Luego de la cuarta guerra contra los oscuros, objetos fueron confiscados por la diosa luna y fueron guardados en el único lugar que en el que nadie se atrevería a poner un pie.
La Academia Luna Sangrienta...
Cuyo sitio mantiene bajo resguardo las reliquias de Selene...
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Capítulo 4: La prueba de los fragmentos, un trío inesperado
DMITRI
Las campanas de Luna Sangrienta sonaban de forma diferente. No eran como las de ningún otro lado.
Cada golpe metálico vibraba en los huesos, como si el propio castillo estuviera despertando y observándonos. El gran salón permaneció en absoluto silencio mientras los instructores descendían lentamente desde las escaleras principales.
Todos los aspirantes enderezaron la postura de inmediato. Miedo. Respeto. Ambición. Podía olerlo todo.
Su mirada recorrió a todos lentamente.
—Bienvenidos a Luna Sangrienta—declaró uno de los Guardianes mayores con una voz fría y firme—. Si están aquí, es porque alguno de sus clanes, manadas... o circunstancias los trajeron hasta nuestras puertas.—Pero eso no significa que merezcan quedarse.
Algunos aspirantes tragaron saliva. Otros trataron de aparentar seguridad. Patético.
—La Academia no es una escuela común—continuó—. Este lugar forma Guardianes. Guerreros capaces de proteger el equilibrio del mundo y custodiar las reliquias selladas bajo este castillo.
Las palabras provocaron murmullos inmediatos. Claro. Muchos crecieron escuchando historias gloriosas sobre los Guardianes. Héroes invencibles que salvaban pueblos y combatían criaturas oscuras bajo la luz de la luna.
Pero la realidad era diferente. Yo lo sabía desde que era niño. Los Guardianes sangraban. Morían. Y muchas veces desaparecían sin dejar rastro.
—A partir de hoy, sus límites serán destrozados—dijo otro instructor—. Algunos de ustedes no van a sobrevivir a las pruebas.
El silencio fue absoluto. Ahí estaba. El verdadero rostro de Luna Sangrienta. No gloria. No honor. Supervivencia.
Mis ojos recorrieron el salón observando a los demás aspirantes. Algunos comenzaron a ponerse nerviosos; otros parecían todavía más emocionados. Eran unos estúpidos. No tenían ni idea de dónde se estaban metiendo. La primera prueba comenzó afuera del castillo.
Las enormes puertas traseras condujeron hacia un campo de entrenamiento rodeado por bosques oscuros y montañas cubiertas de neblina. Runas plateadas brillaban sobre el suelo formando círculos enormes llenos de magia antigua.
El aire estaba cargado de tensión. Y sangre.
Las pruebas dieron comienzo esa misma noche. No hubo descanso, no hubo advertencias. Lo cual ya era muy propio de Luna Sangrienta.
Los Guardianes nos llevaron afuera del castillo hasta los límites del bosque que rodeaba la Academia. La luna roja iluminaba los árboles gigantescos, mientras la niebla se arrastraba entre las raíces como si estuviera viva.
Muchos aspirantes dejaron de aparecer arrogantes en cuanto cruzamos el bosque. Y no los culpaba...
Aquel lugar se sentía tan raro...
Como si algo nos estuviera observando desde la oscuridad. Frente a nosotros, uno de los Guardianes dio un paso al frente. Su capa negra se movió con el viento y los símbolos plateados de su uniforme brillaron bajo la luz lunar.
—La Academia Luna Sangrienta no es una escuela—declaró con voz firme—. Es el inicio de algo mucho más grande de lo que se imaginan.
El silencio fue absoluto.
—La primera prueba será muy simple. Van a encontrar los fragmentos de la piedra fundadora de la Academia.
Varios aspirantes dejaron su arrogancia de lado intercambiando miradas confundidas. Entonces el Guardián levantó la mano y doce luces de distintos colores aparecieron flotando entre nosotros.
