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La Venganza De Los Beltrán

La Venganza De Los Beltrán

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Venganza / Completas
Popularitas:780
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Scarlett, Santiago y Ángel eran tres hermanos unidos por algo más fuerte que la sangre: el amor y la lealtad. Vivían una vida tranquila, lejos de problemas, en una casa humilde donde las risas de sus padres llenaban cada rincón. Scarlett era inteligente y valiente; Santiago, serio y protector; y Ángel, el menor, noble pero impulsivo. Nunca buscaron enemigos ni conflictos, pero una noche todo cambió. Unos hombres desconocidos entraron a su hogar y asesinaron brutalmente a sus padres frente a ellos. Desde ese instante, el dolor se convirtió en odio. Los tres hermanos hicieron una promesa sobre las tumbas de sus padres: encontrar a los culpables y cobrar venganza, aunque eso significara perderse a sí mismos en el camino.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7: El primer encargo Narra Santiago

—Muchachos, despierten.

Mi voz rompió el silencio de la casa temprano en la mañana. Ya no era una casa normal, ni una mañana normal. Desde aquella noche, todo se sentía distinto, como si el aire pesara más.

Scarlett fue la primera en aparecer en la sala. Siempre era la más rápida ahora, como si no durmiera del todo. Ángel llegó después, frotándose los ojos, aún con la cara cansada. Yo me quedé de pie frente a ellos dos.

Éramos solo tres ahora.

Tres contra todo lo que nos había destruido.

—Hoy vamos a hablar con los manes que nos van a ayudar —dije directo—. Vamos a pedir el trabajo.

Ángel frunció el ceño.

—¿Trabajo de qué? —preguntó.

Scarlett no dijo nada. Solo me miraba fijo, esperando.

Respiré hondo.

—De mover cosas —respondí—. No es un trabajo normal. Pero es lo único que tenemos ahora.

El silencio cayó en la sala.

Se sentía pesado, incómodo, pero nadie se movió.

Scarlett cruzó los brazos.

—Explícate bien, Santiago —dijo con calma—. No vamos a entrar en algo sin entenderlo.

Asentí.

—Ya hablé con ellos. No son del barrio. Son gente que controla movimientos grandes. Nos van a dar una oportunidad… pero primero tenemos que probar que servimos.

Ángel tragó saliva.

—¿Y qué tenemos que hacer?

Los miré a los dos.

—Transportar dinero.

El ambiente cambió en un segundo.

Scarlett no reaccionó de inmediato, pero sus ojos se afilaron.

—¿Dinero de quién? —preguntó.

Me encogí de hombros.

—No pregunté detalles. Y ellos tampoco los dieron. Solo dijeron que si hacemos esto bien, entramos a trabajar con ellos de forma fija.

Ángel se pasó la mano por la cabeza.

—Eso suena peligroso…

—Todo es peligroso ahora —dijo Scarlett antes que yo.

Su voz fue firme, sin temblor.

La miré. Había cambiado demasiado rápido desde esa noche. Ya no era la chica callada. Ahora analizaba todo como si estuviera calculando cada paso del mundo.

—¿A dónde hay que llevarlo? —preguntó Ángel.

—Ciudad de México —respondí.

Se hizo un silencio largo.

Esa frase lo cambió todo.

No era algo pequeño. No era algo improvisado. Era un movimiento grande, lejos, fuera de nuestro control.

Ángel abrió los ojos.

—¿Ciudad de México? Santiago, eso es otro nivel…

—Lo sé —respondí—. Por eso mismo es una prueba.

Scarlett caminó lentamente hacia la mesa y se sentó. Apoyó los codos y entrelazó los dedos.

—¿Y qué esperan de nosotros exactamente? —preguntó.

Saqué el celular y leí el mensaje otra vez.

—Discreción. Puntualidad. Y que el dinero llegue completo.

Ángel soltó una risa nerviosa.

—¿Y si no?

No respondí de inmediato.

Porque todos sabíamos la respuesta, aunque nadie quería decirla.

Scarlett sí lo hizo.

—No hay “si no” —dijo—. O lo hacemos bien… o no salimos de esto.

La miré. Era fría, directa. Ya no dudaba como antes.

Ángel bajó la mirada.

—Esto es una locura…

—No —respondí—. Lo que fue una locura fue quedarnos sin hacer nada antes.

El silencio volvió.

Pero esta vez no era solo miedo.

Era decisión.

Scarlett se levantó.

—Necesitamos planear todo —dijo—. No podemos improvisar.

Me sorprendió lo organizada que sonaba. Ya no hablaba desde el dolor, sino desde estrategia.

Ángel la miró.

—¿Qué propones?

Scarlett caminó hacia la pared, pensando.

—Primero, nadie habla más de lo necesario. Segundo, no mostramos nervios. Tercero, seguimos instrucciones al pie de la letra.

Se giró hacia nosotros.

—Y lo más importante: no confiamos en nadie más de lo necesario.

Asentí lentamente.

—Estoy de acuerdo.

Ángel respiró hondo.

—¿Y cómo vamos a mover el dinero?

Me senté en la silla.

—Nos van a dar un punto de recogida. Luego un transporte. No nos dieron más detalles todavía.

Scarlett entrecerró los ojos.

—Entonces nos los darán en el momento.

—Sí —respondí.

El ambiente se volvió más serio.

Ya no había espacio para dudas largas.

El tiempo estaba corriendo.

Ángel miró a Scarlett.

—¿Tú estás segura de esto?

Ella lo miró directo.

—No —respondió—. Pero tampoco estamos seguros de nada desde esa noche.

El silencio que siguió fue diferente.

Ya no era vacío.

Era aceptación.

Nos estábamos metiendo en algo que no entendíamos completamente… pero que era nuestra única opción para empezar a reconstruir algo.

Aunque fuera peligroso.

Aunque fuera incierto.

Horas después, nos preparamos en silencio.

Nadie hablaba demasiado. Cada uno estaba en su propio pensamiento.

Scarlett revisaba todo como si estuviera armando un rompecabezas invisible.

Ángel caminaba de un lado a otro, nervioso, pero intentando no demostrarlo.

Yo solo observaba.

Porque sabía que este era el primer paso real.

El primer movimiento fuera de la casa.

El primer contacto con ese mundo que ahora nos había abierto la puerta.

Antes de salir, me detuve un segundo.

Miré a mis hermanos.

—Escúchenme bien —dije—. Hoy no somos solo tres chicos. Hoy somos tres personas que están empezando algo que puede cambiarlo todo.

Scarlett asintió.

Ángel respiró hondo.

—Y si entramos… no hay vuelta atrás —añadí.

Scarlett fue la primera en responder.

—Ya no la hay.

Ángel dudó un segundo… pero luego asintió.

—Vamos entonces…

Salimos de la casa.

El mundo afuera se sentía igual.

Pero nosotros no.

Porque aunque todavía no sabíamos exactamente en qué nos habíamos metido…

ya habíamos dado el primer paso.

Y el primer paso… siempre es el que más cambia todo.

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