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ANTES DEL ÚLTIMO TRAGÓ

ANTES DEL ÚLTIMO TRAGÓ

Status: En proceso
Genre:Demonios / Aventura / Amor-odio
Popularitas:134
Nilai: 5
nombre de autor: Jasali

Nicolás Rivas nunca le tuvo miedo a la muerte.
Creció entre calles donde la vida vale poco y la lealtad lo es todo. Aprendió a gastar sin pensar, a reír sin culpa y a vivir como si cada noche fuera la última.
Fiestas. Mujeres. Amigos. Dinero fácil.
Pero todo cambia el día en que recibe una noticia que no puede ignorar.
Su tiempo se está acabando.
Y por primera vez… la muerte deja de ser una idea lejana.
Ahora Nicolás decide vivir como siempre dijo: sin miedo, sin arrepentimientos, sin frenos.
Pero mientras más disfruta…
más lo alcanza el pasado.
Un hermano que perdió.
Una madre que nunca dejó de esperar.
Un amor que no supo cuidar.
Y un enemigo que no ha olvidado.
Porque al final…
no todos llegan en paz al último trago.

NovelToon tiene autorización de Jasali para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

“Lo Que Nunca Se Cerró”

📖 CAPÍTULO 6

“Lo Que Nunca Se Cerró”

El reloj marcaba las 4:12 de la tarde.

Nicolás ya estaba ahí desde las 3:40.

El café no había cambiado.

Mesas de madera.

Ventanas grandes.

Ese olor a café recién hecho que antes le parecía normal… y ahora le traía recuerdos.

Demasiados.

Se sentó en la misma mesa de siempre.

La del fondo.

Donde nadie los molestaba.

Donde pasaron horas hablando…

riendo…

soñando.

Hoy…

solo había silencio.

Tenía una taza frente a él.

Intacta.

Fría.

Como sus manos.

Miraba la puerta cada pocos segundos.

Ansioso.

Inquieto.

Como alguien que está esperando algo más grande que una persona.

Y en cierto modo…

lo estaba.

Pasaron cinco minutos.

Luego diez.

—Tranquilo… —murmuró.

Pero no lo estaba.

A las 4:19…

la puerta se abrió.

Y el aire cambió.

Entró.

Valeria.

El tiempo no la había borrado.

La había cambiado.

Seguía siendo ella…

pero más fuerte.

Más firme.

Más consciente.

Nicolás se quedó quieto.

Mirándola.

Como si no estuviera seguro de que era real.

Ella lo vio.

Y por un segundo…

también dudó.

Pero no se detuvo.

Caminó directo hacia la mesa.

Paso firme.

Sin prisa.

Sin miedo.

Se paró frente a él.

Silencio.

—Hola —dijo ella.

Nicolás tardó un segundo en responder.

—Hola…

Se sentó.

Frente a él.

La misma distancia de años atrás.

Pero completamente distinta.

Nadie hablaba.

El mesero se acercó.

—¿Qué le ofrezco?

—Un café —dijo ella.

Corto.

Simple.

Se fue.

Y el silencio volvió.

Nicolás la miraba.

Buscando algo.

Una señal.

Un recuerdo.

Algo que le dijera que todavía había algo ahí.

Pero ella no le sostenía la mirada mucho tiempo.

—¿Cómo ha estado? —preguntó él.

Ella soltó una pequeña risa.

Sin alegría.

—Esa pregunta ya no nos queda bien.

Golpe.

Nicolás asintió.

—Tiene razón…

Pausa.

—Está diferente —dijo él.

—Todos cambiamos —respondió ella.

—Sí… pero usted…

No terminó la frase.

Ella lo miró por primera vez directo.

—¿Pero yo qué?

Nicolás dudó.

—Se ve… mejor.

Valeria bajó la mirada.

—Aprendí a estar sin usted.

Silencio.

Esa frase…

no era rabia.

Era realidad.

—Me alegra… —dijo él.

Pero no sonó convincente.

El café llegó.

Ella lo tomó.

Le dio un sorbo.

Sin apuro.

Nicolás no tocó el suyo.

—¿Para qué me buscó? —preguntó ella.

Directo.

Como siempre.

Nicolás respiró profundo.

Este era el momento.

Pero no dijo la verdad.

