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Eres Mi Error Mas Caro CEO

Eres Mi Error Mas Caro CEO

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Reencuentro / Mujer fuerte/hombre frágil / Amor-odio
Popularitas:13k
Nilai: 5
nombre de autor: Pluma Magna

Para salvar a su familia, ella firmó un contrato con el hombre más poderoso de la ciudad… sin imaginar que estaba vendiendo su libertad.
Frío, dominante y peligroso, él no cree en el amor, pero sí en la posesión.
Lo que empezó como un acuerdo se convierte en una relación marcada por el control, los celos y una atracción imposible de romper.
Porque en su mundo, amar no es proteger… es destruir.
Y ahora que la tiene, no piensa dejarla ir… aunque eso la rompa por completo.

NovelToon tiene autorización de Pluma Magna para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La sonrisa que no le pertenecía

Valeria despertó antes de que la casa hiciera ruido. Por un segundo no supo dónde estaba; abrió los ojos y vio el techo alto, las cortinas claras, la luz gris entrando por una ventana enorme. No escuchó la voz de su madre en la cocina, ni los pasos de Tomás buscando café, ni el sonido viejo de las tuberías de su casa. Entonces recordó. La mansión Ortega. Damián. El contrato. La habitación que no eligió. Se incorporó de golpe, con el corazón apretado, y miró la puerta comunicante con la habitación de él. Seguía cerrada. El seguro estaba puesto. Aun así, le pareció una amenaza dormida. Se levantó, fue al espejo y se encontró con unos ojos hinchados, la piel pálida y el cabello desordenado. Apoyó ambas manos sobre el lavamanos y respiró hondo, intentando reconocerse debajo del cansancio. No te quiebres antes de empezar, se dijo, aunque una parte de ella ya sentía que cada amanecer en esa casa era otra forma de caída.

Un golpe suave sonó en la puerta principal. Teresa entró con una bandeja y una funda negra sobre el brazo. Sus ojos miraron a Valeria con prudencia, como si entendiera que no debía tocar una herida recién abierta. —Señorita Valeria, el señor Ortega pidió que desayunara y dejó preparada la ropa para la reunión con su familia. Después irán a firmar documentos previos al matrimonio. —Valeria miró la funda como si fuera una sentencia cubierta de tela fina. —Claro. Aquí nadie pregunta si una está lista. Solo avisan la siguiente forma en que debe perder algo. Dígame, Teresa, ¿en esta casa siempre se vive así? ¿Con órdenes dichas en voz baja, con vestidos elegidos por otros, con horarios que una descubre cuando ya no tiene espacio para negarse? —Teresa bajó la mirada, apretando los dedos sobre la bandeja. —El señor Ortega suele informar más de lo que explica. —Valeria sonrió sin alegría. —No, Teresa. Él ordena y espera que el mundo se acomode alrededor de su voz.

Cuando quedó sola, Valeria abrió la funda. Dentro había un vestido marfil, sobrio, elegante, demasiado perfecto. Lo tocó con la punta de los dedos y sintió rabia. Era hermoso, y eso lo hacía peor. La querían vestir como una promesa limpia cuando por dentro se sentía rota. Se lo puso despacio, abrochando cada detalle como si ajustara una armadura. Al verse en el espejo, apenas se reconoció: parecía serena, parecía elegante, parecía pertenecer a ese mundo. Parecía de él. Y esa idea le dio náuseas. Bajó las escaleras con la espalda recta, sosteniendo la mirada al frente, aunque las manos le temblaban a los costados. Damián la esperaba en el vestíbulo. Al verla, dejó de revisar su teléfono. Su mirada recorrió el vestido, el cabello suelto, el rostro cansado. No sonrió, pero algo se tensó en su mandíbula. —Está lista. —Valeria bajó el último escalón y lo miró con una calma herida. —Estoy vestida, Damián. No es lo mismo. No confunda tela fina con tranquilidad. Este vestido puede verse perfecto, pero debajo sigo siendo la mujer que usted arrancó de su casa ayer.

Damián guardó el teléfono y se acercó un paso, sin tocarla. Sus ojos estaban serios, aunque debajo de la frialdad había una sombra de cansancio. —Mi familia no es fácil. Necesito que hoy no se rompa. Mi madre va a medir cada gesto, cada palabra, cada silencio. Si encuentra una grieta, va a entrar por ella. —Valeria sintió un nudo en la garganta, pero levantó el rostro. —No me rompo porque usted lo necesite. Me sostengo porque si me caigo, nadie más va a recogerme. Y escúcheme bien: no voy a bajar la cabeza para que su madre se sienta cómoda mirando a la mujer que usted compró con un contrato. Si quiere una muñeca sonriente, se equivocó de mujer. Yo puedo temblar, puedo tener miedo, puedo sentir que esta casa me traga, pero no voy a pedir perdón por estar rota frente a quienes disfrutan viendo grietas.

