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A Un Suspiro Del Deseo

A Un Suspiro Del Deseo

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: R.C.Mary.G.

Katia no dejó de amar a su esposo. Ese es precisamente el problema.
Después de veinte años de matrimonio, tres hijos y una vida construida junto a Gael, creyó que el deseo simplemente había desaparecido. Hasta que Rafael, su profesor de tango, la hizo sentirse mirada, deseada… y viva otra vez.
Lo que debía quedarse en una pista de baile cruzó demasiadas fronteras. Y cuando Katia comprende que está enamorada de Rafael, descubre también la verdad más incómoda de todas: amar a alguien nuevo no borra automáticamente el amor, la historia ni la familia que existían antes.
Entre Guadalajara, Bogotá y Buenos Aires, Katia tendrá que decidir no solo a quién ama, sino qué consecuencias está dispuesta a asumir por la mujer en la que se está convirtiendo.
Porque algunas decisiones empiezan mucho antes de decir “me voy” o “me quedo”.
Un romance adulto donde nadie sale ileso de volver a sentirse vivo.

NovelToon tiene autorización de R.C.Mary.G. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El inicio de un entendimiento

POV Rafael

El lugar que Rafael eligió no era una cafetería convencional, sino un rincón cálido con luz tenue, música suave de fondo y pequeñas mesas de madera que ofrecían privacidad.

Al sentarse, cuando el mesero se acercó a tomar la orden, Katia miró el menú por un instante y tomó una decisión inesperada.

—En lugar de café... ¿podríamos pedir dos copas de vino tinto?—pidió Katia, mirando a Rafael.

Él sonrió levemente, sorprendido de buena manera por la elección, y asintió antes de responderle al mesero.

—Por supuesto. Que sea una botella de la casa, por favor.

Cuando quedaron a solas de nuevo, la soltura de Katia comenzó a fluir.

Por primera vez en años, no sentía sobre sus hombros la prisa aplastante de la rutina diaria.

Gael se encontraba fuera de la ciudad por un viaje de negocios que duraría hasta el fin de semana, y los chicos estaban en una convivencia escolar.

La casa estaba vacía; no había cenas que preparar, uniformes que organizar ni miradas a las que rendir cuentas.

Por una noche, el tiempo le pertenecía por completo.

—Te ves diferente —comentó Rafael rompiendo el hielo, inclinándose levemente sobre la mesa— En la pista siempre pareces estar cargando el peso del mundo sobre tus hombros, midiendo cada paso. Pero hoy hay algo distinto en tus ojos.

Katia tomó un sorbo de vino. El líquido tibio la ayudó a aflojar el nudo de tensión en su garganta.

—Es porque hoy no tengo prisa, Rafael —confesó con honestidad, dibujando una leve sonrisa melancólica—No hay nadie esperándome en casa.

Y me di cuenta de que necesitaba esto... hablar con alguien sin tener que interpretar el papel de la esposa perfecta o la madre abnegada.

—Entonces hablemos —respondió él con voz cálida y fija la mirada en los ojos de ella—Sin filtros ni etiquetas. Dime, Katia... ¿Qué es lo que realmente estás buscando?

Katia miró el fondo de su copa.

La pregunta flotó en el aire, abriendo paso a la conversación sincera que había ido a buscar, la misma que definiría si daba un paso hacia adelante o cerraba esa puerta para siempre.

—La verdad es que... no lo sé exactamente —admitió Katia, haciendo rodar suavemente el vino en su copa mientras buscaba las palabras adecuadas—No sé qué busco, o qué espero encontrar.

Hizo una pausa y alzó la mirada hacia él, dejando que la curiosidad y la libertad de esa noche sin horarios tomaran el control.

—Pero antes de responderte algo que ni yo misma tengo claro, cuéntame de ti, Rafael. ¿Por qué el baile? Entre tantas cosas que podrías hacer, ¿por qué dedicarte a esto? Y más allá de la pista... ¿Quién es Rafael? ¿Hay alguien en tu vida, una novia, o eres completamente libre?

Rafael la escuchó con atención, esbozando una sonrisa sincera y pausada. Cruzó los brazos sobre la mesa y se inclinó un poco más hacia ella.

—Bueno, es justo —comenzó él, tomando un trago de su copa—Para empezar: no, no hay novia ni ningún compromiso esperándome. Vivo solo y, por ahora, mi vida está bastante concentrada en la academia y en mí mismo.

Katia sintió un pequeño vuelco en el estómago al escuchar la confirmación de su soltería, pero se mantuvo atenta a sus palabras.

—En cuanto a por qué el baile... no siempre me dediqué a esto —continuó Rafael, su mirada volviéndose un poco más reflexiva—Estudié una carrera tradicional y trabajé en una oficina durante varios años. Tenía un horario rígido, un sueldo estable y una vida en automático.

Hasta que un día me di cuenta de que estaba viviendo para cumplir las expectativas de los demás, no las mías. Estaba apagado.

Katia no pudo evitar asentir en silencio; cada palabra de Rafael resonaba con una fuerza casi dolorosa en su propio interior.

—El baile llegó como un escape —siguió él—Cuando bailas, especialmente en pareja, no puedes fingir. El cuerpo no miente.

Te obliga a estar presente, a sentir, a conectar con el otro en el aquí y el ahora.

Descubrí que enseñarle eso a la gente, ver cómo rompen sus corazas en la pista, me daba una satisfacción que ningún trabajo de escritorio me dio jamás.

Por eso elegí esto: porque me devuelve la vida.

Rafael guardó silencio un momento, dejando que sus palabras se asentaran entre los dos, antes de mirarla fijamente con esos ojos intensos que tanto la perturbaba.

—Y me da la impresión, Katia, de que tú también estabas buscando algo que te devolviera la vida.

—Tiene gracia, ¿sabes? —dijo Katia, esbozando una sonrisa suave mientras fijaba la mirada en los reflejos del vino en su copa— Al final resulta que tenemos más cosas en común de las que imaginaba.

Rafael la observó con curiosidad, dejando que ella continuara.

—Esa sensación de estar en automático... de vivir para cumplir con lo que los demás esperan de ti —expresó en voz baja, casi como si lo confesara para sí misma—Sé perfectamente lo que se siente estar apagada. Durante años he sido la madre perfecta, la esposa impecable, la que sostiene todo a su alrededor.

Pero en el camino me olvidé por completo de quién era yo cuando no estaba cuidando de alguien más.

Sostuvo la copa entre sus manos, sintiendo la calidez del momento y la extraña ligereza de haber encontrado a alguien que entendía su vacío sin juzgarla.

—Supongo que por eso terminé en tu clase —continuó, alzando la mirada para encontrarse con la de él— Tal vez, en el fondo, yo también estaba buscando un escape. Algo que me obligara a estar presente y me devolviera la vida, como dijiste tú.

Rafael le sonrió con calidez y levantó su copa ligeramente hacia ella.

—Entonces no nos equivocamos de camino, Katia —repuso él con voz serena— A veces hay que atreverse a romper la rutina para volver a encontrarse. Por los nuevos comienzos.

Katia asintió y choco suavemente su copa con la de él.

El leve tintineo del cristal resonó entre los dos, marcando el inicio de un entendimiento silencioso y profundo que amenazaba con cambiar el rumbo de su vida para siempre.

1
Moni Velázq
Nueva seguidora.
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