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BAJO EL DOMINIO DEL DEMONIO

BAJO EL DOMINIO DEL DEMONIO

Status: Terminada
Genre:Mafia / Mujer poderosa / Villana / Completas
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

Hace quince años, la dejaron en la calle, hambrienta y sin esperanza, con dos niños pequeños y una madre agonizante. Hoy, es "La Tiburón" en los corporativos de alta alcurnia y "El Demonio", la implacable jefa de la mafia que controla el país desde las sombras. Cuando su despreciable exmarido regresa buscando destruirla con la complicidad de la esposa de un poderoso magnate industrial, descubrirán demasiado tarde que han despertado al monstruo equivocado. Una guerra de poder, finanzas y venganza donde el amor y la supervivencia bailan al filo de una navaja.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL CHOQUE DE LOS COLOSOS

​El silencio en la sala de juntas del conglomerado Ferrer era absoluto. El único sonido perceptible era el roce suave de las páginas de los expedientes corporativos y el eco lejano del tráfico de la metrópoli a través de los ventanales polarizados. Sebastián Ferrer, "La Bestia", presidía la mesa con la rigidez de una estatua de mármol negro; sus ojos oscuros, fríos como el invierno, evaluaban a cada uno de los postores con una desconfianza casi visceral.

​Sin embargo, cuando Amelia Castañeda se sentó frente a él, el ambiente cambió de manera imperceptible. Ninguno de los demás directivos presentes —incluyendo a Héctor Medina, que ocupaba un asiento secundario como socio estratégico— se atrevía a sostenerle la mirada al magnate petrolero durante más de tres segundos. Amelia, en cambio, reclinó ligeramente el torso hacia atrás, cruzó las piernas con una elegancia felina y le devolvió una sonrisa sutil y desafiante que rozaba la provocación.

​Ella sabía exactamente lo que valía. En el mundo corporativo, su fachada era impecable: una empresaria brillante, dueña de Castañeda Holdings, con un historial intachable de reestructuraciones financieras exitosas y refinerías salvadas de la bancarrota. Nadie en esa sala, ni el propio Sebastián Ferrer, ni los analistas más sagaces de Wall Street, tenía la menor sospecha de que la mujer que vestía un traje sastre de alta costura era, en las sombras de los muelles y los bajos fondos, "El Demonio", la regente implacable que controlaba el narcotráfico y el contrabando portuario con mano de hierro. Su doble vida era un secreto tan hermético que ni su propia sombra se atrevía a cuestionarlo.

​—Tienen exactamente quince minutos para convencerme de por qué debería entregarles el contrato de optimización logística y suministro energético más grande de la década —comenzó Sebastián, con una voz ronca y profunda que resonó como un trueno sordo en la habitación. Su tono no admitía excusas ni debilidades—. Los informes preliminares de la competencia prometen márgenes de ganancia del quince por ciento. Si no pueden superar esa cifra con números reales y garantías blindadas, les sugiero que recojan sus carpetas y se ahorren la vergüenza.

​Los representantes de las otras corporaciones comenzaron a sudar frío, hojeando desesperadamente sus notas con expresiones de pánico contenido. Amelia, en cambio, ni siquiera abrió su portafolio. Dejó que el silencio se prolongara unos segundos más antes de hablar, con una voz cristalina, pausada y letalmente segura.

​—Un margen del quince por ciento basado en proyecciones infladas es un insulto a la inteligencia de este consejo, señor Ferrer —dijo Amelia, inclinándose ligeramente hacia el frente y clavando sus ojos ámbar en los de él—. Esos números ignoran las fluctuaciones del mercado internacional de crudo, las tarifas de transporte marítimo en el golfo y las multas ambientales ocultas que sus actuales proveedores prefieren callar para conservar el contrato.

​Sebastián frunció el ceño, intrigado a pesar de sí mismo. —Continúe, señora Castañeda.

​—Nosotros no prometemos castillos en el aire —prosiguió Amelia con absoluta solidez, apoyándose en la experiencia de dos mundos, el corporativo y el subterráneo, donde conocía las rutas del combustible mejor que nadie—. Castañeda Holdings garantiza un dieciocho por ciento neto de optimización real en el primer trimestre. ¿Cómo? Reduciendo los intermediarios innecesarios, renegociando las rutas de suministro directo y aplicando una auditoría de riesgos que elimina cualquier fuga de capitales. Y lo más importante: cero retrasos. Si una sola pipa de combustible se atrasa por negligencia nuestra, asumimos el costo total de la penalización sin chistar.

​Un murmullo de asombro recorrió la mesa. Los números que presentaba no solo eran viables; eran quirúrgicos. Estaba tocando puntos neurálgicos que solo alguien con un conocimiento absoluto de la logística portuaria clandestina y legal podía dominar con tanta naturalidad.

​Sebastián no apartó la vista de ella en ningún momento. Por primera vez en años, sintió una descarga de adrenalina pura recorriendo sus venas. No veía a una ejecutiva común; veía a una igual. Una depredadora disfrazada de cordero corporativo que se movía en su misma frecuencia de poder y peligro.

​—Audaz —concedió Sebastián lentamente, con una tensión palpable en la mandíbula—. Pero las palabras son fáciles de decir frente a un proyector. Quiero ver los contratos preliminares firmados y validados sobre mi escritorio mañana a primera hora. Si hay un solo error, quedarán vetados de cualquier licitación futura en este país.

​Amelia esbozó una sonrisa cortante, recogiendo su estilógrafo con parsimonia. —Guarde sus amenazas para los débiles, señor Ferrer. Mañana a las ocho en punto tendrá los documentos. Y le sugiero que vaya preparando el espacio para nuestra firma definitiva, porque no acostumbro perder.

​Cuando Amelia se puso de pie, acomodándose el saco con absoluta compostura, y salió de la sala seguida de cerca por un impasible Bruno Ríos, Sebastián se quedó mirándola fijamente hasta que la puerta se cerró tras ella. Su asistente se le acercó con cautela y le susurró:

—Señor, ¿investigamos más a fondo a la señora Castañeda? Su ascenso empresarial en estos últimos quince años ha sido... meteórico, casi inexplicablemente rápido para alguien que empezó sin un centavo en la calle.

​Sebastián levantó una mano, deteniéndolo con la mirada fija en el asiento vacío que ella acababa de dejar. Una sombra de fascinación y sospecha cruzó su rostro endurecido.

—Déjala en paz —respondió en un murmullo grave—. Nadie sube desde el infierno hasta la cima sin dejar cadáveres en el camino. Y te aseguro que esa mujer oculta secretos mucho más oscuros de lo que imaginamos... lo cual la hace infinitamente más peligrosa, y terriblemente fascinante.

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