NovelToon NovelToon
CORAZÓN DE FUEGO

CORAZÓN DE FUEGO

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Héroes
Popularitas:79
Nilai: 5
nombre de autor: DARLIN VELASQUEZ

Una historia diferente, donde el amor y el sobrevivir van de la mano. 🥀

NovelToon tiene autorización de DARLIN VELASQUEZ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

REALIDADES

“De todos los poderes mágicos, reales o inimaginables, el amor es el más poderoso”

Ahora todo tenía sentido. No era del todo humana, y eso explicaba por qué siempre me sentí diferente. No era un fallo interno ni una rareza mía: era una señal. Por primera vez en mucho tiempo, esa idea no me asustó. Incluso pude sonreír al imaginarlo. Quizá tenía más poderes especiales de los que creía. Me visualicé sobrevolando la ciudad, o volviéndome invisible para infiltrarme en los lugares prohibidos, atravesando el muro sin miedo, sintiéndome… suficiente. Sí, suficiente.

Pero mi mente, como siempre, encontró algo más en qué preocuparse: cómo descubrir mis poderes. No tenía idea de por dónde empezar. Solo sabía que no quería convertirme en una especie de ser gigante y de piedra, como en esas viejas historias de héroes que alguna vez leí. No, gracias. Mi físico sí me importaba, al menos un poco.

Me levanté del mueble y dejé el vaso vacío sobre la mesa metálica. Apenas escuchaba lo que conversaban Keiren y el Bokly; sus voces se mezclaban con el zumbido constante de las máquinas del laboratorio. En lugar de unirme a su charla, preferí observar. Cada rincón del lugar parecía guardar un secreto. Había pantallas antiguas, cables enredados, frascos con líquidos brillantes y documentos apilados como si el tiempo no pasara por ellos. “Según lo que dijo VR15, este sería nuestro refugio… nuestra guarida secreta.” El pensamiento me hizo sonreír. Jamás imaginé tener una guarida. Ahora todo era diferente: el miedo se mezclaba con curiosidad, y la incertidumbre con un extraño tipo de esperanza. Tal vez, por primera vez, estaba exactamente donde debía estar.

—Cuando la sequía llegó, los mismos humanos entregaron el control al Gran Jefe. Se suponía que era una inteligencia artificial incapaz de ser cruel con nosotros… y no lo ha sido, pero nos ha limitado en todo. Y lo peor es que nos mintieron: sí podíamos volver a vivir como antes —dije, molesta, sintiendo cómo la frustración me recorría el pecho.

—Exacto, nos engañaron. Y han pasado tantos años así —replicó Keiren con un tono cargado de disgusto, sin lograr entender cómo habían permitido tanto—. La humanidad allá afuera —señaló hacia arriba, como si el exterior estuviera justo encima de nuestras cabezas— se volvió conformista. Y dudo que nosotros podamos hacer algo.

—Sí… suena imposible —agregó—. Yo los ayudaré. Tienen mucho en qué trabajar —suspiró el Bokly, como si cargara con el peso de verdades que nosotros apenas empezábamos a comprender.

—Espera… ni siquiera entiendo. ¿Por qué nosotros? ¿Y por qué ahora? —Keiren perdió la poca calma que tenía. Parecía abrumado, dando vueltas por el salón sin poder quedarse quieto, tocándose el cabello y respirando entrecortado.

—¿No escuchaste?… Nos crearon. Nos implantaron de alguna forma en el útero de nuestras madres. Y VR15 dijo que debíamos confrontarlas a ellas —afirmé con seriedad, sin apartar mi mirada del Bokly.

—Exacto. Estás muy atenta, Ámbar —dijo él, colocando su mano pesada sobre mi hombro. Sentí la firmeza de su toque, casi mecánico.

—¿Qué somos capaces de hacer? —pregunté con emoción genuina. Quería saberlo todo; quería entender por qué existíamos, qué hacía especial el simple hecho de ser “nosotros”.

Keiren bufó, molesto por la facilidad con la que yo aceptaba todo aquello. Era evidente que a él le costaba procesarlo. —¿Eso es lo que te importa?… Lo olvidaba, eres una niña estúpida —me insultó sin ningún remordimiento.

Me acerqué a él, tan cerca que pude ver cómo se tensaban sus cejas. Lo miré fijamente, sin titubear. —Tengo poderes igual que tú. Fuimos creados juntos. Hasta podríamos ser hermanos. Somos hijos de un científico —solté, molesta, pero serena, dejando la verdad caer entre nosotros como un golpe seco.

—No, no son hermanos —intervino el Bokly con firmeza—. Y creo que deben pensar muy bien las cosas. Les daré algo para que puedan comprender mejor esto. Luego vuelvan aquí; los estaré esperando… Así podremos hablar con tranquilidad.

