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LA CONDESA Y EL DEMONIO DEL MAR

LA CONDESA Y EL DEMONIO DEL MAR

Status: Terminada
Genre:Amante arrepentido / Amor eterno / Amor prohibido / Completas
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: mailyn rodriguez

En un rincón olvidado del Caribe, donde el salitre marca la piel y las olas susurran secretos prohibidos, nace una historia de orgullo, sangre y una pasión indomable. Clara de la Riva es la personificación de la pureza: de piel tan blanca como la espuma del mar y poseedora de un apellido que evoca nobleza. Sin embargo, tras los muros de su decadente mansión, el hambre y la ruina acechan. Su madre, una Condesa que se aferra con uñas y dientes a un título que ya no puede pagar, ve en la belleza de su hija la única salida para recuperar la gloria perdida.
Pero el destino tiene otros planes y llega al puerto bajo el nombre de Luis "Satán". Él es un hombre que no conoce leyes, un marinero de estatura imponente, músculos forjados por la tormenta y manos grandes capaces de dominar el océano. Luis ha crecido sin nombre y sin pasado, cargando con el estigma de ser un "hijo de nadie", mientras se convierte en el dueño absoluto de las rutas comerciales y del respeto —o el terror— de quienes lo ro

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Capítulo 5: El Caballero de las Sombras**

El carruaje negro de Luis, tirado por cuatro caballos de pura sangre que costaban más que toda la propiedad de los De la Riva, se detuvo frente a la verja oxidada de la mansión. Luis bajó con una agilidad que su nueva y costosa vestimenta no lograba ocultar; bajo el terciopelo azul noche de su casaca, sus músculos de marinero se movían con una potencia animal contenida. Se ajustó los puños de encaje blanco, sintiendo el peso del bastón de mando con empuñadura de oro en su mano derecha. Su cabello, esa melena oscura que se negaba a cortar, caía impecable sobre su espalda, sujeta con un lazo de seda que le daba un aire de príncipe proscrito.

Mientras caminaba hacia la entrada, Luis sentía que el corazón le martilleaba el pecho con más fuerza que el mar contra el casco de un barco. "Soy un impostor", pensó, apretando los dientes. "Un demonio disfrazado de santo". Pero la imagen de Clara arrodillada en el lodo ayudando a los pobres, que había presenciado el día anterior, le daba el valor necesario. No lo hacía por vanidad; lo hacía por ser digno de ella.

Dentro de la casa, el ambiente era de una tensión asfixiante. La Condesa, alertada por el estrépito del carruaje, obligó a Clara a bajar al salón principal.

—Ponte derecha, Clara —le ordenó su madre con un susurro febril—. Quienquiera que sea ese hombre, tiene el porte de un rey. Es nuestra última oportunidad de salvación.

Clara bajó los escalones de mármol con una elegancia mecánica. Vestía un traje de seda color crema, viejo y con los bordes algo desgastados, que resaltaba la blancura nívea de su piel y la profundidad de sus ojos azules. Al llegar al último peldaño, se detuvo en seco. Frente a ella, en medio del salón polvoriento, estaba el hombre del puerto. Pero no era el mismo.

Luis se quitó el sombrero de copa con un movimiento fluido y se inclinó en una reverencia perfecta.

—Señora Condesa. Señorita De la Riva —dijo Luis. Su voz seguía siendo profunda y vibrante, pero ahora buscaba las notas de una cortesía que le resultaba ajena, aunque se esforzaba por que sonara natural—. Lamento mi intrusión sin previo aviso, pero los asuntos que nos ocupan no admiten demora.

Clara sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. Aquel hombre, que apenas cuarenta y ocho horas antes olía a sudor, brea y ron, ahora desprendía un aroma embriagador a sándalo y cuero fino. Su presencia llenaba el salón, haciendo que las paredes de la mansión parecieran aún más pequeñas y miserables. Pero lo que más la impactó fueron sus manos: grandes, fuertes, ahora impecablemente limpias, sosteniendo aquel bastón de oro con una autoridad natural.

—Usted... —murmuró Clara, con la voz apenas audible—. Usted es el hombre del muelle. El... el capitán Satán.

Luis sintió una punzada de dolor ante el apodo, pero no bajó la mirada. Se acercó un paso, lo suficiente para que ella pudiera ver la frustración y la adoración luchando en sus ojos oscuros.

—Ese nombre pertenece al mar, señorita Clara —respondió Luis con una suavidad que la estremeció—. Aquí, ante usted, solo soy un hombre que ha venido a reparar un error. Mi nombre es Luis... y he adquirido todas las deudas que pesan sobre esta casa.

