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La Prisionera Del Comandante Declan

La Prisionera Del Comandante Declan

Status: Terminada
Genre:Esclava / Sirvienta / Ascenso de clase social / Dominación / Amor tras matrimonio / Completas
Popularitas:8.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Gianna Viteri (gilover28)

En Vaelkoria, el aire huele a pólvora y traición. Declan es el puño de hierro del imperio, un hombre que no conoce la duda. Pero cuando captura a Navira en las fronteras de Sundergard, descubre que hay incendios que ni siquiera el acero más frío puede apagar. Ella es su prisionera, pero él es quien está perdiendo la libertad.

NovelToon tiene autorización de Gianna Viteri (gilover28) para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6

Navira

Habían pasado dos semanas desde la noche de la recepción, y la Ciudadela de Hierro se había convertido en un campo de batalla invisible. Si alguien hubiera entrado en los aposentos privados del Comandante, no habría visto una relación de amo y sirvienta, sino un choque constante de placas tectónicas.

Cada mañana, cuando entraba a su habitación con el uniforme impecable y la cadena de plata tintineando sobre mi pecho, Declan me esperaba con esa media sonrisa arrogante que hacía que mis dedos buscaran instintivamente algo afilado. El odio seguía ahí, enterrado bajo capas de orgullo, pero ahora estaba mezclado con algo mucho más eléctrico y peligroso: la provocación.

—Te tiemblan las manos, Navira —dijo él, sin levantar la vista de sus informes de guerra. Estaba sentado en su escritorio, con la camisa abierta hasta la mitad del pecho, ignorando deliberadamente el frío que entraba por el balcón—. ¿Es el café el que pesa, o es que te pone nerviosa tenerme tan cerca de espaldas?

—Es el asco, Comandante —respondí, dejando la taza sobre la mesa con un golpe seco que salpicó un poco de líquido sobre el mapa de Vaelkoria—. El asco suele provocar espasmos musculares.

Él soltó una carcajada, una de esas risas roncas que últimamente soltaba con más frecuencia. Se giró en su silla, atrapando mi muñeca antes de que pudiera retirarme. Sus dedos estaban calientes, marcando mi piel como si fuera hierro al rojo vivo.

—Mientes tan mal que casi me das pena —susurró, tirando de mí hasta que quedé atrapada entre sus piernas y el escritorio. Su rostro estaba a centímetros del mío—. Tus pupilas se dilatan cada vez que entro en una habitación. Tu respiración se corta cuando mi mano roza la tuya por "accidente". ¿Quieres que te diga qué es eso? No es asco. Es hambre.

—Eres un ególatra —escupí, aunque mi corazón había empezado a correr una maratón contra mis costillas. Me obligué a sostenerle la mirada, a no parpadear—. Tu arrogancia te impide ver que lo único que quiero de ti es ver tu cabeza en una pica de Sundergard.

Declan soltó mi muñeca solo para deslizar su mano hacia mi cintura, apretándome contra él. El contacto de su cuerpo sólido contra el mío me envió una descarga que me dejó sin aliento. Él lo sabía. El bastardo lo sabía todo.

—Pronto vas a gemir por mí, Navira. Ya vas a ver —murmuró contra mi cuello, y su aliento cálido me erizó hasta el último vello del cuerpo—. Estás tan tensa, tan llena de fuego contenido... pero te prometo algo: cuando finalmente rompa esa muralla que has construido, te voy a hacer mía toda la maldita noche. Y no habrá odio en tu voz, solo mi nombre.

Me separé de él con un empujón, el rostro encendido.

—En tus sueños, Declan. Prefiero saltar desde lo alto de esta torre.

—Entonces asegúrate de saltar hacia mi cama —gritó él mientras yo salía de la habitación, su risa burlona persiguiéndome por el pasillo.

