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La Chica Del Cabello Infinito

La Chica Del Cabello Infinito

Status: Terminada
Genre:Magia / Familia mágica / Fantasía épica / Completas
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Tatiana.

En el pequeño pueblo de Valleoscuro, donde las montañas se alzaban como gigantes dormidos y la niebla solía quedarse abrazada a los tejados hasta bien entrada la mañana, todos conocían a Mariana. No por su nombre, ni por su familia, ni por nada que hubiera dicho o hecho, sino por una sola cosa: su cabello. Era rojo, del tono intenso de las brasas que arden despacio en la chimenea, rizado como las olas de un mar que nunca se calma, y tan largo, tan increíblemente largo, que nadie había logrado ver dónde terminaba.
Mariana tenía la piel morena, suave y cálida como la tierra fértil de los valles cercanos, y sus ojos eran del color del ámbar, brillantes y profundos, como si guardara en ellos todos los atardeceres que se habían visto caer sobre aquel rincón del mundo. Vivía en una casa pequeña, de paredes de adobe y techo de tejas rojas, situada al final del camino principal

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Capítulo 2: El peso del destino y la verdad oculta.

—Por fin te encontré —dijo, con una voz profunda y resonante, que se escuchó claramente a pesar de la distancia y del murmullo de la gente del pueblo.

Mariana sintió que el corazón se le detenía un instante. Conocía esa voz. La había escuchado en sus sueños, en sus recuerdos lejanos, en las historias que se contaba a sí misma cuando era pequeña. Dio un paso hacia adelante, saliendo de entre las sombras de su casa, y todo su cabello se movió al mismo tiempo, como si también él reconociera al hombre que tenía delante.

—¿Papá? —susurró, sin creer lo que veían sus ojos.

El hombre asintió, y esta vez su sonrisa fue más amplia, más cálida, aunque todavía había algo en ella que Mariana no lograba entender.

—Sí, hija mía. Soy yo. Y he venido a buscarte. Ha llegado el momento de que sepas quién eres realmente, y por qué tienes lo que tienes. Todo este tiempo, te he estado esperando, y tú… tú has estado creciendo, preparándote, sin saberlo.

La mujer que lo acompañaba se acercó un poco más, mirando con una mezcla de asombro y codicia la inmensa masa de cabello rojo que cubría todo el suelo.

—Es aún más grande de lo que nos habían dicho —comentó ella, con voz suave pero cortante—. Es maravilloso. Todo lo que hemos esperado, todo por lo que hemos trabajado, está aquí, en ella.

Mariana no entendía nada. ¿Por qué habían tardado tanto en volver? ¿Por qué venían ahora, con tantos hombres y carruajes lujosos? ¿Qué significaba todo eso de quién era realmente, y de por qué tenía su cabello? Miró a su alrededor, vio las caras de la gente del pueblo, que miraba con los ojos muy abiertos, sin saber qué pensar. Vio su propio cabello, que se movía inquieto, como si supiera que algo grande estaba por suceder.

—No entiendo —dijo Mariana, tratando de mantener la voz firme, aunque le temblaba un poco—. ¿Por qué os habéis ido y no habéis vuelto en todos estos años? ¿Por qué venís ahora? ¿Qué es lo que tengo, que es tan importante?

Su padre dio un paso más, extendió una mano hacia ella, pero no la tocó, como si tuviera miedo de acercarse demasiado.

—Hay muchas cosas que no sabes, cosas que forman parte de nuestra familia, de nuestra historia, de algo que viene de muy lejos, de antes de que nacieras tú, de antes de que nacieran tus abuelos y los abuelos de tus abuelos —empezó a explicar—. Nuestra familia es la guardiana de algo muy especial, algo que el mundo necesita, algo que solo puede transmitirse a través de la sangre, y que se manifiesta de esta forma: el cabello infinito. No es solo cabello, Mariana. Es el hilo que une todos los lugares, todos los tiempos, todas las cosas que existen. Es el vínculo entre lo que fue, lo que es y lo que será. Y tú eres la portadora más grande que ha habido en siglos. Tu cabello ha crecido más que el de nadie, ha llegado más lejos que el de nadie. Eres la elegida.

Mariana se quedó callada, procesando aquellas palabras, que le sonaban extrañas, casi como un cuento de hadas, pero que al mismo tiempo le resonaban en lo más profundo, como si siempre hubiera sabido que había algo más, algo que iba más allá de vivir sola en una casa pequeña al final del pueblo.

—¿Y para qué sirve? —preguntó, mirando sus manos, que estaban apoyadas sobre un montón de rizos rojos—. ¿Por qué lo tengo? ¿Qué se supone que tengo que hacer con él?

