Emir Casper regresó del extranjero, sin imaginar que su ex novia y su mejor amigo, estaban celebrando un año de aniversario. Tal vez por venganza, o quizás porque en verdad ella lo cautivo, contrajo matrimonio con la prima de su mejor amigo, teniendo que convivir en la misma casa que su exnovia, y su mejor amigo.
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Capítulo 3
Bellinda Rossetti dirige su mirada en nuestra dirección. Conecto mi mirada con ella. Usa unos gruesos lentes que no le quedan nada mal. Pese a vestir con prendas holgadas, no se ve nada mal como solía decir Maca. Recuerdo las tantas veces que se quejaba por lo presumida, creída y malvada que era la hija de su padrastro, la cual no conocía porque estudiaba en un internado de monjas. Se dice que el señor Rossetti es un hombre chapado a la antigua y muy estricto con su hija y con Maca.
Bellinda no despega la mirada y le sonrío de medio lado. Doy varios pasos para acercarme y presentarme ante ella.
—Emir, ¿dónde vas? —Se para delante interrumpiendo la mirada intensa entre ella y yo.
—A celebrar con mi amigo, no pienso quedarme escondido en esta esquina —aparté a Dary y vuelvo la mirada a ella, pero ya no está.
Mis ojos recorren todo el lugar buscándola, pero a quien encuentran es a Maca junto a su madre. Esta última me mira con ojos afilados y le devuelvo la mirada de la misma forma. Aún recuerdo las últimas palabras de Maca; en ellas especificó claramente que esa señora no me quería como novio y mucho menos como esposo de ella.
A pesar de que estoy muriendo por dentro porque ella se casó con uno de mis mejores amigos, no voy a darle el gusto de que me vea mal. Si ella me olvidó, yo le demostraré que también lo hice y que poco me importa que se haya casado con mi amigo. Aunque viéndolo desde este punto, ella nunca me amó como decía, solo fue una ilusión, algo fugaz de adolescentes. Por eso le fue fácil dejarme y olvidarme.
—Te he estado buscando —espeta y coloca su mano sobre mi hombro. Así caminamos.
—Quiero presentarte a alguien.
—¿A quién?
—A mi prima —arqueo una ceja porque me agrada esa idea de conocer a la simplona de su prima, aquella arrogante y presumida adolescente.
—Pues bien, preséntamela —no me vendría nada mal tener una compañía esta noche y que me ayude a olvidar que el hombre que me abraza es el dueño de la mujer que amé... ¿amo? no lo sé. Suelto un suspiro al ver la delgada silueta de la mujer que se encuentra con la mirada perdida en la ciudad.
—Belly —ella se voltea y conecta su mirada con la mía.
—Déjame adivinar, es tu amigo, ese que nombras hasta cuando sueñas.
—Exacto —sonrío de medio lado y estira su mano.
—Soy Bellinda Rossetti, un placer conocerte… meón.
Vaya que es muy confianzuda para llamarme así desde el primer minuto que nos presentan. Creo que me va a agradar compartir unas horas con aquella simplona.
—Belly, no le recuerdes las cosas que hacía en el pre.
—Hacíamos —le corrijo y ladea la cabeza. Seguido estrecho la mano de Belly—. Creo que no es necesario presentarme, ya debes saber todo de mí.
Edson nos deja solos y se va. Me quedo observándolo hasta que llega donde se encuentra Maca y su madre.
—Todo no —dice trayéndome del trance—. Solo lo que mi tonto primo pasa repitiendo en cada almuerzo, desayuno y cena.
—¿Habla mucho de mí?
—Uuf, demasiado diría yo. Muchas veces llegué a pensar que estaba enamorado de ti o que eras su pareja —sonreí—. Pero cuando se casó con aquella, descarté esa idea. Aunque si te soy sincera, hubiera preferido que mi primo fuera homosexual a que terminara en las garras de esa cobra —suspira y vuelve la mirada hacia el exterior.
—¿Te refieres a la esposa de Edson? —me mira con los ojos entrecerrados.
—Quisiera no hablar de esa mujer.
—¿Por qué? —asiento un codo en la baranda—. ¿Te cae mal?
—Eres muy preguntón, ¿sabías? Apenas te conozco y ya crees que podemos sentarnos a hablar como dos grandes amigas —le sonrío sin despegar la mirada de sus ojos.
—Bueno, no lo somos, pero podríamos empezar a serlo. ¿Qué te parece la idea? —me tomo el atrevimiento de retirar sus lentes—. ¿No puedes ver sin ellos? —inquiero mientras intenta quitármelos. Es un poco chaparra, no tanto. Pero para mí sí es una chaparra, que incluso salta para poder bajarlos de lo alto de mi mano. Por un momento deja de saltar y me mira fijamente.
—Eres más guapo de lo que imaginé —le sonrío y bajo la mano.
—¿Entonces puedes ver bien? —le entrego los lentes.
—¡Un poco, idiota! —murmura al colocárselos.
—En serio eres una abusiva. Primero me llamas meón, luego dices que pensabas que era homosexual, después me dices metiche y ahora me insultas —miro el reloj y levanto la mirada a ella—. Y solo llevamos minutos conversando. Me habían dicho que eras una amargada y aburrida, que pasar dos minutos contigo era como pasar un año encerrado...
—¿Quién dijo todo eso de mí? No creo que Edson lo haya dicho —con los ojos enchinados dirige la mirada hacia Maca, quien nos contempla fijamente. Su madre le presiona el brazo y ella dirige la mirada a otra parte—. ¿Has hablado con esa mujer antes? ¿La conoces?