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La Esposa Que Despertó al Heredero

La Esposa Que Despertó al Heredero

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Venganza de la protagonista / Casada con el millonario / Enfermizo
Popularitas:27.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Galaxy

Ximena Salcedo fue entregada a la familia Alcázar como parte de un trato: casarse con Héctor, el heredero que llevaba meses inconsciente, a cambio de recuperar la casa de su madre y pagar el tratamiento de su hermano.

Ella pensó que solo tendría que cuidar a un hombre que nunca volvería a abrir los ojos. Pero en la noche más inesperada, Héctor despierta.

Desde entonces, Ximena queda atrapada entre una familia poderosa que la vigila, secretos que nadie quiere revelar, una exnovia decidida a volver, enemigos dispuestos a destruirla y un esposo que parece frío, pero que cada vez la mira con menos distancia.

Lo que empezó como un matrimonio arreglado se convierte en una guerra de orgullo, deseo y confianza, donde Ximena tendrá que decidir si Héctor Alcázar es su salvación… o la mentira más peligrosa de su vida.

NovelToon tiene autorización de Galaxy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6

Capítulo 6

 

Mauricio salió del gimnasio con la cara hundida.

 

Renata lo vio y se fue tras él como si le hubieran puesto resortes en los pies.

 

—Renata, espérame.

 

Ximena apenas alcanzó a seguirla.

 

Los dos equipos se cambiaron y empezaron a salir del gimnasio. Entre la gente, el jugador alto que había llevado el paliacate negro ahora traía cubre bocas oscuro. Por un segundo, sus ojos chocaron con los de Ximena.

 

Fue rápido.

 

Demasiado rápido.

 

Antes de que ella pudiera entender esa mirada, el hombre se puso unos lentes oscuros y siguió caminando con su equipo.

 

Julián la vio y se acercó.

 

—Doctor Julián, jugaron increíble. Le ganaron a nuestro equipo como si nada. Felicidades.

 

Julián miró de reojo al hombre de negro, que estaba a su lado con gorra, cubrebocas y lentes de armazón dorado.

 

—Fue más mérito de mi compañero.

 

Ximena miro al supuesto jugador más valioso.

 

Negro de pies a cabeza.

 

Pantalón negro, playera negra, gorra negra, cubrebocas negro. Lo único distinto era el borde dorado de los lentes.

 

Ximena sonrió con incomodidad.

 

—Su compañero sí que es misterioso.

 

Julián no alargó la conversación.

 

—Nos vamos. Que estés bien.

 

—Adiós, doctor.

 

Renata regreso con los ojos rojos.

 

Ximena la abrazo.

 

—Fue solo un partido.

 

—Xime, Mauricio tiene novia —dijo Renata, rompiéndose en llanto—. Ya no está limpio. Ya no lo voy a querer.

 

Ximena se quedó sin palabras.

 

Esa noche, al volver a la residencia Alcázar, Ximena se bañó y se acostó junto a Héctor. Todavía traía ganas de hablar, así que le contó todo lo ocurrido en la universidad.

 

—Renata descubrió que el capitán que le gusta tiene novia. Lloro como si alguien le hubiera robado su paleta favorita.

 

Se acomodó de lado, apoyando la cabeza en la mano.

 

—El partido estuvo buenísimo. Había un tipo con la cara tapada, alto. Apuesto a que era guapo.

 

Hizo una pausa.

 

Sus dedos rozaron la línea del rostro de Héctor.

 

—Aunque tú también estás guapo.

 

Le recorrió las cejas, la nariz, la boca.

 

—Piel blanca, pestañas largas, nariz recta, labios delgados. Seguro tus ojos también son bonitos.

 

La mirada de Ximena bajo hasta su mano.

 

Sin pensarlo, se la tomo.

 

La palma de Héctor estaba seca y tibia. Sus dedos eran largos, limpios, agradables de sostener. Era la primera vez que Ximena tomaba la mano de un hombre así, con calma.

 

Se sintió raro.

 

Y familiar.

 

Como si ya hubiera pasado antes.