Fragmentos. Piedras antiguas cargadas de magia. Incluso desde donde podía sentir el poder que emitían.
—La piedra fundadora fue dividida en doce fragmentos hace varios siglos—continuó—. Quienes encuentren uno de ellos y sean aceptados por la piedra pasarán la prueba.
Aceptados. Esa palabra provocó murmullos inmediatos. Porque todos sabíamos lo que eso significaba.
Las reliquias mágicas no podían ser reclamadas a la fuerza.
Elegían. El Guardián continuó hablando.
—También existe la base de la piedra fundadora. Quien la encuentre junto a los doce fragmentos sellados en su interior también avanzará a la siguiente fase.
Perfectos. Aceptados. Esa palabra provocó murmullos inmediatos. Porque todos sabíamos lo que significaba.
—Hay reglas—añadió otro Guardián, esta vez una vampiresa de ojos completamente dorados—. No dejarán a nadie atrás. No pelearán solos. Quien tenga la osadía de desobedecer será eliminado inmediatamente y enviado de regreso al tren.—Algunos aspirantes aparecieron incómodos con aquello. Otros simplemente molestos. Yo entendía el motivo. Los Guardianes trabajaban en equipos.—Y aquellos rechazados por los fragmentos también serán expulsados.
El bosque quedó en silencio.
—No importa si pertenecen a un gran clan, una poderosa manada o una familia legendaria. Los fragmentos eligen a sus portadores. El resto no importan.
Mi mandíbula se tensó ligeramente. Muchos no estaban preparados para escuchar eso. Porque afuera, en el mundo sobrenatural, el linaje lo era todo.
Pero aquí...
La piedra decidiría. Y la piedra no respetaba títulos. Las pruebas comenzaron en cuanto los Guardianes desaparecieron entre la niebla.
Los aspirantes salieron en distintas direcciones inmediatamente. Algunos formaron grupos apresurados. Mientras que otros prefirieron avanzar solos pese a las advertencias.
Qué estúpidos.
Caminé entre los árboles siguiendo el rastro de magia en el ambiente mientras escuchaba gritos lejanos y quebrarse.
Entonces sentí algo. Un calor extraño, cálido. Era como un suave palpitar.
Un fragmento...
Giré rápidamente hacia una zona cubierta de raíces enormes y allí lo vi flotando entre las sombras. Un trozo plateado con destellos azul oscuro. Extendí la mano. La piedra vibró apenas antes de caer directamente en mi palma. Aceptación inmediata.
Sabía qué pasaría. Sonreí apenas. Pero entonces sentí otras dos presencias acercándose.
Aeryn apareció primero entre los árboles, iluminada por pequeñas partículas rojizas de magia elemental flotando alrededor de su cuerpo. En su mano sostenía un fragmento rojo intenso.
La piedra la había escogido. Claro que sí. Ella arqueó una ceja al verme.
—Vaya qué milagro, sigues con vida.
—Lamento decepcionarte.
Antes de que pudiera responderme, otra presencia llegó hasta nosotros.
Mestizo.
Ese mestizo salió lentamente de entre los arbustos sosteniendo un fragmento dorado entre sus manos. Por un segundo hubo un silencio. Incluso Aeryn estaba sorprendida. Porque la piedra estaba brillando.
Lo había aceptado. No había duda.
El mestizo parecía confundido. Miró el fragmento como si esperara que desapareciera, pero no fue así. La reliquia seguía allí, respondiendo a él.
Querían algo distinto, no los mismos herederos perfectos de siempre. No otro grupo formado por únicamente nombres distintos.
Querían algo parecido al equilibrio. Una bruja, un licántropo y un mestizo. Los tres elegidos por los fragmentos, los tres aceptados como portadores. Y, por primera vez desde que llegué a Luna Sangrienta... sentí que algo no estaba sucediendo solo por casualidad.