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Antiguo Amor

Antiguo Amor

Status: Terminada
Genre:Venganza / Traiciones y engaños / Amor-odio / Completas
Popularitas:5.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

🚩🔞⚠️Tras cinco años de injusto exilio en las heladas estepas del norte, el implacable General Yan Jincheng regresa a la capital con un solo objetivo: vengarse de la dinastía Li. Para salvar a su familia biológica de la ejecución pública, el Segundo Príncipe, Li Xiaowei, acepta un destino humillante: convertirse en el consorte cautivo de su antiguo amor.
En un palacio militar donde el rencor y los secretos dictan las reglas, Xiaowei soportará el dolor de la servidumbre y la crudeza del cautiverio en un silencio frío. Sin embargo, lo que el general ignora es que el príncipe sacrificó su propia reputación para mantenerlo con vida.
¿Podrá el remordimiento de Jincheng sanar un cuerpo y un alma destrozados cuando la verdad salga a la luz en medio de un imperio en cenizas? Una historia BL oscura de traición, redención y amor incondicional.
HAY SUFRIMIENTO. SI NO ESTÁN LISTOS, NO LO LEAN.⚠️🔞🚩

NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Lágrimas de sangre

El patio de armas del palacio militar era un páramo de tierra batida, rodeado por altos muros de piedra gris que atrapaban el viento helado del norte. A esa hora, el aire apestaba a carbón quemado, estiércol de caballo y grasa para limpiar armaduras. Decenas de soldados rebeldes, hombres rústicos curtidos por los años de batallas en las estepas, se agrupaban en círculos alrededor de las hogueras, riendo a carcajadas mientras afilaban sus espadas.

Cuando Li Xiaowei cruzó el umbral y entró al patio, el bullicio cesó casi de inmediato.

El Segundo Príncipe vestía los harapos grises de los sirvientes más bajos. La tela, áspera y sin lavar, se pegaba de forma implacable a las heridas de su espalda y el roce le causaba un ardor constante. Iba descalzo sobre la tierra congelada; la escarcha del suelo le entumecía los dedos de los pies en pocos segundos, enviando punzadas heladas que subían por sus piernas. Cada paso que daba requería una fuerza de voluntad sobrehumana. El desgarro interno en sus zonas íntimas, secuela de la brutalidad de Jincheng, protestaba con un dolor agudo y punzante cada vez que movía la cadera. Sentía la ropa interior humedecida por los pequeños hilos de sangre que volvían a abrirse, pero su rostro se mantenía como una máscara de porcelana fría e imperturbable.

—¡Miren eso! —gritó un sargento corpulento, señalando con su hacha—. El cisne de la capital ha venido a barrer nuestra basura.

Las risas estallaron como un trueno en el patio. Los soldados se acercaron, formando un círculo humano que asfixiaba el espacio de Xiaowei. Los insultos y los comentarios lascivos comenzaron a llover sobre él. Los hombres nunca habían visto de cerca a la realeza, y ver al príncipe más hermoso de la dinastía Li degradado a la condición de un siervo doméstico alimentaba sus instintos más bajos y crueles.

Xiaowei ignoró las burlas. Caminó hacia el pozo de agua que se encontraba en el centro del patio, donde un pesado cubo de madera lo esperaba. Al inclinarse para recogerlo, el dolor en su vientre bajo fue tan intenso que la vista se le nubló por un segundo debido a la fiebre que aún consumía su cuerpo. Su respiración se volvió entrecortada, y un sudor frío brotó de su frente, mezclándose con el polvo del ambiente. Tomó la cuerda con sus manos heridas y comenzó a tirar. El peso del agua era abrumador para sus brazos debilitados; la cuerda tosca le abrió de inmediato las costras de las muñecas, manchando la madera del balde con gotas de sangre fresca.

—¿Necesitas ayuda, tierno príncipe? —se burló un soldado de infantería, un hombre de dientes amarillos y aliento fétido que se interpuso en su camino, impidiéndole cargar el cubo.

—Hazte a un lado —respondió Xiaowei. Su voz era un hilo suave y limpio, pero desprovisto de cualquier rastro de miedo. Mantuvo la espalda recta, mirando fijamente a los ojos del soldado con un desprecio tan aristocrático que el hombre se sintió humillado por un instante.

Ofendido por la actitud del prisionero, el soldado extendió una mano sucia y agarró a Xiaowei por el cuello de su ropa gris, tirando de él hacia el frente. El movimiento brusco causó una tremenda sacudida en el cuerpo del príncipe, quien soltó el cubo de agua, derramando el líquido helado sobre sus propios pies descalzos.