Se dirigió hacia un archivador metálico, abrió uno de los cajones y sacó dos pequeñas esferas. Eran grises, como todo lo que nos rodeaba, pero tenían un brillo opaco distinto, como si guardaran algo en su interior, algo importante. Nunca había visto nada parecido.

—Cuando caiga la noche, estén solos y listos —explicó, señalando un diminuto botón en la superficie—. Presionen esto. Les ayudará a entender.

Colocó una esfera en mis manos y la otra en las de Keiren. Yo la recibí con emoción evidente, mis dedos temblaban ligeramente por la expectativa. Keiren, en cambio, la tomó con la misma expresión amarga que tenía desde que todo comenzó, atrapado entre el miedo y la duda.

Cuando salimos del laboratorio secreto, lo único que quería era largarme a mi casa. Tenía que hablar con mi madre; ella debía tener muchas respuestas para mí. Además, debía ir a cuidar de Axel: estar solo podría entristecerlo. Sin embargo, Keiren parecía tener cosas por decirme. Tal vez quería insultarme otra vez o quizá necesitaba respuestas, necesitaba desahogarse, porque estaba claro que todo lo ocurrido lo había abrumado más de lo que quería admitir.

—Espera —pidió apenas me alejé de él y del Bokly.

VR15 solo se marchó agitando su mano. Sus dos metros de altura ya no me intimidaban. Al contrario, por primera vez en la vida podía confiar en él. En un Bokly. Qué extraño pensar eso…

—¿Ahora qué quieres? —respondí con mala cara, cruzando los brazos, irritada.

—¿De verdad crees en todo lo que dijo ese Bokly? —señaló en dirección a mi mentor, que ya se perdía entre la multitud de personas y robots.

—Sí. ¿Por qué mentiría? Además… siempre he sentido que no pertenezco aquí —levanté los brazos, como protestando contra todo el gris que nos rodeaba—. Ahora todo tiene sentido.

—Pffff… No entiendo por qué estás tan feliz con eso —negó con la cabeza, frustrado—. Yo solo he sentido cosas extrañas en mí. Pero no creo que por eso sea un “elegido” —se pasó ambas manos por la cara, agotado.

—Mira, yo también tengo dudas. Esto es extraño, muchísimo. Pero no puedo negar que también me hace feliz —sonreí un poco—. ¿Cómo conociste a VR15?

La pregunta lo tomó desprevenido. Bajó la guardia. —Él me encontró hace unos meses, antes de que nos dieran nuestras funciones… antes de ir al vivero —confesó, algo incómodo—. Me dijo que venía algo grande para mí y que me buscaría de nuevo. Y hoy… justo después de hablar contigo, me pidió que viniera aquí —levantó los brazos, como diciendo “eso es todo”.

—Entiendo. Tú al menos tuviste tiempo de procesarlo. Yo me enteré hoy de todo —solté una risa corta, incrédula por la situación.

Él no rio. —Bueno… solo quiero ir a mi casa para entender mejor todo. Supongo que mi castigo será tener que aguantar a la única persona que entiende la magnitud de esta mierda. —señaló, poniendo los ojos en blanco.

Nunca se cansaría de despreciarme. —Lo mismo digo. Ten buena tarde, Keiren. Me alejé hacia mi cubículo, que estaba cerca. Él tomó la dirección opuesta, caminando lento, arrastrando los pies como si su mente pesara el doble.

Cuando llegué, aún no había rastro de mis padres ni de mis hermanos. Fui directo a mi habitación. Axel salió corriendo apenas escuchó mis pasos. Estaba tan feliz, lo noté en sus ojos brillantes como la luna. Lo tomé en mis manos y le di un beso en la cabeza. Había comido todo; su pancita se veía abultada. Me reí. Era tan tierno y gracioso. En el movimiento comenzó a emitir pequeños sonidos: tenía hipo. Mi corazón se estrujó de alegría.

Lo puse en su camita y me acerqué al espejo, el grande que tenía en la parte trasera de la puerta. Ahí estaba yo. Cansada por el trabajo, pero con los ojos brillando de emoción. Y también con tristeza. Aunque no lo demostrara, aún me dolía la muerte de la Vieja Cleta, mi abuela. El vínculo entre nosotras era tan grande que nada podría romperlo. Deseaba poder verla otra vez. Desde el fondo de mi pecho lo deseaba.

Suspiré y me miré en el reflejo. Observé mi cuerpo delgado y las pequeñas manchas oscuras bajo mis ojos, señales del cansancio acumulado. Mi cabello muy oscuro y lacio caía sobre mis hombros, enmarcando mi rostro delgado, con forma ligeramente alargada y un mentón algo puntiagudo. Mis cejas eran finas y arqueadas, y mis ojos grandes y azules destacaban con intensidad, como siempre lo habían hecho. Mi nariz era pequeña y delgada, acorde con mis rasgos suaves. Mi piel clara resaltaba aún más bajo la luz, tan pálida que parecía que el sol nunca hubiera logrado dejar marca en ella. Llevaba mi ropa de siempre: el suéter gris y los pantalones de algodón, sencillos y prácticos, igual que la vida que todos llevábamos ahora.

