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La Serpiente Que Revolucionó El Mundo Bestia

La Serpiente Que Revolucionó El Mundo Bestia

Status: En proceso
Genre:Bestia / Romance / Mundo de fantasía
Popularitas:6.6k
Nilai: 5
nombre de autor: ska

Despreciada por su linaje de serpiente y desterrada por las intrigas de una hembra celosa, Serena despierta los recuerdos de su vida pasada como médica e ingeniera agroindustrial. En lugar de dejarse morir en el bosque peligroso, decide que el barro es el mejor aliado y la ingeniería su salvación. Al rescatar al general del Clan Águila, no solo se gana el corazón de un temible y tímido depredador, sino que inicia una revolución agrícola, médica y militar que cambiará el Continente de las Bestias para siempre, desafiando las tradiciones de la poligamia y demostrando que la inteligencia es el arma más letal de todas.

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CAPÍTULO 22

El sol de la mañana apenas comenzaba a calentar las frías estructuras de piedra del Gran Nido cuando Serena inició su primera jornada de inspección oficial. Vestida con su acostumbrada falda cómoda y su top de lino, con sus escamas perladas destellando suavemente bajo la brisa pura de la montaña, la joven serpiente caminaba con el paso decidido de un médico jefe entrando a una sala de emergencias abarrotada.

A exactamente dos pasos tras de ella, erguido en sus colosales dos metros de estatura, avanzaba el General Aquiles.

El terror de las fronteras no llevaba hoy su espada de combate ni su lanza de guerra. En su lugar, el imponente príncipe heredero sostenía con extrema delicadeza contra su amplio pecho masivo una libreta de notas hecha con tablillas de bambú y un pincel de tinta vegetal. Sus colosales alas castañas y doradas se mantenían entreabiertas en una postura de alerta máxima, mientras sus ojos dorados escudriñaban cada rincón del trayecto.

Cualquier noble o soldado que intentaba acercarse a más de tres metros para curosear a la "mentora terrenal" recibía de inmediato una mirada de Aquiles tan glacial y letal que los desdichados daban media vuelta y salían huyendo a toda prisa.

—Aquiles, deja de mirar a los guardias como si fueras a decapitarlos por respirar el mismo aire que yo —dijo Serena sin volverse, anotando mentalmente las dimensiones de una explanada de piedra.

El gigante de los cielos dio un pequeño salto de sorpresa, y el tono rosado en sus orejitas de plumas apareció al instante.

—Yo... solo estoy protegiendo tu perímetro de trabajo, Serena —respondió Aquiles con voz suave y tímida, bajando la mirada hacia su libreta de bambú—. Los nobles de la corte son... persistentes. No quiero que interrumpan a mi... a la reina de la ciencia.

Serena se detuvo en seco. Se giró lentamente, apoyó las manos en sus caderas y arqueó una ceja con una sonrisa cargada de pura picardía.

—¿'Reina de la ciencia'? —repitió Serena, saboreando las palabras con coquetería—. Vaya, pajarito... no sabía que ya me habías coronado en tu mente. ¿Ese es mi título oficial en tu nido o solo un apodo cariñoso para cuando estemos a solas?

El rubor en las orejas de Aquiles sufrió un cortocircuito inmediato, extendiéndose en un carmesí violento por todo su cuello moreno hasta la punta de sus pómulos. Sus plumas se erizaron de puro pánico social.

—¡Es... es una descripción técnicamente precisa de tus capacidades intelectuales! —balbuceó el general, sosteniendo la libreta de bambú frente a su rostro para intentar esconder la vergüenza—. ¡Un título honorable de nivel administrativo!

—Claro, administrativo —rio Serena, dando dos pasos hacia él y rozando con la punta de sus dedos el codo del gigante, sintiendo cómo los músculos del guerrero se tensaban al instante ante su contacto—. Me encanta lo formal que te pones cuando te mueres de vergüenza. Ahora, anota en tu 'tablilla administrativa', asistente mío. Primera parada: las cocinas reales.

Aquiles asintió de forma frenética, obedeciendo de inmediato mientras la seguía al interior de los amplios recintos gastronómicos del palacio.

Lo que Serena encontró en las cocinas del clan no fue simplemente una deficiencia culinaria; para sus ojos de médica, era una escena de crimen nutricional.

