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La Vida Que Parecía Perfecta

La Vida Que Parecía Perfecta

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Fantasía LGBT / Enfermizo
Popularitas:350
Nilai: 5
nombre de autor: Adriana05

Una mujer atrapada en un matrimonio que dejó de hacerla feliz conoce a otra mujer que despierta en ella un amor inesperado, obligándola a enfrentarse a sus miedos, sus secretos y a las consecuencias de elegir entre la vida que construyó y el amor que jamás se atrevió a imaginar.

NovelToon tiene autorización de Adriana05 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: Diez años de silencio

Victoria no durmió aquella noche.

La fotografía seguía sobre la mesa.

Ella y Lucía.

Juntas.

Abrazadas.

Diez años atrás.

Victoria la tomó nuevamente.

La observó durante varios minutos.

Había algo en aquella imagen que le resultaba extraño.

No era simplemente el abrazo.

Era la forma en que ambas se miraban.

No era una mirada de amigas.

Era una mirada que Victoria, ahora, podía reconocer perfectamente.

La misma mirada que había visto en los ojos de Lucía aquella noche en el mirador.

La misma que había sentido sobre ella cuando se habían besado.

—¿Qué éramos? —susurró.

Entonces una imagen apareció en su memoria.

Un pasillo.

La universidad.

Lluvia golpeando las ventanas.

Lucía llorando.

Una maleta.

Y una frase.

“Prométeme que algún día me perdonarás.”

Victoria cerró los ojos.

La memoria desapareció.

—¿Por qué no recuerdo?

Se levantó rápidamente.

Fue hasta el cajón donde guardaba documentos antiguos.

Fotografías.

Cartas.

Recuerdos de la universidad.

Buscó durante varios minutos.

Hasta que encontró una caja vieja.

La abrió.

Había fotografías de cumpleaños.

Boletos de conciertos.

Notas.

Cartas.

Y entonces encontró un sobre.

Tenía escrito su nombre.

Victoria.

La letra era de Lucía.

Victoria sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.

Abrió el sobre.

Dentro había una carta doblada.

La leyó.

“Victoria:

Si algún día encuentras esta carta, significa que no pude decirte la verdad.

Sé que me odiarás.

Tal vez sea lo mejor.

No quiero que me busques.

No quiero que preguntes por mí.

Solo quiero que sigas con tu vida.

Algún día entenderás que alejarme fue la única manera de protegerte.

Perdóname.

Lucía.”

Victoria dejó caer la carta.

—¿Protegerme de quién?

Entonces escuchó un ruido detrás de ella.

Se giró.

Daniel estaba parado en la puerta.

Victoria se sobresaltó.

—¿Qué haces aquí?

—Me dejaste una copia de las llaves.

—Pensé que las habías devuelto.

—No todas.

Victoria sostuvo la carta.

Daniel la miró.

—¿Qué es eso?

—Una carta de Lucía.

—¿De hace diez años?

Victoria asintió.

Daniel entró.

—¿Qué dice?

—Que se fue para protegerme.

Daniel frunció el ceño.

—¿De quién?

—No lo sé.

Daniel tomó aire.

—¿Quieres que te ayude?

Victoria lo miró.

—¿Por qué?

—Porque esto ya no parece una simple historia de amor.

Victoria sintió un escalofrío.

—Yo tampoco sé qué es.

Daniel se acercó.

—¿Cuándo conociste realmente a Lucía?

—En la universidad.

—¿Y qué pasó entre ustedes?

Victoria negó.

—No lo recuerdo.

Daniel la observó.

—Eso es imposible.

—No.

—¿No recuerdas una relación de hace diez años?

—No sé si fue una relación.

—Entonces averigüémoslo.

Victoria levantó la mirada.

—¿Cómo?

Daniel señaló la caja.

—Empieza por ahí.

---

Pasaron las siguientes dos horas revisando fotografías y recuerdos.

Daniel no preguntó demasiado.

Victoria tampoco.

Pero poco a poco comenzaron a aparecer detalles.

Lucía estaba presente en casi todas las fotografías.

No como una simple compañera.

Estaba junto a Victoria en fiestas.

En viajes.

En reuniones.

En la universidad.

Incluso en fotografías familiares.

—Eran muy cercanas —dijo Daniel.

Victoria asintió.

—Muchísimo.

—¿Y después desapareció?

—Sí.

—¿Por qué?

—No lo sé.

Encontraron una fotografía tomada durante una fiesta.

Victoria tenía veinticuatro años.

Lucía estaba detrás de ella.

Ambas tenían copas en la mano.

