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Él En Realidad Es Mi Vecino ? | TERROR

Él En Realidad Es Mi Vecino ? | TERROR

Status: En proceso
Genre:Terror
Popularitas:298
Nilai: 5
nombre de autor: Litaa.Randxm_Girl

A los 16 años, con 100,000 personas mirándome, sé que aquella niña de 9 años que quería ser youtuber no estaba loca, solo estaba adelantada . Y la persona que menos esperaba cambio mi destino

NovelToon tiene autorización de Litaa.Randxm_Girl para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Confusión

Me concentré en el stream y olvidé lo del correo electrónico. No estaba dispuesta a caer en eso de nuevo. Cada vez que veía un mensaje de ese remitente, mi estómago se revolvía, pero esta vez lo archivé sin siquiera leerlo completo. Mi comunidad merecía a la Valeria de siempre, no a una chica paranoica que saltaba ante cualquier notificación.

La transmisión fluyó como el agua. El juego indie de terror resultó ser más intrigante que aterrador, con una historia que me atrapó por completo. Comentaba teoría tras teoría con mi audiencia, reía con sus ocurrencias, y por momentos, logré olvidar que había una foto de una chica desaparecida en la mesa de mi vecino.

Pasadas las horas, cuando el reloj marcaba las 7:30 PM, me despedí con un beso volado y cerré la transmisión. El silencio del estudio me envolvió, y con él, el rugido de mi estómago. No había comido bien en todo el día, y la nevera seguía tan vacía como mi paciencia.

Tomé dinero y llaves, pero al llegar a la puerta, dudé. El súper quedaba a tres cuadras, y la noche comenzaba a caer. No era miedo a la oscuridad, era ese cosquilleo en la nuca, esa sensación de que alguien podía estar observando desde alguna ventana.

Entonces recordé el chisme de las señoras ayer. Habían mencionado algo sobre una tiendita en el segundo piso, regentada por unos vecinos de toda la vida. ¿Cómo no lo sabía? Llevaba años viviendo aquí y nunca había bajado al segundo piso con ese propósito.

Me armé de valor y bajé las escaleras. El segundo piso era idéntico al mío, pero con un cartelito casero pegado en una puerta que decía: "Tiendita de la Abuela — Abierto todos los días". Empujé la puerta y me encontré con un pequeño local improvisado en lo que debía ser la sala de un departamento. Estanterías de madera llenas de productos básicos, una nevera antigua con refrescos y jugos, y detrás del mostrador, la señora Marta, mi vecina de toda la vida, con su sonrisa arrugada y sus manos hábiles.

—¡Valeria! —exclamó al verme—. Hacía siglos que no te veía. ¿Cómo está tu madre?

—Bien, bien —respondí, sintiendo una calidez que no esperaba—. No sabía que tenían una mini tienda. Somos vecinos de toda la vida, pero ya no salía tanto de mi departamento y nunca pasaba por aquí.

La señora rió, un sonido cascabelero que llenó el pequeño espacio.

—Puedes pasar cuando quieras —dijo, mientras su esposo, el señor Roberto, acomodaba latas en un estante—. Siempre te atenderemos bien. ¿Qué te gusta? Tenemos botanas, refrescos, algo de pan...

Recorrí los estantes con la mirada y terminé llevando unas papas fritas, una bolsa de cacahuates japoneses y un refresco de naranja. Pagué con una sonrisa, y justo cuando iba a despedirme, una figura apareció en la entrada de la tienda.

Era un hombre, pero apenas parecía humano. Ropa harapienta, barba descuidada, el olor a alcohol y suciedad llegó hasta mí antes de que él abriera la boca. Extendió una mano temblorosa y pidió monedas con una voz ronca y rota.

La señora Marta, sin dudarlo, sacó algunas monedas de su bolsillo y las puso en la mano del hombre. Luego, con un movimiento rápido, tomó un sándwich de jamón y queso de detrás del mostrador y se lo ofreció.

—Toma, hijo —dijo con una ternura que me sorprendió—. Come algo caliente.

El vagabundo asintió con la cabeza, murmuró un agradecimiento casi inaudible, y se fue tambaleándose por el pasillo. Lo vi desaparecer en la penumbra de las escaleras, y sentí un escalofrío que no tenía que ver con el frío.

—¿Quién es? —pregunté, bajando la voz—. Siempre anda por aquí?

