Un alma implacable despierta en un cuerpo ajeno.
Tras el trágico final de la antigua Aria Thorne, un espíritu frío, astuto y deslumbrante toma el control de su vida. Decidida a vengar el humillante pasado de la chica tímida, desmantela la arrogancia de Pietro y destroza la envidia de su hermanastra Chloe.
En la élite universitaria, la nueva Aria se convierte en una pesadilla intocable y despierta el peligroso deseo de Dante Vance. Sin romanticismos ni piedad, un juego de seducción y poder comienza.
La víctima murió... hoy reina la destructora.
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CAPÍTULO 5: La revelación
En el parqueadero VIP de la discoteca, el viento de la noche agitaba suavemente el cabello de Aria. Dante la había acompañado hasta su deportivo rojo, observándola con una mezcla de fascinación e intriga.
—¿Seguro que estarás bien? —preguntó Dante apoyándose contra la puerta del auto—. Puedo seguirte si quieres.
Aria sonrió con serenidad y señaló con la mirada a un auto negro estacionado a pocos metros.
—Estoy más que bien, Dante. Mi papá mandó a su personal de seguridad a custodiarme a distancia. Sé cuidarme sola.
Dante alzó una ceja, impresionado. Aria dio un paso hacia él, tomándolo por las solapas de su chaqueta de cuero para acortar toda distancia. Dante se tensó, esperando el beso en los labios, pero Aria se inclinó con absoluta coquetería y le plantó un beso tibio y prolongado justo en la comisura de la boca.
Un corrientazo eléctrico recorrió a Dante, dejándolo completamente encendido y sin aliento.
—Buenas noches, Dante... —susurró ella al oído antes de subirse al deportivo, encender el motor y perderse en la noche, dejándolo con la mirada fija en la carretera.
Minutos después, Aria estacionó en la mansión Thorne. Subió las escaleras a paso firme hacia su habitación, pero antes de llegar a la puerta, el taconazo furioso de Chloe resonó a sus espaldas.
—¡Tú! ¡Eres una maldita zorra! —gritó Chloe fuera de sí, alcanzándola en el pasillo con el rostro desencajado de la furia.
Aria se giró lentamente, mirándola con una frialdad absoluta.
—¿Qué estabas haciendo con Dante? ¡Sabes perfectamente que él me gusta a mí! —chilló Chloe insultándola sin control—. ¡Crees que por ponerte un poco de maquillaje y ropa nueva ya te ves bonita! ¡No eres más que una perra desesperada por atención!
Aria no dijo una sola palabra. Mantuvo el silencio, dio un paso hacia ella y, sin previo aviso, ¡ZAS!... le acomodó una cachetada monumental que retumbó en todo el segundo piso.
El impacto fue tan seco que mandó a Chloe directo al suelo, sujetándose la mejilla ardiente entre lágrimas.
—¡AAAAAAGH! —chilló Chloe dramáticamente desde el piso.
El escándalo hizo que Victoria y Arthur Thorne salieran de inmediato de sus habitaciones. Victoria bajó corriendo las escaleras con el rostro lleno de angustia al ver a su hija tirada en el piso.
—¡Chloe! ¡Dios mío! ¿Qué pasó aquí? —exclamó Victoria auxiliándola.
Chloe, al ver a Arthur llegar, cambió su semblante de furiosa a una víctima indefensa. Sollozó con fuerza, apretándose la mejilla roja.
—¡Papá! No sé qué le pasa... ¡Yo solo me acerqué a preguntarle cómo le había ido y me agarró a golpes sin razón! —mintió Chloe con voz temblorosa.
Arthur frunció el ceño, mirando a su hija mayor.
—Aria, ¿qué significa esto? ¿Por qué le pegaste a tu hermana?
Aria ni se inmutó. Se cruzó de brazos y miró a su padre con burla.
—Pues pregúntale a tu hijastra por qué anda de arrastrada por un chico que ni la determina. Como el muchacho estuvo conmigo en la fiesta y me habló toda la noche, vino a insultarme y a decirme de todo por sus celos enfermos.
Arthur miró a Chloe, notoriamente molesto por la revelación.
—¿Eso es verdad, Chloe?
—¡No, papá, claro que no! —chilló Chloe desesperada—. Todos saben que a mí me gusta Dante desde hace años... ¡Ella solo se le acercó para hacerme daño a mí! —Chloe miró a Aria con ojos llorosos y manipuladores—. Yo no sé por qué me odias tanto, hermana... si yo lo único que quiero es estar cerca de ti.
Arthur suspiró con pesadez y miró a Chloe con dureza.
—A ver, Chloe... ¿Dante es tuyo? Si ese muchacho no te presta atención, eso es estar de arrastrada, y no voy a permitir que una de mis hijas se humille de esa manera por ningún hombre.
Victoria apretó los dientes de la rabia al ver que Arthur no estaba castigando a Aria.
Aria, por su parte, soltó un bufido de aburrimiento. Aquel drama barato no le interesaba en lo absoluto.
—Bueno, qué pereza. Estoy muy cansada, me voy a dormir —soltó Aria dándoles la espalda sin pedir permiso, dejando a Arthur, Victoria y Chloe en el pasillo para que arreglaran sus miserias.