Caminé por los pasillos de piedra, odiándome a mí misma. Odiaba cómo mi cuerpo reaccionaba a sus palabras. Odiaba que, a pesar de mis juramentos de venganza, mis sueños se estuvieran llenando de su imagen. Soñaba con sus manos quitándome la cadena, no para liberarme, sino para reclamarme. Era una traición a mi pueblo, a mi sangre, a todo lo que yo era.

A lo largo del día, la rutina era la misma: peleas y provocaciones. Si él me ordenaba algo, yo lo hacía de la manera más insolente posible. Si él me criticaba, yo le respondía con un sarcasmo que habría mandado a cualquier otro al patíbulo. Pero Declan… Declan parecía estar disfrutándolo. Cuanto más le gritaba, más brillaban sus ojos. Cuanto más lo desafiaba, más se divertía.

Por la tarde, me encontró en la biblioteca privada. Yo estaba tratando de alcanzar un libro sobre la historia de las Tierras Fronterizas, estirándome en una escalera de madera. De repente, sentí un cuerpo sólido pegándose a mi espalda. No necesité girarme para saber quién era.

—La historia de Vaelkoria es aburrida, nena —dijo, apoyando sus manos a ambos lados de mis hombros, atrapándome contra los estantes de libros—. Prefiero que nos concentremos en escribir nuestra propia crónica. Una que empiece con tu rendición.

—Mi rendición no está en los libros, Declan. Ni en tus planes de guerra.

Me giré bruscamente en el peldaño de la escalera, quedando cara a cara con él. Estábamos a una altura peligrosa, y su rostro estaba justo frente al mío. Sus manos bajaron de los estantes para sujetar mis caderas, estabilizándome.

—Dime una cosa —le dije, bajando la voz hasta que fue un susurro desafiante—. ¿Por qué sigues intentándolo? Tienes a mil mujeres en la corte que se arrastrarían por una noche contigo. ¿Por qué perder el tiempo con una rebelde que te desprecia?

Él me miró con una intensidad que me hizo sentir pequeña, como si pudiera ver cada secreto que guardaba en mi alma.

—Porque esas mujeres son sombras, Navira. Son ecos de lo que el protocolo les ordena ser. Tú… tú eres un incendio forestal. Eres real. Eres la única persona en este maldito reino que me mira a los ojos y no ve a un Comandante, sino al hombre. Y ese hombre te quiere a ti. No a una versión sumisa, sino a la mujer que me escupe a la cara y luego tiembla cuando la toco.

Sus dedos se clavaron ligeramente en mis caderas.

—Te deseo tanto que me duele, Navira. Y lo peor es que sé que tú sientes lo mismo. Estás encantada con este juego tanto como yo. Te encanta que te busque, te encanta que te provoque. Te hace sentir viva, ¿verdad? Después de tanta muerte en Sundergard, mi fuego es lo único que te hace sentir que sigues aquí.

—¡Mientes! —exclamé, aunque mis ojos me traicionaban, buscando los suyos con una urgencia que no podía controlar—. ¡Te odio! ¡Te odio por lo que hiciste!

—Odiame entonces —dijo él, acercándose hasta que sus labios rozaron los míos, sin llegar a besarme—. Pero no me pidas que deje de cazarte. Porque no voy a parar hasta que seas tú la que tire de esa cadena para traerme hacia ti.

Se alejó, dejándome temblando en la escalera. Pasé el resto del día en una especie de trance. Por la noche, mientras lo ayudaba a quitarse las botas de montar en el silencio de su cuarto, la tensión era tan espesa que se podía cortar con un cuchillo.

Me arrodillé frente a él, tirando del cuero con fuerza. Sentía su mirada fija en la parte superior de mi cabeza, quemándome.

—¿Sabes qué es lo que más me gusta de este momento? —preguntó él, su voz cargada de una lujuria ronca.

—No me interesa —respondí, concentrada en la bota.

—Me gusta que estés de rodillas. Porque me da una idea de cómo te verás cuando finalmente me pidas que te haga mía. Me imagino tus manos agarrando las sábanas, tus ojos empañados, y tu voz… esa voz tan orgullosa, rogándome que no me detenga.

