El sacrificio es solo el comienzo.
Para salvar a su hermana de una muerte segura, Elisabeth toma una decisión irrevocable: entregar su libertad y su sangre a la realeza de las sombras. Como la nueva sierva de sangre personal del príncipe Damián, su vida ahora se mide en gotas y se consume tras los muros de un palacio donde la luz del sol es un recuerdo lejano.
Damián es todo lo que las leyendas advierten: frío, letal y poseedor de una belleza tan peligrosa como su linaje. Sin embargo, tras la máscara de heredero implacable, Elisabeth descubre a un hombre atrapado en su propia inmortalidad. Lo que comienza como un contrato de supervivencia se transforma en una atracción magnética y prohibida que desafía las leyes de la naturaleza y los prejuicios de siglos de guerra.
Pero en el mundo de los inmortales, el amor es una debilidad que los enemigos no perdonan. Mientras su conexión crece, el destino comienza a tejer una red de traiciónes, secretos y una profecía antigua
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capitulo 12: El Despertar Del Fénix
parte 1 :El Reencuentro y la Promesa
El aire del bosque era gélido, pero el calor que emanaba de mi cuerpo hacía que la nieve se derritiera antes de tocar mis hombros. Andrew me guiaba a través de un denso velo de niebla hasta que, tras unas ruinas devoradas por la hiedra, apareció el refugio. No era una simple cueva; era una red de tiendas y chozas ocultas bajo el amparo de símbolos antiguos tallados en los árboles.
—¡Elisabeth! —un grito agudo y frágil rompió el silencio del campamento.
Mi corazón se detuvo. Una pequeña figura corría hacia mí, tropezando con las raíces.
—¡Mary! —me desplomé de rodillas para recibirla en mis brazos. El olor a jabón de lavanda y a hogar que desprendía su cabello me hizo sollozar. La apreté contra mí, sintiendo el latido irregular de su corazón, ese ritmo débil que me había llevado a entregar mi vida a los vampiros con tal de salvar la suya—. Estás viva... Estás a salvo.
Miré a Andrew por encima del hombro de mi hermana, con los ojos empañados.
—Fui por ella la misma noche que te llevaron al castillo —explicó Andrew, guardando su daga con un movimiento seco—. Sabía que nuestro padre no podría protegerla cuando los cobradores de sangre llegaran. La hemos estado cuidando aquí. Ella es la razón por la que luchamos, Elisabeth.
Esa noche, frente a una hoguera que parecía bailar al ritmo de mi propia energía, Andrew me tomó de las manos. Su rostro, endurecido por años de guerra, se suavizó.
—Te dejé ir con Damián porque tu sangre necesitaba un catalizador. El poder de Solaris no despierta en la paz, sino en la boca del lobo —confesó con voz grave—. Pero el tiempo de ser la presa terminó. Mary te necesita sana, y nuestra gente necesita una líder. Te enseñaré a convertir ese dolor en un arma
Parte 2: El Recuento del Fuego (Dieciocho meses después)
El tiempo dejó de medirse en días y empezó a medirse en cicatrices y hechizos. Durante un año y medio, el campamento de cazadores se convirtió en mi forja.
El primer año fue una agonía de disciplina. Andrew no tuvo piedad. Me enseñó combate cuerpo a cuerpo, obligándome a pelear con los ojos vendados para que aprendiera a "sentir" el calor de los seres vivos a mi alrededor. Mis manos, antes delicadas, se llenaron de callos por el uso de la espada, pero pronto descubrí que no necesitaba acero para matar.
Aprendí a canalizar la Magia Solar. Descubrí que podía concentrar la luz en la punta de mis dedos para soldar metal o para crear explosiones de calor que desintegraban el acero de los vampiros. Mi técnica favorita, la que los cazadores empezaron a temer y respetar, era el "Manto de Helios": una onda expansiva de fuego blanco que brotaba de mi piel cuando me veía rodeada, calcinando todo en un radio de tres metros.
Los últimos seis meses nos lanzamos a la ofensiva. Lideré misiones para sabotear las caravanas de suministros de Silas y liberé a decenas de humanos de las "villas de ordeño". Mi nombre, Elisabeth Aethelgard, fue borrado de los registros de siervas y reemplazado por un susurro temeroso en las cortes vampíricas: La Dama del Alba.
Ahora, me encuentro en la cima de la colina que vigila el valle. El viento agita mi capa de cuero reforzado. Mary está abajo, ayudando en la enfermería; está más fuerte, su corazón parece latir con más vigor desde que mi propia magia empezó a purificar el aire del campamento.
Andrew se acerca y se detiene a mi lado. Su mirada se dirige al horizonte, donde las agujas del castillo de las sombras se clavan en el cielo gris.
—Han pasado dieciocho meses, hermana —dice, entregándome mi espada, cuya hoja ahora está grabada con runas solares—. Hemos ganado muchas batallas, pero la guerra real empieza ahora.
—Lo sé —respondo, y mi voz suena como el metal chocando contra el metal—. El cielo está empezando a oscurecerse de una forma poco natural.
—El eclipse —susurra él—. Quedan exactamente seis meses para que la luna cubra el sol. Si la profecía es cierta, Silas intentará usar ese momento de oscuridad eterna para sacrificar lo que queda de tu linaje y volverse invulnerable.
Aprieto el puño y una chispa dorada corre por mis nudillos. Pienso en Damián, en la herida que le dejé y en el hombre que una vez creí conocer. Los informes dicen que sobrevivió, que ahora es un ser despiadado apodado "El Príncipe de las Cenizas".
—Que venga el eclipse —sentencio, mirando fijamente hacia el palacio—. He pasado un año y medio preparándome para morir por mi gente. Es hora de ver si los vampiros están preparados para arder por la suya.