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Derritiendo El Ducado

Derritiendo El Ducado

Status: Terminada
Genre:Padre soltero / Mundo de fantasía / Época / Completas
Popularitas:27.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

El Ducado de Valerius es conocido como la tierra del invierno eterno, y su gobernante, el gran Duque Cédric, como un hombre despiadado que combate a los monstruos de las fronteras con magia de hielo. Tras la muerte de su esposa, el ducado se volvió aún más frío, y su pequeño hijo, Theo, crece imitando la severidad de su padre, privado de toda infancia.
Por un antiguo pacto de sangre y gratitud, el Conde Kalen ofrece la mano de su amada hija, Alissa, una joven tímida pero rebosante de alegría y una sutil bendición de luz. Cédric acepta: él necesita una madre perfecta para su heredero, y ella desea proteger a su padre.
Alissa llega a un palacio gris decidida a cumplir una misión: devolverle la sonrisa al pequeño Theo y demostrarle que la calidez puede derretir incluso el hielo más grueso.

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 6: El lazo del templo y el destello de la luz

El día de la boda imperial amaneció con un cielo inusualmente despejado, como si el invierno de Valerius hubiera decidido otorgar una tregua en honor a la futura duquesa. Sin embargo, dentro del Gran Templo del palacio, el ambiente era tan gélido como de costumbre, propiciado por la presencia de la alta aristocracia de la capital. Decenas de nobles, ataviados con suntuosas sedas, pieles exóticas y joyas cargadas de sutiles encantamientos de estatus, llenaban los bancos de mármol.

Los murmullos corrían como el viento entre las columnas. Las damas de la corte abanicaban sus rostros mientras miraban de reojo el altar, criticando en susurros malintencionados la unión. Para la corte, Alissa era solo la hija de un conde de provincia, una joven sureña sin la influencia política necesaria para portar la corona de Valerius.

—Es una ridiculez. ¿Una simple muchacha del sur gobernando el norte? —murmuraba una marquesa, ajustándose los guantes—. Seguro que el duque la eligió solo para no dejar al pequeño Theo sin supervisión mientras él está en la frontera.

Ajeno a las víboras de la alta sociedad, Theo permanecía de pie al lado izquierdo del altar. Vestía un traje de gala formal negro con botones de oro, y aunque mantenía su postura rígida de siempre, sus ojos castaños no dejaban de buscar la entrada con una expectación que nunca antes había mostrado.

A su lado, Cédric esperaba con los brazos cruzados tras la espalda. Su uniforme de Gran Duque, oscuro y adornado con las insignias sagradas del Imperio, imponía un respeto absoluto. Su rostro era una máscara de piedra, pero por dentro, el recuerdo de la noche anterior —de Alissa abrazando a su hijo bajo una lluvia de partículas doradas— no dejaba de rondar su mente.

De pronto, las enormes puertas de bronce del Templo se abrieron de par en par, y el murmullo de la corte se extinguió de golpe.

El Príncipe Heredero, Christopher Reinhardt, apareció primero. En lugar de tomar su asiento de honor junto al clero como dictaba el protocolo imperial, el príncipe avanzó con una sonrisa altiva, vistiendo su capa blanca y dorada. Con una gracia impecable, se hizo a un lado y ofreció su brazo libre para escoltar el inicio del cortejo, actuando como el heraldo personal de la novia. Su sola presencia al lado de ella era un mensaje directo a toda la nobleza: quien osara despreciar a la nueva duquesa, estaría despreciando al futuro Emperador.

Detrás de él, apoyado firmemente en su bastón pero con la espalda más recta de lo que su enfermedad le permitía, avanzaba el Conde Kalen. Y del brazo de su padre, caminaba Alissa.

El Gran Templo pareció iluminarse por completo. Alissa vestía un diseño exclusivo que el príncipe Christopher había ayudado a seleccionar: un vestido de novia de líneas elegantes y hombros descubiertos, confeccionado en seda blanca que parecía capturar la luz del lugar. El velo, translúcido y bordado con finos hilos de plata que imitaban el rocío de la mañana, caía en cascada sobre su cabello castaño. No llevaba joyas ostentosas, solo un pequeño colgante con la gema de su familia, pero su timidez habitual se había transformado en una serenidad majestuosa. Al avanzar, una sutil calidez parecía desprenderse de ella, desafiando el frío del mármol.

Cédric, que había mantenido la vista al frente por pura disciplina, se giró para verla entrar.

En ese instante, el Gran Duque de Valerius se quedó sin respiración.

El tiempo pareció detenerse para él. Los nobles a los lados desaparecieron, los murmullos se apagaron y el frío constante de su propio cuerpo se disipó. Cédric la miró fijamente, con los ojos azules abiertos de par en par, impactado por la abrumadora belleza y la pureza que Alissa irradiaba. Por primera vez en su vida adulta, el general de hierro sintió un vuelco violento en el corazón, una sacudida interna que no respondía a la lógica ni a la estrategia militar. No estaba viendo a una socia de contrato; estaba viendo a la mujer que, sin darse cuenta, deseaba proteger con su propia vida.

El Conde Kalen llegó al pie del altar con la respiración entrecortada, pero con los ojos llenos de un orgullo inquebrantable. Tomó la mano de Alissa y, con una reverencia solemne, se la entregó al duque.

—Cuídela, Cédric —susurró el anciano conde, una petición de padre que resonó en el pecho del general.

—Con mi vida, conde —respondió Cédric, su voz inusualmente profunda y cargada de una promesa real.

