Sangre y Cenizas
"Te mataría si pudiera dejar de amarte"
Maya es cazadora de vampiros. Lucien es el vampiro que debería haber
muerto hace años.
Entre encuentros clandestinos y besos prohibidos, descubren que existe
un amor más peligroso que cualquier arma: uno que te envenena desde
adentro, que te hace traicionar todo lo que eres, y que solo termina
de una manera.
En la oscuridad, donde el bien y el mal se desdibujan, dos almas
rotas aprenderán que algunos fuegos nunca deberían encenderse.
Pero algunos ya arden.
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CAPÍTULO 19: La Caída de un Héroe
Maya fue llevada junto con Thomas y Viktor a una celda en las catacumbas de Ginebra.
Era una celda de piedra antigua, sin ventanas, sin luz excepto por una pequeña lámpara de aceite en la esquina. El aire era frío y húmedo, como si llevara siglos atrapado bajo tierra.
Thomas estaba herido, sangrando de una herida en el brazo. Viktor estaba furioso, paseándose de un lado a otro como un animal enjaulado. Pero Maya simplemente se sentaba en el suelo, mirando la pared, sin ver nada.
—¿Maya? —preguntó Thomas suavemente, sentándose a su lado—. ¿Estás bien?
—No —respondió Maya, su voz apenas un susurro—. No estoy bien. Lucien acaba de matarse a sí mismo. Y yo no pude hacer nada para evitarlo.
—Lucien hizo lo que creyó que era correcto —dijo Thomas—. Hizo lo que creyó que te salvaría.
—¿Pero me salvó? —preguntó Maya—. ¿O simplemente me condenó a vivir en un mundo donde él ya no es libre? ¿Donde él ya no es él?
Viktor se acercó.
—Evangeline está mintiendo —dijo—. Lucien no está completamente esclavizado. Hay una forma de romper el control. Hay una forma de liberarlo.
—¿Cuál? —preguntó Maya, levantando la vista.
—El poder de la música —respondió Viktor—. Lucien es un compositor. Su poder viene de la música. Si alguien puede crear una sinfonía que sea más fuerte que la de Evangeline, alguien puede romper su control.
—¿Y quién puede hacer eso? —preguntó Maya.
—Lucien mismo —respondió Viktor—. Si puede recordar quién es. Si puede recordar por qué comenzó a componer en primer lugar. Si puede recordar el amor que siente por ti.
Maya sintió que una chispa de esperanza se encendía en su pecho.
Esa noche, mientras guardias pasaban por el pasillo, Viktor hizo algo que sorprendió a Maya y Thomas.
Comenzó a cantar.
Era una canción antigua, una canción vampírica que databa de siglos. Era una canción de libertad, de resistencia, de poder antiguo. Y mientras Viktor cantaba, la puerta de la celda comenzó a brillar.
Los símbolos grabados en la puerta comenzaron a desvanecerse. Las cerraduras comenzaron a romperse.
—¿Cómo hiciste eso? —preguntó Thomas, asombrado.
—Hay magia en la música —respondió Viktor—. Hay poder en las canciones antiguas. Y si Lucien puede escuchar esta canción, si puede recordar lo que significa, tal vez pueda encontrar su camino de vuelta.
La puerta se abrió.
Corrieron por los túneles, siguiendo el sonido de la música que venía desde las profundidades de las catacumbas. Pasaron guardias que estaban demasiado sorprendidos para reaccionar. Pasaron cámaras llenas de antiguos artefactos y símbolos de poder.
Finalmente, llegaron a una cámara grande donde Lucien estaba de pie en el centro, con los ojos cerrados, tocando un piano.
Pero la música que salía del piano era diferente. Era oscura, controlada, como si fuera la música de alguien que había perdido su alma.
—¡Lucien! —gritó Maya.
Lucien abrió los ojos y se giró hacia ella. Sus ojos rojos estaban vacíos, como si no la reconociera.
—¿Maya? —preguntó, como si estuviera despertando de un sueño—. ¿Qué estás haciendo aquí?
—Vinimos a sacarte —respondió Maya, corriendo hacia él—. Vinimos a liberarte.
Lucien la miró durante un largo momento. Luego, lentamente, una sonrisa apareció en su rostro.
—No puedo irme —dijo—. Evangeline me ha atado a ella. Me ha hecho jurar que compondré la sinfonía que controlará a todos los vampiros del mundo.
—Entonces compón una sinfonía diferente —sugirió Viktor—. Compón una sinfonía que rompa su control. Compón una sinfonía que te libere.
Lucien se acercó al piano.
—No puedo —dijo—. Ella está en mi mente. Está en mi sangre. Cada vez que intento componer algo que no sea lo que ella quiere, me duele. Es como si estuviera siendo quemado desde adentro.
