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ACCIDENTE
llegaria alguien con una forma muy diferente de ver la vida y de tratar a los demás, alguien que no le iba a hacer caso a sus superiores, pero ellos no se iban a enterar. No era una persona perfecta ni alguien que buscara convertirse en un héroe. Simplemente tenía la costumbre de escuchar, de observar lo que otros pasaban por alto y de brindar cariño sin esperar nada a cambio.
Mientras los demás veían a Gael como el hijo del poderoso empresario Yan Marcos Escalante, esa persona vería algo distinto, un niño solitario que necesitaba ser escuchado. Y aunque todavía no se conocían, el destino ya estaba acercando sus caminos.
Lo que nadie imaginaba era que aquella nueva presencia en la escuela no solo cambiaría la vida de Gael. También obligaría a un hombre a mirar de frente una realidad que habían ignorado durante demasiado tiempo.
Porque a veces basta una sola persona para notar el dolor que todos los demás han decidido no ver, y para Gael, esa persona estaba a punto de aparecer para cambiar su mundo.
El lunes temprano su padre le dio un beso a Gael para irse a su empresa, pero Gael no sintió nada, era lo mismo de todos los días, ya estaba listo para ir a su escuela acompañado de sus escoltas, en la entrada lo recibían las maestras, el ingresaba sin ningún tipo de interés.
Al entrar, tomó asiento en su pupitre junto a la ventana. Desde allí observó y escuchó cómo algunos compañeros contaban emocionados las actividades que habían hecho con sus familias durante el fin de semana.
Aquella mañana parecía una más de tantas, pero el destino estaba preparando un cambio que nadie imaginaba, especialmente Gael. Muy pronto llegaría a su vida una persona capaz de devolverle la alegría que poco a poco había ido perdiendo.
En otra escuela humilde de la ciudad, la mañana comenzaba de una forma muy diferente, allí había niños felices de regresar a clases; no vivían en grandes mansiones ni tenían juguetes costosos o ropa de marca. Muchas de sus familias enfrentaban dificultades económicas y debían esforzarse cada día para salir adelante.
Sin embargo, poseían algo que para ellos valía más que cualquier riqueza, el amor y la compañía de sus padres. Antes de entrar a la escuela recibían abrazos, besos y palabras de ánimo, sus padres al recibirlos en casa les preguntaban cómo estaban, escuchaban sus historias y celebraban sus pequeños logros.
Aquellos niños no tenían todo lo que el dinero podía comprar, pero sí tenían lo que Gael necesitaba desesperadamente, una familia presente, cariño, amor, dedicación, porque de nada servia el padre presente sin una muestra de afecto.
Mientras Gael se sentía solo en medio de la abundancia, ellos eran felices con lo poco que tenían, porque estaban rodeados de cariño, comprensión y amor verdadero. También contaban con una maestra joven llena de energía que mostraba su amor por su profesión, les daba cariño y complementaba los afecto que ellos recibían de su familia.
Nathaly cada mañana recibía a sus estudiantes con una sonrisa y unas palabras de ánimo que iluminaban sus rostros.
NATHALY: ¿Como les fue en su fin de semana? ¿Que hicieron?
— Yo fui a piscina con mis papás, mi abuela mis tíos y mis primos.
■ Yo fui a una finca a visitar a una amiga de mi mamá y monte un burrito.
NATHALY: Si.... ¿Y no te dio miedo?
■ Si.. pero monte con una niña grande.
Así todos contaron emocionados de su fin de semana, Nathaly no solo se preocupaba por enseñar matemáticas, lectura o ciencias; también se interesaba por los sentimientos de cada niño. Escuchaba sus historias, celebraba sus logros y los acompañaba cuando estaban tristes.
Con su dulzura y dedicación, complementaba el cariño que ellos recibían en sus hogares. Los niños la querían mucho porque los hacía sentir importantes, valorados y capaces de alcanzar sus sueños.
Para ellos, la escuela no era solo un lugar para aprender, sino también un espacio donde se sentían queridos y comprendidos.
•••••••••••
En la escuela de Gael, la maestra reunió a los niños en un círculo para realizar una actividad. Sin embargo, Gael permaneció sentado en su lugar, no le gustaba participar y prefería mantenerse alejado de los demás, la maestra se acercó con una sonrisa y lo invitó a unirse al grupo. Gael no tenía ganas, pero tampoco podía negarse, así que caminó lentamente y ocupó un lugar junto a sus compañeros.
Cuando la maestra se levantó para buscar unos materiales que necesitaba para la actividad, ocurrió un accidente. Ella dio un mal paso, se torció el tobillo y cayó al suelo inesperadamente; la maestra comenzó a llorar, se había lastimado un brazo y el dolor era muy fuerte. Como pudo, se arrastró hasta su bolso para sacar el celular y pedir ayuda a otros docentes.
Al verla en esas condiciones, algunos maestros llamaron de inmediato a enfermería, la revisaron rápidamente, pero se dieron cuenta de que necesitaba ser trasladada a una clínica para recibir atención médica.
Todos los niños observaban la escena, unos con preocupación, y otro en su inocencia se reian porque les apareció gracioso, Gael, que casi nunca mostraba emociones, miraba en silencio todo lo que ocurría. Una maestra que había llegado para cuidar al grupo les dijo con voz tranquila:
■ No se preocupen, la profesora va a estar bien, los médicos la ayudarán y pronto se recuperará.
Entonces una niña levantó la mano y comentó con inocencia:
—Yo no estoy asustada, ella se cayó suave.
▪︎ Fue muy gracioso ja ja ja.
° Si... Fue muy chistoso, le voy a contar eso a mi abuelo para que se ría mucho hoy.
Gael en ese momento también imaginó llegar a casa y contarle a su padre todo lo que había sucedido, imaginó a su padre dejando el celular a un lado, mirándolo con atención y preguntándole qué había pasado. Imaginó que escuchaba cada detalle, que se interesaba por lo que sentía y que incluso le daba un abrazo para tranquilizarlo.
Pero ese pensamiento se había esfumado porque el sabía que cuando llegara a casa, probablemente su padre estaría en la empresa ocupado trabajando revisando documentos o respondiendo llamadas. El deseaba que, aunque fuera una sola vez, su padre le prestara toda su atención, no porque hubiera ocurrido algo extraordinario, sino porque necesitaba sentir que era importante para él.