Solté la bota de golpe. Mi pulso era un estallido en mis oídos. Me levanté, encarándolo, con los puños cerrados.

—¡Eres un cerdo, Declan! ¡No pasará! ¡Nunca!

Él se levantó lentamente, deshaciéndose de la otra bota con un movimiento fluido. Se acercó a mí, obligándome a retroceder hasta la pared. Sus manos se apoyaron a ambos lados de mi cabeza, encerrándome.

—Pasará, Navira. Y los dos sabemos que será épico. Porque cuando dos fuerzas como las nuestras chocan, lo único que queda es una explosión.

Se inclinó y me dio un beso rápido, casi violento, en la comisura de los labios. Fue apenas un segundo, pero sentí el sabor a licor y a promesa. Luego se apartó y se dirigió a la cama, quitándose la camisa y revelando la musculatura poderosa de su espalda.

—Vete a tu habitación, nena —dijo sin mirar atrás, con una confianza que me daba ganas de gritar—. Sueña conmigo. Porque yo voy a estar soñando con el sonido de tus gemidos rompiendo el silencio de esta ciudadela.

Salí de la habitación casi corriendo, con el corazón en la garganta y las mejillas ardiendo. Cuando llegué a mi pequeño cuarto, cerré la puerta y me apoyé en ella, jadeando. Me toqué los labios, allí donde él me había besado.

Estaba furiosa. Estaba humillada. Pero por encima de todo… estaba aterrorizada de la verdad que él había puesto al descubierto.

Me encantaba.

Me encantaba la forma en que me miraba. Me encantaba que fuera el único que no me trataba con lástima. Me encantaba la guerra que teníamos. Declan era el enemigo, el carcelero, el monstruo de Vaelkoria… pero también era el único hombre que me hacía sentir que, en medio de las cenizas de mi vida, todavía había algo por lo que valía la pena arder.

Me acosté en la cama y miré al techo, escuchando el viento helado golpeando las ventanas de la Ciudadela.

—Maldito seas, Declan —susurré en la oscuridad.

Pero mientras cerraba los ojos, no pude evitar imaginarme esa noche de la que él hablaba. Una noche donde las cadenas desaparecieran y solo quedara el fuego. Y por primera vez, no fue una pesadilla lo que me recibió al dormir, sino el calor de un abrazo que mi mente se negaba a admitir que deseaba.

Vaelkoria podía ser de hierro, pero yo me estaba convirtiendo en la chispa que iba a fundirlo todo. Incluyéndome a mí misma.

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Silvana Beatriz Velazquez
maravillosa historia 😍. Solo me hubiera gustado un extra con el nacimiento del bebé y unos años después mostrando su carácter.
Elsa Martinez Gonzalez
MAGNÍFICA
Paola Cordero
Jajajjaja y jajajjajajajjaja como todo hombre super exagerado jajajajajajsjajsjjs
karla yustiz garcia
🤣🤣🤣🤣 la vitamina N
Olinda Bernales Bertolotto
Siempre lindo... nunca decepciona leer tus libros.
Gracias por compartir tu talento... 🙂😊🤗😄
Sharon Mendoza
precioso
Sharon Mendoza
precioso
karla yustiz garcia
se lee tan buena 👏👏
karla yustiz garcia
será que hay fotos de ellos 🤔
karla yustiz garcia
a mi también 🤭
karla yustiz garcia
me encanta 😍😍
karla yustiz garcia
😍😍 que bello
Viviana Lopez
Espléndido
Irene Covarrubias
creo que fue muy sutil 🤣🤣
Rosa Villena
Bellísima historia, me encantó, gracias, gracias ❤️🥰
Elilu 🇲🇽
jajaja no pues viéndolo por ese lado Declan tiene razón es un gran avance en la relación de peros y gatos que se traen ustedes dos.
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