Escuché abrirse la puerta, eran mis hermanos y como se preguntaban porque estaba todo desorganizado, había algunos desastres por parte de Axel, quien había hecho sus necesidades por todo lado y arrancado algunas hojas puestas en la mesa de la sala. Yo había preferido ignorar aquel desastre.

— ¿Qué es esto? — dijo Ian, dirigiéndose a mi hermano mayor, yo me quedé en mi habitación escuchando su reacción ante lo que veían sus ojos. Axel se levantó sin emitir ningún ruido, pero alerta.

— No lo sé, parecen huellas, no entiendo. De pronto se metió una rata — contestó Zarek con tranquilidad. Fue entonces cuando tomé valor y salí corriendo hacia ellos.

—¡Ey! ¡Llegamos! ¿Dónde está mi hermana favorita? —gritó Zareck al entrar, seguido de Ian y Kaleth. Siempre llegaban juntos, como una manada pequeña.

—Soy la única que tienes, tonto —me lancé a abrazarlo, luego a mis otros hermanos.

Axel ladró, asustado al escuchar voces desconocidas. Se escondió detrás de mis piernas, pero luego salió corriendo a verlos.

—Estoy soñando —susurró Zareck—. Eso no puede ser real —dijo, señalando a Axel con su dedo índice, como si fuera un descubrimiento peligroso.

—¡Qué carajos! —exclamaron Ian y Kaleth al unísono. Desde pequeños tenían esa sincronía, tal vez porque eran gemelos.

Ian, con su complexión atlética, llevaba como siempre el gorro que cubría su cabello corto y oscuro. La barba corta que enmarcaba su mandíbula resaltó cuando abrió los ojos de par en par; incluso en momentos así, sus ojos oscuros parecían sonreír. Kaleth, a su lado, compartía la misma complexión fuerte, aunque su aspecto era un poco más juvenil gracias al cabello oscuro lleno de ondas que caía con volumen sobre su frente. A diferencia de su hermano, solo tenía una barba incipiente, apenas visible. Su sonrisa amplia apareció de inmediato, iluminando sus rasgos definidos, y sus ojos oscuros transmitían esa calidez que siempre lo caracterizaba.

—No lo asusten, él es Axel. Un nuevo integrante de la familia —lo levanté para que pudieran tocarlo. Su pequeña cola se movía emocionada y el hipo del cachorro hizo del momento algo más irreal.

Mis hermanos me miraban con sorpresa, asombro y un poco de miedo… pero también con la chispa de emoción que hacía mucho no veía en ellos. —Es hermoso —dijo Zareck con una sonrisa amplia mientras lo tomaba en sus brazos. Ian y Kaleth lo tocaban con suma delicadeza, como si Axel fuera una pequeña joya frágil y viva al mismo tiempo.

—No pregunten nada todavía —respondí con tranquilidad—. Creo que mi madre y yo tenemos mucho que contarles.

No quería explicar las cosas por partes. Lo mejor era que mi madre y yo aclaráramos todo al mismo tiempo: tanto a ellos… como a mí. Ella conocía mi origen, ella me llevó en su vientre, pero no era del todo mi madre biológica. Yo necesitaba saberlo todo: cómo comenzó, si fue ella quien decidió llevarme dentro, o si solo fue el destino… o más bien, la decisión de alguien más.

—Tiene unas manchas amarillas muy peculiares encima de sus ojos —comentó Kaleth, acercándose con más curiosidad que miedo.

Era cierto, no me había fijado bien. Parecían pinceladas suaves, una obra de arte dibujada por la naturaleza misma. Aunque mis hermanos no leían tanto como yo, conocían muchas cosas, y recordé cómo de niños jugábamos a que una almohada era nuestra mascota. La paseábamos por toda la casa, incluso le servíamos agua en un platito. Era un juego tonto y hermoso. Nos hacía sentir acompañados en aquel mundo tan gris. Hoy, por fin, teníamos algo real. Algo vivo. Teníamos a Axel en casa. Nuestra mascota. La primera criatura que devolvía algo de color a nuestras vidas.

La espera terminó cuando mis padres llegaron a casa. El momento de hablar finalmente había llegado. Aun así, sentía hambre, y supuse que mi familia también, incluso Axel. Preferí esperar a que todos estuviéramos llenos antes de afrontar lo que se venía. Mi papá aún no lo conocía, así que escondí a Axel para que fuera una sorpresa.

