Alex siempre creyó que obedecer a su Alfa era su deber. Entregado al Clan Sabio para pagar una deuda, soportó humillaciones, desprecios y castigos, convencido de que algún día Fernando comprendería su valor. Pero después de recibir un golpe injusto, algo cambia.
Una voz aparece en su mente.
La Diosa Lectora conoce sus secretos, revela las mentiras del clan y le muestra futuros que podrían convertirse en realidad. Por primera vez, Alex descubre que su sufrimiento no fue casualidad y que su origen guarda un secreto capaz de cambiarlo todo.
Con cada verdad, el Omega deja atrás al joven sumiso que todos podían pisotear. Ya no obedecerá ciegamente, ni permitirá que otros decidan su destino.
Mientras Fernando descubre demasiado tarde lo que perdió y Alejandro le ofrece un camino diferente, Alex deberá elegir entre la venganza, el amor y la libertad.
Porque esta vez, el Omega elegirá su propio futuro.
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Las primeras grietas
El silencio tras la partida del diplomático Julián era más pesado que el de una tormenta inminente. En el gran corredor de la Casa González, las palabras del enviado del Consejo resonaban como una advertencia inevitable: la influyente familia noble estaba bajo investigación formal y no podía ejercer ningún tipo de coerción sobre Alex.
En la habitación del ala oeste, Alex terminaba de organizar sus documentos sobre la mesa de madera. La venda en su nuca comenzaba a mostrar señales de una rápida cicatrización gracias al apoyo constante del sistema.
«Estatus del anfitrión: Fuerza física restablecida al 85%», resonó la voz del Sistema en su mente, cargada de satisfacción. «La influencia biológica de este alfa ha quedado reducida a cero. Además, la presencia del diplomático ha blindado tu seguridad. Si intentan tocarte un solo cabello, el Consejo de Clanes intervendrá militarmente.»
«Eso mantendrá a Doña Matilde a raya», pensó Alex con frialdad. «Pero la Casa Alba no se quedará de brazos cruzados al ver que sus ganancias se esfuman.»
«Notificación del Sistema: Detectada reunión de emergencia entre Héctor Alba y la Matriarca en el pabellón de té.»
Alex no necesitó moverse de su asiento. Con la habilidad de rastreo e intuición otorgada por el Sistema, las voces de la reunión llegaron a su mente con total nitidez.
—¡Es un desastre, Matilde! —exclamaba Héctor Alba en el pabellón de té, caminando de un lado a otro mentre la taza en su mano temblaba—. Si ese muchacho lleva las cuentas del fondo de su madre ante el Tribunal Superior, no solo tendré que devolver las cincuenta mil piezas de oro, sino que el Consejo embargará las tierras mineras del Clan Alba. ¡Iré a la ruina!
—Cálmate, Héctor —respondió Doña Matilde con una voz que pretendía ser firme, aunque el temblor de sus manos delataba su pánico—. Fernando sigue siendo un Alfa de alto rango. Si logramos que convenza a Alex de retirar la demanda a cambio de una pensión y la disolución silenciosa del matrimonio, todo esto se acabará.
—¿Convencerlo? —intervino una voz grave desde el umbral del pabellón.
Fernando González acababa de entrar. Su rostro reflejaba un cansancio acumulado y sus ojos de alfa mostraban una sombra de duda que la matriarca jamás había visto en él.
—¿Cómo pretenden que lo convenza? —preguntó Fernando, mirando fijamente a su abuela—. Durante tres años le dijimos que era insignificante, que su única función era pagar las culpa de su clan y criar a los hijos de Clara. Le impuse una marca por la fuerza mientras estaba inconsciente y permití que lo humillaran en este mismo salón. ¿Realmente creen que un par de palabras amables o unas monedas van a borrar eso?
—¡Es tu deber como cabeza de esta casa proteger nuestro nombre! —chilló la matriarca, golpeando el suelo con su bastón—. ¡Un omega no puede derrumbar dos clanes milenarios!
—Ese omega no solo conoce cada moneda que entró y salió de esta casa —respondió Fernando con crudeza—, sino que ya no me tiene miedo. Su aura no responde a mi mando y su mirada... su mirada me trata como si yo fuera un extraño.
En sus aposentos, Alex sonrió levemente.
«Misión Principal: Producir fracturas internas en la alianza de los Clanes. Progreso de la misión: 45.2%.» «Recompensa obtenida: Desbloqueo del archivo confidencial del Clan Alba.»
Un nuevo pergamino mental se abrió ante los ojos de Alex. Al revisarlo, sus pupilas se contrajeron ligeramente. No solo se trataba de deudas de juego; el documento revelaba que la muerte de su prima Clara, la Primera Luna, no había sido del todo accidental, y que el Clan Alba había ocultado el informe médico real para forzar la entrada de Alex a la Casa González como moneda de cambio.
«¡Vaya, vaya!», exclamó el Sistema en su mente, perdiendo el todo juguetón y adoptando un tono peligroso. «Parece que la 'santa' Primera Luna no murió por una enfermedad común. Tu propio padre y la matriarca ocultaron el diagnóstico para acelerar la transferencia de fondos. Alex, la podredumbre de estas familias es más profunda de lo que pensábamos.»
Alex cerró los puños lentamente, sintiendo cómo una resolución aún más oscura se apoderaba de su pecho.
—Pensaron que me estaban usando como un peón para cubrir sus crímenes —murmuró Alex contemplando la luz del atardecer a través de la ventana—. Pero muy pronto van a descubrir que el peón que dieron por muerto es quien va a derribar todo su tablero.