Sangre y Cenizas
"Te mataría si pudiera dejar de amarte"
Maya es cazadora de vampiros. Lucien es el vampiro que debería haber
muerto hace años.
Entre encuentros clandestinos y besos prohibidos, descubren que existe
un amor más peligroso que cualquier arma: uno que te envenena desde
adentro, que te hace traicionar todo lo que eres, y que solo termina
de una manera.
En la oscuridad, donde el bien y el mal se desdibujan, dos almas
rotas aprenderán que algunos fuegos nunca deberían encenderse.
Pero algunos ya arden.
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CAPÍTULO 24: Un Nuevo Mundo
Dos años después de la muerte de Maya y Lucien, el mundo había cambiado de formas que nadie hubiera imaginado.
Las ciudades ahora tenían distritos vampíricos claramente marcados. Había leyes que protegían a ambas especies. Había escuelas donde cazadores y vampiros aprendían juntos, aprendían a entenderse, aprendían a vivir en paz.
Thomas estaba en una de esas escuelas, dando una conferencia a estudiantes de ambas especies.
Era extraño estar de pie frente a una clase que contenía tanto cazadores como vampiros. Era extraño ver a jóvenes vampiros tomando apuntes junto a jóvenes cazadores. Pero era la nueva realidad.
—La guerra que sucedió hace dos años fue una de las más devastadoras en la historia de nuestra especie —explicaba Thomas—. Pero también fue un punto de inflexión. Fue el momento en que nos dimos cuenta de que no podíamos continuar destruyéndonos mutuamente.
Un estudiante vampiro levantó la mano.
—¿Cree que el tratado hubiera sido posible sin las muertes de Lucien y Maya? —preguntó.
Thomas hizo una pausa. Era una pregunta que se había hecho a sí mismo muchas veces.
—No —respondió honestamente—. Creo que sus muertes fueron necesarias. Creo que fue el precio que el universo exigía por la paz. Creo que ambos entendieron eso. Y creo que ambos estaban dispuestos a pagarlo.
En el cementerio, Viktor estaba colocando flores nuevas en la tumba de Lucien.
Había estado visitando la tumba cada semana durante dos años. Había estado hablando con su amigo muerto, compartiendo historias, compartiendo recuerdos.
Hoy, había traído a alguien nuevo.
Era una joven vampira, de aproximadamente veinticinco años. Tenía cabello negro y ojos rojos, y había sido convertida hace solo un año. Se llamaba Sophia, y era la nueva asistente de Viktor en el club Obsidiana.
—¿Quién es? —preguntó Sophia, observando la lápida.
—Era mi mejor amigo —respondió Viktor—. Era alguien que cambió el mundo. Alguien que pagó el precio más alto por ello.
Colocó las flores en la tumba.
—Lucien fue convertido en vampiro contra su voluntad —continuó—. Fue esclavizado, fue torturado, fue usado como arma. Pero a pesar de todo eso, eligió amar. Eligió luchar por lo correcto. Eligió sacrificarse por un mundo que nunca lo conocería.
Sophia observó la tumba en silencio.
—¿Y ella? —preguntó, señalando la tumba de Maya.
—Ella fue su razón para vivir —respondió Viktor—. Ella fue la luz en su oscuridad. Y cuando murió, él no pudo continuar. No quiso continuar.
En la universidad, Elena, la joven cazadora que había hablado con Thomas hace un año, estaba en la biblioteca.
Estaba leyendo un libro sobre la historia de la guerra. Un libro que documentaba todo lo que había sucedido. Un libro que incluía historias sobre Maya y Lucien.
Había una foto de Maya en el libro. Era una foto de su graduación de la escuela de cazadores. Estaba sonriendo, joven, llena de esperanza.
Elena cerró el libro, sintiéndose abrumada.
Había sido amiga de Maya. No cercana, pero amiga. Y siempre se había preguntado qué hubiera pasado si Maya no hubiera muerto. Qué hubiera pasado si Lucien no se hubiera sacrificado.
¿Habría paz de todas formas? ¿O habría habido más guerra?
Nunca lo sabría.
