Esta historia comienza con una joven recién graduada de la universidad, llena de sueños y esperanzas por comenzar su vida profesional. Su carrera es Secretaria Ejecutiva, y después de buscar durante días, finalmente consigue una entrevista en una importante empresa. Allí conoce a su jefe, un joven de apenas 23 años, serio, atractivo y exitoso, quien decide darle una oportunidad y contratarla. Con el paso del tiempo, ambos comienzan a compartir momentos, conversaciones y experiencias que los acercan cada vez más. Sin darse cuenta, ella se enamora profundamente de él. Y, poco a poco, él descubre que también la ama.
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Capítulo 17 — Una invitación especial
Habían pasado tres años desde que Aby y yo habíamos comenzado nuestra relación.
Tres años llenos de momentos bonitos, algunas discusiones, reconciliaciones, viajes, celebraciones y muchas experiencias que nos habían ayudado a conocernos mucho más.
Yo ya tenía 27 años y Aby estaba a punto de cumplir 24.
Nuestra relación seguía siendo igual de importante para los dos. Aunque habíamos aprendido a separar el trabajo de nuestra vida como pareja, cuando estábamos fuera de la empresa éramos simplemente Hugo y Aby, dos personas que se querían y disfrutaban estar juntas.
Esa tarde me encontraba en mi habitación.
Había llegado de trabajar hacía un rato y estaba acostado sobre la cama, con el celular en la mano. Tenía puesta una camiseta y un pantalón cómodo, porque después de un día largo en la empresa lo único que quería era descansar.
Estaba revisando algunos mensajes cuando apareció una notificación.
Aby ❤️
Sonreí inmediatamente.
Abrí la conversación.
—Hola, amor.
Le respondí:
—Hola, nena. ¿Qué hacés?
Pasaron unos segundos.
—Aquí en mi casa.
—¿Todo bien?
—Sí, amor. Te voy a mandar algo.
Fruncí el ceño.
—¿Qué me vas a mandar?
—Esperá.
Unos segundos después recibí una imagen.
La abrí.
Era una invitación.
La miré con atención y enseguida me di cuenta de que era para su cumpleaños.
Sonreí.
—Ve, esta mujer ya está organizando su cumpleaños.
Volví al chat.
—¿Esto qué es, amor?
—Mi invitación de cumpleaños.
—¿Y me estás invitando?
—Sí.
—¿A mí?
—Sí, a vos.
Me reí.
—Pero nena, ¿cómo así que me invitás? Yo voy porque quiero acompañarte.
—Igual quiero que tengas tu invitación.
—Bueno, entonces la voy a guardar.
Ella respondió con un corazón.
Volví a mirar la imagen.
La invitación tenía todos los detalles de la celebración: la fecha, la hora y el lugar donde sería.
—¿Vas a hacer una fiesta grande? —pregunté.
—No sé si grande, pero sí quiero celebrarlo con las personas que quiero.
—Entonces va a estar bueno.
—Eso espero.
—Claro que sí, amor.
Me quedé unos segundos mirando la invitación.
Era extraño pensar que habían pasado tres años.
Recordé cuando apenas habíamos comenzado a salir, cuando todavía estábamos aprendiendo a manejar nuestra relación. Recordé nuestras primeras citas, las conversaciones interminables y hasta aquella carta que me había dado después de dos meses de relación.
Parecía que había sido ayer.
—Amor —escribí.
—¿Sí?
—¿Ya sabés qué te vas a poner?
—Todavía no.
—¿Cómo que todavía no?
—Pues todavía falta.
—Yo tengo que saber cómo voy a ir.
—¿Y eso qué tiene que ver?
—Pues que no puedo llegar todo desarreglado al cumpleaños de mi novia.
—Vos siempre preocupado por eso.
—Claro, nena. Tengo que verme bien.
—Para mí siempre te ves bien.
Sonreí.
—Ay, amor, así sí me convencés.
—Jajaja.
Después le pregunté:
—¿Qué querés de regalo?
—Nada.
—¿Cómo que nada?
—No necesito nada.
—Aby, cumplís 24 años. Algún regalo te voy a dar.
—Pero no quiero que gastés demasiado.
—Eso lo decido yo.
—Hugo...
—Nena, dejame consentirte.
Ella tardó un momento en responder.
—Bueno, pero no me digás qué es.
—Obviamente va a ser sorpresa.
—Entonces ya quiero saber.
—Pues vas a tener que esperar.
—Qué malo sos.
—No soy malo. Soy misterioso.
—Más bien sos intenso.
Solté una carcajada.
—Ve, tampoco exagerés.
Seguimos hablando durante un buen rato.
Aby me contó que estaba emocionada por su cumpleaños, aunque también tenía un poquito de nervios porque quería que todo saliera bien.
—Amor, no te preocupés tanto —le dije—. Lo importante es que estés feliz.
—Quiero compartir ese día con las personas que quiero.
—Y yo voy a estar ahí.
—Eso es lo que más quiero.
Sonreí al leerlo.
—Entonces ahí estaré, nena.
—Prometido.
—Prometido.
Me quedé mirando el techo mientras sostenía el celular.
Tres años.
Yo tenía 27 y Aby estaba por cumplir 24.
Habíamos cambiado, habíamos crecido y habíamos vivido muchas cosas juntos, pero había algo que seguía igual.
Cada vez que veía un mensaje suyo, todavía sonreía como aquel primer día.
Antes de despedirnos, ella escribió:
—Te quiero mucho, amor.
Respondí:
—Yo también te quiero muchísimo, nena.
Después guardé la invitación en mi celular.
Ya estaba pensando en qué regalo podía darle.
No sabía todavía qué iba a preparar, pero tenía claro algo.
Quería que el cumpleaños número 24 de Aby fuera inolvidable.
Porque después de tres años, seguía disfrutando verla feliz.
Y para mí, eso era lo más importante.