 

Con la acción hecha, su valor creció. Apoyo la cabeza en el brazo de Héctor y se pegó a su costado. La expresión se le suavizó sin que ella se diera cuenta.

 

—La verdad, tener un hombre donde recargarse se siente bien.

 

El cuerpo de Héctor era cálido.

 

Suave no, porque seguía siendo un hombre. Pero si firme. Y como no podía hablar, tampoco podía molestar.

 

Ximena cerró los ojos con una sonrisa traviesa.

 

—Además sirves para calentar la cama.

 

Por primera vez desde que llegó a esa casa, durmió profundo.

 

A la mañana siguiente, Lourdes entró al cuarto por primera vez en varios días.

 

Se detuvo en la puerta.

 

Ximena tenía un brazo sobre el pecho de Héctor, la cara hundida cerca de su cuello y una pierna atravesada sobre su abdomen. Dormía tan tranquila que ni siquiera noto la presencia de nadie.

 

Tomás palideció.

 

—Señora, voy a despertarla. Puede lastimar al señor Héctor.

 

Lourdes lo detuvo con la mano.

 

—Déjala dormir un poco más.

 

—Pero me preocupa que el joven... que el señor Héctor no aguante.

 

Lourdes salió con una sonrisa apenas visible.

 

—Aunque este enfermo, sigue siendo hombre. Puede aguantar eso.

 

—Tiene razón, señora.

 

Cuando Ximena despertó, se estiró como si hubiera dormido en nube.

 

—Buenos días, mi señor esposo.

 

Se levantó contenta y fue a lavarse.

 

Renata había pasado la noche mandando mensajes dramáticos. Según ella, si Ximena no la acompañaba a pasear todo el día, la amistad se terminaba para siempre.

 

Ximena tomó su bolsa, tarareo una canción y salió dispuesta a cumplir con sus deberes de mejor amiga.

 

En la puerta casi choco con Julián.

 

—Buenos días, doctor.

 

Julián inclinó la cabeza. La buena vibra de Ximena pareció contagiarlo y la comisura de su boca subió un poco.

 

—¿Tan temprano vas a salir?

 

—Ayer su equipo hizo pedazos al capitán que le gusta a mi amiga. La pobre está en duelo. Tengo que sacarla a despejarse.

 

—Entonces dile de mi parte que lo siento.

 

Ximena hizo una señal de OK.

 

Iba a irse cuando Lourdes y Tomás aparecieron.

 

La sonrisa juguetona se le acomodó de inmediato en una expresión obediente.

 

—Mamá.

 

—Doctor Julián —saludo Lourdes—. Ximena, primero vamos a revisar a Héctor con el doctor. Después sales a divertirte.

 

—Sí, mamá.

 

Julián revisó a Héctor con cuidado.

 

Al terminar, dio una noticia que hizo que el cuarto se quedara en silencio.

 

—Su cuerpo ya no presenta problemas importantes. Podría despertar cualquier día.

 

—¿De verdad? —Lourdes se llevó una mano al pecho—. ¿Mi hijo podría despertar pronto?

 

Los ojos se le llenaron de lágrimas.

 

Ximena, en cambio, no supo qué sentir.

 

"Cualquier día" no era una fecha.

 

Era otra forma de esperar.

 

—Sí, señora —dijo Julián.

 

—Gracias a Dios. Gracias.

 

Lourdes abrazo a Ximena con fuerza.

 

—Cuando Héctor despierte, nuestros días buenos van a volver.

 

Ximena entendía esa emoción. Miró al hombre en la cama.

 

Si despertaba, ¿se divorciaría de ella?

 

Era un matrimonio arreglado.

 

Aun así, despertar era bueno.

 

Tenía que serlo.

 

Al salir, Ximena acompañó a Julián hasta la entrada.

 

Él notó su silencio.

 

—¿No estás feliz de que tu esposo pueda despertar?

 

Ximena no respondió.

 

—Ustedes crecieron juntos, ¿no? —preguntó ella—. Lo conoces bien.

 

—Bastante. ¿Qué quieres saber?

 

—Seguro tuvo muchas novias antes.

 

Julián se rascó la barbilla.

 

Ese gesto bastó.

