Klaus Glendson Cassano es el primogénito de la familia más temida de Manchester. CEO de una gran empresa y Don de una de las mafias más influyentes, es conocido por su frialdad, su inteligencia aguda y una brutalidad sin límites. Entre noches llenas de fiestas y una vida de poder absoluto, Klaus vive bajo la constante presión del consejo para cumplir un deber que insiste en postergar: el matrimonio.
Tras años evitando compromisos, el consejo decide intervenir y pone en riesgo su título como Don. Obligado a elegir una esposa entre las herederas de la mafia, Klaus se niega a ser manipulado. Acepta casarse… pero con una condición: la elección será suya, y solo suya.
Entre amenazas veladas, alianzas políticas y juegos de poder, Klaus inicia su propia cacería. Pero lo que era solo una obligación estratégica puede convertirse en un desafío aún mayor cuando la mujer equivocada —o demasiado correcta— cruza su camino.
Porque, en el mundo de Klaus Cassano, amar es debilidad. Y él no acepta flaquear.
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Esto no va a quedar así.
Klaus.
Me despierto temprano, me baño, hago mi higiene personal, me visto y bajo a tomar café. Felipe y Nona conversaban y reían.
—Buenos días.
Digo, y ellos responden.
— Veo que ya te está colmando la paciencia, Nona. Si yo fuera tú, lo envenenaba.
Digo, y Felipe escupe todo el jugo que estaba bebiendo.
—No diga eso, él es el único dispuesto a probar mis recetas nuevas.
—Por eso engordó.
—¡Oye!
Dice ofendido.
—Pero cambiando de tema, ¿los nuestros mandaron noticias sobre la búsqueda para rescatar a Ángelo?
Pregunto tomando un poco de café.
— Estamos estudiando estrategias para entrar al territorio de los Martineli, pero sabes que es muy difícil entrar al territorio de una mafia rival. Ellos solo pudieron entrar al nuestro porque tuvieron ayuda de alguien.
—Necesitamos sacarlo de las manos de los Martineli lo más pronto posible. Quiero que aceleren todo.
Digo, y él asiente. El timbre sonó y Nona fue a atender, mientras Felipe y yo continuamos hablando de los negocios.
—¡Ah! Antes de que se me olvide: mi hermana llamó para avisar que terminó la misión que le encargaron y que mañana mismo regresa.
Dice.
—¡Qué bueno! Sabía que Felicia no me iba a decepcionar.
—¿Mijo?
Dice Nona entrando y llamando nuestra atención.
—¿Qué pasó, Nona?
Pregunto al verla sostener una caja de tamaño mediano.
—Llegó este paquete para ti y también esta nota.
Me entrega la nota, la caja y se retira.
—Abre la caja, Felipe.
Digo abriendo el sobre.
"Esto es solo un aviso. Nunca más oses amenazarme. ¡Jaque mate! Cassano, en este juego no puedes derrotarme."
—¡Maldetto!
Golpeo la mesa mientras termino de leer.
—Klaus...
Miro a Felipe, que estaba sorprendido por lo que había en la caja.
—¿Qué fue, Felipe?
—Es mejor que lo veas tú mismo.
Me levanto y miro dentro de la caja. Siento la sangre hervir, como si mis demonios despertaran. Perdí a un amigo, a un hermano y a mi consigliere. Juro que esto no va a quedar así.
—¿Qué vamos a hacer?
Pregunta Felipe, sabiendo que no voy a dejar las cosas como están.
—Quiero 20 de nuestros mejores hombres. Vamos a hacerle una visitita a mi futura esposa.
Digo sin emoción alguna.
—Pero antes, avisa a mis hermanos. Diles que se mantengan al margen: esta guerra ahora es mía y no quiero a nadie en mi camino.
—Sí, señor.
Se retira.
.......
De noche, mis hombres y yo salimos de la ciudad y sin ninguna piedad matamos a todos los soldados de la Camorra en la frontera. A estas alturas ya no me importa empezar una guerra, con tal de conseguir lo que vine a buscar.
Pasamos horas en la carretera rumbo al pequeño pueblo. En cuanto llegamos, nos recibieron con disparos de los hombres de los Martineli que hacían guardia en la casa donde vive su hermana. Bajamos de los autos usando máscaras y respondimos al fuego. Éramos más en número, y en cuestión de minutos solo quedaron cuerpos en el suelo.
Me acerco a la casa; la puerta estaba cerrada con llave. Suelto una risa nasal, le disparo a la cerradura y le doy una patada a la puerta, forzándola a abrirse.
La casa estaba en silencio. Hice señas a mis hombres para que registraran el primer piso, mientras Felipe y yo subimos.
En el segundo piso solo había dos cuartos. Felipe y yo nos separamos. Yo entro a un cuarto decorado con cuadros, rosas y algunos ositos de peluche en la cama. Las sábanas estaban revueltas, señal de que se levantó deprisa. Sonrío y bajo el arma: puedo hasta sentir el olor de su miedo.
—Es mejor que salgas de tu escondite, muñeca...
El silencio se mantuvo, pero podía escucharla respirando pesado. Doy algunos pasos y noto que cuanto más me acerco al vestidor, más se le cargaba la respiración.
Abro la puerta del vestidor y ella grita.
—Shhhh, cáll-
Sin darme tiempo de terminar la frase, la muy atrevida me empuja para intentar escapar, pero la jalo bruscamente del brazo, la pongo de frente a la pared y le coloco las manos detrás de la espalda. Estaba visiblemente aterrada.
— Maldita, ¿crees que hay manera de escapar de mis manos?
—Por Dios... yo... no hice nada... lo... lo juro...
—Es mejor que te quedes callada.
Me interrumpe Felipe, que entra al cuarto.
—Dormí a la viejita, todo listo para irnos, jefe.
—¿Qué le hiciste a la hermana Fátima?
Pregunta temblando. Saco la jeringa del bolsillo mientras ella intenta soltarse. La sujeto firme con una mano y con la otra le aplico el líquido en el cuello. En poco tiempo se pone floja y se desmaya en mis brazos. La cargo al hombro y salimos de la casa.
gracias por compartirla escritora hermosa historia 💯💯💯💯💯💯♥️🥰