En la iglesia de San Miguel, donde todo había comenzado, Thomas estaba hablando con un sacerdote.
—Quiero hacer algo por mi hija —dijo—. Quiero crear una fundación. Una fundación que ayude a cazadores y vampiros a trabajar juntos. Una fundación que honre su memoria.
—Es una idea hermosa —respondió el sacerdote—. ¿Cuál sería el nombre?
Thomas pensó durante un momento.
—La Fundación Maya Lucien —respondió—. Un nombre que honre a ambos. Un nombre que recuerde que fue su amor, no su poder, lo que cambió el mundo.
Esa noche, Thomas fue al cementerio por última vez en mucho tiempo.
Se arrodilló frente a las tumbas de Maya y Lucien, y simplemente se quedó allí, en silencio.
—He estado pensando mucho en lo que sucedió —susurró—. He estado pensando en si hice lo correcto. He estado pensando en si debería haber hecho algo diferente.
Hizo una pausa.
—Pero luego veo el mundo en el que vivimos ahora. Veo a cazadores y vampiros trabajando juntos. Veo a jóvenes de ambas especies aprendiendo a convivir. Y sé que hiciste lo correcto. Ambos hicieron lo correcto.
Se levantó lentamente.
—Voy a crear una fundación en tu nombre, Maya —continuó—. Voy a asegurarme de que tu legado viva para siempre. Voy a asegurarme de que el mundo no olvide lo que sacrificaste.
Se giró hacia la tumba de Lucien.
—Y tú, Lucien. Tú que fuiste esclavo durante doscientos años. Tú que finalmente encontraste la libertad. Tú que eligiste morir para estar con la mujer que amabas. Tu legado también vivirá para siempre.
Tres años después, la Fundación Maya Lucien estaba en funcionamiento.
Tenía oficinas en diez ciudades diferentes. Tenía cazadores y vampiros trabajando juntos. Tenía programas de capacitación, programas de intercambio, programas que enseñaban a ambas especies a entenderse.
Thomas era el director ejecutivo de la fundación. Pero no lo hacía por él. Lo hacía por su hija. Lo hacía por Lucien. Lo hacía para honrar el precio que ambos habían pagado.
Un día, mientras estaba en la oficina principal, recibió una visita inesperada.
Era Lilith, el vampiro antiguo que había propuesto el tratado de paz.
—He venido a traerte noticias —dijo—. He venido a decirte que los dieciocho vampiros antiguos hemos votado. Hemos votado para reconocer oficialmente a Lucien como un héroe de nuestra especie. Hemos votado para crear un monumento en su honor.
Thomas sintió que las lágrimas corrían por sus mejillas.
—Gracias —susurró—. Eso habría significado mucho para él.
—Significa mucho para nosotros también —respondió Lilith—. Porque Lucien nos mostró que la redención es posible. Que incluso aquellos que han sido esclavizados, incluso aquellos que han sido usados como armas, pueden elegir ser algo más.
Cinco años después, Thomas estaba jubilado.
Había pasado el control de la Fundación Maya Lucien a Elena, la joven cazadora que había trabajado con él durante años.
Elena era perfecta para el trabajo. Era joven, era apasionada, era capaz de ver el mundo de formas que Thomas no podía.
Thomas estaba en el cementerio nuevamente, como lo hacía cada semana.
Pero esta vez, no estaba solo.
Elena estaba con él. Y con Elena estaba un joven vampiro llamado Marcus, quien era su pareja. Cazador y vampiro, trabajando juntos, viviendo juntos, amándose.
—¿Crees que Maya habría aprobado esto? —preguntó Elena, observando las tumbas.
—Creo que habría estado orgullosa —respondió Thomas—. Creo que habría visto exactamente lo que queremos ver: un mundo donde el amor es más importante que la especie. Un mundo donde la amistad es más importante que la diferencia.
Se arrodilló y colocó una mano en la lápida de Maya.
—Tu legado vive, hija —susurró—. Tu legado vive en cada cazador y vampiro que elige la paz. Tu legado vive en cada generación que aprende a vivir juntos. Tu legado vive para siempre.
FIN....