Alissa subió los escalones del altar y se colocó frente a él. Christopher le dedicó un guiño cómplice antes de retirarse a su asiento, satisfecho al notar la expresión de absoluta estupefacción en el rostro de su mejor amigo. Theo, por su parte, dio un pequeño paso al frente, mirando el vestido de Alissa con los ojos brillantes.

El Sumo Sacerdote extendió sus manos, invocando la bendición del Templo sobre los anillos de compromiso. El ritual de la alta nobleza exigía que los novios unieran sus manos desnudas sobre el altar de piedra para que la magia del lugar testificara los votos.

—Duque Cédric Valerius, Lady Alissa Kalen, unan sus manos para recibir el lazo eterno —dictó el sacerdote.

Alissa, con el corazón latiendo con fuerza y las mejillas teñidas de un suave rubor, extendió su mano derecha. Cédric, manteniendo fijos sus ojos azules en los dorados de ella, extendió la suya.

En el momento exacto en que sus palmas se tocaron, ocurrió lo inesperado.

Un estallido de energía mágica recorrió el Templo. No fue una explosión violenta, sino una marea de luz cegadora que brotó del punto de unión de sus manos. La magia de hielo elemental de Cédric, que siempre se manifestaba de forma defensiva y cortante, reaccionó al contacto con la bendición de luz pura de Alissa.

Las dos magias, en lugar de rechazarse como agua y aceite, se entrelazaron en el aire con una armonía perfecta. El hielo de Cédric se transformó en cristales translúcidos que flotaron alrededor del altar, reflejando la luz dorada de Alissa como si fueran miles de diamantes suspendidos. El altar de piedra del Templo comenzó a vibrar, emitiendo una melodía espiritual que solo ocurría cuando el lazo del destino unía a dos almas con una compatibilidad mágica superior al noventa por ciento.

Los nobles de la capital se levantaron de sus asientos, soltando exclamaciones de asombro y horror. Una resonancia de ese calibre era un mito, algo que solo se leía en las crónicas de los emperadores fundadores.

El Sumo Sacerdote retrocedió un paso, dejando caer su libro ceremonial, con el rostro pálido de la impresión.

—Los dioses... los dioses han sellado el lazo —tartamudeó el clérigo, mirando las partículas de hielo y oro que envolvían a la pareja—. Sus almas... están unidas por el destino.

Alissa miró hacia arriba, asustada por la magnitud de la magia, pero la mano de Cédric se cerró con fuerza sobre la de ella, dándole seguridad. El duque no apartó la vista de su esposa. Sentía un calor abrasador recorriendo sus venas, disolviendo la soledad que había cargado durante años. La compatibilidad de sus almas no era un invento del contrato; era una verdad mística absoluta. Ella era su contraparte perfecta.

Cédric apretó suavemente sus dedos, y por primera vez en todo el tiempo que Alissa lo conocía, las comisuras de los labios del duque se curvaron en una línea suave, casi imperceptible, pero cargada de una ternura genuina.

—Parece que el contrato se ha vuelto un asunto divino, Duquesa Alissa —susurró Cédric en voz baja, solo para ella.

Alissa, con el corazón desbocado de felicidad, le devolvió una sonrisa radiante que terminó por disipar el último rastro de invierno dentro de aquel sagrado recinto. Desde el suelo, el pequeño Theo miraba el destello dorado que ahora unía a sus padres, sintiendo que, finalmente, el palacio gris tenía un hogar.

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Alexandra Hurtado Armero
Me encantó esta historia, y sin temor a equivocarme es lamprima que leo de esta autora y estubo muy buena, el diálogo, la trama, todo el contenido en si estuvo excelente. Entonces felicidades por tu entrega y dedicación 🥰🥰🥰
Ericka L GONZALEZ
excelente
Marisel Rio
💕💕💕💕💕 excelente historia como todas tus novelas un placer leerlas
Ali
muy bonita tu novela felicidades
me gustó porque tuvo de todo y también un dicho más vale muy corto y hermoso que largo y frustrarte
👏
Sabri Nahir Zapata Zini
Hermosa historia!!
Marisel Rio
💕💕💕💕💕💕💕
Marisel Rio
💕💕💕 Que bello capítulo 💖💖💖
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Amor en el aire
Marisel Rio
💕💕💕💕Guauu que comienzo ya me atrapó 🤦🤦😅😅😅😅💕💕💕
ERICA ESTRADA PEREZ
Que paso con el padre de Ella ni una carta nada de nada
Yolanda Fernandez
Que bella historia, mil felicidades autora 👏🏻
Luisa Esperanza Bautista Angarita
felicitaciones
Luisa Esperanza Bautista Angarita
excelente novela
Luisa Esperanza Bautista Angarita
pobre niña con ese padrino
Luisa Esperanza Bautista Angarita
si con alguien que lo ponga a sudar
Gloria Rodríguez
También me quedó la incertidumbre del papá, que pasó con el, no se vio en este cuadro de felicidad
Judy
Magníficamente hermosa!!!!
Judy
Que historia tan pero tan bella!!! Me cautivó totalmente!!! Bien narrada, creativa en su género, no todo lo que se necesita para crear una obra literaria magnífica! Felicitaciones estimada autora! Quedo ansiosa por seguir con la próxima!
ERICA ESTRADA PEREZ
La bueno de tener una amiga puedas decir eso con confianza
Maria Garrido
el papá de ella no se supo nunca de él.
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