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La Princesa de la Mafia

La Princesa de la Mafia

Status: Terminada
Genre:Escuela / Mafia / Autosuperación / Venganza de la protagonista / Viaje a un juego / Completas
Popularitas:0
Nilai: 5
nombre de autor: Queenvyy27

Aurelia era una chica común y corriente, obsesionada con las novelas. Una noche, tras llorar por el trágico destino de su personaje favorito, despierta dentro de la historia y descubre que ahora habita el cuerpo de Aurelia Cassano: la antagonista consentida, hija del jefe de la mafia más temida del país.

El problema es que conoce el final: en la novela original, Aurelia Cassano muere asesinada a los veinticuatro años. Y el causante indirecto de su muerte es nada menos que Arsa Wirayuda, el protagonista masculino: frío, despiadado, irresistible... y el hombre del que la Aurelia original estaba perdidamente enamorada.

Para sobrevivir, Aurelia traza un plan: alejarse de Arsa, evitar los conflictos con la protagonista original y reescribir su destino. Pero la vida dentro de una novela de mafia no es tan sencilla. Entre conspiraciones familiares, enemigos que la quieren muerta, pandillas rivales y secretos oscuros que ni la novela revelaba, Aurelia descubre que cambiar la trama es mucho más difícil de lo que imaginaba.

Y lo peor de todo: Arsa, el hombre al que debería evitar a toda costa, no deja de acercarse. Con sus ojos negros como la noche, su actitud posesiva y esos momentos inesperados de ternura que derrumban todas sus defensas, Aurelia se enfrenta a la pregunta más peligrosa de todas: ¿puede reescribir una historia de amor sin caer en ella?

Entre peleas callejeras, intrigas corporativas, venganzas implacables y un romance que arde lento pero con la fuerza de un incendio, Aurelia demuestra que ser la villana nunca fue su destino. Tal vez siempre fue la heroína que esta historia necesitaba.

NovelToon tiene autorización de Queenvyy27 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

Capítulo 12 — Dante el pervertido

Flashback.

Dante Moretti, el apuesto protagonista de la novela La Princesa de la Mafia. Un hombre perfecto: guapo y riquísimo. Muchas chicas lo idolatraban. De entre todas, una había llamado especialmente su atención tiempo atrás: una niña que siempre sonreía, alegre y radiante. Pero, poco a poco, aquella niña cambió. Cambió tanto, se alejó tanto de la que había sido, que Dante terminó por no reconocerla.

Dante la había conocido a los doce años, cuando él y su padre visitaron la residencia de los Cassano. Sí, aquella niña era Aurelia Cassano. Dante la vio jugando con sus criadas; su sonrisa era tan dulce que se enamoró a primera vista. Desde entonces, la observaba siempre desde lejos.

Pero a los quince años —la misma edad que Aurelia—, Dante se llevó una decepción al ver en lo que se había convertido. Aurelia empezó a arreglarse de un modo impropio de su edad, a usar ropa provocativa. Y lo que más lo decepcionó fue verla perseguir sin descanso a Diego, el líder de los Tigres, que además era su enemigo.

Desde ese momento, Dante decidió dejar de admirarla.

Cierta vez, de regreso a su mansión, Dante recibió un mensaje del número de su madre, Amanda Moretti, pidiéndole que la recogiera en una dirección que ella misma le había compartido por mensaje. A Dante le extrañó: el callejón indicado quedaba muy lejos del centro. Llamó a casa para confirmar si de verdad había sido su madre quien escribía. Le respondieron que Amanda, en efecto, había salido. Receloso, decidió ir a la dirección.

Al llegar al lugar, Dante no bajó de inmediato de la moto. Volvió a marcar el número de su madre.

—Hola, mamá. Ya llegué. ¿Dónde estás? —dijo en cuanto se estableció la llamada.

—Hola, cariño. Si ya llegaste, entra. Yo acabo de llegar a casa —respondió la voz al otro lado, que no era otra que la de su madre.

Dante comprendió lo que pasaba. Volvió a la moto, encendió el motor y se dispuso a marcharse: había olido el peligro. No era que temiera enfrentarse a un enemigo; simplemente se mantenía alerta, porque ignoraba qué podía ocurrir.

Por desgracia, antes de que arrancara, un tablón de madera le golpeó la cabeza con fuerza. Dante se tambaleó. Trató de incorporarse y de defenderse de los varios hombres que ya lo atacaban. La pelea fue inevitable.

Calculó que lo rodeaban unos veinte hombres.

¡Pam! ¡Pam! ¡Pam!

Pese a su estado de debilidad —tenía una herida grave en la cabeza—, ya había derribado a unos diez.

Aun malherido, Dante era capaz de vencer a diez asaltantes.

Cayeron diez, luego cinco más: quince hombres reducidos.

Pero parecían decididos a acabar con él, porque llegaron otros diez a relevar a los cinco que aún quedaban en pie.

A esas alturas, la cabeza le palpitaba. No aguantaría mucho más: había perdido demasiada sangre.

Un siseo.

El filo de una navaja rasgó la tela que le cubría el cuerpo. Dante ya no pudo esquivarlo. La sangre brotó del costado izquierdo de su abdomen.

¡Pum! Dante por fin se derrumbó. Con las pocas fuerzas que le quedaban, echó a correr para huir de los pandilleros, que seguían persiguiéndolo.

Al llegar a cierto camino, vio un puente. Debajo corría un arroyo seco. Dante se ocultó allí.

Al poco, los pandilleros llegaron al lugar.

—Qué rápido corre el muy maldito, y eso que está malherido —dijo uno de cabeza rapada.

—¡Vamos, persíganlo por allá! —gritó otro, de brazos cubiertos de tatuajes.

Varios hombres corpulentos se alejaron corriendo del escondite de Dante.

Dante todavía lograba mantener algo de lucidez. Al ver pasar un deportivo a toda velocidad, sin pensarlo, reunió las últimas fuerzas y se lanzó al centro de la calzada, y...

¡Pum!

¡Chirrido de frenos!

De vuelta al presente, en el aula.

Dante bajó la mano con la que había enjugado las lágrimas del rostro de Aurelia.

Verla cabizbaja y avergonzada hizo que algo en su pecho volviera a entibiarse.

Un momento antes se había fastidiado al notar que Aurelia no dejaba de mirar a Bruno. Incluso después de sentarse a su lado, la chica seguía pendiente de él.

Dante se sorprendió al verla romper a llorar de repente. Por reflejo alzó la mano y le acarició la mejilla húmeda, borrando aquel rastro.

En ese instante recordó a la chica que lo había socorrido aquella vez. Era muy distinta de la Aurelia de antes.

Quizá, de no ser por ella, Dante no estaría ahí.

—Qué grosero. No te aproveches —Aurelia lo fulminó con la mirada.

Tras un rato cabizbaja, alzó el rostro y lo encaró con fiereza.

Dante, al verse mirado así, no hizo más que reír. Luego adelantó la cabeza y le susurró al oído:

—Como apenas nos conocemos, por ahora solo te toqué la mejilla. Más adelante, tal vez otra parte —susurró sin el menor pudor.

Aurelia abrió los ojos de par en par, sin dar crédito a sus palabras.

—Eres un pervertido —le espetó, y Dante respondió con una risa leve.

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