NovelToon NovelToon
Escuchar Al Corazón

Escuchar Al Corazón

Status: Terminada
Genre:Niñero / CEO / Padre soltero / Completas
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Miliarias

Ariana Montiel tiene 22 años y un secreto increíble: puede escuchar los pensamientos de todo el mundo. Aunque el caos de la mente humana la abruma, descubrió el trabajo perfecto gracias a su don. Como niñera, solo necesita sintonizar la mente de los bebés para saber exactamente qué les duele o qué necesitan, convirtiéndose en la más famosa de la ciudad.
Todo cambia cuando Carlos Monterrey, un frío, estresado y millonario CEO, se cruza en su camino. Carlos es un padre soltero al borde del colapso con un bebé de seis meses que no deja de llorar. Desesperado pero desconfiado, le propone a Ariana un trato extremo: cuidará a su hijo por tres días. Si logra calmarlo y ve una mejoría real, obtendrá el trabajo de su vida con un sueldo espectacular; si falla, se irá a casa con los bolsillos vacíos.

NovelToon tiene autorización de Miliarias para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La casa vacía

Habían pasado catorce días desde que la puerta principal de la mansión se había cerrado detrás de Ariana, y esas dos semanas se sintieron como un siglo de pura penumbra. La casa volvió a convertirse en un mausoleo de mármol frío, silencio y sombra. La luz que había iluminado cada rincón durante un mes entero se había apagado por completo.

Pero lo peor no era el silencio de la casa. Lo peor era la agonía del pequeño Jonathan.

El bebé no entendía de contratos, ni de traiciones, ni de mentiras piadosas. Lo único que la mente del niño procesaba era que su "humana mágica" —la mujer que le cantaba al oído, que olía a flores de vainilla y que alejaba a los monstruos de su cabeza— había desaparecido de la noche a la mañana.

Jonathan no paraba de llorar. Rechazaba las mamaderas, tiraba los juguetes al suelo con frustración y sus siestas eran interrupciones constantes llenas de gemidos tristes. Tenía la carita pálida, unas pequeñas ojeras bajo sus grandes ojos negros y se la pasaba buscando la puerta comunicante de la suite vacía con una mirada que rompía el corazón.

Desesperado y agobiado por el llanto incesante de su hijo, Carlos intentó reemplazar a Ariana a toda prisa. Contrató a tres niñeras distintas en menos de diez días. La primera duró cuatro horas; la segunda renunció antes de la cena.

La tercera fue la **Señora Enriqueta**, una niñera de la vieja escuela, sumamente estricta, de peinado rígido, gafas en la punta de la nariz y un traje sastre gris que imponía terror.

—El problema de este niño es que está absurdamente malcriado, señor Monterrey —sentenció la Sra. Enriqueta el jueves por la tarde en el comedor, sosteniendo una cuchara con papilla de verduras frente a la boca cerrada de Jonathan—. A los bebés hay que educarlos con disciplina de hierro. Si no quiere comer, se le deja sentado hasta que entienda quién manda.

—Sra. Enriqueta, solo intente que trague algo —pidió Carlos con tono exhausto, sobándose las sienes. Tenía el traje arrugado, la corbata floja y los ojos hundidos por el cansancio.

La Sra. Enriqueta acercó la cuchara a la fuerza a los labios del bebé. Jonathan la miró con absoluto rechazo. En la pequeña cabeza del niño no había indisciplina; solo había una profunda melancolía y la clara convicción de que esa mujer estricta "no olía a Ariana".

Con un movimiento rápido de su bracito, Jonathan le dio un golpe certero al plato de porcelana. La papilla de espinacas voló por el aire y se estampó de lleno contra el impecable saco gris de la Sra. Enriqueta, chorreándole toda la solapa.

—¡Pero qué atrevimiento! —chilló la mujer, dando un salto hacia atrás con el rostro rojo de indignación—. ¡Esto es inaceptable! ¡Jamás en mis cuarenta años de carrera me habían tratado con semejante falta de respeto! ¡Me voy de esta casa de salvajes en este mismo instante!

La Sra. Enriqueta tomó su bolso y salió taconando a toda prisa por el recibidor, gritando que no volvería ni por todo el oro del mundo.

Carlos ni siquiera intentó detenerla. Se dejó caer en la silla, apoyando los codos sobre la mesa y escondiendo el rostro entre las manos. Escuchó a Jonathan romper en un llanto débil y ronco, desgastado por dos semanas de pura tristeza.

—¿Qué hago, Jonathan...? ¿Qué hago? —murmuró Carlos para sí mismo en medio de la sala vacía.

A las nueve de la noche, tras lograr que el bebé se quedara medio dormido por puro cansancio físico, Carlos entró a la recámara del niño. Se sentó en la mecedora de madera junto a la cuna, contemplando el rostro de su hijo en la penumbra.

El dolor que sentía en el pecho era insoportable. Había expulsado a Ariana para protegerse de otra mentira, pero al hacerlo, había devuelto a su familia a una oscuridad peor que la de antes.