Victoria sonreía.

Lucía la miraba.

En el reverso había una fecha.

14 de septiembre.

Victoria se quedó inmóvil.

—Es la noche anterior a que desapareciera.

Daniel la miró.

—¿Estás segura?

—Sí.

Entonces recordó algo.

Una canción.

Un jardín.

Una discusión.

Y una mano sujetando la suya.

Victoria cerró los ojos.

—Me estaba despidiendo de ella.

—¿Qué?

—Recuerdo algo.

—¿Qué?

—Ella me dijo que se iba.

—¿A dónde?

—No lo sé.

—¿Por qué?

Victoria negó.

—No puedo recordarlo.

Daniel tomó la fotografía.

—Tal vez alguien más estaba allí.

Victoria miró la imagen.

En el fondo aparecía un hombre.

No era Mateo.

Era alguien más.

Victoria acercó la fotografía a sus ojos.

—¿Quién es él?

Daniel amplió la imagen con su teléfono.

—No lo sé.

Victoria sintió un escalofrío.

El hombre estaba observándolas.

Y aunque apenas se veía su rostro, había algo familiar en él.

---

A la mañana siguiente, Victoria llamó a Lucía.

No contestó.

Volvió a llamar.

Nada.

Le escribió:

“Necesito hablar contigo.”

Cinco minutos después llegó una respuesta.

“Lo sé.”

Victoria respondió:

“¿Por qué te fuiste hace diez años?”

No hubo respuesta.

Esperó.

Diez minutos.

Veinte.

Una hora.

Finalmente:

“Porque te amaba.”

Victoria dejó caer el teléfono sobre la cama.

Volvió a tomarlo.

Leyó el mensaje otra vez.

Porque te amaba.

Sus manos comenzaron a temblar.

Escribió:

“¿Me amabas?”

La respuesta llegó inmediatamente.

“Sí.”

Victoria sintió que el aire desaparecía de la habitación.

“¿Y yo?”

Esta vez Lucía tardó más.

Mucho más.

Finalmente respondió:

“También.”

Victoria cerró los ojos.

Diez años.

Diez años de una historia que no recordaba.

Una historia que alguien había intentado borrar.

Escribió:

“¿Por qué no recuerdo?”

Lucía respondió:

“Porque te hicieron creer que nunca pasó.”

Victoria se quedó helada.

“¿Quién?”

Lucía tardó varios minutos.

Finalmente:

“No puedo hablar por teléfono.”

“Entonces dime dónde.”

“Ven sola.”

---

Victoria llegó al lugar indicado cerca del mediodía.

Era una antigua cafetería que ambas frecuentaban durante la universidad.

Lucía estaba sentada en una mesa del fondo.

Cuando Victoria entró, sus miradas se encontraron.

Lucía parecía nerviosa.

—Siéntate.

Victoria se sentó frente a ella.

Durante unos segundos ninguna habló.

Finalmente Victoria puso la fotografía sobre la mesa.

—¿Qué pasó esa noche?

Lucía miró la imagen.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Pensé que nunca la encontrarías.

—¿Qué?

—Esa fotografía.

—¿Qué significa?

Lucía respiró profundamente.

—Nosotras estuvimos juntas.

Victoria sintió un vacío.

—¿Como pareja?

Lucía asintió.

—Durante casi un año.

Victoria cerró los ojos.

—¿Por qué no recuerdo?

—Porque después de que me fui, alguien habló contigo.

—¿Quién?

—Tu madre.

Victoria abrió los ojos.

—¿Mi madre?

—Sí.

—¿Qué tiene que ver ella?

Lucía bajó la mirada.

—No quería que estuvieras conmigo.

—¿Por qué?

—Porque tenía miedo de lo que la gente pudiera decir.

Victoria sintió un nudo en la garganta.

—¿Y qué hizo?

—Te convenció de que yo estaba jugando contigo.

—¿Y yo le creí?

—Sí.

—¿Por qué?

Lucía sonrió con tristeza.

—Porque eras joven.

Victoria negó.

—No.

—Sí.

—Yo te amaba.

—Lo sé.

—Entonces ¿por qué te dejé?

Lucía guardó silencio.

—Porque te dijeron que yo tenía una relación con Mateo.

Victoria sintió un escalofrío.

—¿Mateo?

—Sí.

—¿Eso era mentira?

Lucía asintió.

—Mateo era mi amigo.

—¿Y después?

—Tu familia hizo todo lo posible para separarnos.

Victoria no podía creerlo.

—¿Por qué?

Lucía la miró.

—Porque no querían que estuvieras con una mujer.

