto. Cerró la puerta tras de sí, aislando los gritos que aún se escuchaban a lo lejos, amortiguados pero presentes. Su postura era firme, pero su tono era distinto al de la mañana. Más humano.
—Vengo a informarle algo.. Peter Debas… uno de los nuestros. Se irá tras su prima.
Agnes alzó la vista de inmediato.
—¿Tras ella?
—A distancia.. Sin interferir. Sin que ella lo sepa. Solo para asegurarnos de que llegue a un lugar seguro y que no le ocurra nada.
Agnes lo miró en silencio.
Ryan continuó..
—Usted hizo lo correcto. Legalmente. Moralmente. Pero entendemos la promesa que la ata. Lord Bristol fue claro.. proteger también significa prever consecuencias.
Agnes cerró los ojos por un segundo.
Sintió, por primera vez en todo el día, que no estaba sola cargando ese peso.
—Gracias..
Ryan asintió una sola vez.
—Le avisaré cuando sepamos que está a salvo.
Cuando salió, Agnes volvió a sentarse.
Los gritos de Abby continuaron unos minutos más. Luego, el ruido de una puerta principal cerrándose con furia. El crujir de ruedas alejándose por el camino de grava.
Silencio.
Agnes apoyó la frente en una mano.
Había hecho todo lo que estaba en sus manos.
Había cumplido la promesa… sin traicionarse a sí misma.
Y por primera vez desde que Abby llegó a su vida, Agnes entendió algo con claridad dolorosa..
Cuidar no siempre significaba retener.
A veces, cuidar también era dejar ir… y asegurarse, desde las sombras, de que no se destruyeran en el camino.
Esa noche, la mansión Norhaven estaba en calma solo en apariencia.
El fuego crepitaba bajo en la chimenea del despacho cuando Ryan regresó. No llamó. Tocó una vez, breve, y entró con la misma discreción con la que se movía siempre, como si el ruido fuera una concesión innecesaria.
Agnes alzó la vista de los papeles que fingía revisar. Supo de inmediato que traía noticias.
—Está en la posada.. Su prima.
Agnes cerró los ojos un segundo y resopló, cansada.
—Claro que lo está…
Ryan continuó..
—Peter confirmó que no está sola. Está siendo… presionada. Ivar y algunas personas cercanas a él insisten en que venda la posada para pagar la fianza de Igor.
Agnes apoyó la espalda en la silla, dejando caer los brazos a los costados.
—Por supuesto.. era cuestión de tiempo.
Se llevó una mano al rostro, frotándose la sien.
—¿Y ahora qué se supone que haga?
Ryan dio un paso más cerca. No invadió su espacio, pero lo acortó lo suficiente como para que su presencia se sintiera firme, anclada. Bajó un poco la voz, como si lo que iba a decir no fuera solo una estrategia, sino algo más personal.
—Tiene opciones.. Ninguna es sencilla. Pero todas son suyas.
Agnes levantó la mirada, atenta.
—Primera.. dejar que venda la posada… pero comprarla usted misma. En silencio. Legalmente. Que crea que lo perdió todo. Y cuando toque fondo de verdad, cuando aprenda lo que cuesta depender de personas equivocadas… darle una oportunidad.
Agnes tragó saliva. No dijo nada.
—Segunda.. encerrarla aquí. Bajo su techo. Protegerla incluso de sí misma. Aunque la odie por eso.
Ryan hizo una breve pausa antes de la última opción.
—O tercera.. dejarla ir. A su suerte. Con la conciencia tranquila de que usted hizo todo lo posible. Nadie podría reprochárselo.
El silencio se estiró entre ellos.
Agnes bajó la mirada a sus manos. Manos que habían construido carruajes, levantado negocios, protegido a demasiadas personas. Manos firmes… que ahora temblaban apenas.
—Mi tío… Él nunca habría dejado caer a alguien de la familia.
Ryan no la contradijo.
—Tampoco habría permitido que lo arrastraran con ellos..
Agnes alzó la vista lentamente. Sus ojos estaban cansados, pero lúcidos.
—No quiero encarcelarla.. Y dejarla ir… aún no.
Ryan asintió, como si ya lo supiera.
—Entonces compre la posada.. No como un rescate. Como una lección. Usted no la abandona… pero tampoco la salva de inmediato.
Agnes respiró hondo.
La decisión aún dolía.
Pero, por primera vez en días, ya no la paralizaba.
—Hágalo.. Vigilen. No intervengan… todavía.
Ryan inclinó la cabeza.
—Así será, lady Agnes.
Cuando salió del despacho, Agnes se quedó sola frente al fuego.
Sabía que Abby la odiaría por esto.
Sabía que lloraría.
Que gritaría.
Pero también sabía algo más, algo que había aprendido a fuerza de trabajo y pérdidas.. No se construye carácter salvando siempre a quien no quiere aprender.