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Cuando La Luna Vuelva A Recordarme

Cuando La Luna Vuelva A Recordarme

Status: En proceso
Genre:Regreso a la infancia / Reencarnación / Mundo de fantasía
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Crystal Suárez

En un reino donde las leyendas nunca mueren, una joven noble comienza a tener sueños con una vida que no recuerda y una tragedia que aún no ha ocurrido. Mientras la sombra de una antigua profecía vuelve a extenderse sobre el imperio, su destino se entrelaza con el del príncipe heredero, un hombre marcado para morir antes de reclamar el trono.

Cada recuerdo la acerca a una verdad capaz de cambiar el curso de la historia, pero también despierta a quienes han esperado siglos para impedir que el pasado se repita. En un mundo donde nadie es completamente inocente y cada decisión tiene un precio, proteger al príncipe podría significar condenarse a sí misma una vez más.

Porque algunas promesas sobreviven a la muerte... y hay destinos de los que ni siquiera una nueva vida puede escapar.

NovelToon tiene autorización de Crystal Suárez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 3— Palabras para la Luna

Margaret permaneció unos instantes en silencio. No intentó convencerme de que solo había sido una pesadilla ni sonrió con esa expresión que los adultos suelen poner cuando creen que un niño está imaginando cosas. En lugar de eso, tomó con suavidad una de mis manos entre las suyas y comenzó a acariciarla con el pulgar, como hacía siempre que yo estaba nerviosa. Ese pequeño gesto consiguió que mi respiración se calmara poco a poco.

—¿Quiere que me quede hasta que vuelva a dormirse? —preguntó con voz tranquila.

La miré unos segundos antes de asentir.

—Pero... ¿te meterás en problemas?

Margaret soltó una risa bajita.

—Solo si el mayordomo me encuentra aquí al amanecer.

—Entonces podríamos esconderlo.

Alzó una ceja.

—¿Esconder al mayordomo?

Negué rápidamente con la cabeza.

—No... esconder que estuviste aquí.

—Eso ya suena mucho más sencillo.

Sonreí. Margaret siempre encontraba la manera de hacerme reír, incluso cuando tenía ganas de llorar.

Se levantó para avivar el fuego de la chimenea. Las llamas iluminaron la habitación con un resplandor cálido y anaranjado que hizo desaparecer las sombras de los rincones. Mi habitación era enorme para una niña de seis años. Tenía un balcón que daba a los jardines, una biblioteca pequeña llena de cuentos ilustrados, un rincón con juguetes de madera y una cama tan grande que, según mi hermano, podían dormir cuatro niños sin tocarse los pies.

A mí nunca me había gustado que fuera tan grande.

Cuando despertaba después de aquellos sueños, el silencio de la habitación me hacía sentir diminuta.

—¿En qué piensa? —preguntó Margaret al verme tan callada.

Miré la ventana, la luna seguía allí.

Brillante e inmóvil.

—¿Crees que la luna puede recordar cosas?

Margaret dejó de acomodar los leños durante un instante.

—¿Recordar?

—Sí.

—¿Cómo las personas?

Me encogí de hombros.

—No lo sé... Es que... a veces siento que me está mirando.

Esperaba que se riera, que dijera que era imposible, sin embargo, su expresión cambió apenas un instante.

Tan rápido que cualquier otra persona quizá no lo habría notado.

Yo sí.

Porque Margaret siempre sonreía y durante ese breve momento... dejó de hacerlo.

—La luna ha inspirado muchas leyendas —respondió finalmente—. Algunas personas dicen que guarda los deseos de quienes ya no están.

—¿Y tú lo crees?

Guardó silencio unos segundos.

—Creo que hay cosas que ni los adultos entendemos del todo.

Aquella respuesta me gustó mucho más que cualquier explicación, porque no intentaba convencerme de que estaba equivocada.

Antes de que pudiera seguir preguntando, alguien golpeó suavemente la puerta, tres golpes, pausa, uno más.

Margaret sonrió.

—Debe ser el duque.

Me incorporé inmediatamente.

—¡Padre!

La puerta se abrió con lentitud.

Mi padre entró llevando únicamente una lámpara de aceite. Ya no vestía el uniforme que había usado durante el día. Ahora llevaba una sencilla camisa blanca y un pantalón oscuro, como cualquier padre que acababa de terminar una larga jornada de trabajo.

Siempre me parecía diferente cuando dejaba atrás el título de duque, más cercano, más cálido.

Aunque nunca dejaba de imponer respeto.

—¿Interrumpo algo? —preguntó con una sonrisa discreta.

Margaret hizo una pequeña reverencia.

—La joven tuvo una pesadilla.

Su mirada se posó inmediatamente sobre mí.

—¿Otra vez?

Asentí despacio.

Él caminó hasta sentarse a mi lado en la cama.

—¿Fue la misma de siempre?

Fruncí el ceño.

—¿Cómo sabes que siempre sueño lo mismo?

Mi padre tardó un instante en responder.

—Porque cada vez que ocurre, al día siguiente pasas horas mirando la luna.

No me había dado cuenta, bajé la cabeza, avergonzada.

—Lo siento...

Él soltó una pequeña risa.

—¿Y por qué te disculpas?

—Porque hago cosas raras.

Mi padre levantó delicadamente mi barbilla con un dedo para obligarme a mirarlo a los ojos.

—Escúchame bien, Seraphine.

Su voz era firme, pero llena de cariño.

—Ser diferente no significa ser rara.

Simplemente significa que ves el mundo de una manera que otras personas todavía no comprenden, aquellas palabras quedaron grabadas en mi memoria.

Muchos años después seguiría recordándolas exactamente igual, sonreí.

—¿Entonces no estoy loca?

Él soltó una carcajada, una carcajada de verdad, tan inesperada que incluso Margaret terminó riendo.

—No, pequeña.

Me despeinó con suavidad.

—Aunque a veces seas un verdadero desastre.

—¡No soy un desastre!

—¿Ah, no?

Negó con exageración mientras empezaba a contar con los dedos.

—Hace tres días intentaste darle de comer pastel a los caballos.

Inflé las mejillas.

—Tenían hambre.

—Ayer convenciste a los jardineros de plantar dulces porque estabas segura de que crecerían árboles de caramelos.

—Todavía creo que puede funcionar.

Margaret se tapó la boca para ocultar la risa, mi padre continuó.

—Y esta mañana desapareciste durante casi una hora porque decidiste seguir a una mariposa.

—Era una mariposa muy bonita...

—Eso no lo dudo.

Los tres terminamos riendo, era una risa sencilla, de esas que llenan una habitación sin esfuerzo y, por un momento, olvidé completamente la pesadilla.

Hasta que mi padre levantó la vista hacia la ventana, su sonrisa desapareció apenas un instante al ver la luna, fue algo muy sutil, casi imperceptible, pero volvió a ocurrir esa misma expresión que había visto antes en Margaret.

Como si ambos compartieran un secreto que yo todavía era demasiado pequeña para conocer.

Mi padre permaneció unos segundos observando el cielo, después murmuró unas palabras tan bajas que apenas pude escucharlas.

—Ojalá esta vez... nos equivoquemos.

Fruncí el ceño.

—¿Padre?

Él giró inmediatamente hacia mí, recuperando su sonrisa.

—Nada importante.

Pero yo estaba completamente segura de una cosa.

Aquellas palabras... No eran para mí, eran para la luna.

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Afrodita Hada♥️
wow se ve interesante muchas gracias 😊😊🫶🫶🫶♥️♥️♥️♥️♥️♥️
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