"Él fue mi primer amor y yo el suyo, estuvimos juntos en nuestros peores y mejores momentos, sin embargo ahora me estaba cambiando por alguien más joven."
Karla nunca estuvo preparada para descubrir la infidelidad del hombre que consideraba el amor de su vida, y mucho menos para ser echada a la calle tras una vida entera de entrega. Por si fuera poco, el desprecio de sus propios hijos —al no encajar en su ideal de madre— termina de destrozar su mundo. Con el corazón roto y la vida en ruinas, Karla se encuentra en un punto de no retorno: dejar que el dolor la consuma o reunir las fuerzas para sanar y reconstruirse desde cero.
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Tal vez fue mi culpa
No necesité que me contestaran, ya sabía hacia dónde se dirigían. Ellos iban a enfrentarse a Armando y, aunque mi corazón se sintió cálido por dentro, temí que una tragedia pudiera acontecer, ya que tanto Marcus como Jhon se veían iracundos, como volcanes en ebullición. No estaba segura de lo que ellos podrían ser capaces de hacer. Me mordí el labio con nerviosismo mientras me disponía a ir tras ellos.
— Déjalos, Karla. Ese bastardo merece una lección —dijo Regina sujetando mi mano.
Miré boquiabierta a Regina; después de todo, ella siempre se había destacado por su sentido de la justicia, sobre todo por propagar el lema de que la violencia no resuelve nada. Así que se me hizo extraño su comportamiento. Quizás al notar la sorpresa en mi rostro, pronto me miró con suavidad; sus ojos cafés se mostraron cálidos como la luz del sol. Al notar su suave mirada, no pude evitar sentir un nudo en el corazón.
— Siempre te he visto como a una hermana menor, Karla. Te he visto luchar para salir adelante, siendo discriminada por algunos estúpidos, aguantando palabras hirientes todo por llevar un plato de comida a tu hogar. Y verte en este estado me lastima mucho, me vuelve loca. Es que si yo pudiera, iría y golpearía a ese bastardo con mis propias manos. ¿Acaso no nació de una mujer? ¿Cómo puede tener el corazón tan de piedra para portarse de una forma tan ruin con la madre de sus hijos? Sé que las cosas no iban tan bien entre ustedes, pero si ya no había amor, era mejor que lo hablara. No que te humille de esta manera. ¿Cómo puede tratar tu corazón como si fuera una servilleta desechable? Sabes, hay maneras, hay maneras. Y la suya simplemente es la más cobarde que he visto y escuchado.
Negué con la cabeza mientras me echaba a llorar. Lo único que quería era hacerme una bolita.
— Tal vez fue mi culpa —susurré—. Él dijo que lo había descuidado, que mi apariencia no le gustaba, que siempre olía a grasa de carro. Quizás debí…
— No, no digas eso, Karla —me interrumpió Regina—. No fue tu culpa. Mira incluso cómo ha dañado tu autoestima. ¡Ese estúpido!
— Pero él dijo que lo había descuidado y es verdad, yo ya no me arreglaba. Es mi culpa —repetí como una grabadora rota—. Es mi culpa.
— No, Karla. No vayas ahí, nena. Solo te harás daño. Recuerda, una relación es de dos personas, son un equipo en donde la comunicación es el principal canal de información. Si algo no le gustaba, si él se sentía mal por algún aspecto tuyo o se sentía descuidado, debió haberte dicho y así lo podrían solucionar. El problema siempre es de dos vías, cariño. Y déjame decirte que eso de que lo descuidaste solo fue su excusa para justificar sus fechorías. Sabes que esa es la excusa que siempre utilizan las personas que cometen una traición, ya sea un hombre o una mujer. Siempre tratan de hacer sentir culpable y miserable a los demás. Pero no es tu culpa, Karla. No lo es.
Me mordí el labio sintiendo cómo mi cabeza se partía en dos. No sabía qué hacer y, aunque las palabras de Regina se sintieron como un consuelo, no podía resignarme a que mi mundo —el mundo que había estado construyendo durante estos años— se convirtiera en este tipo de desastre. Si cuando pensaba en el futuro veía mi vida al lado de Armando junto con nuestros hijos, viviendo felices para siempre, envejeciendo juntos... Y ahora ese "felices para siempre" tuvo que tener este tipo de abrupto final.
Y podía ver que ya no había forma de salvar mi matrimonio, no después de la forma tan devastadora en la que Armando me trató.
Este era el final.
— Solo quiero ver a mis hijos —susurré con melancolía—. Ambos han de estar desconsolados. Karina ama mucho a su padre, quizás se le haga difícil separarse de él; sin embargo, lo superará. Kian es otro asunto… Yo solo quiero verlos.
— Y los vas a ver. A ese bastardo debemos denunciarlo, Karla. No debes dejarte pisotear por él. Eres hermosa, eres buena y valiente. No creas que tu mundo se termina solamente porque tu matrimonio se vino abajo. Eres joven aún, Karla. Solo tienes 28 años.
— Pero ya nada será lo mismo, Regina. Pensé que pasaría mi vida entera con Armando, nunca imaginé que todo terminaría así. ¿A dónde se fue mi felices para siempre?
— La vida es así, nada se da por sentado. Cariño, solo debes ser fuerte, vas a ver que esta tormenta pasará.
Le di un fuerte abrazo encontrando consuelo en Regina. Es verdad, no podía dejarme rendir tan fácilmente sin dar pelea.
— Debería ir a la casa, ¿cierto? Los niños deben estar esperando por mí. También dejé mis cosas en la acera.
— Sí, yo te acompañaré, vamos a ver si tiene los pantalones para echarnos a todos.
Armando y Cristel que quieren ahora 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Ahora llegará acompañada de Johan y Armando se agarrará de allí veremos qué pasará en la fiscalía.
Karla lo mejor que te ha pasado es haber salido de ese parásito bueno para nada tienes ahora a tus hijos, a Johan que te está conquistando y de paso te ganas la lotería mejor imposible.
Karla se acaba de ganar la lotería ya tiene el dinero para montar su propio taller, comprar una casa y darle una buena vida a sus hijos.