 

Ximena se desinflo.

 

—Entonces si fueron muchas.

 

—No tantas. Dos o tres.

 

—Que injusto.

 

—¿Injusto?

 

—Él tuvo dos o tres novias y yo... yo ni siquiera tuve un novio.

 

Viejo rico con historial amplio.

 

Julián no supo si reír o preocuparse.

 

—Pero tú eres la que se convirtió en su esposa.

 

Ximena bajo la voz.

 

—¿Crees que le guste una mujer como yo?

 

Julián lo pensó.

 

Las mujeres que Héctor había mirado antes no se parecían a Ximena. Eran más explosivas, más obvias. Calientes, en todos los sentidos.

 

Ximena era hermosa, sí. De una belleza rara. Pero no era el tipo habitual de Héctor.

 

—Yo creo que... probablemente sí.

 

Ximena torció la boca.

 

—Ese "probablemente" lo dice todo. Seguro no le gusto.

 

Enderezo la espalda.

 

—Que le guste o no, me vale. En el peor de los casos nos divorciamos.

 

—¿Así nada más?

 

—Así nada más.

 

Cuando vio a Renata, Ximena empezó a quejarse como esposa celosa.

 

Renata bebía su malteada y se reía sin pudor.

 

—¿De qué te ríes?

 

—Xime, ¿no será que te gusta tu vegetal?

 

—¿Que?

 

—Mira cómo te pones. Parece que, si ese hombre no se enamora de ti, le vas a cobrar intereses.

 

Ximena se puso roja.

 

—No me gusta. Ni siquiera hemos hablado. Solo... lo he cuidado tanto que me da coraje.

 

Renata la abrazo por los hombros y puso voz de sabía.

 

—Si no te gusta, no hay razón para enojarte. Vamos por sushi. Yo invito.

 

—Entonces quiero el paquete caro.

 

—Va.

 

Ximena paso el día fuera, pero al volver y ver a Héctor, recordó la frase de Julián.

 

El enojo le subió otra vez.

 

—Héctor Alcázar, ten tantita madre. Te he cuidado casi medio año. Te doy agua, te limpio, te cuido. ¿En qué te he fallado para que vayas a divorciarte de mí?

 

Señaló su cara dormida.

 

—Si hubiera sabido que eras tan ingrato, te ponía el cuerno primero.

 

Camino de un lado a otro.

 

—¿Que tengo de malo? Estoy bonita. Mi cuerpo no es de revista, pero tampoco está mal. ¿Con qué derecho no te voy a gustar? Tú tampoco eres perfecto. Fuera de tu dinero, ¿qué tienes?

 

Le dio vueltas a la rabia como si hablara con un hombre despierto.

 

—Tengo pretendientes de sobra. De aquí a París se hace la fila. Si me divorcias, al día siguiente puedo casarme otra vez. ¿Me crees?

 

Como no le basto, le pellizco el brazo.

 

Seguía molesta.

 

Sacó su estuche de electro estimulación.

 

—Te voy a dejar lleno de parches.

 

Cada parche fue acompañado de una queja.

 

—Por no quererme.

 

Otro parche.

 

—Por creer que nadie me quiere.

 

Otro ajuste.

 

—El de arquitectura, el de artes, el de diseño... todos me escribieron cartas. No eres el único con historial. Yo también podría ser una rompecorazones, ¿eh?

 

Tomás, parado afuera, sudaba frío por su señor.

 

Si Lourdes no hubiera dicho que la terapia ayudaba a recuperar a Héctor, jamás permitiría semejante ataque.

 

Cuando se cansó, Ximena se sentó encima de Héctor y lo miro desde arriba.

 

—Escúchame bien. Soy tu salvadora. Tienes que pagarme el favor. No seas un ingrato.

 

Le apretó las mejillas con ambas manos.

 

Luego se humedeció los labios.

 

Se acercó a su boca.

 

Quedaron a nada.

 

Nada.

 

Ximena se detuvo, horrorizada de sí misma.

 

—Ximena Salcedo, ¿querías besar a este hombre? Ya estas mal.