Maya se acercó y lo abrazó.
—Entonces recuerda —susurró—. Recuerda por qué comenzaste a componer. Recuerda la primera canción que escribiste. Recuerda por qué la música importa.
Lucien cerró los ojos.
—La primera canción que escribí fue para mi madre —dijo lentamente—. Fue hace más de doscientos años. Fue una canción sobre el amor. Una canción sobre la esperanza. Una canción sobre la belleza del mundo.
Se sentó al piano.
—Creo que puedo recordar esa canción —continuó—. Creo que puedo tocarla de nuevo.
Sus dedos tocaron las teclas.
Y la música que salió fue hermosa. Fue pura. Fue la música de alguien que estaba luchando contra las cadenas que lo ataban.
Evangeline apareció en la entrada de la cámara, furiosa.
—¡Detente! —gritó—. ¡Detente ahora!
Pero Lucien continuó tocando. Y con cada nota, podía sentir que las cadenas se debilitaban. Podía sentir que su mente se estaba liberando.
Evangeline levantó su mano, y el dolor golpeó a Lucien como una ola. Gritó, pero no dejó de tocar.
—¡Para! —gritó Evangeline—. ¡Te mataré si no paras!
—Adelante —respondió Lucien, sin dejar de tocar—. Mátame. Pero no voy a dejar que me controles. No voy a dejar que me conviertas en tu esclavo.
La música se hizo más fuerte, más intensa. Y de repente, Evangeline gritó, un sonido que fue tan fuerte que hizo que las paredes de la cámara temblaran.
Ella cayó de rodillas, sus manos en su cabeza, como si estuviera siendo destrozada desde adentro.
—¿Qué has hecho? —susurró—. ¿Qué me has hecho?
—Te he mostrado la verdad —respondió Lucien, levantándose del piano—. Te he mostrado que la música es más poderosa que el poder. Que el amor es más fuerte que la esclavitud.
Evangeline se desmoronó, muerta.
Cuando salieron de las catacumbas, el edificio entero estaba en caos.
Los otros vampiros antiguos estaban luchando entre sí. Los guardias de La Orden del Amanecer estaban huyendo. La estructura de poder que Evangeline había construido durante siglos se estaba colapsando.
Cuando llegaron a la superficie, el sol estaba saliendo sobre Ginebra.
Lucien se quemó bajo los primeros rayos de luz, pero no parecía importarle. Su piel se volvió roja, luego negra, pero continuó caminando.
—¡Lucien! —gritó Maya—. ¡Tienes que encontrar sombra!
—Lo sé —respondió Lucien—. Pero necesito estar contigo. Necesito estar bajo el sol. Necesito sentir que estoy vivo de nuevo.
Se desmoronó, y Maya lo atrapó, sosteniéndolo mientras su cuerpo se quemaba.
—No te dejaré ir —susurró Maya—. No te dejaré ir nunca más.
—Lo sé —respondió Lucien, sonriendo débilmente—. Y ese es el único motivo por el que puedo seguir adelante.
Tres semanas después, Maya estaba en la universidad, intentando volver a su vida normal.
Pero nada era normal. Lucien estaba recuperándose en un hospital especial en Suiza, tratando de sanar de las quemaduras del sol. Viktor había vuelto a la ciudad para reconstruir su coven. Thomas estaba trabajando con los cazadores para reorganizar sus fuerzas.
Y La Orden del Amanecer... La Orden del Amanecer estaba en caos. Con Evangeline muerta, sus planes estaban en ruinas. Pero no estaban destruidos. Solo estaban esperando. Solo estaban reorganizándose.
Maya recibió una llamada de Viktor.
—Necesitas venir a verme —dijo—. Tengo noticias. Noticias que no te van a gustar.
Cuando llegó al club Obsidiana, Viktor estaba esperándola en los VIP.
—¿Qué pasa? —preguntó Maya.
—Los otros vampiros antiguos —respondió Viktor—. Los que estaban en la reunión de Ginebra. Se están moviendo. Se están preparando para algo. Y según nuestros informantes, está relacionado contigo.
—¿Conmigo? —preguntó Maya, sorprendida—. ¿Por qué estaría relacionado conmigo?
—Porque eres la debilidad de Lucien —respondió Viktor—. Porque mientras existas, mientras estés viva, Lucien tendrá algo por lo que luchar. Algo por lo que vivir. Y eso es peligroso para los que quieren controlarlo.
Maya sintió que el frío la invadía.
—¿Qué quieren hacer?
—Quieren matarte —respondió Viktor simplemente—. Quieren eliminar tu existencia para que Lucien no tenga razón para resistir. Para que sea más fácil de controlar.