Mi vida ya era un desastre antes de que él apareciera.
Estoy endeudada, vivo en un apartamento horrible y trabajo en una cafetería donde apenas sobrevivo y entonces llega mi nuevo vecino.
Alto, atractivo, arrogante… Y probablemente un asesino serial.
Todas las noches hace ruidos extraños, aparece cubierto de sangre y actúa como si quisiera matar a cualquiera que se acerque a mí.
Pero mientras más intento evitarlo, más comienzan a cambiar las cosas.
Sueños extraños.
Secretos ocultos.
Y una peligrosa verdad sobre mí que nunca debió despertar.
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Capitulo:05
AMELIA:
El día en la cafetería ha ido muy normal, pero no dejo de sentir esa sensación como si me estuvieran observando y cada vez que miro nada.
—Hoy te he notado muy extraña ¿Todo bien?
Me pregunta Laura en nuestra hora de descanso y suspiro profundamente.
—No sé... Me siento como observada o vigilada... Es una sensación extraña.
Susurro cerrando los ojos por unos segundos y al abrirlos Laura me mira alzando una de sus perfectas cejas.
—¿Acaso has hecho algo para que te sigan? Vamos cuéntame, sabes que soy tú mejor y única amiga.
Dice ella con esa sonrisa extraña de muchas veces mientras sus ojos se clavan en los míos.
Un escalofrío sube por todo mi cuerpo y desvío la mirada
—Claro que no ¿Qué puedo hacer yo? Apenas puedo mantenerme en pie.
Ella suspira profundamente y sonríe nuevamente.
—Es verdad... Pero dime ¿Cuándo vas a invitarme a tu casa? Se supone que somos amigas ¿No?
—Lo haré cuando tenga todo en orden, además mi piso no es muy agradable que digamos.
Laura asiente, aunque noto un destello de decepción en su mirada antes de que regrese a su habitual expresión alegre.
—Está bien te tomo la palabra, pero ya es hora de volver, el jefe nos va a matar.
El resto del turno se pasa volando entre pedidos de capuchinos y el ruido de la máquina de expreso y a las ocho de la noche, Laura se despide porque su extraño novio viene a buscarla dejándome a mí con el turno de cierre.
De un momento a otro el clima no ayuda para nada y una tormenta repentina estalla afuera, azotando la lluvia con fuerza contra los cristales de la cafetería y dejando la calle completamente desierta.
Con paciencia y tranquilidad termino de fregar el piso y me limpio el sudor de la frente, la sensación de tener unos ojos clavados en mi nuca no ha desaparecido en todo el día, sino que se intensifica ahora que estoy sola.
De repente el sonido de la campanilla de la entrada me hace dar un brinco del susto y digo en voz alta.
—Lo siento, ya estamos cerra…
Las palabras se me mueren en mi boca al ver al cliente que acaba de entrar.
No es el psicópata, tampoco es ninguno de nuestros clientes habituales... Es un tipo delgado, de aspecto demacrado y con una piel tan pálida que parece casi traslúcida bajo las luces de la cafetería.
Lleva una sudadera húmeda por la lluvia y se mueve con una lentitud extraña, arrastrando los pasos hacia la barra y cuando levanta la cabeza, un frío terrible me recorre la espina dorsal.
Sus ojos están completamente inyectados en sangre y sus pupilas están tan dilatadas que casi no se nota el color.
—Quiero… Algo de tomar.
Su voz suena pastosa, sibilante como el siseo de una serpiente.
—La máquina ya está apagada señor.
Digo retrocediendo un paso disimuladamente hasta que mi espalda choca contra el mostrador de postres.
—Pero si quiere puedo darle un agua embotellada o…
Antes de que pueda terminar la frase, el hombre se mueve.
No camina, prácticamente se difumina en el aire y en un abrir y cerrar de ojos, salta por encima de la barra, cayendo de pie justo frente a mí.
Su velocidad es inhumana y el pánico me congela los pulmones cuando me acorrala contra el mostrador.
—Tú hueles mejor que el café.
Susurra mostrando unos colmillos afilados y alargados que gotean saliva.
¡Vampiro! ¡Un maldito chupasangre de las películas está a centímetros de mi cuello! Carajo ¿Por qué me pasa esto a mí?
El miedo me dicta que grite, que corra, pero mi cuerpo no responde y el monstruo me sujeta por los hombros con una fuerza que amenaza con fracturarme los huesos y abre la boca listo para clavarme los dientes afiliados y demasiados largos.
Cierro los ojos con fuerza esperando el dolor, mientras una oleada de adrenalina y desesperación pura me inunda el pecho.
«¡No quiero morir aquí!», ruge mi mente y en ese microsegundo de terror absoluto, siento una extraña vibración que nace desde el fondo de mi vientre y sube directo hacia mis manos.
Mis palmas se calientan tanto que siento que van a arder y por puro instinto de supervivencia, empujo el pecho del hombre con todas mis fuerzas.
Lo que pasa a continuación desafía toda lógica.
De mis manos brota una ráfaga de luz dorada y un estallido de energía invisible que golpea al vampiro como si fuera un camión a toda velocidad.
El impacto es tan brutal que el monstruo sale volando hacia atrás, atravesando la barra de madera y estrellándose con fuerza contra las mesas del fondo, destruyéndolas por completo... Mierda, el jefe me va a descontar todo.
Pero me olvido de todo y jadeando, me miro las manos que me tiemblan descontroladamente mientras una ligera neblina de calor emana de mis dedos desvaneciéndose en el aire.
—¿Qué demonios…?
Murmuro con la voz baja.
—¿Qué acabo de hacer?
El vampiro suelta un alarido de furia desde el suelo y se levanta con una agilidad espantosa, con la ropa rota y el rostro desfigurado por la rabia.
Sus ojos brillan con un color rojo carmesí.
—¡Maldita perra!
Ruge preparándose para saltar sobre mí otra vez.
Miro mis manos para hacer lo mismo otra vez, pero no me sale... Rayos... ¿Cómo se hace?
Pero justo cuando el monstruo se impulsa para atacarme, el gran ventanal de cristal de la cafetería se hace añicos en mil pedazos y una enorme silueta negra entra rompiendo todo a su paso y aterriza en medio del lugar con un estruendo ensordecedor.
El aire se vuelve denso, pesado y con un abrumador olor a bosque, chocolate y fresas... Mmm, que delicioso olor ¿Vendrá de él?