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Le Propuse Matrimonio Al Demonio... El Ahora Será Mi Espada

Le Propuse Matrimonio Al Demonio... El Ahora Será Mi Espada

Status: En proceso
Genre:Venganza / Traiciones y engaños / Fantasía épica
Popularitas:5k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Él ahora será mi espada.
En su primera vida, Cassandra amó al hombre equivocado.
El príncipe heredero, su madrastra y su propia familia conspiraron contra ella hasta llevarla a una muerte cruel. Pero el destino le concedió una segunda oportunidad.
Al despertar diez años atrás, Cassandra recuerda perfectamente el día en que comenzó su desgracia.
Esta vez no elegirá al príncipe que la traicionará.
Cuando el emperador le ofrece escoger a su futuro esposo como recompensa por su salvar a un miembro de la familia real, Rosalind señala al hombre que todos temen: Balkan Trudeau, el Demonio de Moldavia, heredero de un reino de guerreros que cabalgan dragones.
Él es cruel. Ella es vengativa.
Él descubre que su nueva prometida esconde un corazón tan oscuro como el suyo.
Y Cassandra solo necesita una cosa de su futuro esposo:
Que sea su espada mientras ella cobra cada deuda pendiente.

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Lo que me pertenece

Balkan tomó la mano de Cassandra y la guio hasta el conde.

—Disculpe la demora, conde —dijo, con una cortesía que era más amenazante que cualquier espada—. Temimos llegar tarde y que usted pudiera molestarse, así que la he traído en punto. ¿Hay algún problema?

El conde lo observaba con los ojos desorbitados. Ese hombre no solo era un guerrero: había descendido del cielo en una bestia mitológica, aterrizando en su propiedad sin importarle un ápice las leyes de los hombres. Y esa criatura los había mirado con desprecio.

—Eh… no… no hay ningún problema —tartamudeó, sintiendo el sudor frío empaparle la espalda—. Todo está bien, Cassandra. Qué… qué bueno que estás en casa.

Cassandra ladeó la cabeza, adoptando una expresión de inocencia fingida.

—Claro que sí, padre. Usted dijo que iba a aplicarme el castigo de la familia por mi comportamiento vergonzoso en el banquete. Así que dígame: ¿cómo me castigará?

El conde la miró con una mezcla de furia impotente y pánico absoluto. *No me vendas, hija mala*, parecía gritar su mirada.

Balkan dio un paso al frente. Su sombra pareció alargarse, cubriendo al conde.

—¿Castigarla? —su voz bajó una octava, volviéndose letal—. ¿Usted va a castigar a la futura esposa de este príncipe? ¿A la mujer que un día será la reina de Moldavia?

El conde sintió que se le escapaban siete vidas de golpe. Sintió físicamente cómo envejecía cien años en un segundo; juraría que su cabello empezaba a desprenderse de su cabeza.

—¡No, no, no! ¡Esto es un error! —giró frenéticamente, señalando a su esposa y a sus hijos—. ¡Ellos son los que recibirán el castigo! ¡Ellos fueron los que no supieron comportarse e hicieron un escándalo en el banquete! ¡Sí, es así! ¡Sirvientes! ¡Llévenselos! ¡Que se queden arrodillados en el patio cuatro horas por su comportamiento! ¡Y si reclaman, les dan una hora más!

Livia abrió la boca para protestar. Una sola mirada de los ojos de oro fundido de Balkan se la cerró de golpe.

Dorian, en cambio, murmuró algo entre dientes.

El conde, sin siquiera girarse:

—¡Una hora más!

***

Cassandra no sonrió. Todavía no.

—Ya que estamos, padre —dijo, con la voz dulce de una hija obediente—. Hay otro asunto. Mi madre me dejó una dote. Cuando ella murió, usted la guardó «por mi bien». Me caso en un mes, y la necesito: las escrituras de la finca del sur, el cofre y las llaves del estudio de mi madre.

El silencio que siguió fue de otra naturaleza. No era miedo. Era codicia, interrumpida.

—¡Eso es de la familia! —estalló lady Elara, levantándose de la gravilla—. ¡Tu madre no dejó nada! ¡Todo se gastó hace años!

Balkan desplazó apenas los ojos hacia ella.