No todavía.

—Porque… no quería dejar esto así.

Valeria lo miró.

Analizando.

Midiendo.

—¿Así cómo?

—Roto.

Silencio.

Ella apoyó la taza.

Lo miró fijo.

—Nicolás… esto no se rompió solo.

Él bajó la mirada.

—Yo sé…

—No —dijo ella—. Usted no sabe.

Pausa.

—Usted se fue.

Simple.

Directo.

Irrefutable.

—Yo estaba —continuó ella—. Yo me quedé. Yo aguanté. Yo esperé.

Su voz no temblaba.

Pero sus ojos…

sí decían todo.

—¿Y usted? —preguntó—. ¿Dónde estaba?

Nicolás no respondió.

No tenía cómo.

—En fiestas… —respondió ella sola—. En la calle… con gente que ni le importa.

Silencio.

—No fue así… —intentó él.

—¿Entonces cómo fue?

Lo miró.

Esperando.

Y esta vez…

no tenía mentira.

—Fui un imbécil —dijo al final.

Silencio.

Pero algo cambió.

Porque esta vez…

no se defendió.

Valeria lo observó.

Más tranquila.

—Sí… —dijo—. Lo fue.

No era insulto.

Era verdad.

Y por alguna razón…

eso dolía menos que antes.

—Pero ya eso pasó —continuó ella—. Yo ya pasé eso.

Nicolás sintió el golpe.

—¿Ya…? —preguntó.

Ella asintió.

—Sí.

Pausa.

—Me costó… pero sí.

El silencio se hizo más pesado.

Nicolás apretó las manos.

—¿Y no queda nada…? —preguntó.

Valeria no respondió de inmediato.

Miró la mesa.

El café.

Sus manos.

Luego lo miró a él.

—Queda… —dijo.

El corazón de Nicolás se detuvo un segundo.

—Pero no como usted cree.

Y ahí…

todo volvió a caer.

—Queda lo que fuimos —continuó ella—. No lo que somos ahora.

Silencio.

—Porque ahora… somos dos personas distintas.

Nicolás tragó saliva.

—Yo no quiero que sea así…

Valeria negó suavemente.

—Pero es así.

Pausa.

—Y no se cambia con una llamada… ni con un café.

Cada palabra…

era necesaria.

Pero dolía.

Nicolás respiró profundo.

El pecho le molestó otra vez.

Leve.

Pero constante.

—Yo no tengo mucho tiempo… —dijo.

Se le salió.

Silencio.

Valeria frunció el ceño.

—¿Tiempo para qué?

Nicolás la miró.

Ahí estaba.

El momento.

Decirlo…

o no.

El mundo se quedó quieto.

El ruido del café desapareció.

Solo estaban ellos.

Y esa verdad…

esperando.

Nicolás abrió la boca.

Pero no dijo nada.

—Para arreglar las cosas… —terminó.

Cobarde.

Valeria lo sostuvo con la mirada.

Como si supiera…

que había algo más.

Pero no insistió.

—Las cosas no siempre se arreglan —dijo—. A veces solo se aceptan.

Silencio.

Nicolás sintió un vacío en el pecho.

Más grande que el dolor físico.

—¿Y usted ya aceptó?

Valeria dudó.

Por primera vez.

—Estoy en eso.

Honesta.

Nicolás asintió.

Se quedaron en silencio.

Pero esta vez…

no era incómodo.

Era… cierre.

O intento de cierre.

—Me alegra verla… —dijo él.

Ella lo miró.

Más suave.

—A mí también.

Pequeño.

Pero real.

—Cuídese, Nicolás.

Se levantó.

No hubo abrazo.

No hubo despedida larga.

Solo…

distancia.

Caminó hacia la puerta.

Nicolás la siguió con la mirada.

Y justo antes de salir…

ella se detuvo.

Sin voltear.

—Y deje de vivir como si no le importara nada…

Pausa.

—Porque sí le importa.

Y salió.

El sonido de la puerta…

cerró más que la conversación.

Nicolás se quedó solo.

Con el café frío.

Con el pecho apretado.

Con la verdad…

a medio decir.

—Soy un imbécil… —murmuró.

Pero esta vez…

no lo dijo con orgullo.

Lo dijo…

porque por fin lo entendía.

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