Entró a su cuarto, se dio un baño relajante y cayó en un sueño profundo.
Al día siguiente, Aria se levantó temprano. Hizo una rutina intensa de ejercicio en su habitación, se duchó y se arregló para su regreso a clases.
Eligió un atuendo fresco, juvenil y sumamente sexy: una minifalda que dejaba ver sus piernas perfectas, un top ajustado, una chaqueta moderna y unos zapatos deportivos impecables que le daban un toque casual y arrollador. Su cabello cobrizo caía en ondas brillantes y su piel lucía radiante.
Al bajar al comedor, Victoria y Chloe se quedaron de piedra. La envidia y la rabia les carcomían las entrañas al ver lo hermosa que se veía.
—Buenos días, papá —dijo Aria dándole un beso en la mejilla a Arthur—. Desayuno en la universidad, me voy ya.
Sin darle tiempo a nadie de seguirla o molestarla, caminó al garaje, subió a su deportivo y arrancó a toda velocidad. A Chloe no le quedó más remedio que irse sola en su propio auto, echando chispas.
Cuando el deportivo de Aria frenó frente a la Universidad San Carlo, el campus completo pareció detenerse.
Aria bajó del vehículo. Los estudiantes que estaban en el patio la reconocieron de inmediato: ¡era la diosa de la discoteca! Todos dieron por hecho que se trataba de una estudiante nueva o una modelo de intercambio. Mientras caminaba hacia el edificio principal, los piropos y murmullos llovían a su alrededor, pero ella ni los miró.
Cerca de la fuente principal, Pietro Visconti estaba reunido con su propio grupo de compinches y amigos populares. A su lado estaba Alessia Moretti, aferrada a su brazo.
Al ver pasar a la deslumbrante chica del cabello cobrizo, Pietro acomodó la postura de su chaqueta y le sonrió con arrogancia a sus amigos.
—Miren allá... —dijo Pietro en voz alta para que sus compinches escucharan—. Ahí viene otra que se viste así solo para llamar mi atención. A esta sí le voy a dar una oportunidad hoy.
Sus amigos soltaron risitas y le palmearon la espalda, seguros de que Pietro se saldría con la suya.
Sin embargo, Aria ni siquiera volteó a mirarlo. Siguió de largo, manteniendo un paso firme y coqueto que se dirigía directamente hacia el grupo de Dante, que conversaba a unos metros de ahí.
Todos los muchachos del grupo de Dante se quedaron tiesos al verla acercarse. Sin decir una sola palabra, Aria se paró frente a Dante, lo tomó del cuello y le zampó un beso apasionado en la boca frente a toda la universidad.
Un grito masivo, silbidos y una ovación estruendosa estallaron entre los estudiantes alrededor. Todo el mundo empezó a celebrar y aplaudir el arrojado gesto.
La sonrisa de Pietro se borró al instante. Su rostro se congeló en un gesto de absoluta estupefacción y furia al ver cómo la chica a la que pretendía humillar con su atención prefería irse a besar a su rival frente a todo el campus. Sintió una punzada rabiosa de envidia en el pecho.
A su lado, Alessia hervía en veneno. Sentía unos celos feroces al ver que todos los chicos de la universidad estaban babeando por esa desconocida, aclamándola como una reina, mientras que a ella nadie le prestaba la menor atención.
Dante, tomado por sorpresa por el beso, reaccionó al instante rodeándole la cintura con firmeza a Aria y devolviéndole el beso con intensidad. Cuando finalmente se separaron entre los aplausos de todos, Aria le sonrió con picardía.
—Buenos días... —dijo ella rozando sus labios.
Dante soltó una risa baja, mirándola con los ojos brillantes.
—Vaya... tú sí que sabes cómo sorprender a cualquiera.
Aria le tomó la mano con naturalidad.
—Vamos a clases —dijo ella guiándolo hacia el salón, dejando a Pietro masticando su rabia junto a sus compinches, a Alessia consumida por la envidia y a toda la universidad especulando sobre la pareja del momento.
El aula principal estaba a reventar de alumnos. Aria y Dante entraron tomados de la mano y se sentaron juntos en la parte trasera, captando la atención de todos.
El profesor entró al salón, puso sus carpetas sobre el escritorio y comenzó a tomar asistencia.
—Visconti, Pietro —llamó el profesor.
—Presente —respondió Pietro desde su asiento, sin despegar la vista de la chica cobriza.
—Moretti, Alessia.
—Presente —dijo Alessia con la voz apretada.
El profesor pasó varias páginas de la lista hasta llegar al final.
—Thorne, Aria.
El salón quedó en un silencio sepulcral, esperando que nadie respondiera como de costumbre o que llamaran a la chica tímida de siempre.
Aria se levantó ligeramente de su asiento, cruzó los brazos con elegancia y dijo con voz clara y firme:
—Presente.
El silencio en el aula fue absoluto. A Pietro se le cayó el bolígrafo de la mano y se le desfiguró el rostro. Alessia se puso pálida como un papel y Chloe apretó los puños debajo del pupitre.
Toda la universidad acababa de descubrir que la mujer deslumbrante de la fiesta era la misma Aria a la que solían despreciar.
Aria
Dante