“La noche que Alessia Duarte perdió su taller, también conoció al hombre que podía cambiar su destino… o destruir su corazón.”
“Sebastián Ferrer pensó que solo había encontrado a una costurera talentosa… hasta que descubrió que ella era la mujer que podía derrumbar todos sus secretos.”
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La Mujer que todos Miraban
El salón del evento estaba lleno de conversaciones, Risas elegantes y Copas de vino.
Los inversionistas y periodistas caminaban entre las mesas hablando sobre la colección que acababan de ver.
Pero había un tema que se repetía en casi todas las conversaciones.
La mujer del vestido vino.
—¿Quién es ella?
—¿La nueva modelo de Ferrer Fashion?
—No es la diseñadora.
Las miradas se dirigían constantemente hacia un mismo lugar del salón.
Alessia.
Seguía usando el vestido que había diseñado.
Las luces del salón hacían que la tela brillara suavemente mientras caminaba.
Cada paso llamaba la atención, Cada movimiento resaltaba la elegancia natural de su figura.
Alessia todavía estaba tratando de acostumbrarse a todas las miradas.
—Esto es extraño —susurró.
A su lado, Sebastián caminaba con calma.
—Acostumbrate.
Ella lo miró.
—¿Así es siempre?
Sebastián tomó una copa de vino de una bandeja que pasaba.
—Cuando alguien impresiona a este tipo de gente sí.
Un grupo de hombres se acercó, Empresarios.
Uno de ellos sonrió.
—Sebastián, felicitaciones por la colección.
—Pero tengo que admitir que el vestido final fue lo mejor de la noche.
Luego miró a Alessia.
—Y la mujer que lo usó también.
Alessia sintió que sus mejillas se calentaban ligeramente.
—Gracias.
El hombre extendió la mano.
—Ricardo Montenegro.
—Trabajo con algunas marcas internacionales.
Sus ojos la recorrían con interés evidente.
—Si alguna vez decides modelar profesionalmente, podríamos hablar.
Antes de que Alessia respondiera Sebastián habló.
—Alessia trabaja conmigo.
Su tono fue tranquilo, pero firme.
Ricardo levantó una ceja.
—Solo hice una sugerencia.
Sebastián dio un pequeño sorbo a su vino.
—Lo sé.
El hombre sonrió incómodo, Luego se despidió y se alejó.
Cuando desapareció entre la gente, Alessia miró a Sebastián.
—Eso fue un poco intenso.
Sebastián la miró.
—Ese tipo de hombres ve una oportunidad y la toma.
—No me gusta.
Alessia levantó una ceja.
—¿Qué cosa?
Sebastián respondió sin dudar.
—Que te miren así.
El corazón de Alessia dio un pequeño salto.
—Sebastián…
Pero antes de que pudiera continuar Daniel apareció otra vez.
—Bueno, bueno parece que la estrella del desfile está causando problemas.
Alessia sonrió.
—No empieces.
Daniel miró a Sebastián.
—Los inversionistas quieren hablar contigo.
Sebastián suspiró.
—Voy enseguida.
Daniel señaló hacia la terraza del hotel.
—Yo me encargo de que Alessia no sea secuestrada por ningún empresario aburrido.
Sebastián lo miró unos segundos.
Luego volvió a mirar a Alessia.
—No me tardo.
Cuando se alejó, Daniel soltó una pequeña risa.
—Creo que a tu jefe no le gusta que hables con otros hombres.
Alessia cruzó los brazos.
—No es mi jefe en este momento.
Daniel levantó una ceja divertida.
—Claro
Luego señaló la terraza.
—Vamos a tomar aire.
Salieron hacia la terraza del hotel.
La ciudad brillaba bajo las luces de la noche.
El aire era fresco.
Alessia apoyó las manos sobre la baranda.
—Necesitaba esto.
Daniel la observó unos segundos.
—Sabes que esta noche cambió muchas cosas, ¿verdad?
—¿Cómo?
—Ahora todos saben quién eres.
Alessia suspiró.
—Eso es lo que me asusta un poco.
Daniel dio un paso más cerca.
—No deberías tener miedo.
Sus ojos la observaron con una intensidad diferente.
—Hay algo más que deberías saber.
Alessia frunció el ceño.
—¿Qué cosa?
Daniel dudó un segundo, Luego habló con sinceridad.
—Desde que te vi en el taller me gustaste.
El corazón de Alessia se aceleró.
—Daniel, Pero en ese mismo momento
una voz apareció detrás de ellos.
—Interesante.
Ambos se giraron.
Sebastián estaba de pie en la puerta de la terraza.
Su mirada estaba fija en Daniel.
Y su expresión ya no era tranquila.
Porque acababa de escuchar lo suficiente para entender algo muy claro.
Daniel Rivas estaba interesado en Alessia.
Y eso era un problema.