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Darien, El Gigante Con Corazón De Niño.

Darien, El Gigante Con Corazón De Niño.

Status: Terminada
Genre:Romance paranormal / Fanfic / Romance / Romance oscuro / Completas
Popularitas:2.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Tatiana.

Darien es el hijo mayor de Elara, heredera de la luz y la vida, y del Señor de las Sombras, soberano del reino de la oscuridad. Nació con una fuerza descomunal, una estatura que lo hace parecer un gigante, pero con un alma dulce, ingenua y sincera, como la de un niño que aún no conoce la crueldad total del mundo. Junto a él crecieron sus hermanos menores: Liora, que domina la magia de la naturaleza, y Kael, con el don de viajar entre sombras.
Cuando la paz entre los reinos se ve amenazada por fuerzas antiguas que buscan separar de nuevo la luz y la oscuridad, Darien es enviado a negociar una alianza con el reino de los inmortales, gobernado por la Reina Irina en el continente de Mordrasil. Pero Irina no es una simple soberana: es astuta, calculadora, y ha oído hablar de los peligros del linaje de Darien. Decide espiarlo, acercarse a él con fingida amabilidad para descubrir sus debilidades y sus secretos.
Contenido +18

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Torpeza, risas y miradas que cambian.

Los días fueron pasando y la rutina en el castillo de Vaelis se fue haciendo más llevadera, aunque nunca faltaba un momento de tensión o de diversión inesperada. Darien seguía siendo el centro de todas las miradas: ya no solo por su estatura imponente y su linaje temido, sino también por esa forma tan suya de moverse, hablar y actuar, que parecía no encajar en absoluto con la imagen que todos tenían de él.

Irina, por su parte, seguía observándolo, pero ya no con la intención estricta de vigilarlo como a una amenaza, sino con una curiosidad cada vez más fuerte. A menudo lo encontraba en rincones inesperados: en los establos, hablando con los caballos con una ternura que sorprendía a los cuidadores; en la biblioteca, sentado en el suelo porque las sillas le quedaban pequeñas, leyendo libros antiguos con una concentración infantil; o en los jardines, intentando aprender los nombres de cada flor y planta, aunque muchas veces terminaba aplastando una maceta sin querer al agacharse demasiado rápido.

Una tarde, se celebró una pequeña reunión en el gran salón para discutir los primeros puntos del tratado de alianza. Allí estaban los consejeros de la reina, los comandantes de su ejército y varios nobles de Mordrasil. Darien entró con su habitual precaución, inclinando la cabeza para no golpear el marco de la puerta, y caminó con pasos cortos hasta llegar al lugar que le habían indicado.

Todo parecía ir bien hasta que, al querer sentarse en el sillón que habían preparado para él —un mueble grande y reforzado expresamente—, calculó mal la distancia y se dejó caer con un poco más de peso del necesario. El sillón crujió con un sonido estruendoso, sus patas se doblaron y, en cuestión de segundos, el gigante se quedó sentado en el suelo, entre los restos de madera rota, con una expresión de sorpresa y vergüenza que lo hacía parecer un niño pequeño que acaba de romper un juguete nuevo.

En el salón se hizo un silencio absoluto. Los consejeros se quedaron con la boca abierta, sin saber si debían asustarse, reírse o pedir disculpas. Pero entonces, una risa clara y sonora rompió el silencio: era la Reina Irina, que no pudo contenerse al ver aquella escena.

—¡Por las sombras antiguas! —exclamó ella, secándose una lágrima de risa que se le había escapado—. Creo que en este castillo no hay mueble que resista más de tres días a vuestra presencia, Darien.

El gigante se puso de pie con rapidez, levantando los restos del sillón con una sola mano y dejándolos a un lado con cuidado. Sus mejillas estaban rojas como el fuego, y se rascaba la nuca con aire apenado.

—Lo siento mucho, majestad —dijo con voz grave, pero con un tono avergonzado que no podía ocultar—. De verdad creí que aguantaría. No calculé bien mi peso…

—No os preocupéis —respondió ella, aún con una sonrisa en los labios, y señaló con la mano un amplio banco de piedra que había contra la pared—. Usad ese. Es más antiguo que el castillo mismo y ha resistido guerras y tormentas; estoy segura de que aguantará mejor que cualquier madera.