La señora Marta suspiró, limpiando el mostrador con un trapo.

—Siempre vaga por el edificio en la madrugada —explicó—. Molesta, toca las puertas, pide dinero. Lo hace en su estado de borracho, la mayoría de las veces. Pero hasta ahora no ha pasado nada más. Es más inofensivo que un perro callejero, solo que da miedo verlo aparecer de repente.

Asentí, procesando la información. Mi mente comenzó a atar cabos, y una sensación de alivio se instaló lentamente en mi pecho.

El vagabundo. Él era el que dejaba los sobres. El que golpeaba mi puerta en la madrugada. El que caminaba por los pasillos a las 3 AM haciendo ruido. Tenía sentido: un hombre sin hogar, desorientado, quizás confundido, que encontraba en mi puerta una especie de juego. Tal vez ni siquiera recordaba lo que hacía cuando estaba sobrio.

Me sentí tonta por haber imaginado cosas peores. Por haber pensado en conspiraciones, en juegos malditos, en vecinos misteriosos. Era solo un pobre hombre perdido en su propia bruma.

—Bueno, me tengo que ir —dije, sonriendo de verdad por primera vez en todo el día—. Ya es tarde. ¡Gracias!

—Cuídate, Valeria —dijo la señora Marta, despidiéndose con la mano.

Subí las escaleras con paso ligero. Entré a mi departamento y cerré con llave, sintiendo que el peso en mis hombros se aliviaba. El reloj marcaba las 8:04 PM. Preparé mis botanas en un tazón grande, me senté frente al televisor y puse una serie tonta mientras comía.

Todo se sentía más ligero. El miedo que había estado cargando durante días comenzaba a disiparse, reemplazado por una lógica simple y mundana. Un vagabundo. Eso era todo. No había fuerzas sobrenaturales, ni conspiraciones, ni juegos que cobraban vida. Solo un hombre borracho y una mente cansada que había visto fantasmas donde solo había sombras.

Terminé de comer, lavé el tazón y, al pasar por el estudio, mi mirada se posó en la computadora. El correo electrónico seguía ahí, sin abrir, esperando. Mi dedo se movió hacia el mouse, pero lo detuve antes de tocarlo.

"No lo abriré", me dije con firmeza, cruzando los brazos. "No voy a caer en lo mismo."

Cerré la puerta del estudio y me aseguré de que la computadora estuviera apagada. Luego revisé la puerta principal: pestillo echado, cadena de seguridad puesta, llave girada dos veces. Todo cerrado, todo seguro.

Tomé una ducha caliente y me puse el pijama más cómodo. Cuando mi cabeza tocó la almohada, la noche estaba en silencio. No había golpecitos en la pared, no había susurros en el pasillo, no había pasos arrastrándose cerca de mi puerta.

Cerré los ojos y, por primera vez en días, el sueño llegó sin resistencia. La noche era tranquila, sin nadie rondando por los pasillos. Hasta ahora.

Pero justo antes de dormirme, una imagen pasó por mi mente: el vagabundo, extendiendo su mano sucia, recibiendo el sándwich de la señora Marta. Sus ojos, hundidos y vidriosos.

Y entonces, en un destello, recordé algo que no había notado en el momento.

Los dedos del vagabundo, cuando tomó las monedas, eran limpios. Demasiado limpios para alguien que llevaba días sin bañarse.

Mi corazón dio un vuelco, y abrí los ojos en la oscuridad.

Pero el sueño ya me reclamaba, y no tuve fuerzas para seguir pensando. Mañana sería otro día. Mañana lo analizaría todo con calma.

Me giré en la cama, apreté la almohada contra mi pecho, y dejé que el sueño me venciera.

Lo último que escuché antes de dormir fue un sonido leve. Como un papel deslizándose por debajo de una puerta.

Pero esta vez, no me levanté a mirar.

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SOFI💅💖
i love you
SOFI💅💖
eres la mejor escritora del mundo
SOFI💅💖
me encantaaaaa
SOFI💅💖
por fa a más capítulos
SOFI💅💖
este es el mejor libro que he leído en 2 años
SOFI💅💖
porfa autora actualiza💖 me muero de ganas de que pasará
SOFI💅💖
me encanta este libro lo empecé a leer sin querer pero me encanta💖
Liaa🍥: gracias de verdad, espero que disfrutes los demás capitulos 🩷
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