 

Camino en círculos, murmurando que no podía, que no debía, que eso era demasiado.

 

Al final, decidió ponerle nombre a su impulso.

 

Venganza.

 

Si.

 

Era venganza.

 

Antes de dormir, Lourdes la llamó.

 

—Mamá, ¿quería verme?

 

Lourdes la tomó de las manos. Su mirada era suave, pero también medía cada reacción.

 

—Ximena, quería decirte dos cosas.

 

—Dígame.

 

—Lo de tu hermano ya quedo arreglado. Pasado mañana, a más tardar, un avión privado lo llevara al centro de tratamiento.

 

El pecho de Ximena se llenó de aire.

 

—Gracias, mamá.

 

—Somos familia. Allá tienen mucha experiencia con autismo. Confió en que podrán ayudarlo.

 

Ximena espero la segunda noticia.

 

—La casa de tu madre también está en trámite. La transferencia puede quedar la próxima semana.

 

Dos cosas enormes para Ximena.

 

Lourdes las había resuelto como si fueran pendientes de oficina.

 

El dinero, al final, era una fuerza brutal.

 

—Gracias, mamá.

 

Ya habían cumplido su parte.

 

Ahora vendría lo que esperaban de ella.

 

—Héctor va a despertar pronto —dijo Lourdes—. Quiero que, cuando eso pase, ustedes se lleven bien. Eres una buena muchacha. Él va a quererte.

 

Ximena no sabía si Héctor iba a quererla.

 

Tampoco creía tener derecho a pedir divorcio.

 

—Le prometí que iba a cuidar a Héctor. Lo voy a cumplir.

 

Lourdes asintió, satisfecha.

 

—Te creo.

 

Ximena dudo.

 

—Mamá, antes de que Leo se vaya, ¿puedo verlo?

 

—Claro. Es normal que quieras despedirte. No sabemos cuándo podrá volver.

 

Lourdes era mucho más razonable que Ernesto.

 

—Gracias.

 

—Ximena, eres mi nuera. Tu familia también es mi familia. Haré lo que pueda para que no cargues con pendientes.

 

Las palabras le calentaron el pecho.

 

Desde que Elena murió, Ximena no recordaba haber recibido una preocupación materna así.

 

No sabía si Lourdes era sincera o si todo formaba parte de un trato.

 

En ese momento, de todos modos, le dolió de una forma buena.

 

Al día siguiente, Ximena fue al centro de rehabilitación.

 

Vio a Leo después de años.

 

Había crecido.

 

También estaba más delgado.

 

La piel demasiado blanca, como de alguien que casi no salía al sol, lo hacía verse frágil.

 

—Leo.

 

Él levantó los ojos.

 

La miró tres segundos.

 

Luego bajó la cabeza y siguió dibujando.

 

A Ximena se le apretó la nariz.

 

¿Ya no la reconocía?

 

—Leo, soy tu hermana.

 

Dio un paso hacia él.

 

Leo se asustó y empezó a gritar. Su cuerpo se tensó de una manera que Ximena no esperaba. El personal médico le hizo señas para que se apartara.

 

Ximena retrocedió rápido.

 

—Está bien, no te asustes. Me voy a alejar, ¿sí?

 

La situación de Leo no era buena.

 

El médico le explicó que tenía miedo intenso a los desconocidos y episodios de agresividad. Días antes, cuando Ernesto fue a verlo, Leo le había aventado un termo.

 

Ximena sintió una punzada larga en el pecho.

 

De niño, el autismo de Leo era leve. Podía hablar, comunicarse, incluso ayudar a otros.

 

Luego Elena murió.

 

Ximena fue mandada lejos.

 

Y un niño de cinco años quedó encerrado en centros de rehabilitación, entre desconocidos y olor a desinfectante. Su condición empeoró poco a poco.

 

La última vez que Ximena lo vio, años atrás, aún la reconocía.

 

Ahora ya no.

 

El tratamiento no podía esperar.

 

Por eso, aunque no quisiera admitirlo, estaba agradecida con Lourdes. El centro que había conseguido para Leo era de primer nivel.

 

Si Lourdes había cumplido, Ximena también debía hacerlo.