Victoria se quedó completamente inmóvil.

Las palabras golpearon una parte de su memoria.

Su madre llorando.

Una discusión.

Una puerta cerrándose.

Una amenaza.

“Esto no puede seguir.”

Victoria se llevó una mano a la cabeza.

—Recuerdo algo.

Lucía se inclinó.

—¿Qué?

—Mi madre me dijo que si seguía viéndote...

Victoria cerró los ojos.

La memoria apareció nuevamente.

“Tu padre jamás lo aceptará.”

Lucía estaba llorando.

Victoria también.

“Es mejor que termines esto.”

—Me obligaron —susurró Victoria.

Lucía asintió.

—Sí.

—¿Y tú te fuiste?

—Sí.

—¿Sin despedirte?

Lucía negó.

—Te escribí una carta.

—La encontré.

Lucía se quedó sorprendida.

—¿La encontraste?

Victoria asintió.

—Pero dice que te fuiste para protegerme.

—Porque era verdad.

—¿De qué?

Lucía miró alrededor.

—De Mateo.

Victoria frunció el ceño.

—¿Qué tiene que ver él?

Lucía bajó la voz.

—Mateo sabía de nosotras.

—¿Y?

—Estaba obsesionado contigo.

Victoria sintió un escalofrío.

—¿Qué?

—Él sabía que yo te amaba.

—¿Y qué hizo?

—Me amenazó.

—¿Por qué?

Lucía respiró profundamente.

—Porque decía que si yo no desaparecía, iba a hacerte daño.

Victoria sintió que el mundo se detenía.

—¿Te amenazó con hacerme daño?

—Sí.

—¿Y nunca me lo dijiste?

—Quería protegerte.

Victoria la miró con lágrimas.

—Todos decían que querían protegerme.

Lucía bajó la mirada.

—Lo sé.

—Mi madre.

—Sí.

—Tú.

—Sí.

—Mateo.

Lucía negó.

—Él nunca quiso protegerte.

Victoria guardó silencio.

Entonces comprendió algo.

—El accidente...

Lucía levantó la mirada.

—¿Qué pasa con el accidente?

—¿Mateo me conocía?

Lucía no respondió.

—Lucía.

—Sí.

Victoria sintió que el corazón se le aceleraba.

—¿Estuvo relacionado conmigo?

Lucía respiró profundamente.

—Sí.

—¿Cómo?

—Mateo estaba buscándote.

—¿Cuándo?

—La noche del accidente.

Victoria sintió que el cuerpo se le helaba.

—¿Por qué?

Lucía comenzó a llorar.

—Porque quería encontrarte.

—¿Para qué?

—Para hablar contigo.

—¿Sobre qué?

Lucía miró directamente a Victoria.

—Sobre nosotras.

Victoria se quedó inmóvil.

—¿Qué pasó aquella noche?

—Mateo había descubierto dónde estabas.

—¿Dónde?

—En una fiesta.

Victoria recordó la música.

Las luces.

Lucía tomándola de la mano.

Y después...

Nada.

—¿Qué pasó?

Lucía tomó aire.

—Yo intenté impedir que te buscara.

—¿Y?

—Mateo se enfureció.

—¿Qué hizo?

—Se fue en su automóvil.

—¿Y tú?

—Fui detrás de él.

Victoria sintió un escalofrío.

—¿Por qué?

—Porque pensé que iba a encontrarte.

—¿Y entonces ocurrió el accidente?

Lucía asintió.

—Sí.

Victoria se quedó en silencio.

—Pero tú dijiste que él conducía.

Lucía bajó la mirada.

—Te mentí.

—¿Por qué?

—Porque hay algo más.

Victoria sintió miedo.

—¿Qué?

Lucía sacó un sobre de su bolso.

Lo colocó sobre la mesa.

—Esto nunca se lo enseñé a nadie.

Victoria lo abrió.

Dentro había una fotografía.

Era una fotografía de aquella noche.

Victoria apareció en ella.

Pero no estaba sola.

A su lado estaba Mateo.

Y detrás de ellos estaba Lucía.

Victoria sintió que el corazón le daba un vuelco.

—¿Qué hago con él?

Lucía la miró.

—Eso ocurrió minutos antes de que desaparecieras.

Victoria miró la fotografía.

Entonces recordó.

Mateo estaba discutiendo con ella.

Lucía intentaba acercarse.

Victoria decía algo.

Y después...

Una mano.

Un golpe.

Oscuridad.

Victoria se llevó ambas manos a la cabeza.

—Me hizo algo.

Lucía se levantó.

—Victoria.

