Rubí, princesa consorte de Evans. Muere por el desprecio de su esposo. Ella renace en el siglo XXI, sin embargo, muere tras una misión peligrosa. Vuelve a su primera vida. está vez, ella no morirá por la distancia de su marido, si es necesario lo obligará a mucha cosa por el bienestar suyo y el de reino.
En una noche, con un cuchillo en el cuello del principe, rubí lo amenaza.
—No te obligare a amarme. Pero si a estar juntos por la seguridad mía y del reino. De lo contrario, te haré sufrir.
Evans, extrañamente le empieza a gustar su lado peligroso.
—Con gusto me gustaría cumplir tus deseos
NovelToon tiene autorización de Melany. v para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo VI.
El emperador de Norum había mandado a llamar a Evans luego de finalizar la reunión con los nobles. Con la coronación tan cerca, necesitaba asegurarse de que todo estuviera bajo control.
—Padre.
—Evans. Mañana será tu coronación. He decidido adelantarla —dijo con voz grave—. Tuve un sueño inquietante. Vi a Norum en ruinas, una bruma roja enfermando a la población… y una guerra inevitable.
Evans no evitó sorprenderse, luego frunce el ceño preocupado. No era un sueño común. Jamás lo había sido cuando su padre hablaba así.
En su mente apareció una línea conocida. Rubí distanciándose, el imperio debilitándose, la peste escarlata extendiéndose como un charco de sangre… y luego la guerra con el reino Blossom.
—Una profecía… —murmuró el emperador, sacándolo de sus pensamientos—. Hablaré con el templo. Tú y Rubí vendrán conmigo.
—¿Cuándo?
—Después de tu coronación. Los sacerdotes están ocupados ahora. —Le apoyó ambas manos en los hombros—. Hijo, tú y tu esposa son la clave para que Norum siga en pie. Confío en ti para evitar que ese futuro se cumpla.
Evans asintió, pero una imagen se impuso con violencia: su padre muriendo entre sus brazos, atravesado por una lanza enemiga mientras él no lograba reaccionar a tiempo. Aquello fue una imagen tan breve que no supo que hacer… pero el dolor seguía intacto.
—¡Evans! —lo llamó el emperador con fuerza—. ¿Qué te ocurre?
El príncipe reaccionó de golpe, pálido.
—No es nada, padre.
—Perdiste el color de tus mejillas. Ve a descansar. La reunión ha terminado.
Evans salió del salón con pasos inestables. Se apoyó contra la pared del pasillo para no caer.
“Mi cuerpo no responde como antes… Si este es mi límite, debo actuar rápido."
—Erika… —intentó llamar a la luz que siempre lo protegía, pero no obtuvo respuesta.
El mareo se intensificó. Su visión se nubló y, antes de poder sostenerse, perdió el equilibrio, cayendo así al suelo.
—Lady Tera… ¿requiere verme? —se oyó una voz cercana.
—Sí, acompáñame.
Dos figuras avanzaban por el pasillo. En esa ala solo transitaban nobles de alto rango, por lo que fue una coincidencia casi absurda que Rubí y Stefan pasaran por allí.
Cuando ambos vieron al príncipe inconsciente en el suelo, Stefan se adelantó alarmado.
—¡Príncipe! —tocó su hombro—. Está helado… y sus labios están morados.
Rubí se acercó en silencio. No era un hombre enfermizo. En su recuerdo, Evans siempre había sido resistente, casi insoportablemente fuerte.
—Stefan —ordenó—. Llama al sacerdote. Yo me encargo de llevarlo a su habitación.
—¿Pero cómo piensa…?
—¿Cargarlo? —Rubí lo miró con evidente fastidio—. No seas dramático.
Chasqueó los dedos.
—Klaus.
La sombra emergió del suelo con una reverencia impecable.
—Mi señora.
—Cárgalo.
Klaus tomó a Evans y se lo echó al hombro como si fuera un saco de papas. Stefan retrocedió, pálido.
—¿N-No sería mejor… de otra forma?
—Respira, Stefan. No se va a desarmar —respondió Rubí—. No es un príncipe de juguete.
Klaus avanzó sin dificultad.
“Qué extraño…—pensó Rubí mientras observaba el rostro del príncipe. —Su don de luz debería protegerlo."
—Estoy mareado… —murmuró Evans medio inconsciente—. Creo que voy a…
—Ni se te ocurra —cortó Rubí—. Klaus, acelera.
Ya en la habitación, la sombra lo depositó sobre la cama.
—Tiene fiebre elevada —informó Klaus—. Su energía está desordenada. No es una enfermedad común.
Rubí frunció el ceño.
—Claro que no…
Pidió agua y un paño. Le desabrochó la ropa con brusquedad, más práctica que delicada. Su piel ardía. Pero lo que la hizo detenerse no fue la fiebre.
En el pecho de Evans, justo sobre el corazón, brillaban marcas luminosas irregulares, como grietas internas hechas de luz contenida. No eran heridas. Tampoco cicatrices. Eran fracturas de su don.
Rubí se quedó inmóvil.
—…¿Qué demonios hiciste?
Las marcas pulsaban con lentitud, como si algo dentro de él estuviera forzándose a permanecer estable.
—Eso… —susurró Klaus— es sobrecarga del núcleo de luz. Ha usado su don más allá de lo permitido.
Rubí apretó los dientes.
—¿Por qué? Esto no debería estar pasando.
Humedece el paño y se lo coloca en el pecho, estabilizando la energía con la suya propia. Las marcas disminuyen apenas.
—Si sigues así —murmuró— no llegarás ni a emperador.
En ese momento, Evans abrió los ojos.
—Rubí…— Evans respiró con dificultad.—Las viste…
—No sé de qué hablas —respondió ella con sequedad.
—Rubí… —sonrió débilmente—. Esas marcas no se dismula muy bien.
Antes de que ella respondiera, Stefan apareció en la puerta.
—Majestad, el sacerdote ha llegado.
Rubí se giró para irse.
—Perfecto. Que se encarguen de ti. Yo soy oscuridad, puedo hacerte más daño. Quizás el sacerdote pueda curarte con su luz.
Evans, con un último esfuerzo, le tomó la muñeca.
—Por favor… dile que no entren. Nadie más debe ver esto. Llama solo al sumo sacerdote.
Rubí no se volteó.
—No se que sea esto... Pero si te mueres, todo, incluyendome se irá al carajo.— Rubí no contuvo su vocabulario de una vida pasada.
Está frustrada. Es evidente. Soltó su mano y salió de la habitación. En el pasillo directo al santuario. Ordenó exclusivamente lo siguiente.
—Klaus. Quiero que vigiles cuando llegue el sumo sacerdote a su habitación. Necesito saberlo. Que es lo que me está ocultando Evans.