 

Esa tarde fue a ver al viejo Chuy, el hombre que le había enseñado rehabilitación neuromuscular casera, hierbas y puntos de presión.

 

Lo encontró sentado en el patio, con los ojos cerrados, fingiendo que meditaba.

 

Ximena saco una pierna de pollo rostizado y se la pasó bajo la nariz.

 

El viejo abrió los ojos de inmediato.

 

—Sabía que eras tú, chamaca.

 

—Maestro, ¿me extraño?

 

Ximena retiro el pollo justo cuando Chuy intentaba verlo mejor.

 

El viejo trago saliva.

 

—Tú nunca vienes nomás porque sí. Habla. ¿Qué quieres?

 

—Usted me enseñó a trabajar puntos nerviosos y electro estimulación, pero se guardó algo, ¿verdad?

 

—No digas tonterías.

 

Ximena abrió mucho los ojos.

 

—Entonces, ¿por qué no puedo despertar a un hombre en coma?

 

Chuy casi se atragantó con su propia saliva.

 

—¿Pues qué crees que son mis aparatos? ¿Agua bendita? ¿Milagro embotellado?

 

—¿Y no tiene algo así? Un remedio que reviva gente.

 

—No soy santo ni curandero de feria.

 

—Entonces tampoco es tan bueno.

 

—Soy un viejo que toma y come cuando puede. Dame ese pollo, hace días que no pruebo carne.

 

Chuy intentó quitárselo.

 

Ximena lo esquivo.

 

—Al menos debe saber algún punto secreto. Uno que duela horrible. Dígame.

 

—Mi niña, es un hombre en coma. Aunque le pegues parches hasta en el alma, si no despierta, no despierta. No desperdicies fuerza.

 

Chuy le arrebató el pollo y empezó a comer con gusto.

 

Ximena apoyó la barbilla en la mano.

 

—Entonces solo puedo ayudarle con circulación y músculos.

 

—¿Tiene atrofia?

 

—No. Al contrario. Sigue bastante firme.

 

—Entonces si despierta, caminar no debería ser el gran problema. Trabajale la cabeza. Estimula los nervios. Tal vez eso le ayude a volver antes.

 

—Eso ya lo había pensado.

 

Ximena le quitó el pollo a medio comer.

 

—Me dijo lo mismo que yo ya sabía. No merece pollo.

 

—Oye, ya iba a la mitad. Devuélvemelo.

 

Chuy era como un niño viejo.

 

El año en que mandaron a Ximena lejos, él la encontró en el camino. Le dijo que tenía buena mano para encontrar puntos de presión, como esos vendedores de manuales milagrosos que prometían cambiarte la vida en un tianguis, y le dio un libro de anatomía práctica y rehabilitación.

 

Así empezó todo.

 

Cada pocos días, Chuy le enseñaba algo nuevo. Diez años de clases a ratos le habían dejado a Ximena más habilidad de la que ella admitía.

 

Antes de irse, le aventó el pollo de regreso.

 

—Coma menos grasa. Le va a subir todo.

 

—La próxima tráeme pescado.

 

—Espere sentado.

 

De vuelta en la residencia Alcázar, Ximena cerró la puerta del cuarto con seguro.

 

Esta vez iba a darle terapia a Héctor en serio.

 

Sin rabia.

 

Sin desquitarse.

 

Los parches y cables pasaron por sus dedos con soltura. Ximena trabajo despacio, concentrada.

 

—Héctor Alcázar, ¿sabes cuanta suerte tienes de haberte casado conmigo?

 

Activo una micro corriente con cuidado.

 

—Soy habilidosa, bonita, educada, considerada. Hombres se vuelven locos, mujeres se deprimen. Hasta yo me enamoraría de mí.

 

Otra descarga breve.

 

El dedo de Héctor se movió.

 

Ximena se quedó quieta.

 

¿Iba a despertar?

 

—Héctor, ¿te moviste? Esta vez no me lo imagine, ¿verdad? ¿Puedes oírme? Si puedes, mueve un dedo.

 

El dedo volvió a moverse.

