Laura murió después de descubrir la verdad.
Durante diez años, su esposo Manuel y su supuesta mejor amiga, Ariana, la engañaron, destruyeron sus sueños y estuvieron detrás de la tragedia que acabó con su familia. Protegidos por el poder de los Betancourt, nunca pagaron por sus crímenes.
Pero Laura despertó diez años atrás.
Esta vez conoce sus secretos. Sabe quiénes son. Sabe lo que harán.
Y no piensa volver a ser su víctima.
Para derrotarlos necesitará el mismo poder que una vez los protegió. Por eso pondrá sus ojos en Don Álvaro Betancourt, el padre de Ariana.
Se convertirá en su amante.
No por amor.
Por venganza.
Laura no vino a negociar. Regresó para destruirlo todo, aunque tenga que quemar su propio corazón en el camino.
NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
El pacto en silencio
A la mañana siguiente desperté con una sensación extraña en el pecho: no era remordimiento, ni miedo, sino la certeza de que ya no había vuelta atrás. Me vestí con calma, elegí una blusa suave y una falda que caía justo por encima de la rodilla —no demasiado corta, pero lo suficiente para que él no pudiera apartar la vista— y bajé a desayunar.
—Estás radiante hoy, hija —dijo mi madre, sirviéndome el café—. Parece que descansaste bien en casa de los Betancourt.
—Sí, mamá —respondí con la sonrisa más natural que logré—. Ariana y yo nos quedamos hablando hasta tarde… me sentí muy tranquila.
No le mentí directamente. Solo omití la verdad. Era la primera de muchas veces.
Al llegar a la empresa, fui directo a su oficina. Él estaba de pie junto a la ventana, mirando la ciudad, pero en cuanto escuchó mi paso, se giró de golpe. Sus ojos se iluminaron. No dijo nada. Solo se acercó, me tomó de las manos y me besó en la frente, despacio, con ternura.
—Pensé en ti toda la noche —susurró—. En cada instante.
—Yo también… —respondí bajando la mirada, como si me avergonzara.
Me llevó hacia el sofá de su oficina, me sentó a su lado y me miró a los ojos:
—Quiero que sepas algo, Laura. Esto que hay entre nosotros… no es algo pasajero. No es un error ni un capricho. Me has despertado algo que creía muerto. Y voy a hacer todo lo posible para que estemos juntos, sin escondernos.
—¿Y Ariana? —pregunté, con la voz temblorosa—. ¿Y su esposa?
Suspiró, apretando mis manos:
—Mi matrimonio terminó hace años. Solo falta el papel. Mi esposa lo sabe, lo acepta en silencio. Ariana… ella es joven, entenderá. Tú no tienes la culpa de nada. No quiero que cargues con ese peso.
Asentí, dejando que él me consolara, dejando que él creyera que necesitaba su protección. Pero por dentro, anoté cada palabra. Su esposa lo sabe. Lo acepta en silencio. Eso significaba que había algo más, algo que todos callaban. Algo que tenía que descubrir.
Durante las horas siguientes, trabajé cerca de él. Le entregué documentos, le serví café, me acerqué lo suficiente para que me oliera, para que supiera que estaba ahí. Cada vez que pasaba a su lado, lo rozaba levemente: un hombro, una mano, una mirada que se quedaba un instante de más. Él no podía concentrarse. Me miraba constantemente, con hambre, con adoración.
Al mediodía, cerró la puerta con llave. Se acercó a mí, me tomó por la cintura y me besó con urgencia:
—No puedo esperar a que estemos solos de nuevo… te necesito, Laura.
Lo abracé por el cuello, suave y coqueta:
—Yo también, Álvaro… pero hay que tener cuidado. Alguien podría vernos.
—Que vean lo que quieran —murmuró contra mi boca—. No me importa ya.
Esa tarde, me propuso lo que yo ya esperaba:
—No quiero que estemos así, escondiéndonos en hoteles. He pensado alquilarte un departamento. Nuestro lugar. Vendrás cuando quieras, yo iré cuando pueda. Nadie nos verá. Será solo nuestro.
Fingí dudar, mordiéndome el labio:
—No sé… ¿no es demasiado pronto? ¿Y si alguien descubre?
—Confía en mí —me acarició la mejilla—. Lo tendré todo bajo control. Nadie se enterará. Será tu refugio. Y el mío.
Bajé la mirada, como si aceptara con timidez:
—Está bien… si tú crees que es lo mejor.
Sonrió, satisfecho. Había dado el paso que yo quería. Su propio lugar, donde yo sería la dueña de todo lo que ocurriera. Donde podría escuchar, observar, guardar cada secreto.
Cuando salí de la oficina, caminé por los pasillos con la cabeza alta. Las demás becarias me saludaban, sin saber que yo ya estaba dentro, mucho más adentro de lo que podían imaginar.
Miré hacia la puerta de entrada. Algún día, Ariana cruzaría esa puerta y entendería que todo su mundo se le había escapado de las manos. Y cuando ese momento llegara… yo estaría ahí, sonriendo, esperándola.
El departamento sería el siguiente paso. Mi territorio. Y allí, poco a poco, sacaría a la luz todo lo que ocultaban.
es increíble como puede manipular así
espero con ansias los siguientes capítulos
con esa familia , y no termines vos perdiendo tu vida en una trampa de ellos 🤔😕