Lady Elara se atragantó con su propia bilis. Bajó la mirada. Y no volvió a hablar.

El conde sudaba. Llevaba años administrando «por el bien de su hija» una dote de la que había ido desviando lo que su esposa le pedía. Pero delante del Demonio de Moldavia, con el jardín aún temblando y la fuente rota, no había contabilidad que resistiera.

—Por… por supuesto, hija —dijo, con una sonrisa que parecía una herida—. Ahora mismo te traigo las escrituras y las llaves.

***

Media hora después, Cassandra guardaba en su bolsa los documentos y las dos llaves de hierro. Una, de la finca del sur. La otra, del estudio cerrado de su madre, que nadie había abierto en diez años.

Lady Elara y Livia, aún de rodillas en el patio, la observaban irse con los ojos brillantes de codicia y de odio. Creían que acababa de llevarse una fortuna. Creían que la dote del clan de su madre era un tesoro de oro y tierras.

Que lo creyeran.

En mi otra vida, yo también lo creí. Y descubrí la verdad demasiado tarde: mi madre había gastado su fortuna en medicinas para el pueblo durante la plaga. Lo que me dejó fue la finca del sur… y una habitación llena de libros.

Libros de medicina. De venenos. De antídotos. Los saberes de su linaje.

El verdadero tesoro. El que me había permitido recitar el antídoto de la emperatriz de memoria. El que me permitiría, en un mes, sobrevivir a la corte de Moldavia.

***

Balkan la esperaba junto a la puerta del jardín, con las manos cruzadas a la espalda y una ceja arqueada. Pero antes de hablar de la dote, hizo la pregunta que le ardía desde el descenso.

—¿Sabes Sinfer? —dijo, sin rodeos—. Ese es el lenguaje de los jinetes de dragones.

Cassandra rió.

—No. Solo repetí lo que te escuché decirle cuando estábamos en el aire. Supuse que era algo que lo calmaba. Pero no sabía lo que le estaba diciendo.

Balkan la observó en silencio.

Era cierto. En el aire, Ceniza había querido hacer lo que más le gustaba en el mundo: romper la velocidad, girar una y otra vez, picar hasta hacer gritar al viento. Cada vez que Balkan lo montaba, esas piruetas eran su juego favorito. Pero él lo había calmado, porque Cassandra no estaba acostumbrada, se asustaría, se caería… y eso sería un verdadero dolor de cabeza.

Lo que nunca pensó fue que ella sería tan aguda como para aprender de oído, en segundos, las palabras exactas con las que él lo domaba.

Por eso el dragón la había mirado así. No era común que un humano sin una sola gota de sangre de dragón en las venas pudiera hablarle. Y mucho menos, que una bestia orgullosa como Ceniza decidiera obedecerlo.

Esta muchacha se había vuelto más interesante ahora. No solo era astuta. También era observadora. Aprendía rápido.

Definitivamente era una sobreviviente.

Alguien como él.

—¿Una finca y libros? —preguntó entonces, señalando la bolsa, divertido—. ¿Por eso montaste esta escena?

—Los libros son de mi madre —respondió ella—. Y el tesoro… —sonrió, apenas— que ellos crean que existe.

Balkan la miró un segundo. Bajo sus ojos, las vetas carmesí brillaron.

—Vas a usar su codicia como cuerda.

—Día 5: romper la alianza de Livia —dijo ella, subiéndose al carruaje—. Y no hay mejor cebo que una dote que todos creen enorme.

El Demonio de Moldavia sonrió como un hombre que acaba de ver la primera ficha de un dominó que derribará siete.

La alianza de Livia tenía nombre y apellido: el duque de Vireo, el partido más codiciado de la corte. Un hombre que, como todos los hombres codiciosos, sabía contar.

Y Cassandra sabía exactamente qué números susurrarle al oído.

1
EspirituCreativo
Cassandra marca su camino... Pobre del que trate de pararla
Belky Gonzalez0
Ho Dios...Casandra es de temer.. me encanta 🥰
EspirituCreativo
🤭 Jaja lectora
Enderlay Correa
🤣🤣🤣 se la comió
EspirituCreativo
Gracias, ☺️
Enderlay Correa
muy buena me gusta
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