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EL RUIDO QUE DEJASTE

EL RUIDO QUE DEJASTE

Status: Terminada
Genre:Autosuperación / Escuela / My Hero Academia / Completas
Popularitas:520
Nilai: 5
nombre de autor: Melisa Britos

Es la historia de Elena, una joven de 24 años que vuelve a la facultad de Derecho que abandonó por bullying para recuperar su voz, y en el camino encuentra en Luz, una compañera de pelo azul, la amistad que le enseña que superarse no es olvidar lo que pasó, sino aprender a caminar de nuevo acompañada.

NovelToon tiene autorización de Melisa Britos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 6: FIRMA

El día del final de Procesal II me levanté a las cinco de la mañana.

No por nervios. Ya no tenía esos ataques donde sentía que me moría. Tenía otro tipo de nervios. Los nervios lindos. Los de quien sabe que está por cerrar una etapa.

Luz durmió en mi departamento. Nos quedamos estudiando hasta la una, tomando mate con tres cucharadas de azúcar, como a ella le gusta. A las dos de la mañana me dijo:

"Amiga, si mañana te va mal, no pasa nada. Si te va bien, tampoco pasa nada. Ya ganaste todo lo que tenías que ganar".

"¿Qué gané?", le pregunté.

"A vos. Te ganaste a vos de vuelta".

Entré a rendir a las ocho. Valdez estaba en la mesa con otros dos profesores. Cuando me vio, no me sonrió distinto. Me sonrió profesional. Y eso me gustó. Porque entendí que ese era su regalo: tratarme como a todas, para que nadie pudiera decir que me había regalado nada.

Me senté. Me hizo tres preguntas dificilísimas. De esas que te hacen dudar hasta de tu nombre.

Y yo contesté. Sin machete. Sin trabarme. Contesté con todo lo que había estudiado, con todo lo que había llorado, con todo lo que me habían enseñado los que sobran.

Al final, Valdez se sacó los lentes y me miró.

"Rivas, la felicito. Diez. Es el mejor final que tomé en este cuatrimestre".

Sentí que me temblaban las piernas. Diez. Diez en la materia que me había hecho dejar la carrera hace tres años.

Los otros dos profesores me felicitaron y se fueron. Nos quedamos solos en el aula. Él cerrando su libreta. Yo juntando mis cosas, lenta, a propósito.

"Bueno, Elena. Libreta", me dijo, estirando la mano.

Se la di. Me firmó. Su firma era grande, desprolija, como él.

Cuando me la devolvió, abajo de la nota, había escrito algo chiquito a lápiz. Algo que solo yo podía ver.

¿Me invita ese café que me debe? Cuando ya no sea su profesor. M.

Me reí. Me puse roja hasta la nuca.

"Profesor, ya no es más mi profesor", le dije, mostrándole la libreta. "Acaba de firmarme. Ya terminé su materia".

"Es verdad", dijo, guardando la lapicera. "Ya no soy su profesor".

Se hizo un silencio. El mismo silencio del patio, pero ahora sin miedo.

"¿Entonces?", me preguntó.

"Entonces, Martín, ¿vamos a tomar un café? Pero uno de verdad. No de la máquina de la facu".

Salimos juntos de la facultad. Por primera vez, no por la puerta de atrás, escondidos. Por la puerta principal. Y a nadie le importó. Porque ya no éramos profesor y alumna.

Afuera nos esperaban Luz, Santi, Flor, Mica y Joaco con un cartel hecho a mano que decía: "FELICIDADES, ABOGADA 10". Lo habían hecho con brillantina. Brillaba horrible. Me encantó.

Luz nos miró a los dos, a Valdez y a mí, y me guiñó un ojo.

"¡Vayan! ¡Vayan que nosotros cuidamos la libreta! ¡Y no hagan nada que yo no haría!".

"¡Eso deja muy poco margen!", le grité mientras me alejaba.

Nos fuimos caminando por Pellegrini. Hacía frío, pero era un frío lindo de julio en Rosario. El de los finales que terminan.

"¿A dónde vamos?", le pregunté.

"A donde quieras", me dijo. "Tenés todo el tiempo del mundo ahora".

Y tenía razón.

Había vuelto a Rosario pensando que iba a recuperar una materia. Y había recuperado una vida. Había recuperado amigas, había recuperado mi voz, había perdonado sin olvidar y había aprendido a dejar que me defiendan.

Me había pasado tres años creyendo que sobraba.

Y ahora, caminando al lado de un hombre que me había mirado cuando todos me daban vuelta la cara, con una libreta que decía DIEZ y con cinco amigos que me esperaban con un cartel con brillantina, por fin entendí.

Yo no sobraba.

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