Al estirar la mano para acomodar la cobijita del bebé, los dedos de Carlos chocaron contra algo rígido escondido debajo del colchón de la cuna.

Sorprendido, retiró la manta y sacó una libreta pequeña de pasta suave con flores dibujadas. No era el diario personal que él había leído aquella terrible tarde; era un cuaderno distinto, dejado a propósito en el rincón donde Jonathan solía dormir.

Carlos abrió la libreta con manos temblorosas. En la primera página, con la letra clara y dulce de Ariana, había un título que le apretó el corazón:

> **"Guía de amor para cuidar a mi campeón (para cuando yo no esté)"**

>

A la luz tenue de la lámpara de noche, Carlos comenzó a leer página tras página.

No había códigos, ni trucos de telepatía, ni explicaciones sobre lecturas de mente. Solo había notas detalladas, escritas con un amor desbordante y una paciencia infinita que Ariana había dedicado a entender a Jonathan día con día:

* *"Nota 1: A Jonathan le da mucho miedo el ruido de las tormentas y los camiones grandes. Cuando pase, no le hables fuerte. Solo abrázalo contra tu pecho, dile que 'el escudo papá está aquí' y cántale bajito la canción de la cuna. Se calma de inmediato porque tu voz es su lugar seguro."*

* *"Nota 2: Cuando no quiera comer la papilla, no te enojes. A veces le nacen sus dientecitos y le duele la encía. Ponle un pañito de agua fría un minuto y verás cómo vuelve a sonreír."*

* *"Nota 3: Si amanece muy triste, ponle una de tus camisetas usadas en la cuna. Jonathan no entiende de palabras difíciles, pero reconoce tu aroma a kilómetros. Para él, sentir tu olor significa que su papá nunca lo va a abandonar."*

* *"Nota final para Carlos: Sé que estás enojado conmigo y sé que tienes mucho miedo de que te vuelvan a hacer daño. Lo entiendo. Pero por favor, no te cierres al mundo. Eres un padre maravilloso, un hombre increíble y tienes el corazón más noble que he conocido. Jonathan no necesita a una niñera perfecta; solo te necesita a ti. Por favor, sé feliz."*

Las lágrimas, contenidas durante dos semanas de rabia y orgullo tonto, comenzaron a rodar sin freno por las mejillas de Carlos.

Apretó la libreta contra su pecho, sintiendo que el aire le faltaba en los pulmones. El velo de la desconfianza y el trauma del pasado por fin se cayeron de sus ojos con una claridad aplastante.

Ariana no lo había manipulado. No había usado un truco frío ni calculado para engañarlo. Su empatía no venía de un don mágico, sino de un corazón gigante capaz de amar sin condiciones. Leyera o no la mente, cada gesto, cada abrazo, cada desvelo y cada palabra de Ariana habían sido cien por cien reales.

Incluso después de que él la había echado cruelmente de la casa, ella se había tomado el tiempo de dejarle una guía llena de amor para proteger a su hijo.

—Qué idiota fui... Dios mío, qué idiota fui —susurró Carlos con la voz quebrada por el llanto, mirando el cuaderno lleno de flores.

Se dio cuenta de que su miedo al abandono lo había llevado a cometer la tontería más grande de su vida: había echado a la única mujer que lo había amado por quien era realmente, la única que había sanado su corazón y la que le había devuelto la vida a su hijo.

Carlos se puso de pie de golpe. Limpiándose las lágrimas con la manga de la camisa, miró a Jonathan, quien dormía plácidamente abrazado a la libreta de Ariana que su padre acababa de colocar a su lado.

El tiempo de esconderse detrás de la armadura de hielo había terminado. Ya no había espacio para el orgullo, ni para las dudas, ni para el miedo. Tenía que reparar el daño antes de que fuera demasiado tarde.

Salió corriendo de la habitación, bajó las escaleras a toda prisa y buscó a Ernesto en la cocina.

—Ernesto —dijo Carlos con la respiración agitada y la mirada ardiendo con una determinación que el anciano mayordomo no le veía en años—. Consígueme la dirección exacta del departamento de Ariana. Ahora mismo.

1
Sandra Vielmas
serían 6 meses no un año. porque el niño tenía 6 meses cuando ella se hizo cargo de el...
Sandra Vielmas
muy bonita historia pero muchas inconsistencias con las fechas. Y no me gustó el final
Sandra Vielmas
pues gracias a ese don te salvó de la ruina. cucaracho
Sandra Vielmas
pero autora no ha pasado ni un mes y ya están enamorados🤔
Sandra Vielmas
como le va a explicar ella, como lo supo...
Sandra Vielmas
esta muy lastimado. además apenas son 6 meses...
Sandra Vielmas
Valeria. quien la contactó la amiga de el va a ponerse celosa y será la villana del cuento🤔
Sandra Vielmas
es difícil convivir con alguien que te gusta...
Daiana Martínez
hermosa novela
Luna del Mar
Buena historia
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play