La mujer dio un paso al lado de su padre y habló esta vez:

—Para mantener el equilibrio, hija. Para conectar todo lo que está separado. Para que nada se pierda, para que nada se rompa. Pero también… también es algo muy poderoso. Y hay muchos que quieren tenerlo, que quieren usarlo para sus propios fines. Por eso nos tuvimos que ir. Tuvimos que irnos lejos, prepararnos, preparar todo, para poder venir a buscarte cuando ya estuvieras lista, cuando tu cabello hubiera crecido lo suficiente, cuando pudieras cumplir tu destino.

Su padre asintió.

—Nos tuvimos que ir para protegerte. Si nos hubiéramos quedado, te habrían encontrado, te habrían quitado lo que es tuyo, y habrían usado tu poder para hacer daño, para dominar, para destruir. Pero ahora ya es seguro. Hemos venido para llevarte con nosotros, a casa de verdad, al lugar donde perteneces, donde aprenderás todo lo que necesitas saber, donde entenderás todo lo que ahora te parece extraño.

Mariana miró a su padre, a esa mujer que dijo ser su madre pero que se sentía tan diferente a la que ella recordaba, miró a los hombres que estaban detrás de ellos, que miraban su cabello con ojos llenos de deseo y ambición, miró al pueblo que la había visto crecer, que había sido su familia en la ausencia de sus padres, miró su propio cabello, que se extendía hasta el infinito, que había sido su compañía y su refugio durante tanto tiempo.

Una parte de ella quería irse. Quería saber la verdad, quería conocer a sus padres de verdad, quería saber qué significaba todo aquello, quería entender por qué era como era. Pero otra parte, más profunda, más vieja, más sabia, le decía que tuviera cuidado, que no todo era lo que parecía, que esas personas que tenía delante no eran exactamente lo que ella había esperado durante todos esos años.

—¿Y si no quiero irme? —preguntó en voz baja, pero firme—. ¿Y si prefiero quedarme aquí, en mi casa, con mi vida, con mi cabello?

Su padre frunció el ceño, y por un segundo, la expresión amable que tenía se desvaneció, dejando ver algo más duro, más exigente.

—No tienes elección, Mariana. No es algo que puedas decidir. Es tu deber, es tu destino. No puedes quedarte aquí, es demasiado peligroso, y, además

El silencio que siguió a las palabras de su padre no fue un silencio tranquilo, sino uno cargado de tensión, espeso como la niebla que solía cubrir Valleoscuro al amanecer. Mariana se mantuvo en el umbral de su puerta, su figura pequeña y firme recortada contra la penumbra de su hogar, mientras que a sus pies, su cabello rojo e infinito parecía cobrar vida propia: los rizos se agitaban suavemente, como si una brisa invisible los recorriera, enroscándose alrededor de sus tobillos y trepando levemente por las patas de madera de la puerta, como si intentaran protegerla, como si quisieran apartarla de aquellos extraños que, aunque llevaban los nombres de sus padres, se sentían tan lejanos a lo que ella había imaginado durante todos esos años.

Su padre, don Elías, frunció aún más el ceño, y por un instante, la imagen del hombre cariñoso que ella apenas recordaba, el que le cantaba canciones antiguas antes de dormir y le peinaba los primeros mechones de su cabello cuando era niña, se desvaneció por completo, dejando ver a un hombre duro, acostumbrado a mandar y a que le obedecieran sin rechistar. Dio un paso más hacia adelante, y uno de los hombres que lo acompañaban, un sujeto alto y musculoso con una cicatriz que le cruzaba la mejilla derecha, se adelantó también, con la mano puesta en el puño de una espada que llevaba al cinto, como si Mariana fuera una prisionera y no la hija que habían venido a buscar.

—No tienes elección, Mariana —repitió Elías, y esta vez su voz no tenía ni rastro de la dulzura fingida de antes; era fría, cortante, como el filo de una navaja—. Te hemos criado en la distancia, te hemos protegido durante años, hemos sacrificado todo lo que teníamos para asegurarnos de que crecieras sana y fuerte, para que tu don se desarrollara al máximo. ¿Y ahora nos dices que prefieres quedarte en este pueblo perdido, entre gente que no te entiende, que te mira con miedo y curiosidad, sin saber quién eres ni lo que vales? Eres la heredera de algo mucho más grande que esta casa, más grande que todo este valle. Tu lugar está con nosotros, en la Ciudad Alta, donde te espera tu verdadera vida.

Mariana sintió cómo la ira empezaba a mezclarse con la confusión y el miedo que sentía en el pecho. ¿La habían protegido? ¿Habían sacrificado algo? Ella había crecido sola, había aprendido a cocinar, a reparar los agujeros en el techo, a defenderse de las tormentas y de los comentarios crueles de algunos vecinos, había pasado noches enteras llorando en silencio porque extrañaba unos padres que no volvían, que no daban señales de vida. Ellos habían estado lejos, viviendo en palacios, al parecer, vestidos con sedas y terciopelos, mientras ella luchaba cada día por salir adelante con lo poco que tenía. ¿Cómo se atrevía a hablar de sacrificio?

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Fátima Noelia Gauto
acaso sos una retrazada?? no te contaron ya la verdad??
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