NovelToon NovelToon
GRABADA EN TU PIEL. LA AMNESIA DEL CEO.

GRABADA EN TU PIEL. LA AMNESIA DEL CEO.

Status: Terminada
Genre:Romance de oficina / Amor a primera vista / Pérdida de memoria / Completas
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Sofía Miller, la brillante directora creativa de Big Eye Creative, y Sebastián Lombardi, el reservado CEO que lucha por salvar la empresa de su padre, se ven obligados a trabajar juntos. En el proceso, la tensión laboral se transforma en un amor apasionado. Sin embargo, la misma noche en que él le propone matrimonio, un rival provoca un trágico accidente de coche.Al despertar, Sofía recibe un doble impacto: Sebastián está en coma y ella espera un hijo suyo. Un año después, el CEO abre los ojos, pero una amnesia severa ha borrado su último año de recuerdos. Sebastián no reconoce a Sofía y cae en las redes de Daphne, su calculadora exprometida que vuelve para quedarse con su fortuna.Protegida en secreto por el abuelo de su bebé, Sofía regresa a la oficina y a la clínica para dar una batalla silenciosa. ¿Podrá el recuerdo de su amor y el latido de su hija Lucía romper el hielo de su memoria, o se perderá para siempre? Una historia de traición, intriga y reconquista.

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 1. EL PESO DE LAS MIRADAS

Me llamo Sofía Miller y tengo 28 años. No me considero una modelo de pasarela, pero sé que soy atractiva. Tengo el cabello castaño y siempre lo llevo largo; me encanta recogerlo en un moño improvisado cuando la presión aumenta en la oficina. Mis ojos son de un color pardo bastante común, pero son grandes, muy expresivos y capaces de delatar cada una de mis emociones. Mi nariz es un poco chata y mis labios son semicarnosos. Aunque tengo buenas curvas, la mayor parte del tiempo quedan ocultas bajo los aburridos trajes de sastre que utilizo para trabajar.

Vivo en un pequeño estudio que alquilé hace un par de años. Mis amigas siempre bromean diciendo que vivo en una lata de conservas, pero para mi gato Oddie y para mí es más que suficiente. El espacio es reducido pero acogedor: un pequeño salón con un sofá cama para las noches de películas con las chicas, una mesa de centro y una barra americana que separa la sala de una cocina moderna y equipada. A decir verdad, casi nunca cocino allí. Lo que más amo de mi hogar es la gran terraza de la planta baja; la tengo llena de flores que le dan vida al lugar y me permiten respirar aire fresco al llegar a casa.

Desde hace cinco años, mi vida gira en torno a Big Eye Creative, una de las agencias de publicidad más importantes del país. Entré aquí para hacer las prácticas del último año de mi doctorado en Marketing y Publicidad. Al terminar, los directivos quedaron tan encantados con mis ideas y mi forma de trabajar que me ofrecieron un contrato permanente en el departamento creativo.

Hace dos años, Antón, el antiguo director del área, decidió jubilarse. Para sorpresa de muchos, me propuso a mí como su sucesora. Al principio fue muy duro. Había compañeros con mucha más antigüedad que esperaban quedarse con el puesto y me miraban con recelo. Sin embargo, a base de esfuerzo y empatía, logré ganarme su respeto. Hoy en día, nuestro departamento es el verdadero corazón de la empresa.

Mi rutina de casa al trabajo y del trabajo a casa se rompió por completo esta mañana. Estaba terminando de arreglarme cuando mi teléfono sonó con insistencia. Era Gladis, mi secretaria, con la voz notablemente alterada. Me comunicó que el presidente de la compañía había convocado a una reunión urgente en la sala de juntas.

Aquello me dejó helada. El gran jefe casi nunca se presentaba en el edificio; siempre enviaba a su asistente personal para que lo representara en los asuntos cotidianos. Si se tomaba la molestia de venir en persona, significaba que algo verdaderamente grave estaba ocurriendo. Apagué la cafetera de inmediato, tomé mi bolso, las llaves del coche y salí volando hacia la oficina con el corazón acelerado.

