Una joven condenada como villana renace antes de su muerte y, al descubrir el legado oculto de las Espinas, deberá aliarse con el temido Duque Raven para enfrentar una antigua conspiración que amenaza al Imperio.
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Capítulo 6: Observa
La primera lección comenzó al amanecer.
Y fue una completa humillación.
Aria esperaba un entrenamiento con espadas.
Esperaba técnicas de combate.
Esperaba ejercicios físicos.
Lo que no esperaba era encontrarse limpiando el suelo frente a la cabaña de Aldric.
—Creo que hay un error.
Aldric levantó la vista de un libro.
—No lo hay.
—Pensé que iba a entrenarme.
—Lo estoy haciendo.
Aria observó la escoba que sostenía.
—¿Limpiando hojas?
—Exactamente.
Las siguientes tres horas no mejoraron.
Primero barrió el patio.
Después ordenó leña.
Luego tuvo que identificar rastros de animales alrededor de la cabaña.
Cuando finalmente perdió la paciencia, dejó caer un tronco sobre el suelo.
—Esto no tiene nada que ver con sobrevivir.
Aldric ni siquiera levantó la vista.
—¿Cuántos lobos viste esta mañana?
Aria parpadeó.
—¿Qué?
—¿Cuántos?
—No vi ninguno.
—Había tres.
Silencio.
—Uno pasó a menos de veinte pasos de ti.
La joven frunció el ceño.
No había visto nada.
Aldric cerró su libro.
—Ese es el problema.
Caminó lentamente hacia ella.
—Solo observas lo que buscas.
No observas lo que existe.
Las palabras la hicieron recordar algo.
En su vida anterior había cometido exactamente el mismo error.
Se había concentrado tanto en las apariencias que jamás vio las conspiraciones creciendo a su alrededor.
—Primera lección —dijo Aldric—. Observa.
—Eso parece sencillo.
—No lo es.
Durante los días siguientes, el entrenamiento continuó.
Y cada jornada resultó más extraña que la anterior.
Aldric no le enseñó una sola técnica de espada.
Todavía.
En lugar de eso la obligó a memorizar senderos.
Identificar sonidos.
Reconocer mentiras.
Recordar detalles de personas desconocidas.
A veces la enviaba a una aldea cercana con una única orden.
—Observa.
Luego debía regresar y describir todo lo que había visto.
Al principio fue un desastre.
Olvidaba detalles importantes.
Confundía rostros.
Pasaba por alto pequeñas señales.
Pero poco a poco comenzó a mejorar.
Y con ello empezó a comprender el propósito de aquellas lecciones.
La información era poder.
Más incluso que una espada.
Una tarde regresó especialmente satisfecha.
—El comerciante de la plaza miente.
Aldric arqueó una ceja.
—¿Por qué?
—Dice que viene de la capital.
Pero sus botas tienen barro rojo del este.
Además, utiliza expresiones regionales de las provincias fronterizas.
Por primera vez, Aldric sonrió.
—Bien.
Aquella única palabra produjo más satisfacción que cualquier elogio que hubiera recibido en años.
Sin embargo, algo comenzó a inquietar al viejo Cuervo.
Cuanto más entrenaba a Aria, más preguntas surgían.
Preguntas difíciles.
Preguntas incómodas.
Una noche la observó estudiar junto al fuego.
La joven apenas tenía dieciséis años.
Y sin embargo...
Pensaba como un estratega.
Analizaba como un investigador.
Hablaba como alguien que había vivido mucho más tiempo del que aparentaba.
Aldric había conocido personas inteligentes.
Muchas.
Pero aquello era diferente.
Finalmente decidió ponerla a prueba.
La mañana siguiente le entregó un pequeño cofre cerrado.
—¿Qué hay dentro?
Aria lo examinó.
—No lo sé.
—Ábrelo.
—¿Tiene trampa?
—Tal vez.
Ella sonrió.
—Entonces definitivamente tiene trampa.
Durante varios minutos inspeccionó la caja.
La madera.
La cerradura.
Las bisagras.
Finalmente descubrió un diminuto mecanismo oculto.
—Interesante.
—¿Qué encontraste?
—La verdadera cerradura.
Aldric permaneció en silencio.
Porque acertó.
La joven abrió el compartimento secreto.
Y encontró una carta.
Nada más.
Una carta vacía.
Aria observó la hoja.
Luego levantó la vista.
—La tinta desapareció.
Aldric parpadeó.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque aún quedan restos en el papel.
Silencio.
—¿Quién te enseñó todo esto?
La pregunta llegó de forma inesperada.
Aria se quedó inmóvil.
Por un instante olvidó respirar.
Porque no podía responder con la verdad.
No podía decir:
"Lo aprendí mientras intentaba sobrevivir después de ser condenada a morir."
Aldric la observó cuidadosamente.
Aquellos ojos grises parecían capaces de atravesar cualquier mentira.
—Nadie.
—Mentira.
La tensión llenó la habitación.
Durante varios segundos ninguno habló.
Finalmente, Aria bajó la mirada.
—Digamos que aprendí de mis errores.
Aldric permaneció estudiándola.
Y aunque sabía que no era toda la verdad...
Por primera vez decidió no insistir.
Porque había llegado a una conclusión.
Aria ocultaba secretos.
Muchos.
Pero no eran secretos que pusieran en peligro a los inocentes.
Eran los secretos de alguien herido.
Los secretos de alguien que intentaba cambiar algo.
Quizá incluso salvarlo.
Esa misma noche, antes de retirarse a dormir, Aldric tomó una decisión.
Al día siguiente comenzaría el verdadero entrenamiento.
El entrenamiento que llevaba semanas posponiendo.
La espada.
Y por primera vez desde que encontró el diario de Elara Espina Negra, Aria estuvo un paso más cerca del camino que cambiaría el destino del Imperio.
Más bien parece apodo como: Roberto Gómez Bolaños "Chespirito",
Javier López "Chabelo", Yolanda Montes "Tongolele", Roberto Cobos "Calambres", Germán Valdés "Tin Tan", Gaspar Henaine "Capulina", Manuel "Loco" Valdez, Jorge "Burro" Vanrranqui, etc.🤷♀️🙎♀️
Si apenas estás viviendo la segunda "según".🤨 "🤷♀️"
A no ser que ya tuvieras vivido otra antes de la de la higuera. Y entonces está sería la tercera y ya tendría sentido la frase de " sus dos vidas". 🧐