La Condesa soltó un jadeo de sorpresa, llevándose la mano al pecho, pero Clara no se dejó impresionar tan fácilmente. Dio un paso hacia adelante, desafiando la imponente estatura de Luis.

—¿Adquirido nuestras deudas? —preguntó ella, con una chispa de indignación en su mirada de hielo—. ¿Y qué pretende con eso? ¿Comprarnos como si fuéramos un cargamento de especias en su barco? Me llamó "basto" en el puerto y ahora viene aquí vestido de seda, jugando a ser un caballero. El hábito no hace al monje, señor Satán.

Luis sintió que la bestia que llevaba dentro quería rugir, que su orgullo de hombre herido quería recordarle que él era el único que podía salvarlas del arroyo. Pero recordó la imagen de Clara sanando a la anciana y tragó su rabia.

—No pretendo comprarlas, señorita —dijo Luis, y esta vez su voz sonó cargada de una sinceridad descarnada—. He venido porque entiendo que la nobleza de una estirpe no debería ser pisoteada por la falta de oro. He pagado sus deudas porque... porque alguien que dedica sus mañanas a curar a los enfermos de los muelles no merece vivir con el temor de perder su techo.

Clara se quedó muda. El rubor subió violentamente a sus mejillas blancas. ¿Cómo sabía él lo que ella hacía en el Barrio de los Pescadores? La miró fijamente y, por un instante, el muro de desprecio de Clara se agrietó. Vio en Luis no a un hombre basto, sino a un hombre desesperado por ser visto de otra manera. Vio la frustración de un alma que se sabía juzgada antes de ser conocida.

—¿Nos ha estado espiando? —preguntó ella, aunque el tono ya no era de asco, sino de una extraña confusión.

—La he estado admirando, señorita Clara —corrigió Luis, bajando ligeramente la voz para que solo ella pudiera escucharlo—. Y he comprendido que mi rudeza fue un insulto para su bondad. Si he cambiado mi ropa es porque quiero que mis actos estén a la altura de lo que usted representa. No pido su amor, ni siquiera su gratitud. Solo pido el derecho de ser el hombre que proteja esta casa, sin que usted tenga que preocuparse por nada más que seguir siendo el ángel de San Pedro.

La Condesa, viendo la oportunidad de su vida, se apresuró a intervenir.

—Caballero... Luis... esto es una generosidad sin precedentes. Por favor, siéntese. Clara, trae algo de vino... aunque sea el poco que nos queda.

Luis miró a la Condesa y luego volvió a Clara. Sabía que había ganado una batalla, pero la guerra por el corazón de aquella mujer de piel de luna apenas comenzaba. Clara lo miraba con una mezcla de sospecha y una curiosidad ardiente que no podía ocultar. Él seguía siendo el "demonio", pero ahora era un demonio que hablaba de honor y que vestía como el Villalobos que siempre debió ser.

—Me quedaré un momento, señora Condesa —dijo Luis, sin apartar los ojos de Clara—. Pero solo si la señorita de la Riva está de acuerdo en que este "basto marinero" comparta su mesa.

Clara lo observó largamente. Notó la tensión en sus hombros, el esfuerzo por mantener la etiqueta, y la nobleza inesperada de su propuesta.

—Siéntese, señor... Villalobos —dijo ella, usando por primera vez su apellido con una voz que ya no era de hielo, sino que empezaba a derretirse bajo el calor de la mirada de Luis—. Veamos si su conversación es tan fina como la seda que viste.

Luis sonrió por primera vez, una sonrisa breve pero cargada de una pasión contenida que hizo que a Clara le diera un vuelco el corazón. Se sentó en el sofá raído, y por un momento, la mansión en ruinas pareció llenarse de una vida nueva, peligrosa y vibrante.

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Nerika Moreno
Mientras más leo más me confundo 😠
Nerika Moreno
Esa Condesa está loca como rompe esa carta sin leerla, seguro ahí contaba secretos 😞
Nerika Moreno
Ya me perdí¿Quien es hermano de quién? que arroz con mango es ese🤪
Nerika Moreno
Que hermoso 😍 me muero de amor 🥰 quien no quiere un marinero grandote y q te cuide 🤪☺️
Zonia Guzman
El Adrián no creo que sea hijo de el ni la chica
Zonia Guzman
Esta como aburrida
Zonia Guzman
Que enredada pero que no sean hermanos porque entonces???
Liliana García
Tiene que haber gato encerrado, uds no pueden ser hermanos
Liliana García
Entonces son medios hermanos 😪😪😪
Enith García
Y te gustó, que rico!!!!
Enith García
Ese macho te puso a temblar la de abajo🤭
Enith García
Me encanta, buen inicio de obra
Vicenta Peñalver
así es no xq uno venga de abajo los demás valen más w uno todo lo bueno bien del corazón
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