Pamela, orgullosa y arrogante, humilla en público al señor Fitwilliam, un supuesto “hombre viejo” que resulta ser un multimillonario frío, poderoso y mucho más peligroso de lo que aparenta.
Como castigo, su padre la obliga a casarse con él.
Ahora vive atrapada en un matrimonio forzado con el hombre al que despreciaba… y al que desafía a cada instante. Pero Fitwilliam no es de los que pierden el control. Ni de los que olvidan.
Entre orgullo y poder, solo una cosa es segura: uno de los dos terminará cayendo primero.
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capítulo 6: “El Límite del Orgullo”
En la noche, Pamela ya estaba lista para su celebración. Llevaba un elegante vestido rojo que se ajustaba perfectamente a su figura, resaltando su silueta con sofisticación y elegancia. El diseño caía con delicadeza hasta media pierna, con un ligero brillo que captaba la luz en cada movimiento. Sus hombros quedaban descubiertos, aportándole un aire refinado y seductor a la vez.
Su cabello estaba perfectamente peinado, recogido con sutileza para dejar ver su rostro impecablemente maquillado. Los labios en tono rojo intenso combinaban con su vestido, mientras sus accesorios dorados añadían un toque de lujo sin exagerar.
Pamela se observó en el espejo con una sonrisa satisfecha, convencida de que esa noche sería, una vez más, el centro de todas las miradas.
Cuando bajó las escaleras, ya la esperaban sus amigos y varios invitados de la alta sociedad, en su mayoría hombres mayores del círculo de su padre. Pamela los observó de reojo; le parecieron poco atractivos e incluso algo desagradables, pero no le dio importancia. Aun así, al entrar al salón, todas las miradas se dirigieron hacia ella. Destacaba como la más hermosa de la noche, segura de sí misma, disfrutando de la atención que recibía.
El ambiente estaba lleno de música, risas y copas. Los invitados bebían y celebraban el cumpleaños, mientras la fiesta avanzaba entre lujo y conversación.
Fue entonces cuando un automóvil elegante se detuvo frente a la mansión. De él bajó Maximiliano Santorini, con su habitual porte imponente y expresión fría.
Se detuvo unos segundos frente a la entrada, observando la mansión.
—Aquí es donde vive la caprichosa… —murmuró con frialdad, y enseguida entró a la mansión.
Al instante, fue recibido por Rogelio, quien se acercó a saludarlo con cortesía.
Pamela, que estaba de espaldas hablando con sus amigos y bebiendo, se dio la vuelta y lo vio.
¿Qué hace ese viejo aquí…? , pensó al instante, sintiendo que con su sola presencia ya le había arruinado la noche.
Rogelio se acercó junto a Maximiliano hasta donde estaba ella.
—No hace falta presentación, ya se conocen. Maximiliano, ella es Pamela Mendoza, mi hija —dijo Rogelio, mirándola con seriedad, aún recordando lo que Maximiliano le había contado sobre el baile.
Pamela lo miró de arriba abajo, con evidente incomodidad, y supuso de inmediato que Maximiliano ya le había contado a su padre lo ocurrido en el baile.
—Sí… ya lo dijo —respondió con frialdad—. Nos conocemos. Y la primera vez que nos vimos no fue precisamente agradable.
—Y si no le resultó agradable, ¿qué hace aquí en mi cumpleaños? —soltó Pamela, sin poder contener más su molestia.
Su padre se acercó a ella, con el gesto serio.
—Yo lo invité, así que ahora mismo vas a disculparte con él por lo que pasó en el baile, y sin insultos —ordenó con seriedad.
—¡Que no lo haré! —respondió Pamela, orgullosa, cruzándose de brazos—. No tengo por qué pedirle disculpas.
—Vas a hacerlo, ahora mismo. O doy por terminado este cumpleaños, no me importa —respondió su padre con autoridad.
—¡Papá, ¿qué estás diciendo?! ¡Es mi cumpleaños! ¿Y quieres arruinarlo por obligarme a disculparme con ese viejo? ¡No tengo por qué hacerlo!
—Te lo ordeno, Pamela —respondió su padre, endureciendo la voz.
—¡No lo haré! ¡Que se vaya de mi cumpleaños ahora mismo! —explotó Pamela, alterada.
—Bien —dijo su padre, girándose hacia los invitados que ya observaban la escena—. Escuchen todos, el cumpleaños ha terminado. Retírense, por favor.
—¡¿Qué estás haciendo, papá?! ¡No puedes arruinar mi cumpleaños así! ¿Solo porque no quiero disculparme con ese viejo? ¡Y encima traes a tus amigos horrendos!
—No estoy arruinando tu cumpleaños, Pamela. Tú lo has hecho con tu comportamiento y tus palabras —Respondió su padre con firmeza, pero dejando ver su agotamiento por la actitud de su hija.
—Todo por ese viejo… seguro nadie le presta atención y está aquí solo para arruinarme la noche —continuó Pamela, llena de enojo.
—¡Basta! —interrumpió Rogelio.
Rogelio la miró fijamente. Ya no había enojo en su rostro, sino una decisión fría y definitiva.
—Se acabó todo esto —expresó con autoridad—. Has sobrepasado todos los límites.
Pamela frunció el ceño.
—¿Qué vas a hacer ahora? ¿Seguir arruinándome el cumpleaños?
Rogelio dio un paso adelante.
—A partir de hoy, asumirás responsabilidades que hasta ahora has evitado. Se acabaron los privilegios sin consecuencia.
El murmullo entre los invitados creció.
En ese momento, Rosaura se acercó rápidamente.
—Rogelio, por favor… es su cumpleaños, no hagas esto más grande —intentó intervenir, tocando su brazo.
Pero él no se detuvo.
—No, Rosaura —respondió sin mirarla—. Ya tomé una decisión.
Pamela lo miró, confundida y molesta.
Rogelio entonces giró hacia Maximiliano.
—Le ofrezco nuevamente una disculpa por lo ocurrido en mi casa. Esto no debió suceder.
Luego volvió la mirada hacia su hija.
—Y tú vas a entender que tus actos tienen consecuencias.