NovelToon NovelToon
Arqueólogo Del Umbral El Gemelo Perdido Crónicas Del Eclipse — Libro I

Arqueólogo Del Umbral El Gemelo Perdido Crónicas Del Eclipse — Libro I

Status: En proceso
Genre:Fantasía épica / Mundo mágico / Reencuentro
Popularitas:152
Nilai: 5
nombre de autor: Benito Leal

Luciano creía ser un arqueólogo común, hasta que unas ruinas antiguas lo transportaron a un mundo de magia, monstruos y profecías. Allí, el Vigilante del Sello ve en él al gemelo perdido de una leyenda. Para sobrevivir, Luciano deberá dominar una magia ligada a sus emociones y forjar alianzas inesperadas. Pero su regreso ha despertado un viejo rencor: Blake Kane, su propio hermano gemelo, lo busca consumido por el odio y los celos. Mientras una antigua calamidad amenaza con destruirlo todo, ambos hermanos avanzan hacia un reencuentro que podría salvar el mundo... o reducirlo a cenizas. ¿Podrá Luciano reclamar su verdadero destino?

NovelToon tiene autorización de Benito Leal para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 5 - La caída de Aethra

Edran había esperado aquel Eco durante veinticuatro años.

Eso no significaba que confiara en el hombre que lo había traído consigo.

El desconocido tenía el cabello blanco de Maerys, una resonancia parecida a la de Elyra y polvo de un Arma Nodal muerta entre los dedos. También había aparecido junto a una criatura de Vaer-Nhal, en el punto exacto donde la antigua brecha acababa de estremecerse.

Un heredero, un señuelo o un recipiente.

Las tres posibilidades podían tener el mismo rostro.

Edran mantuvo el filo frente a su pecho y repitió la orden en lengua común.

—Arroja el arma.

El joven miró el pequeño instrumento metálico que sostenía.

—Esto sirve para abrir cajas y tomar malas decisiones. Llamarlo arma quizá sea demasiado generoso.

No entendía la lengua común.

Edran había pronunciado las palabras con claridad suficiente para descartar un error. Cambió a un dialecto mercantil del oeste, luego al habla cortesana de Saer-Nareth. El hombre respondió en todos los casos con la misma expresión alerta y una sucesión de sonidos sin significado.

Una lengua terrestre.

Aquello aumentaba la probabilidad de que fuera quien parecía. No la convertía en certeza.

Edran bajó apenas la punta de su arma y señaló el cúter. Después indicó el suelo.

El joven comprendió. Dejó el objeto con lentitud, aunque no apartó los ojos del bosque.

—Luciano —dijo, tocándose el pecho—. Luciano Grignani.

Edran no permitió que la sorpresa alterara su respiración.

No era el nombre que conocía.

Se señaló a sí mismo.

—Edran Vaelor.

—Edran —repitió Luciano con una pronunciación aceptable—. Excelente. Ya podemos decepcionarnos mutuamente de manera personalizada.

El tono parecía ligero; el pulso en su cuello no lo era. Edran reconoció la estrategia. Maerys también había bromeado cuando necesitaba impedir que el miedo decidiera por ella.

No era una prueba. Solo otra coincidencia peligrosa.

Un segundo rugido resonó entre los árboles. Edran recogió el cúter, lo examinó y se lo devolvió por el mango. Después señaló el sendero.

Luciano miró en la dirección contraria, donde la criatura se había convertido en humo.

—Sí, también prefiero alejarnos de eso.

Caminaron durante casi una hora.

Edran eligió una ruta circular, cruzó dos veces el mismo arroyo y activó marcas de vigilancia ocultas. Luciano advirtió el engaño antes del tercer desvío. Se detuvo, comparó la corteza de los árboles y mostró una muesca repetida.

—Estamos dando vueltas.

Las palabras seguían siendo incomprensibles. La acusación no.

Edran continuó sin responder.

La primera prueba no medía orientación. Medía reacción. Un agente entrenado habría fingido no reconocer el circuito. Un viajero indefenso podía enfadarse, suplicar o huir. Luciano sacó su libreta, trazó líneas mientras caminaba y empezó a registrar el trayecto.

Arqueólogo, pensó Edran al observar la precisión de los dibujos.

El dato coincidía con una de las imágenes fragmentadas que la brecha había dejado en el Eco: piedra roja, instrumentos sin resonancia y manos limpiando el arma de Maerys.

Llegaron al refugio cuando la primera luna superaba las copas.

Desde fuera parecía una roca cubierta de musgo. Edran apoyó la palma sobre una inscripción y pronunció una clave breve en Aetheryn. La superficie se abrió sin partirse.

Luciano olvidó el cansancio.