Mientras Darien se acomodaba en el banco, los consejeros comenzaron a sonreír también, perdiendo un poco ese miedo y esa rigidez que sentían ante él. Ese pequeño incidente había roto parte de la barrera invisible que los separaba.

Pero no fue el único momento de torpeza. Al día siguiente, durante un recorrido por las bodegas del castillo para revisar las provisiones, Darien intentó levantar un barril lleno de vino para ver su peso. Lo hizo con tanta facilidad que, al no calcular la fuerza con la que debía sostenerlo, el barril se le escapó de las manos, dio un par de vueltas en el aire y terminó rodando por el pasillo hasta chocar contra una pila de cajas vacías, derribándolas todas con un estruendo.

—¡Otra vez! —exclamó él, desesperado, corriendo a recogerlas—. ¡Perdón, no quería hacer desorden!

Cuando Irina llegó atraída por el ruido, lo encontró ordenando todo con una delicadeza que parecía imposible en alguien de su tamaño, murmurando disculpas entre dientes. Al verla llegar, se quedó inmóvil, esperando un regaño, pero ella solo negó con la cabeza, sonriendo.

—Ya me he acostumbrado —le dijo ella—. Al menos sabemos que si alguna vez necesitamos mover una montaña o derribar una muralla, no tendremos problemas.

Darien soltó una risa suave, aliviado.

—Intentaré no derribar ninguna muralla, lo prometo —respondió él.

A medida que pasaban los días, esas escenas se repetían con frecuencia, y cada vez que ocurrían, la distancia entre ambos se hacía un poco más pequeña. Irina empezó a ver más allá de su apariencia imponente y de su sangre poderosa. Veía a alguien que se esforzaba constantemente por no causar daño, que se sentía culpable por errores sin importancia, que hablaba con sinceridad y que nunca utilizaba su fuerza para imponerse.

Por su parte, Darien también iba cambiando su visión de la reina. Al principio la veía fría, distante y desconfiada, como una gobernante que solo se preocupaba por el poder y las reglas. Pero poco a poco, descubría que bajo esa máscara de autoridad se escondía a alguien que había vivido siglos de soledad, que había tenido que ser dura para proteger a su pueblo y que muy pocas veces se permitía mostrar sus verdaderos sentimientos.

Una noche, mientras paseaban juntos por los jardines bajo la luz de la luna eterna, Irina se detuvo frente a un estanque de aguas oscuras y tranquilas.

—Me han contado muchas historias sobre vos y sobre vuestra familia —dijo ella en voz baja, sin mirarlo directamente—. Decían que Kaelan era un ser cruel, que vuestra madre era una hechicera peligrosa y que vos seríais la peor de las amenazas. Pero lo que veo no se parece en nada a lo que me contaron.

Darien se detuvo a su lado, sosteniendo el medallón en su mano con suavidad.

—Las historias suelen contar solo lo que la gente teme —respondió él con calma—. Mi padre es poderoso, sí, pero usa su fuerza para mantener el equilibrio. Mi madre me enseñó que la bondad no es debilidad, sino la forma más difícil de ser fuerte. Y yo… solo intento ser fiel a lo que me enseñaron.

Irina lo miró entonces, y por un instante, bajo la luz plateada, sus ojos ámbar se encontraron con los grises de él. En esa mirada ya no había desconfianza total, ni miedo, ni juicio. Había curiosidad, comprensión y algo más, algo que ninguno de los dos se atrevía a nombrar todavía.

—Creo —dijo ella lentamente— que tendré que reescribir mis propias historias sobre vos, Darien.

El gigante sonrió, una sonrisa amplia y sincera que iluminó su rostro.

—Espero que en esa nueva historia no haya tantos muebles rotos —bromeó él.

Ella soltó una risa suave, y por primera vez, se sintió realmente cómoda en su presencia. Sabía que todavía quedaba mucho por descubrir, que el camino hacia la confianza total sería largo, pero algo en su interior le decía que aquel gigante con corazón de niño no era lo que esperaba encontrar… y que quizás, sin buscarlo, había encontrado algo mucho más valioso que cualquier tratado o alianza política.

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Ana Mayer
se va y creo qué allá encontrará a su prometida ❤️❤️
Renata Mabel
toca esperar 👀
Renata Mabel
muy buena historia 👀
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