Jared es el alfa de uno de los clanes de lobos más poderosos del norte. Frío, dominante y fiel a las leyes de la manada, jamás permitiría que el clan rival jugara con su honor… hasta que secuestran a su hermano.
Marlene es la hija olvidada de ese mismo clan. Rechazada desde su nacimiento, nunca ha pertenecido realmente a ningún lugar.
Cuando Jared la toma como rehén para forzar un intercambio, cree tener el control de la situación.
Lo que no espera es que ella no le tema.
Ni que despierte algo que jamás debió sentir por una enemiga.
Entre clanes enfrentados, secretos, lealtades y deseo, descubrirán que algunas guerras no se ganan con colmillos… sino con el corazón.
NovelToon tiene autorización de Viera.L. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Cautivas y miradas
-Jared. –Su nombre sonó raro viniendo de mis labios para mí al pronunciarlo. Lo alcancé en la escalera, andaba ciertamente rápido. Estaba sorprendido de mi cercanía. –Deduzco que yo puedo irme, sin más. –Era lo lógico, no les servía ni para cambiarme por un chicle, por mucho que yo me hubiese empeñado en hacerme la heroína.
-En realidad, estás también temporalmente “cautiva”. –Echó una mirada y saludó a unos guerreros que pasaron por nuestro lado. –Disfruta de tu estancia aquí. –añadió antes de irse.
-¿Y si no quiero estar aquí de forma tranquila? –cuestioné ante la inesperada negativa.
-Pues tú llámame, que yo iré. Así funciona. –respondió.
Su contestación hizo que mi corazón aletease de forma estúpida. ¿Qué había sido esa alusión a lo que yo le había dicho en el primer secuestro? Me quedé mirándolo unos segundos más de lo necesario, intentando descifrar si aquello había sido simple ironía o algo más. No estaba acostumbrada a que nadie me ofreciera ayuda sin pedir nada a cambio. Apreté los dedos contra la tela de mi abrigo, obligándome a recomponerme, recordando que aquí nadie hacía favores gratis y que cada gesto tenía un peso oculto.
-Marlene, espérame. –Selena llegó hasta mí en ese mismo instante colgándose de mi brazo. –¿Crees que papá tardará mucho en intercambiarnos? –Su miedo era real. Le pasaba por ir jugando con fuego.
-Tranquila, estoy segura de que estando aquí tú todo irá muy rápido. –Ella sonrió ante mi aclaración.
¿No se daba cuenta de lo que implicaba eso indirectamente para mí? Nadie había movido ni un solo dedo para “rescatarme”. Daba igual. Me impuse a mí misma entonces la misión de asegurarme de que a Selena no le pasase nada. Quizá si ella reafirmaba eso ante mi padre, cambiaba en algo su comportamiento hacia mí. Caminamos por el pasillo en silencio, y cada puerta que cruzábamos me recordaba que yo también estaba atrapada, aunque nadie pareciera notarlo. Las paredes parecían cerrarse poco a poco, y el eco de nuestros pasos sonaba demasiado fuerte.
Yo no buscaba su amor paternal, ni una inclusión a la familia. Tenía veintiséis años y me había acostumbrado por completo a ser yo sola para todo, pero sí necesitaba que quitase su desprecio público hacia mí. ¿Por aliviar mi dolor? No. Sólo que ningún macho se atrevía a dar un paso más conmigo, a formalizar una relación por miedo a bajar en la categoría de guerrero. ¿No era justo al revés y la familia del alfa daba caché? Menos en mi caso, así era.
-Ey, eres esa chica... La pelirroja... La primera que vino. –Una rubia bajita y sonriente se acercó hasta nosotras señalándome. –Mi nombre es Dara. Estoy encantadísima de que estéis aquí. –dijo soltando una estrepitosa risa.
Su amabilidad podía escamar a priori, pero si hubiera tenido que apostar por algo, lo hubiera hecho porque lo decía de verdad. Se alegraba de que estuviéramos allí. ¿Por qué?
-Se podría decir que sí, supongo. –respondí poco convencida.
-Pues es genial, porque esto estaba un poco aburrido y la gente nueva trae historias nuevas. ¿Cuál es tu historia? –preguntó intrigada.
-¿La mía? –cuestioné sintiendo que, por una vez, mi versión era importante.