 

Ximena casi dejó de respirar.

 

Héctor de verdad estaba reaccionando.

 

No podía quedarse ahí.

 

Tenía que darle algo más fuerte.

 

Subió la intensidad y aplicó una descarga breve en la planta de cada pie.

 

Héctor soltó un quejido bajo.

 

Ximena se quedó helada.

 

¿De verdad lo había hecho?

 

¿Acababa de despertar a un hombre en coma?

 

—¡Tomás! ¡Tomás!

 

Salió corriendo.

 

Tomás apareció con pasitos rápidos.

 

—Señora Ximena, ¿qué pasó?

 

—Llame al doctor Julián. Rápido. Héctor despertó. O va a despertar.

 

Tomás no sabía si creerle, pero la urgencia de Ximena lo contagio.

 

Minutos después, Julián, Lourdes y hasta Doña Mercedes estaban alrededor de la cama.

 

—Héctor, hijo —dijo Lourdes, con la voz temblando—. Si puedes oírme, mueve un dedo.

 

Héctor no reaccionó.

 

Lourdes miró a Ximena.

 

Ximena se apresuró a explicar:

 

—No estoy mintiendo, mamá. Se movió. Y también hizo un sonido.

 

—¿Que sonido? —preguntó Doña Mercedes.

 

Ximena imitó el quejido bajo.

 

Julián se secó el sudor de la frente.

 

Lourdes lo miro.

 

—¿Puede hacer eso?

 

—Si recibe estimuló, es posible que emita un sonido. Sigue sin despertar del todo, pero puede oír y sentir dolor.

 

—Doctor, ¿entonces cuando va a despertar? —pregunto Lourdes.

 

Julián miró a Ximena con un brillo raro en los ojos.

 

—En cualquier momento.

 

Para Lourdes, esas palabras fueron un regalo enorme.

 

Medio año de miedo, cansancio y espera habían sido para llegar a ese instante.

 

Tomo las manos de Ximena.

 

—Héctor va a despertar. Mi hijo de verdad va a despertar.

 

—Pero... —añadió Julián.

 

La alegría de todos se detuvo.

 

—"En cualquier momento" no significa "ahora mismo".

 

Ximena le lanzó una mirada seca.

 

Hablar con pausa dramática debería ser delito.

 

Lourdes, en cambio, respiro hondo.

 

—Mientras haya esperanza, está bien.

 

Esa noche, Ximena tuvo un sueño extraño.

 

En el sueño, unos brazos fuertes la rodeaban con firmeza. La respiración de un hombre le rozaba la oreja una y otra vez. Ella, como alguien que se ahoga y encuentra algo de donde sostenerse, se aferraba a ese pecho cálido.

 

Durmió mejor que nunca.

1
Emily Morillo ♥️
si se pasa ximena tiene que ser más humana🤭
Bienaventurada
Es enserio? 😒esa Ximena es fea 😏
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂😂
Bienaventurada
jajaja 😂ese Héctor 😂😂😂
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂
Bienaventurada
Cómo no se va😏a dar cuenta que tuvo relaciones?😒no va sentir la fricción 🤷
y tampoco que tuvo un aborto?
Bienaventurada
jajaja 😂
Bienaventurada
jajaja 😂Esa Ximena, y a quien no le gusta el dinero 😂😂😂
Bienaventurada
jajajaja 😂
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂 esa Ximena es avara
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂 Héctor está mintiendo?🙄
Adriana De Fátima Lopera Gómez
quiero seguir.deseo ver q pasa con Hector
Adriana De Fátima Lopera Gómez
es muy entretenida
Adriana De Fátima Lopera Gómez
me gusta
Felicia Garcete nuñez
no puede ser que no haga más capítulo!!!!!
Marisol grez castro
es una mujer terca, porfiada ...😧
Llessica Ospina
donde encuentro la otra parte para terminar la novela ?
Felicia Garcete nuñez: quiero leer los capítulos siguientes
total 1 replies
Llessica Ospina
super
Marisol grez castro
ahora comienza a esclarecer todo... quien mató a Elena?
y esas zorrascaeran por ladronas y puras.🤭😂
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