Al bajar del ascensor, Gladis ya me esperaba con un rostro lleno de ansiedad. Me entregó un café para calmar mis nervios, tomó mi chaqueta y me guio a toda prisa hacia la sala de juntas. Al entrar, el ambiente se sentía denso. Todos los directores de departamento ya estaban sentados, compartiendo miradas confusas y murmullos de preocupación.

El único asiento disponible era al lado de Tom, el director de contabilidad. Me apresuré a ocuparlo, pero con las prisas tropecé con la pata de la silla. El vaso de café se tambaleó en mi mano, a milímetros de derramarse sobre la gigantesca montaña de carpetas y balances financieros que Tom tenía ordenados con pulcritud.

—¡¿Qué haces, Sofía?! —exclamó Tom, casi gritando y apartando sus papeles con brusquedad—. Ten más cuidado. Pudiste haber estropeado todos mis informes de un solo golpe.

—¡Disculpa, fue un accidente! ¡Tampoco es para que te pongas así, Tom! —respondí molesta, sintiendo cómo mis mejillas se teñían de rojo al notar que el resto de los directores habían dejado de hablar para mirarnos.

—¿Que no es para tanto? —contestó él de forma airada, con una sonrisa amarga—. ¿Acaso tienes una mínima idea de lo que significan estos informes? ¿De lo que habrías causado si los destruyes? Claro, lo olvidaba. Lo tuyo es solo hacer dibujitos y anuncios bonitos. De números reales no tienes la menor idea.

—No te permito que me grites ni que desprecies mi trabajo —repliqué firmemente, sosteniéndole la mirada—. Los accidentes ocurren. Por suerte reaccioné a tiempo y no pasó nada, así que deja de ser tan dramático y regresa a tus queridos papeles.

—Lo que tú digas. No voy a perder el tiempo discutiendo contigo —sentenció Tom, hundiendo de nuevo la cabeza entre sus balances.

Los murmullos de la sala regresaron poco a poco. Yo me quedé estática, observando el perfil rígido de Tom. Me dolió el pecho al preguntarme si algún día volvería a ser el chico alegre, tierno y divertido del que me había hecho amiga durante mi primer año de prácticas.

En ese entonces, Antón había enfermado y Tom, que también tenía estudios en Marketing, asumió la supervisión de mi proyecto para una marca de comida para mascotas. Yo estaba tan obsesionada con dar una buena impresión que pasaba los días sin comer ni dormir. Una tarde, al salir de su despacho, me mareé por la debilidad y Tom me sostuvo en sus brazos antes de que tocara el suelo.

Desde ese día, él se convirtió en mi guardián. Pasaba por mí a casa, se aseguraba de que desayunara y almorzábamos juntos. Nuestra amistad se volvió idílica, o al menos eso creía yo. Todo cambió un viernes por la noche, tras una cena en un restaurante italiano. Al dejarme en mi estudio, Tom me tomó de la cintura y me besó. Yo me aparté, sorprendida. Él me confesó que me amaba, pero yo solo podía verlo como un gran amigo. Su mirada se llenó de una tristeza profunda y se marchó. Desde ese momento, la calidez se transformó en la distancia helada que nos separaba hoy.

El eco nítido de la puerta principal al abrirse interrumpió de golpe mis dolorosos recuerdos. Toda la sala guardó un silencio sepulcral instantáneo.

Mis ojos se clavaron de inmediato en el imponente hombre que cruzaba el umbral. Era alto, de espaldas anchas y portaba un traje oscuro perfectamente entallado que gritaba autoridad. Tenía el cabello negro como el azabache, unos ojos profundos de color café y una mandíbula fuerte adornada con un hoyuelo que le aportaba un atractivo sumamente varonil. Su sola presencia parecía absorber todo el aire de la habitación.

—Buenos días a todos —pronunció con una voz firme y varonil que resonó en las paredes—. Soy Sebastián, el CEO de la empresa. Como ya estamos todos los que debemos estar, daremos inicio formal a la reunión.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play