Una historia sobre las cicatrices del pasado, las decisiones imposibles y la dolorosa lección de que, a veces, incluso el amor más intenso necesita ser Cuestión de tiempo.
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Prologo
A veces, la vida puede cambiar en un solo segundo. Damos por sentado que las cosas siempre serán iguales, sin pensar que los detalles más insignificantes son los que nos arrastran hacia sorpresas gratas o, por el contrario, a los golpes más amargos.
No puedo creer que, después de tanto tiempo, vuelva a ver a Liam. No sé si el destino me está jugando una broma de pésimo gusto, pero tener que encontrármelo justo ahora, acompañado de su esposa y su hijo, es superior a mis fuerzas. En este mismo instante, desearía que la tierra me tragara y me escupiera en Marte.
Pensé que lo había superado. Qué equivocada estaba; el refrán dice que "la vida continúa", pero mi corazón parece haberse quedado congelado en el pasado.
Pasado
Hoy finalmente le voy a confesar a Liam lo que siento. Sé que le gusto, solo que el muy tonto aún no se ha dado cuenta.
Lo espero sentada en el banco del parque donde solemos hacer ejercicio; me citó asegurando que tenía algo muy importante que decirme. Lo que él no se imagina es que yo también tengo una confesión.
Desde la primera vez que mi hermano Dominic lo trajo a casa, quedé perdidamente enamorada de sus ojos verdes y de esos brazos fuertes que te hacen sentir protegida con solo mirarlos.
Estoy tan sumergida en mis pensamientos que no noto su presencia hasta que unas manos cálidas me tapan los ojos.
—Adivina quién soy —susurra su voz inconfundible cerca de mi oído.
—¡Liam! —exclamo sonriendo mientras me libero de su agarre.
—Hola, ojitos. ¿Te hice esperar mucho? —pregunta sentándose a mi lado.
—No, llegué hace apenas unos minutos. A ver, ¿cuál es el misterio que me tienes que contar?
Los ojos de Liam brillan con una intensidad casi contagiosa.
—¡Te tengo una supernoticia! —suelta de golpe, con una enorme sonrisa—. ¡Me voy a casar! Y quiero que seas la madrina de mi boda, Zoe. Nada mejor que tú para estar a mi lado en un día tan importante. Ya le dije a Dominic, él será el padrino.
En ese instante, mi cerebro hace un cortocircuito total. Siento como si me hubieran lanzado un balde lleno de cubos de hielo directamente al pecho, congelándome la respiración.
—¿Casarte? —consigo articular, con la voz flotando en el aire—. ¿Tan rápido? ¿Acaso tienes novia?.
Liam ladea la cabeza, frunciendo el ceño al notar la tensión en mi rostro. Seguro esperaba que saltara de alegría como la hermana menor que cree que soy.
—¿No te acuerdas? —pregunta, extrañado—. Te hablé de la relación que tenía con mi secretaria.
—¿Con Tiffany? —el nombre me amarga la boca.
—Sí, con ella. De verdad siento que somos almas gemelas.
Solté una risa seca, incapaz de contenerme.
—¿Almas gemelas, Liam? Por favor, si apenas la conoces desde hace un año. ¿Y ya hablas de matrimonio?
—Aunque no lo creas, sí. Ella es... fuego ardiente, es aventurera —admite él con una chispa de timidez que me revuelve el estómago.
—Sí, pero eso no significa que debas salir corriendo a casarte con cualquiera.
—No es cualquiera, Zoe —su tono se vuelve un poco más serio—. Esta mujer es diferente.
—¡Liam, por Dios! Esa mujer no puede ser más plástica —replico, perdiendo la paciencia por el dolor—. Tiene todo falso, no creo que exista una sola zona de su cuerpo que no haya pasado por un quirófano.
—¡Zoe! ¡Por favor! —me frena él, alzando la voz con firmeza—. Respeta a la madre de mi hijo. No juzgues a Tiffany; quiero que se lleven bien, vas a ser la tía de mi hijo.
El mundo se detiene.
—¿Embarazada? —susurro. Las fuerzas se me escapan.
—Sí, voy a ser papá —el enfado de Liam se evapora, reemplazado por una chispa de ternura, pero al mirarme a la cara, su sonrisa decae—. ¿Qué tienes, ojitos? ¿Por qué lloras?
Trato de tragarme el nudo en la garganta. No puedo decirle que su noticia me ha partido el corazón en mil pedazos. No voy a humillarme ni a quedar como una desesperada.
—No me pasa nada... —miento, limpiándome una lágrima traicionera—. Es que... estoy llorando de la emoción.
—No te creo. Tú tienes algo, te conozco perfectamente —insiste él, tomando mi mano—. Puedes confiar en mí.
«¿De verdad quieres saber lo que me pasa?», pienso con desesperación, gritándole en silencio que lo amo a él con todo mi ser. Pero en su lugar, fuerzo una sonrisa.
—Son ideas tuyas, Liam. De verdad me conmovió la noticia, es todo.
—Hazme el favor, ojitos, cambia esa cara por una de alegría me pide, acariciándome la mejilla con suavidad. No me gusta ver esos ojos azules llorar.
—No te preocupes, ya se me va a pasar apartando la mirada para que no note mi temblor. ¿Cuándo es la boda?.
—En quince días. No quiero que a Tiffany se le note la barriga y empiecen las habladurías.
—¿Quince días? ¿Tan rápido?
—Nuestro hijo no puede nacer sin que sus padres estén casados, Zoe.
—Estamos en pleno siglo veintiuno, Liam. Puedes hacerte cargo de tu hijo y estar al pendiente de él sin necesidad de amarrarte en un matrimonio.
—No —sentencia él, con una sombra de dolor del pasado cruzando su mirada—. Debo casarme con ella por el bien del niño. Tú sabes perfectamente que yo crecí sin un padre, y no voy a permitir que mi hijo pase por lo mismo.