Enormes mesas de piedra estaban repletas de grandes cortes de carne de venado, roedores de montaña y aves silvestres, la mayoría servida cruda o apenas chamuscada al fuego. No había una sola hoja verde, ni un solo tubérculo, ni rastro de frutas ricas en vitamina C. Lo único que acompañaba la carne era grasa animal acumulada y tazones de sangre salada.

Serena tomó un trozo de carne cruda con la punta de dos dedos, inspeccionándolo con profunda repulsión clínica.

—Esto es un desastre metabólico —declaró Serena en voz alta, haciendo que los cocineros reales se encogieran de miedo tras los fogones—. Carnes crudas sin cocción adecuada, cero fibra vegetal, ausencia total de ácido ascórbico... Aquiles, anota: 'El Clan Águila padece de escorbuto inminente y una eficiencia metabólica lamentable'. Es un milagro que sus guerreros no se estén cayendo a pedazos por encías sangrantes y debilidad muscular.

Un anciano chef del palacio, armado con un enorme cuchillo de trinchera, dio un paso al frente con indignación.

—¡Protesto! —exclamó el chef—. ¡Los guerreros de los cielos comemos la carne roja y fresca de nuestras presas para mantener la furia de la caza! ¡Las plantas son para las bestias que se arrastran por el barro!

Antes de que Serena pudiera responder, una sombra colosal se proyectó sobre el chef.

Aquiles se interpuso entre el cocinero y Serena. El general no dijo una sola palabra, pero desplegó sus alas doradas en toda su envergadura, llenando el espacio de la cocina, y miró al anciano chef desde sus dos metros de altura con una expresión de ultratumba. El frío que emanaba de sus ojos dorados hizo que el cocinero soltara el cuchillo, el cual cayó al suelo con un tintineo metálico.

—La Mentora Serena... está haciendo un diagnóstico médico —dijo Aquiles con una voz tan grave y pausada que hizo vibrar las vasijas de barro—. Si vuelves a alzarle la voz a la mujer que salvó mi vida... te enviaré a cazar venados a la frontera glaciar con las manos atadas. ¿Entendido?

El chef asintió torpemente, pálido como la nieve.

Serena se asomó por detrás de la enorme espalda de Aquiles, dándole un golpecito juguetón en la cadera con su codo.

—Tranquilo, pajarito de combate, no hace falta que lo ejecutes —dijo Serena con tono dulce y burlón—. El pobre hombre solo sufre de ignorancia nutricional.

Se giró hacia los cocineros, apoyando los puños sobre la mesa de trabajo con una autoridad implacable.

—A partir de hoy —anunció Serena—, la carne se cocina a temperaturas de pasteurización básica para eliminar parásitos. Y cada ración de combate irá acompañada de infusiones de pino, raíces hervidas y las verduras que vamos a cultivar en las laderas. El que no se coma sus vegetales, no sale a volar. ¿Queda claro?

—¡Sí, Mentora! —corearon los cocineros al unísono, haciendo una reverencia aterrorizada.

La siguiente parada de la inspección fue el sistema de almacenamiento de agua. Serena caminó hasta las grandes cisternas subterráneas talladas en la roca del castillo. Al asomarse, observó el agua de glaciar estancada, donde pequeñas partículas de verdín y sedimentos flotaban en la superficie por la falta de circulación y filtración.

—Agua estancada a temperatura ambiente —suspiró Serena, negando con la cabeza—. El criadero perfecto para bacterias enteropatógenas.

Se dio la vuelta y se encontró a Aquiles mirándola fijamente desde arriba. El general había aprovechado que ella estaba concentrada observando el agua para contemplarla en silencio. Admiraba el modo en que sus pestañas temblaban levemente por la concentración, la elegancia de sus escamas perladas en las sienes y la pasional seguridad con la que arreglaba el mundo a su alrededor.

Al darse cuenta de que ella lo había atrapado mirándola, Aquiles volvió a ponerse rígido como una estaca, fingiendo que escribía febrilmente en la tablilla de bambú.

—A-Anotado... —dijo a toda prisa el gigante—. 'Agua... estancada... mala'.