Se acercó demasiado. Observó los signos, la unión de la piedra y el desplazamiento del muro con el entusiasmo de alguien que acababa de encontrar una pregunta mejor que su miedo.

Edran entró y dejó que lo siguiera.

El refugio contenía agua, vendas, mapas y una mesa de prueba. Ningún objeto revelaba su relación con el Sello. Edran encendió una lámpara de brasa fría y señaló una silla.

Luciano se sentó. Tenía los labios pálidos, las manos temblorosas y una quemadura luminosa extendiéndose desde la herida del dedo hasta la muñeca.

El viaje había consumido su energía vital, tal como indicaba el polvo del arma. Sin tratamiento, quizá no sobreviviría a la noche.

Edran colocó frente a él tres recipientes idénticos. Uno contenía agua. Otro, una infusión contra la saturación. El tercero estaba vacío y llevaba una inscripción capaz de devolver al bebedor una imagen construida con sus propios temores.

Señaló los tres y luego la quemadura.

Luciano examinó el olor, el borde y el sedimento. Rechazó el recipiente vacío. Eligió el agua, humedeció apenas los labios y esperó antes de beber.

Desconfiado, observador y sin sensibilidad consciente a la magia.

Edran sustituyó el agua por la infusión correcta.

Luciano la olió otra vez.

—Si esto me mata, voy a dejar una reseña terrible.

Bebió.

El temblor disminuyó. Edran abrió la libreta que había tomado durante la prueba del recipiente. Esperaba mapas o códigos. Encontró dibujos de estratos, medidas, perfiles de cerámica y la cámara octogonal de Cava Rossa. Luciano se levantó de inmediato para recuperarla.

Edran alzó una mano.

En una página aparecía una familia alrededor de una mesa: un hombre con herramientas, una mujer rodeada de cuadernos, una joven con una cámara y Luciano en medio de ellos. Los nombres estaban escritos junto a cada figura.

Paolo. Elena. Sofía.

El joven señaló el dibujo y después se tocó el corazón.

No necesitaban compartir idioma para que Edran comprendiera.

Aquellas personas eran su hogar.

Un impostor podía memorizar nombres, pero la brecha había abierto sin aviso. No habría tenido tiempo para fabricar años de notas, fotografías pegadas y manchas acumuladas en un objeto terrestre. Edran devolvió la libreta.

Luciano la apretó contra el pecho antes de guardarla.

La segunda prueba había terminado.

Para la tercera, Edran extrajo una caja protegida por tres cierres. Dentro reposaba un fragmento de cristal blanco procedente del primer santuario de Elyra. No contenía poder suficiente para despertar una herencia, pero reconocía las resonancias que habían pertenecido a su portadora.

Lo dejó sobre la mesa.

Luciano inclinó la cabeza. El cristal permaneció inerte.

Edran esperó.

Nada.

El cabello, el Eco y el arma señalaban hacia la Luz. La reliquia, en cambio, no reconocía al joven.

O alguien había fabricado una imitación extraordinaria, o la herencia de Elyra estaba dormida a una profundidad que ni siquiera sus vestigios podían alcanzar.

Luciano extendió una mano.

Edran interpuso el arma.

—No.

La palabra no necesitó traducción.

Luciano retiró los dedos y observó el cristal desde distintos ángulos. Luego dibujó su inscripción sin tocarlo. No parecía decepcionado por la ausencia de reacción porque ignoraba que debía producirse alguna.

Edran sintió algo parecido al alivio.

La Luz no había despertado.

Todavía.

A cientos de kilómetros, en el corazón de Aethra, una inscripción corrupta entró en contacto con la red de Nexos de la orden.

Edran no vio al primer Aethari desplomarse ni las líneas negras avanzar bajo el suelo de la cámara de reunión. No oyó las alarmas quedar atrapadas en un ciclo silencioso. Pero el sello de comunicación sujeto a su antebrazo perdió una de sus ocho pulsaciones.

Después perdió otra.

Edran se volvió hacia la puerta.

El tercer pulso se apagó.

Luciano percibió el cambio en su postura y dejó de dibujar.

Edran tocó el sello de comunicación. Pronunció la llamada de Aethra una vez, luego una segunda. Ninguna voz respondió.

Solo llegó una vibración enferma, descompasada, como si toda la isla estuviera respirando a través de un pulmón ajeno.

La red Aethari había dejado de responder.

1
Milaidys Santana
Un inicio lleno de acción y drama... espero leer más /Ok/
Wilken Blanco
Interesante inicio, rápido y lleno de acción e intriga. Espero leer que más tienes para escribir.
Benito Leal: Muchas gracias por leer, espero que en los próximos capítulos puedas disfrutar de toda la magia que tiene este mundo
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play