Tras la muerte de Salvatore Vindicta, el imperio criminal queda en el aire. Contra todo pronóstico, Chiara debe asumir el control del negocio familiar. Muchos capos no aceptan que una mujer lidere la organización, y las traiciones comienzan a surgir desde dentro.
Mientras intenta mantener unido el imperio de su padre, la guerra con las familias rivales se intensifica. Markus Becker permanece a su lado, pero su relación también se ve puesta a prueba por el poder, los secretos y las decisiones que Chiara debe tomar para sobrevivir.
En este libro, Chiara pasa de ser la hija del capo a convertirse en una líder temida, mientras su mundo literalmente arde entre violencia, alianzas rotas y sacrificios que podrán en juego su nuevo imperio.
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Capitolo 4
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El aire en la piscina se volvió denso, casi irrespirable, como si las palabras de chiara hubieran encendido algo invisible que comenzaba a expandirse sin control. Ninguno habló durante unos segundos. Solo el eco lejano de la noticia parecía repetirse en la mente de cada uno.
Alonzo fue el primero en reaccionar.
—¿Sabías que esto pasaría? —preguntó, su voz más baja, más peligrosa.
Chiara no respondió de inmediato. Se separó lentamente de él, cruzándose de brazos con una tranquilidad que resultaba casi irritante.
—No exactamente —dijo finalmente—Pero lo esperaba.
El, aún jadeante, miró a ambos sin entender cómo alguien podía mantenerse tan sereno en medio de aquel desastre.
—¡Esperabas un ataque aéreo alemán! —exclamó—¡Bambola, han bombardeado la sede de Palermo!
Ella lo miró con calma, casi con lástima.
—Han bombardeado una base vacía.
Silencio.
Las palabras tardaron en asentarse.
Alonzo entrecerró los ojos.
—Explícate. Ahora.
Chiara comenzó a caminar de un lado a otro haciendo que el se confundiera para después ella sonreír con ironía.
—Hace tres días —empezó—ordené evacuar todo lo importante de Palermo. Personas, mercancía, archivos… todo. Dejé lo mínimo. Lo suficiente para que pareciera que seguía operativa.
Alonzo abrió los ojos con incredulidad.
—¿Entonces… los alemanes atacaron un señuelo?
—Exacto —respondió ella—Y con eso confirmaron lo que necesitábamos saber.
Alonzo dio un paso hacia ella.
—Que están dispuestos a escalar esto hasta el final.
—No solo eso —corrigió Chiara—Que reaccionan rápido, impulsivamente… y con miedo.
El negó con la cabeza.
—¿Miedo? No parece miedo cuando te lanzan drones y aviones.
Chiara sonrió apenas.
—El poder nunca ataca primero sin motivo. Si lo hacen, es porque sienten que pueden perder algo.
Alonzo la observó en silencio. Había algo distinto en ella. No era solo determinación… era cálculo. Precisión. Como si cada movimiento estuviera varios pasos por delante de todos los demás.
—Entonces esto no fue una reacción —dijo él lentamente—Fue una provocación.
—Nuestra —respondió Chiara sin rodeos
Ricci soltó una risa nerviosa.
—Estamos provocando a una familia poderosa, con conexiones políticas… y al presidente de Alemania.
—Y al “copetón de aquí”, como dijiste —añadió ella con una leve ironía.
El no encontró humor en eso.
—Esto es una locura.
—No —intervino—Es una guerra.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire.
—Y no una guerra cualquiera. Esto no va a ser rápido. No va a ser limpio. Y no va a detenerse.
—Ya lo dijiste —murmuró Ricci—Hasta que uno de ellos… o tú…
—…esté bajo tierra —terminó Chiara sin titubear.
Un escalofrío recorrió el lugar.
Alonzo pasó una mano por su rostro, intentando ordenar sus pensamientos.
—Bene —dijo finalmente—Supongamos que todo esto es parte de tu plan. Supongamos que adelantaste el movimiento y que el ataque a Palermo no nos afecta directamente… ¿qué sigue?
Chiara no dudó.
—Aliados.
Ricci frunció el ceño.
—¿Aliados? ¿Quién querría meterse en esto?