—¿Te crees muy digno, maldito traidor? —rugió el soldado, acercando su rostro al de Xiaowei—. Tu dinastía ya no existe. Tu general nos dio permiso para usar este palacio como queramos, y eso te incluye a ti. Tu cuerpo ya no es sagrado.

Otro oficial, animado por la situación, se acercó por detrás y deslizó una mano atrevida por la cintura de Xiaowei, apretando con fuerza la tela gris contra sus caderas. El contacto físico desató una alarma de pánico en la mente del príncipe, pero el dolor físico en sus partes íntimas se intensificó tanto por el forcejeo que sus piernas flaquearon. Xiaowei estuvo a punto de caer de rodillas sobre el lodo, soportando las risas vulgares de los hombres que lo rodeaban, quienes ya comenzaban a jalar de sus harapos para exponer su piel.

—¡Suficiente!

La voz no fue un grito, sino un rugido oscuro y cargado de una autoridad letal que congeló instantáneamente la sangre de todos los presentes en el patio de armas.

Los soldados se apartaron en un silencio sepulcral, abriendo paso de inmediato. Yan Jincheng avanzaba desde los aposentos principales. Vestía su capa militar negra que flotaba con el viento y sus manos descansaban sobre la empuñadura de su espada. Su rostro era la viva imagen de un demonio de la guerra; sus ojos brillaban con una furia posesiva y salvaje, y la mandíbula la tenía tan apretada que los músculos de su cuello se marcaban como cuerdas tensas.

Jincheng llegó hasta el centro del círculo. Su mirada recorrió el cubo de agua volcado, las manos ensangrentadas de Xiaowei y, finalmente, las manos de sus propios oficiales que aún sostenían la ropa del príncipe. El general no toleraba que nadie tocara lo que consideraba de su exclusiva propiedad. Su sed de venganza era personal, y la idea de que otros hombres pusieran sus manos sobre el cuerpo que él había reclamado la noche anterior encendió un fuego incontrolable en sus entrañas.

Con un movimiento rápido como el rayo, Jincheng desenvainó la mitad de su espada y golpeó con el pomo de acero directamente en el rostro del soldado de dientes amarillos. El impacto rompió la nariz del hombre, quien cayó al suelo sangrando y gimiendo de dolor.

—¿Quién les dio permiso para tocar a mi consorte? —preguntó Jincheng, con una voz peligrosamente baja que infundía más terror que un grito—. Li Xiaowei es un traidor a la patria, pero es mi prisionero. El próximo que ponga un solo dedo sobre él sin mi orden directa, perderá la mano antes de que pueda suplicar. ¡Vuelvan a sus puestos, escorias!

Los oficiales, aterrorizados por la violencia de su comandante, arrastraron al herido y se dispersaron rápidamente por el patio, dejando el lugar desierto en pocos segundos.

Xiaowei permanecía de pie al lado del pozo, sosteniéndose del borde de piedra para no derrumbarse. Su respiración era rápida y superficial; el esfuerzo de mantenerse erguido bajo el azote de la fiebre y el dolor físico lo estaba destrozando por dentro. Miró a Jincheng, esperando ver una pizca de humanidad o un remanente del hombre del pasado tras haberlo defendido. Sin embargo, lo que encontró en los ojos del general fue un desprecio aún más profundo.

Jincheng se acercó a él, lo tomó del brazo con una fuerza brutal que le hundió los dedos en la carne y lo arrastró sin ninguna delicadeza hacia la sombra del corredor de piedra, lejos de las miradas de la tropa. Lo empujó contra el muro con violencia, haciendo que la espalda del príncipe chocara contra la roca fría.

—¿Te divierte esto, Xiaowei? —escupió Jincheng, acorcolándolo con su cuerpo y mirándolo con los ojos inyectados en sangre—. ¿Tan rápido has olvidado el pudor? Mírate, estás ansioso por venderte al mejor postor con tal de buscar aliados dentro de mi propio ejército.

—¿De qué estás... hablando? —consiguió articular Xiaowei, sintiendo que el sabor amargo de la fiebre le subía por la garganta.