Cenamos algo parecido a una pasta. Sabía feo, como casi todo lo que comíamos, pero era lo único disponible. No es que alguna vez hubiera probado algo realmente delicioso. Pensaba en que, cuando recuperemos nuestra libertad, podría probar muchas cosas por primera vez. Estos días incluso había tenido pensamientos intrusivos: robar una naranja o una manzana del vivero. Verlas me apetecía tanto. Estaba cansada de la papilla artificial; quería comida real, fresca, jugosa. Cuando el mundo sea libre, cuando recuperemos el poder, tendré una granja. Lo visualizaba claramente: tierra fértil, comida abundante, animales… porque si Axel existía, otros animales también debían existir. Esa idea me llenó de esperanza e ilusión.

Cuando todos dejamos los platos vacíos, supe que era el momento. Habíamos hablado de cualquier cosa durante la cena, pero mi mente seguía atrapada en la misma duda. Esperé a que los gemelos rieran por última vez. Cuando quedamos en silencio, respiré hondo.

—Mamá… puedo preguntarte algo? —dije en voz baja, sin querer asustarla.

Ella levantó la mirada de inmediato. Siempre lo hacía cuando yo la llamaba así. Su sonrisa era suave, pero había un leve temblor en el borde de sus ojos. —Claro, hija. Dime.

Jugué un momento con mi servilleta entre los dedos, buscando la forma correcta de empezar. —He estado pensando en… en nosotros —murmuré—. En cómo soy diferente.

Ella entrelazó las manos sobre la mesa, atenta. —¿Te ha inquietado algo, mi amor?

—Sí —admití al fin—. Solo quiero entender. No es un reclamo… ni estoy molesta. Es solo… —tragué saliva— mamá, ¿tú… me tuviste igual que a los gemelos? ¿Igual que a Zarek?

Su respiración se detuvo apenas un segundo. Y ese segundo fue suficiente para confirmarlo.

—Tú no eres mi madre de la misma manera, ¿verdad? —pregunté finalmente, con suavidad, no con reproche.

El silencio se volvió denso, frío, casi cortante. Mis hermanos me miraron con asombro, incapaces de comprender. Mi madre, en cambio, bajó la mirada. Yo ya conocía esa expresión: culpa. Sabía de inmediato que ella entendía perfectamente a qué me refería.

—¿Cómo te has enterado? —preguntó con tristeza.

—Es que… ¿es cierto? —intervino Zarek—. Pensé que era una tontería…

Los gemelos solo parpadearon, confundidos. Nunca habían sido buenos para ocultar sus emociones.

—Sí —respondió mi madre finalmente, con firmeza—. Pensé que este día nunca llegaría… —sus ojos se llenaron de lágrimas—. Tengo miedo de perderte. Perdóname por no decirlo antes, pero no podía hacerlo.

Me tomó la mano con fuerza, como si temiera que pudiera alejarme.

—Dime cómo fue todo —pedí—. Realmente necesito saberlo. Necesito saberlo todo.

Todos estaban atentos, incluso mi padre, cuyo rostro era difícil de descifrar. Parecía dolido, confundido y en shock al mismo tiempo. Y mis hermanos… ellos se veían tristes, quizá pensando que me habían adoptado o que provenía de algún basurero. De niña solían decirme eso cuando peleábamos, porque yo era diferente. Mi cabello era igual al de ellos, castaño, pero mis ojos azules resaltaban demasiado entre los suyos, cafés y comunes. Me decían que no era su hermana verdadera. Que venía de la basura. Y ahora… empezaba a pensar que tal vez no estaban del

Mi madre inhaló profundamente. —Hace dieciocho años conocí a tu mentor, VR15. Me dijo que había sido elegida para algo importante. Para un proyecto científico. Analizó a muchas mujeres… y mi material genético era el que buscaba. No hice muchas preguntas. Solo acepté. Quería ser parte del cambio —su mirada se desvió hacia mi padre—. Sé que debí contártelo, amor, pero no podía. Ámbar debía parecer concebida igual que los gemelos y Zarek. Debía aparentarlo.

Mi padre habló con voz rota: —Sé que no me engañarías… pero ¿cuál era ese cambio tan importante como para ocultarlo tantos años?

—Ámbar fue creada en un laboratorio —dijo mi madre con delicadeza—. Diseñada para salvar a la humanidad. Mi respiración se detuvo un segundo. Mis manos comenzaron a temblar bajo la mesa.

—VR15 me llevó a un túnel subterráneo —continuó—. Me hizo poner de pie. Una máquina extraña escaneó mi cuerpo y luego colocó un aparato en mi cabeza. Solo duró un segundo. Después me dijo que estaba lista.

—¿Solo eso? —preguntó mi padre, incrédulo. Después su expresión se relajó un poco.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play