Serena no pudo evitar soltar una risita clara y cristalina. Se acercó a él con paso lento, acortando la distancia hasta que su pecho casi tocaba la túnica de gala del general. Levantó la barbilla para mirarlo a los ojos, disfrutando de cómo el corazón de Aquiles comenzaba a martillear contra sus costillas.

—¿Sabes, pajarito? —susurró Serena con una voz baja, cargada de una picardía deliciosa—. Para ser un temible general de división que asusta a los cocineros con la mirada, te vuelves increíblemente torpe cuando estás a solas conmigo. Me pregunto qué pasaría si en lugar de inspeccionar el agua... decidiera inspeccionar tus signos vitales en este momento.

Aquiles tragó saliva con dificultad. Sentía el calor de la piel de Serena, su aliento fresco a menta silvestre y la devoción aplastante que lo consumía por dentro.

—Mis... mis signos vitales... están ligeramente alterados por la altitud —alcanzó a mentir el gigante, con las orejas de plumas temblando en un tono rosa encendido.

—Mmm... seguro que es por la altitud —dijo Serena, dándole un pequeño toque con la punta de su dedo en el centro del pecho de Aquiles, justo sobre su corazón desbocado—. Tu pulso está por encima de los ciento veinte latidos por minuto, General. Diagnóstico clínico: ataque agudo de nervios provocado por una serpiente muy atractiva.

Aquiles cerró los ojos por un segundo, rindiéndose por completo ante el encanto de la joven. Inclinó levemente su cabeza hacia ella, dejando que la punta de sus orejitas de plumas rozara suavemente la mejilla de Serena.

—El diagnóstico es correcto... mi reina —susurró Aquiles con una honestidad tan dulce y profunda que hizo que el propio corazón de Serena diera un vuelco imprevisto—. No hay medicina en tu laboratorio que pueda curar lo que siento cuando me miras así.

Serena se quedó momentáneamente sin palabras, sintiendo cómo un intenso rubor propio le tiñela las mejillas y hacía brillar sus escamas perladas. La timidez del gigante combinada con sus declaraciones de devoción directa era un arma contra la que su lógica científica no tenía defensas.

Aclaró su garganta a toda prisa, dándose la vuelta para disimular la emoción que amenazaba con desarmarla por completo.

—B-Bueno... —dijo Serena, ajustándose el top de lino y caminando de regreso hacia la salida de las cisternas—. La inspección ha terminado por hoy. Tenemos que diseñar el sistema de filtrado de carbón y preparar los planos de las terrazas agrícolas de inmediato. Muévete, asistente, que la Revolución Verde no se va a hacer sola.

Aquiles sonrió con una ternura infinita, acomodó la libreta de bambú bajo su brazo y desplegó sus alas para seguirla, dispuesto a acompañar a su reina de la ciencia hasta el fin del mundo.

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Lena
Nooo!!!!!! Boreas que hiciste!!!!!
Lena
.
Flor R
ya está encontrando su punto el Aquiles para que su serpiente 🐍 no amuele seguido y pueda hacerle travesuras a ellas sin que el parezca un tomate 🍅 rojo
Flor R
pobre pajarito es una ternura se imagina cuando la dama le robe u. beso ese día se desmaya ese pajarito 🙈🙈🙈🙈🙈
yoselin
Más capítulo esta bueno este pajarito es chistoso 🤣🤣🤣🤣
Lena
Quien diría que el "pollo gigante" es un principe 🤭🤭
Lena
Su hembra dice 🤭🤭🤭🤭
Lena
No sé ustedes pero para mí eso fue una declaración 🤭🤭🤭😂🤭🤭
Lena
me gusta esta futura parejita😂😂😂🤭🤭🤭
Lena
Que tierno es Aquiles 😂😂🤭🤭🤭 para ser un grandulon 😂😂😂🤭🤭🤭
Lena
está muy interesante está novela
Flor R
creo que soy la única que se rió sola en su casa con estos capítulos pobre mi pajarraco no aguanta los piropos suaves 🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Flor R: se chivea muy rápido 🙈🙈🙈🙈
total 3 replies
Alexandra Luna
me gusta la novelas sigue actualizando 😍😍🙏
yoselin
Más capítulo por favor /Determined//Determined//Determined/
Alianay Guirola
Por fa 👏 sigue actualizando estoy segura q cuando más personas te lean más popular será ♥
Anabelle
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