Antes de que Damián respondiera, la puerta principal se abrió. Entró una mujer alta, elegante, de rostro hermoso y frío. Sus ojos se clavaron en Valeria como agujas. Detrás venían Leonardo, con una sonrisa calculada, y Camila, una joven que parecía incómoda hasta con su propio silencio. —Madre —dijo Damián—. Tío Leonardo. Camila. —Isabela Ortega no saludó. Observó a Valeria de arriba abajo, deteniéndose en el vestido como si también evaluara la piel debajo. —Así que ella es la razón del escándalo que todavía no llega a la prensa. —Valeria sintió el golpe, pero no bajó la mirada. Damián endureció la voz. —Ella es Valeria. —Isabela sonrió sin calidez. —Eso ya lo veo. Lo que no entiendo es por qué.

Valeria dio un paso al frente. Le temblaban las manos, pero las mantuvo juntas para que nadie lo notara. —Si tiene preguntas sobre mí, puede hacerlas directamente. No soy una sombra detrás de su hijo ni una pieza decorativa colocada en esta casa para que usted la evalúe en silencio. No vine a convencerla de que pertenezco a su mundo. De hecho, señora Ortega, si para pertenecer aquí una mujer debe volverse pequeña, callada y agradecida por cualquier migaja de aceptación, entonces no pertenecer quizá sea lo más digno que me ha pasado hoy. —Leonardo dejó escapar una risa breve. —Tiene carácter. —Isabela entrecerró los ojos. —El carácter no compra lugar en una familia. —Valeria tragó el dolor con una sonrisa apenas visible. —No vine a comprar lugar. Mi desesperación salvó a mi familia, pero no me quitó la voz. Y aunque usted me mire como si yo fuera una mancha en su apellido, recuerde esto: no llegué aquí por ambición. Llegué porque su hijo puso un contrato sobre mi dolor.

Isabela miró a Damián con frialdad. —Contrólala. —La frase quemó la piel de Valeria como una mano invisible. Damián apretó los nudillos, pero esta vez no miró a Valeria para callarla. Miró a su madre. —No. No voy a controlarla para que usted se sienta cómoda. —El silencio cayó de golpe. Valeria dejó de respirar un instante. Isabela parpadeó, herida en su orgullo. —Esto va a destruirte, Damián. —Él giró apenas hacia Valeria. Sus ojos se detuvieron en sus labios tensos, en sus manos apretadas, en esa dignidad hecha de miedo y rabia. —Probablemente —dijo—. Pero es mi error. —Valeria sintió que algo le golpeaba el pecho. No era ternura. No era perdón. Era miedo. Porque, por primera vez, Damián Ortega no la había usado como escudo. La había defendido. Y eso podía ser más peligroso que todas sus órdenes.

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Pluma Magna
Queridos lectores:
Ya llevamos varios capítulos juntos y me gustaría saber su opinión.
¿Qué es lo que más les gusta de la historia hasta ahora? ¿Qué personaje les gusta más o les desespera? ¿Hay algo que les gustaría ver en los próximos capítulos?
Sus comentarios y sugerencias son muy importantes para mí, porque me ayudan a seguir mejorando la novela.
Y si están disfrutando de la historia, no olviden darle me gusta, agregarla a favoritos y seguirme para no perderse las actualizaciones.
Los leo en los comentarios. 💕📖✨
Pluma Magna
Muchas gracias por leer y por tu comentario. ❤️ Me alegra muchísimo que te esté gustando la historia. Entiendo lo de las propagandas, a veces pueden ser un poco molestas, pero agradezco mucho que sigas acompañando a Valeria y Adrián. 🥰
Maria Susana Varela
muy buena la historia, pero cansan las propagandas
Sofía Lorena Gonzalez Moreno
hay si ,eso de estar siempre con lo mismo que flojera,no hubiera aceptado, todo lo culpa a el
Pluma Magna: Jajaja, entiendo tu punto. A veces las decisiones tomadas por desesperación terminan pasando factura. Pero todavía quedan muchas verdades por descubrir. 👀💔 Gracias por leer y comentar. ❤️
total 1 replies
Pluma Magna
Lectores, necesito saber algo… después de todo lo que ha salido a la luz, ¿ustedes creen que Valeria todavía puede confiar en Damián, o el daño ya fue demasiado grande? 😭🔥

Porque esta historia ya no es solo un contrato, ni una deuda, ni un amor peligroso… ahora hay hijos perdidos, secretos enterrados, familias destruidas y una verdad que puede cambiarlo todo.

Los leo en comentarios:
¿Damián merece una oportunidad o Valeria debería alejarse antes de que esta guerra termine rompiéndola por completo? 👀💔
Ismenia Adraz
debe agradecer por salvar a su familia
Pluma Magna: Ismenia, entiendo lo que dices, pero a veces “salvar” también puede doler cuando el precio es entregar tu libertad. Valeria no es ingrata; es una mujer que ama tanto a su familia que aceptó romperse por ellos. Pero una deuda pagada con dignidad, lágrimas y miedo no se agradece tan fácil… se sobrevive. Y todavía falta descubrir si realmente la salvaron, o si solo la metieron en una jaula más bonita.
total 1 replies
Pluma Magna
Comente si les esta Gustando, no duden en seguirme y darle un me gusta.
Bendiciones
YASHURI ORTEGA
ella pidió, ella busco, y ahora le echa toda la culpa a el. Que coraje
Pluma Magna: "¿Verdad que da coraje? 😅 Gracias por comentar, me encanta leer sus opiniones."
total 1 replies
Marta Ndong mansuy
Masssss
Pluma Magna: Claro que siii :D
total 1 replies
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