—Más gente de la que crees —respondió ella
—Los Becker no son queridos por todos. Han hecho enemigos. Muchos.
Alonzo asintió lentamente.
—Pero esos enemigos no tienen miedo.
—Por ahora —dijo Chiara—Lo único que necesitan es ver que alguien puede enfrentarlos sin importar los daños unilaterales que haya.
—¿Y ese alguien somos nosotros?
Chiara lo miró directamente.
—Lo somos.
Un nuevo silencio.
Esta vez no era de sorpresa, sino de comprensión. El peso de lo que estaba ocurriendo comenzaba a asentarse.
—Entonces—dijo Alonzo—no se trata solo de sobrevivir.
—No—respondió Chiara—Se trata de ganarles y cobrar venganza no por nada me nombre Bella vendetta, fratello.
Alonzo dejo escapar el aire lentamente.
—Esto se nos salió de las manos.
Chiara negó con suavidad.
—No. Apenas está empezando.
Un teléfono vibró sobre la mesa. Alonzo lo tomó y revisó el mensaje. Su expresión cambió de inmediato.
—Tenemos otro problema.
Chiara no se inmutó.
—Dime.
—Por el ataque que realizaron en Palermo. Contactos nuestros de allí se encuentran desaparecidos.
—Supieron contratacarnos muy bien.
Alonzo levantó la mirada.
—Nos están cortando antes de que podamos crecer, Esto es demasiado rápido… ataque en Palermo, desapariciones… ¿qué sigue? ¿Van a venir por nosotros directamente?
Chiara no respondió de inmediato. Pensó.
—No aún.
—¿Cómo puedes estar tan segura?
—Porque aún no saben dónde golpear.
Alonzo la observó con atención.
—Pero lo averiguarán.
—Sí.
—¿Y cuándo lo hagan?
Chiara sostuvo su mirada.
—Entonces estaremos listos.
Alonzo se detuvo.
—Eso no me tranquiliza.
—No tiene que hacerlo —respondió ella—Tiene que prepararte para lo que sigue.
Alonzo dejó el teléfono sobre la mesa.
—De acuerdo. Si vamos a hacer esto… lo haremos bien. Necesitamos información, nuevos… recursos.
—Ya estoy trabajando en eso —dijo Chiara—Tengo contactos en rusia sabes que son los mas escuchados por las guerras que ha habido alla tienen mucho armamento que nos puede servir.
El levantó una ceja.
—¿Desde cuándo tienes contactos en esos lugares?
Chiara sonrió levemente.
—Desde antes de que todo esto empezara, ¿qué crees que hice cuando estaba en serbia?
Dimitar y andrej también tenían sus negocios con los rusos, fratello.
Alonzo soltó una breve risa sin humor.
—En serbia hiciste que todo comenzara.
Ella no negó.
—Siempre supe que llegaría el momento de hablarles a ellos a pesar de que dije que quería alejarme de la mafia, pero ya ves, no pude.
—Entonces esto no es solo por los Becker.
Chiara guardó silencio.
Y ese silencio fue respuesta suficiente.
Alonzo lo entendió primero.
Chiara lo miró.
—Esto es por el poder, el honor y la justicia.
—Genial. Estamos en medio de una guerra internacional…
—en peores guerras hemos estado —dijo ella.
—dependiendo de como transcurran las cosas en estos días sabremos si empezaran a planear sus otros movimientos contra nosotros, a partir de ahora no habrá mas margen de error, estaremos pendientes de cada susurro que se da, cada movimiento que hagan todo, reforzaremos aun mas la seguridad. Nadie entra ni sale sin que lo sepamos.
—Entendido.
Luego miró a Chiara.
—Y tú…
Ella sostuvo su mirada sin apartarse.
—No vuelvas a ocultarnos algo así.
Chiara no respondió de inmediato. Pero finalmente asintió.
—De acuerdo.
Aunque en el fondo… sabía que no siempre sería posible.
Porque en una guerra como esta…
La verdad también era un arma.
Y no todas podían compartirse.
De pronto , el viento comenzó a soplar con fuerza.
Como un presagio.
Como un aviso.
La guerra ya no era una posibilidad.
Era una realidad.
Y apenas estaban en el primer movimiento.
...CONTINUARÁ…...