—¡No juegues conmigo! —rugió el general, golpeando la pared de piedra justo al lado de la cabeza del príncipe—. Te vistes con harapos pero mantienes esa mirada provocativa. Te dejas tocar por mis soldados en medio del patio para causar discordia entre mis hombres. Eres una víbora, Xiaowei. Usas tu cuerpo y tu debilidad fingida para que mis hombres sientan lástima por ti y se peleen entre ellos. ¿Eso es lo que quieres? ¿Buscar un nuevo protector para traicionarme otra vez?

Las palabras de Jincheng eran dardos envenenados que golpeaban directamente el corazón roto de Xiaowei. La injusticia de la acusación era tan cruda que el príncipe sintió un nudo asfixiante en el pecho. Él, que estaba soportando el infierno físico de sus heridas íntimas y la humillación pública solo para mantener el pacto de sangre y salvar la vida de la familia real, ahora era acusado de provocar a los verdugos.

—Crees... lo que quieres creer, General Yan —dijo Xiaowei, obligando a sus labios partidos a moverse, manteniendo una sonrisa triste y helada que enfureció aún más a su captor—. Si cree que mi cuerpo herido y este dolor son una estrategia, entonces es usted más necio de lo que pensaba. No necesito provocar a nadie. Sus hombres solo siguen el ejemplo de crueldad de su líder.

Jincheng apretó los dientes, y por un instante, su mirada bajó hacia los labios ensangrentados del príncipe y el temblor evidente de sus rodillas. El calor que emanaba del cuerpo de Xiaowei era tan intenso que podía sentirlo a través de la ropa, pero el orgullo y la paranoia del general eran un muro impenetrable.

—Cierra la boca —susurró Jincheng de forma amenazante, agarrándolo de la mandíbula para silenciarlo—. No toleraré tus juegos mentales. Si vuelvo a ver que miras a uno de mis hombres o que permites que se acerquen a ti, el castigo de anoche parecerá una caricia. Hoy no limpiarás el patio. Te quedarás en la cocina cargando los sacos de grano más pesados. Mueve tu maldito cuerpo ahora mismo antes de que decida que tu padre ya no necesita su cabeza.

Jincheng lo soltó con un desprecio absoluto, dándose la vuelta para alejarse a grandes zancadas.

Xiaowei se deslizó unos centímetros contra el muro de piedra, abrazándose el vientre bajo mientras un dolor punzante y ardiente lo recorría por completo, confirmando que las heridas de su zona íntima seguían sangrando bajo los harapos grises. Una lágrima solitaria se evaporó en sus mejillas ardientes por la fiebre mientras caminaba con dificultad hacia las cocinas, sabiendo que el arrepentimiento de Jincheng tendría que ser pagado con lágrimas de sangre cuando la verdad finalmente saliera a la luz.

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Idalmis Piña
esperemos que mejores después de esos masajes tu salud del cuerpo, la espiritual está muy lastimada .
Skay P.: ¡Claro que sí, amor!🤭
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Idalmis Piña
el perdón que anhelas, nunca llegará general .
Idalmis Piña
en realidad es muy difícil perdonarlo .
Idalmis Piña
comandante como reparar tanto sufrimiento .?
Idalmis Piña
al fin su corazón se hablando comandante, pero el corazón y el cuerpo del principe están muy lastimados .
Idalmis Piña
La culpa se hará cargo de ti .
Idalmis Piña
veremos, general
Adeb Acuña
me encantó /Sob/
Adeb Acuña
me encantó
Skay P.: ¡Gracias mi Chickis! Revisa el perfil para más historias 😘😘
total 1 replies
pryz
Nada que decir más que excelente
pryz: Te lo mereces belleza
total 2 replies
pryz
Me encanto, aunque le hizo daño jamás lo traicionó y apesar de todo lo amaba, ninguna queja
Skay P.: ¡Gracias, mi Chickis!💋
total 1 replies
pryz
Oye pero si ya tiene su marido, que emperatriz de la onde, ministros babosos
pryz
Sufre, te lo mereces por no investigar antes de dañar😈
pryz
En tu cara perra, te lo mereces por tatar mal al niño
Skay P.: ¡Uuf! 🤭
total 1 replies
pryz
Espero con ancias que te pudras en el dolor y sin derecho a perdón 😈 😊
pryz
Desgraciado ahora si preguntas pero rapidito le creiste a la bruja
pryz
Solo deseo que esa bestia bruta no quede con mi niño
pryz
Pobre de mi niño, mal nacido general me caes mal ojalá se te caiga el pitó
pryz
Este general me cae mal
pryz
Empieza pisando duro /Angry/
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