—Me hizo algo.

—¿Qué recuerdas?

—Me golpeó.

Lucía palideció.

—¿Mateo?

Victoria asintió.

—Sí.

—No.

—Lo recuerdo.

—¿Qué más?

Victoria cerró los ojos.

Y entonces escuchó su propia voz en aquella memoria:

“¡Déjame!”

Después un golpe.

Luego Lucía gritando.

Y Mateo diciendo:

“Si no eres mía, no serás de nadie.”

Victoria abrió los ojos de golpe.

—Él me atacó.

Lucía se llevó una mano a la boca.

—Dios mío.

—Y tú estabas allí.

—Sí.

—¿Qué hiciste?

—Intenté detenerlo.

—¿Y después?

Lucía lloraba.

—Después te fuiste.

—¿Sola?

—No.

Victoria sintió miedo.

—¿Con quién?

Lucía tardó en responder.

—Con Mateo.

Victoria quedó paralizada.

—¿Qué?

—Te subió a su automóvil.

—¿Y tú?

—Fui detrás de ustedes.

—¿Y entonces?

—Fue cuando ocurrió el accidente.

Victoria no podía respirar.

—¿Qué pasó conmigo?

Lucía cerró los ojos.

—Eso es lo que nunca pude descubrir.

Victoria se quedó mirándola.

—¿Qué quieres decir?

—Cuando llegué al lugar del accidente, Mateo estaba inconsciente.

—¿Y yo?

Lucía comenzó a llorar.

—Tú no estabas allí.

Victoria sintió que el mundo desaparecía.

—¿Qué?

—Tu automóvil apareció abandonado a varios kilómetros.

—¿Mi automóvil?

—Sí.

—¿Y dónde estaba yo?

Lucía negó con la cabeza.

—Nunca lo supimos.

Victoria sintió un frío profundo.

—¿Entonces cómo terminé en casa?

Lucía la miró.

—Tu madre te llevó.

Victoria palideció.

—¿Mi madre?

—Sí.

—¿Y qué me dijo?

Lucía bajó la voz.

—Que yo había intentado hacerte daño.

Victoria sintió que las lágrimas caían.

—Me mintieron.

—Sí.

—Me hicieron olvidarte.

—Sí.

—Y durante diez años...

Lucía tomó su mano.

—Intenté encontrarte.

Victoria la miró.

—¿Por qué regresaste ahora?

Lucía se quedó callada.

—Lucía.

—Porque alguien volvió a buscarme.

—¿Quién?

Lucía miró hacia la ventana.

—Mateo.

Victoria sintió un escalofrío.

—Pensé que no sabías dónde estaba.

—No lo sabía.

—Entonces ¿cómo te encontró?

Lucía no respondió.

Su teléfono vibró.

Las dos miraron la pantalla.

Número desconocido.

Un mensaje.

“Ya le contaste suficiente.”

Lucía palideció.

Llegó otro.

“Ahora cuéntale lo que pasó después del accidente.”

Victoria levantó la mirada.

—¿Qué pasó después?

Lucía no respondió.

El teléfono volvió a vibrar.

Esta vez llegó una fotografía.

Victoria la abrió.

Era una imagen tomada diez años atrás.

Ella estaba inconsciente.

Acostada en una cama.

Y junto a ella había una persona.

Victoria acercó el teléfono.

No podía creer lo que veía.

—¿Quién tomó esta fotografía?

Lucía no respondió.

Victoria la miró.

—¿Quién?

Lucía comenzó a llorar.

—No lo sé.

—Entonces ¿quién estaba conmigo?

Lucía miró la fotografía.

Y finalmente susurró:

—Tu padre.

Victoria sintió que el corazón se le detenía.

Porque su padre había muerto hacía siete años.

Y en aquella fotografía, tomada diez años atrás, aparecía sosteniendo una carpeta.

Una carpeta que tenía escrito un nombre.

Lucía Morales.

Victoria levantó lentamente la mirada.

—¿Qué había dentro de esa carpeta?

Lucía negó con la cabeza.

—No lo sé.

—Entonces tenemos que descubrirlo.

Lucía tomó su mano.

—Victoria...

—No voy a volver a dejar que nadie decida por mí.

Pero ninguna de las dos sabía que, en ese mismo momento, alguien estaba observándolas desde el automóvil estacionado frente a la cafetería.

Alguien que llevaba varios minutos esperando.

Alguien que tenía una copia de aquella misma fotografía.

Y alguien que acababa de enviar un último mensaje:

“Si siguen buscando la verdad, las dos van a arrepentirse.”

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