Entre secretos prohibidos y un vínculo imposible, ¿será el amor su única salida… o la razón de su caída eterna?
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Sombras en el Campus
La fotografía permaneció sobre la mesa toda la noche.
Caleb apenas había dormido. Cada vez que cerraba los ojos, la imagen del niño que alguna vez fue regresaba a su mente. No recordaba los rostros de aquel hombre y aquella mujer, pero una parte de él se negaba a creer que hubieran desaparecido sin dejar rastro.
Cuando el despertador sonó a las seis de la mañana, guardó la fotografía en un compartimento oculto de su escritorio, se vistió con su uniforme universitario y salió del apartamento como si fuera un día cualquiera.
Al cruzar el vestíbulo, el señor Ernesto, el portero, lo saludó con una sonrisa.
—Buenos días, joven Caleb.
—Buenos días, señor Ernesto.
—Ayer por la noche vi a un hombre dejar un paquete para usted. Llevaba gorra y mascarilla. Cuando intenté preguntarle quién era, simplemente me dijo: "Él sabrá qué hacer con esto".
Caleb ocultó su sorpresa.
—Gracias por avisarme.
Continuó su camino, pero cada paso hacía crecer una nueva pregunta en su mente.
El campus estaba más ruidoso que de costumbre.
Los estudiantes caminaban deprisa de un edificio a otro mientras comentaban un rumor que parecía haberse extendido por toda la universidad.
—¿Escuchaste? Hoy llega un grupo de investigadores de la Fundación Helix.
—Dicen que ofrecerán becas.
—Solo elegirán a los mejores estudiantes.
Caleb siguió caminando sin intervenir.
Sin embargo, el nombre de la fundación hizo que permaneciera alerta.
Al entrar en el edificio de Humanidades, una voz burlona rompió el ambiente.
—Miren quién llegó... el omega perfecto.
Un grupo de cuatro estudiantes bloqueó el pasillo.
El que hablaba era Adrián Cross, un alfa de tercer año conocido por su arrogancia y por disfrutar humillando a otros alumnos. A su lado estaban tres amigos que rieron con descaro.
—¿Ya encontraste quién cargue tus libros hoy? —preguntó Adrián con una sonrisa burlona.
Varios estudiantes observaron la escena desde la distancia.
Caleb sostuvo sus apuntes con tranquilidad.
—No, pero gracias por preocuparte.
La respuesta calmada hizo desaparecer parte de la sonrisa de Adrián.
Esperaba miedo.
Esperaba vergüenza.
No aquella serenidad.
—Eres más valiente de lo que pareces.
—O quizá tú hablas más de lo que piensas.
Algunos estudiantes soltaron una risa que Adrián no pasó por alto.
Su expresión se endureció.
—Esto no termina aquí.
Él y su grupo se alejaron por el pasillo.
Caleb continuó su camino sin mirar atrás.
Desde el segundo piso, una joven observaba la escena en silencio.
Cabello castaño recogido en una coleta, gafas redondas y varios libros abrazados contra el pecho.
Se llamaba Maya Ortega, estudiante de Biología.
Había visto toda la discusión.
—Qué extraño... —susurró.
No era la primera vez que veía a Adrián provocar a alguien.
Pero sí era la primera vez que alguien conseguía hacerlo retroceder solo con unas pocas palabras.
Mientras tanto, en la Torre Black Crown, Lucien entró apresuradamente en el despacho de Draven.
—Señor, nuestros informantes confirman que la Fundación Helix ha enviado personal a la universidad.
Draven levantó la vista del informe que estaba leyendo.
—¿Con qué propósito?
—Aparentemente, ofrecerán un programa de becas.
Draven dejó el documento sobre el escritorio.
—No me interesan las apariencias.
Se puso de pie.
—Quiero saber qué buscan realmente.
En la comisaría, Ian recibió una llamada.
—Detective Vance.
Al otro lado de la línea, una voz anónima habló con rapidez.
—Si quiere proteger al estudiante llamado Caleb... deje de investigar solo. Hay personas mucho más peligrosas de lo que imagina.
La llamada se cortó.
Ian permaneció inmóvil unos segundos, mirando el teléfono.
Aquello ya no era una simple investigación.
Era una conspiración.
Y Caleb estaba en el centro de ella.
Al finalizar las clases, Caleb salió al jardín central de la universidad.
El viento movía suavemente las hojas de los árboles.
Sacó de su mochila la vieja fotografía y la observó una vez más.
Por primera vez, sintió que el pasado estaba dejando de ser un misterio lejano para convertirse en una amenaza muy real.
Levantó la mirada hacia el cielo y murmuró en voz baja:
—Pregunta número uno...
Hizo una pausa y sonrió apenas.
—¿Quién decide realmente nuestro destino... nosotros, o aquellos que conocen nuestro pasado?
Continuará...